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Moniz Bandeira,
el pulso de la historia
por Héctor Valle
Es justo exigir que toda historia,
cualquiera que sea su objeto,
exponga los hechos imparcialmente,
sin que en ella se pretenda
imponer ningún interés especial,
ningún fin especial. Sin embargo,
el lugar común que este postulado
envuelve no nos llevará muy lejos,
ya que la historia de algo, sea lo
que fuere, guarda la más estrecha
e indestructible relación con la idea
de que ese algo se tenga.
A tono con ello se determina,
naturalmente, lo que para ese
algo se considera importante y
conveniente; y la relación entre lo ya
acaecido y el fin propuesto impone,
quiérase o no, una selección de los
acontecimientos que se narran, el
modo de concebirlos y los puntos
de vista bajo los cuales se colocan.
Y así, según la idea que se tenga de lo que
es el Estado, puede muy bien ocurrir
que un lector no descubra en
la historia política de un país
absolutamente nada de lo que busca en ella.
Georg Wilhelm Friedrich Hegel,
Lecciones sobre la historia de la filosofía,
Tomo I, Discurso Inaugural, Págs.5 y
6, Editorial FCE, México, D.F., año 2005.
(...) El ser en sí y el ser para sí
son los momentos de la actividad;
en la acción se encierran, por
consiguiente, estos dos momentos distintos.
La acción es, así, una unidad
esencial; y esta unidad de lo distinto es
precisamente
lo concreto. No sólo se concreta la
acción; también lo es el ser en sí, el sujeto
de la actividad de la que ésta
arranca. Finalmente, el producto es algo tan
concreto como la actividad misma y lo
que comienza. La trayectoria de la
acción es también el contenido, la
idea misma, la cual consiste precisamente
en que tengamos lo mismo y lo otro y
que ambas cosas sean una sola, que es la tercera,
en cuanto que lo uno es en lo otro
consigo mismo y no fuera de sí. De este modo,
la idea es, de suyo, algo concreto
en cuanto a su contenido, tanto
en sí como porque
está interesada en lo que ella misma
es en sí se manifieste y desprenda algo
para ella.
Georg Wilhelm Friedrich Hegel, Idem,
Pág. 28.
El comienzo de la formación de uno y
el laborioso arrancarse uno de la inmediatez
de la vida sustancial siempre habrá de hacerse por vía de adquirir uno
conocimientos
de principios universales y de punto de vistas
generales y universales,
y sólo a partir
de ello levantándose
uno laboriosamente al
pensamiento de la cosa en general
y, por
supuesto,
tratando de apoyarla o refutarla con razones,
comprendiendo conforme a
sus determinidades
la concreta y rica plétora
[Fülle]
y sabiendo dar cuenta ordenada
y hacer un juicio serio acerca
de la cosa. Pero esto que no es sino el comienzo del
formarse uno, tendrá a continuación que hacer sitio a la seriedad de la
vida en su plenitud, seriedad que es la que conduce
dentro de la experiencia de la cosa misma, y cuando
ello se añade, es decir, cuando resulta que la
seriedad del concepto desciende a la profundidad de
la cosa misma, aquel conocimiento y enjuiciamiento
iniciales no es sino en la conversación donde pueden
seguir teniendo el lugar que les corresponde.
Georg Wilhelm Friedrich Hegel,
Fenomenología del Espíritu(Prefacio),
Editorial Pre-Textos, Pág. 114.
Valencia, año 2006.
HISTORIA TESTIS TEMPORUM. LUX
VERITATIS,
VITA MEMORIAE, MAGISTRA VITAE,
NUNTIA VETUSTATIS.
(La historia es testigo de los
tiempos, luz de la verdad,
vida de la memoria, maestra de la
vida, mensajera de la antigüedad).
Cicerón, De Or. 2, 9, 36.
Introducción
Pensar el mundo desde
nuestra circunstancia. Así, con tan simple y claro
concepto, se expresaba el geógrafo y pensador
brasileño Milton Santos y quien fuera, además,
profesor de otro gran hombre y pensador
sudamericano, cuando éste estaba en su formación
adolescente. Me refiero al historiador Luiz Alberto
Moniz Bandeira, un hombre que, a poco que uno se
adentra en su vasta y profunda obra, expresada en un
número importante de libros, ensayos y cursos a lo
largo de su vida, tan rica como azarosa, que en
pleno siglo XXI continúa no sólo elaborando sino, y
especialmente, proyectando.
Atender, pues,
pretenderlo en todo caso, la posibilidad de uno
reflexionar en torno a la vida y obra, activa y
continua, de Moniz Bandeira exige, a poco que se
piense, tres condiciones elementales: coraje,
respeto y dedicación.
El coraje
indispensable para quien, desde este lugar del mundo
que es Montevideo, ose adentrarse en tamaña
construcción del pensamiento crítico y así
permanecer.
Esta permanencia
procurará desbrozar la espesura de un saber
formulado con rigor y profusión de datos expresados
a lo largo de toda su obra. Obra que, convengamos,
debemos tratar como lo que considero es: un
corpus que expresa una fantástica elaboración
científica y que, consiguientemente, deberá ser
estudiado y llevado al plano de la reflexión en cada
una de sus partes o, quizá sea mejor decir, en cada
uno de sus momentos.
Tal tarea implicará
al mismo tiempo el buscar abrir en mí mismo un
camino de bosque, de manera de ir allegándome, paso
a paso, al fermento que habita en la misma.
Asimismo, es
imprescindible contar con el respeto, tanto para con
el Maestro cuanto para con uno mismo. Es decir, no
hay peor labor en un hombre que se precia, siquiera,
de estar erguido, que buscar colocar sucesiones de
palabras con miras a halagar a quien ni lo precisa y
menos que menos, lo solicita.
En tercer término, es
imprescindible poseer la dedicación suficiente para
no abandonar tamaña empresa puesto que, a poco que
uno conoce la obra del historiador Luiz Alberto
Moniz Bandeira, nota la perentoriedad de comenzar a
recrearla no para superarla sino y antes bien, para
tomar de ella el mejor de los partidos: llevarla al
plano dialéctico y así, comenzar a elaborar una
suerte de historia crítica sudamericana desde
la centralidad y trascendencia de un hilo conductor
absolutamente indispensable para tamaña empresa: su
propia y vasta obra.
Lo que todo alumno,
real, supuesto o deseado, quiere de su maestro no
es, obviamente, emularlo sino, desde el coraje, con
el respeto debido y a través de la dedicación que se
presenta como ineludible, realizar nuestra propia y
personal labor ya en un plano bien distinto que el
del Maestro, por lo elemental de nuestro propio
supuesto saber- que de algún modo lleve aquel
corpus al conocimiento de más gentes, sea en la
acrisolada realidad cultural de nuestros pueblos,
los sudamericanos, sea en el vasto y ancho mundo.
Hoy, por tanto,
quisimos, desde estas páginas de La Onda Digital,
órgano de prensa que nos supo recibir como nos sabe
soportar y a cuyo influjo pudimos llegar a conocer,
al propio historiador Luiz Alberto Moniz Bandeira.
Dicen los que saben
que nunca hubo filosofía sin poesía previa, como
pórtico, como puente hacia la cuestión filosófica, a
lo que añadiríamos que tampoco hubo tal meditación
sin haberlo antes expuesto al conjunto de la gente,
en cada uno de ustedes, lector, lectora, a través de
un medio de prensa.
Así, pues, es a
través de esta casa que para mí es La ONDA digital,
que habremos de llevar adelante esta empresa que
comprenderá, una vez presentadas todas las notas,
componer un primer ensayo que luego será, en un
horizonte hoy visto muy a la distancia, biografía
crítica de este gran pensador brasileño.
Hechas estas
consideraciones básicas y para mí indispensables,
les invito, toda vez que lo juzguen de interés, a
acompañarme desde la próxima edición de La ONDA
digital a través de la obra del más grande
historiador sudamericano vivo y actuante: el
Profesor Luiz Alberto Moniz Bandeira.
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