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Cine nacional:
Polvo mismo
por Joselo Olascuaga
A Beatriz Flores
Silva se debe el cine nacional conocido hasta ahora
con una lectura más política de la sociedad. Ya en
el carácter de Pepita la Pistolera o en la Policía
de En la puta vida, por poner ejemplos, hay
lecturas de una militante política que no se
encuentran en otros autores cinematográficos
nacionales, aún cuando sus películas son de temática
más estrictamente política. Temática que esta vez
Flores Silva abordó.
En ese sentido era de
esperar un trabajo riguroso, un minucioso
tratamiento político de lo que fue Uruguay entre
1966 y 1973 y efectivamente existe esa lectura y
funciona. Fui a ver la película con mi hija de
diecisiete años. Participó de una historia de la que
es partícipe, implicándose, involucrándose. A la
salida me dijo, me gustó la película. Punto.
Detrás nuestro salían dos veinteañeras quejándose
de que Polvo nuestro... les demoró mucho.
Está buena, pero no terminaba más.
A mí me pareció que a la película
algo le sobra. En mi soberbia opinión el guión es
pretencioso. Pero no puedo tirar la primera piedra.
Cuando en alguna
novela quise ser a la vez Chandler, Proust y Valle
Inclán, ni qué decir: quedé lejísimos.
Polvo nuestro que
estás en los cielos es la mejor de las películas
marcadas como gran cine que se produjeron en
Uruguay (contando las fallidas El lugar del humo y
El Chevrolet y la poco lograda El dirigible,
entre otras) y técnicamente la más prevenida de
todas las películas uruguayas. Pero Flores Silva
quiso en su tercera presentación, luego de dos muy
buenos antecedentes más humildes (Pepita la
pistolera y En la puta vida), ser Buñuel,
Fellini y Visconti a la vez.
No
lo logra. Y no porque le haya quedado grande la
intención (que reivindicaré en esta nota). Le quedó
corta la cinta para tanto tema.
Flores Silva quiso decirlo todo en
esta sola película y todo dicho con centralidad.
No es cuestión de
tiempo ni de modelos. El Moliere de la Moutchkine
dura cuatro horas y para mí no es larga y es solo
Moliere. Polvo nuestro resulta larga porque
pierde el centro cuando deja de construir con
Visconti y lo fellinesco y alegórico (que venía muy
bien hasta promediada la película) pasa a la
estructura. Entonces Polvo nuestro... se
aparta de La caída de los dioses y de
Grupo de familia, dos películas en las que se
mira. Y se aparta de Carriere. Porque en estructura
Fellini y las sólidas alegorías de Carriere no
resultan fácilmente fusionables con el hilo
melodramático de esta película (hilo que se retoma
en el remate y cierra bien).
Pero yo agradezco
poder comentarla refiriéndome a aquellas, porque
Polvo nuestro... me recordó algo que me dijo
Ciengramos Rodríguez hace quince años en un rancho
del Buceo. El problema del fútbol uruguayo es
que nadie quiere ser Maradona; te lo digo yo que
trabajo en juveniles y veo las canteras de todos los
equipos. A Beatriz Flores Silva y a mí, se nos
podrá culpar de haber querido por encima del deber,
del placer y el sufrimiento, pero, nunca en la
vida, del problema que apuntaba Ciengramos en 1993.
Sin embargo,
Polvo nuestro..., me hizo comprender también,
nuevamente, que el arte no es ninguna compleja
multiplicación de conocimientos, sino apenas una
simple suma de lealtades.
Lealtades que Flores
Silva logra expresar a través de Margarita Musto en
Polvo nuestro que estas en los cielos. Que
Margarita sí, tiene a Fellini en el sexto círculo
del cielo lamentando no haberla conocido. Qué El
inocente no hubiese hecho Visconti con la
uruguaya si fue capaz de hacer actuar tan
fantásticamente a la Antonelli...
Polvo nuestro que estás en los cielos
vale no solo como intento y además de la Musto, hay
una reconstrucción de época parcialmente lograda
(los jóvenes de la película no parecen de hace
treinta años; pero esto puede resultar funcional en
la bajada del film a la platea), un muy buen trabajo
de Enrique Vidal; Juan Gamero es un sirviente que
sobrevive a la comparación con el de Bogarde; Héctor
Guido tiene la vitalidad y la precisión necesarias
para su personaje bien reconocible y Antonella
Aquisteche una natural fuerza expresiva y encanto
maravillosos. Además dice bien. Como ninguno de los
actores menores de veinte años en la película. En
Elisa García, pequeñas dificultades de intenciones y
acentos no molestan con sus sombras; incluso ella
las pervierte para profundizar el hondo e intenso
trabajo sensible y los hallazgos minimalistas de muy
promisoria actriz que es. Pero si Ignacio Cawen y
Danilo Valverde se rescatan por convincentes
actuaciones, no ocurre lo mismo con los otros
chicos. No es el tipo de película que admite la
mezcla de actores con no actores cuando se trata de
verdaderos personajes. El casting no acertó en la
elección de Martín Flores. La actuación de Furtado
mejora la de Flores pero no lo bastante.
Myriam Glaijer,
Augusto Mazzarelli e Ileana López están bien. Lucio
Hernández, regular.
El guión hace un
encomiable esfuerzo de universalidad y está bien
dialogado y pautado, por momentos brillantemente,
sobre todo en los tonos de comedia y de grotesco.
Pero se trata en todo caso de una película de
autora, que se arriesga a incomprensiones y fatigas
en un cine nacional que viene de aclamar la
talentosa modestia de El baño del Papa, sin
ir más lejos.
Pero yendo más
lejos, tenemos a Manuel Flores Mora, por ejemplo,
que aparte de duelista, desafiante y cultor de
paráfrasis le hubiese gustado esa apertura en
homenaje a Bertolucci con mujer que se corta las
venas en la bañera y ese cierre que evoca el de
Para esta noche, fue una sencilla adición de
fidelidades. En sus notas es Gardel, Onetti y algo
menos.
En esta película
cuyas influencias literarias parecen de escritores
de realismo mágico (de cada uno de cuales puede
hacerse una cartografía de lealtades bastante
similar en sus formas), no aparece esa cierta
austeridad de un Flores, sino las contrastadas
marcas autobiográficas que exhibe la autora por
poética de la caída de su casa Usher.
Nueve años después
de aquel reportaje a Ciengramos entrevisté a Julio
Jiménez, en La Giralda. Tengo un pibe en la
cuarta de Peñarol, el Cebolla me dijo,
que se pasa todo el partido tratando de hacer el gol
de Maradona. Yo le digo que empiece tocando, que ese
gol lo va a hacer en el segundo tiempo.
Con fe para el
segundo tiempo. Pero esta película hay que verla. Es
imprescindible para un gran cine uruguayo.
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