|
Un día de furia
(en el Liceo 38)
por El Perro Gil
la juventud es un terreno generoso
donde
la simiente de una palabra oportuna
suele rendir, en corto tiempo, los
frutos
de una inmortal vegetación.
José Enrique Rodó, Ariel
O viceversa, diría el
lector desprevenido o mejor dicho informado, que por
estos días repase la prensa y lea con tristeza los
hechos de violencia suscitados en un liceo de La
Teja. Es que a la gurisada le salió ese día de furia
que por ahora tiene sesgos tercermundistas a Dios
gracias- y lejos de sofisticaciones peligrosas,
siendo piedras o palos, que si no, estaríamos
lamentando mucho más que unos vidrios rotos.
Sabido es que en
momentos de votar el país una nueva Rendición de
Cuentas, se disparan reclamos de sectores que
tradicionalmente han hecho de ello un culto,
procurando obtener mejores ingresos. Así, los
recursos públicos se distribuyen al influjo y
potencialidad de una recaudación que últimamente
viene mejorando, tanto, como se intensifican las
peticiones de mejoras.
La educación no
escapa a esos pedidos y los gremios de la enseñanza
han protagonizado páginas de noticias en los últimos
tiempos desde el inicio mismo de las clases
lectivas, donde maestros y profesores comenzaron
movilizaciones que afectaron el normal cumplimiento
de las clases. Quizás -y sin quizás-, a la gurisada,
contagiada de tanto reclamo, le alcanzó con un
chispazo para encender la mecha que derivó en un
fuego incontenible. Imposible justificar los
exabruptos, y menos, tanta violencia. Pero
seguramente alguna explicación existe. Parece
incomprensible tamaño reclamo por nada o sin
provocación aparente. Múltiples razones pudieron dar
inicio a ese espiral de violencia, y la primera no
escapa a una realidad que nos golpea día a día. Es
que la violencia se respira, y si no hacemos algo
cada uno de nosotros desde el lugar en que nos toque
estar, poco puede esperarse al respecto.
Somos violentos a
veces sin quererlo y casi siempre, sin pensarlo
Cuando manejamos, y nos molesta la bocina o el
conductor de al lado; cuando compartimos un
encuentro deportivo, y no nos bancamos la derrota;
cuando pretendemos soluciones sin considerarnos
parte del problema. En fin, que la sociedad padece
de una enfermedad de largo tiempo que solo se curará
si acepta ser parte de la cura, es decir, asumiendo
sus responsabilidades y comenzando a tejer hebras
que permitan zurcir tantos años de individualismo
acumulado.
Siendo estudiante,
tuve en la actividad extracurricular, el continente
apropiado para un sinfín de inquietudes personales y
de grupo, que permitieron complementar una formación
académica. Recuperar esos espacios es fundamental
para que los centros educativos se constituyan
definitivamente en puntos de referencia de una
juventud a la que hay que preservar y fortalecer en
valores ciudadanos. El deporte y el arte, son
algunas herramientas fundamentales a considerar en
esa empresa. La nueva ley de educación, cuyo
proyecto ya está terminado, establece ámbitos de
participación de los cuales sin dudas surgirán estos
espacios que reclamamos. Espacios donde también los
padres tendrán su lugar para integrarlos al proceso
ineludible de formación educativa de sus hijos, al
que la familia debe apoyar, con su participación
directa.
A ello se suman las
Comisiones Departamentales de Educación,
cristalizando la descentralización de la educación
a nivel nacional. En suma, que el tema nos compete a
todos y entre todos debemos consolidar el universo
cultural de los uruguayos, por el cual la educación
sea un distintivo nacional por excelencia, y un
galardón que siga distinguiendo a todo oriental que
se encuentre por el mundo.
A la educación laica,
gratuita y obligatoria, tan firmemente arraigada en
nuestra sociedad, debemos complementarla con
espacios como los propuestos, para beneficio de una
sociedad que a sus jóvenes, los precisa sanos y tan
valientes como ilustrados
LA
ONDA®
DIGITAL |
|