|
Peculiaridades uruguayas y el
futuro del gobierno frenteamplista
por Aldo H. Guerra
Ya
no navegamos en una situación internacional
favorable, y en nuestra región no estamos a salvo de
nuevos problemas, como los que llegan con las
desmesuradas subas del petróleo y otros rubros de
importación de los cuales dependemos, así como con
la crisis crediticia de Estados Unidos. Y aunque el
gobierno uruguayo también debe estar atento, tiene
algunas garantías, logradas no sin esfuerzos, que le
otorgan un margen de maniobra relativamente amplio
con relación a otros países de la región. Uruguay
está comenzando a revertir trabajosamente la honda
crisis estructural de décadas, aunque no da para
bajar la guardia.
El
gobierno intenta preservar esas garantías para que
el proceso de cambios que puso en marcha se
profundice evitando la inestabilidad. Ésta podría
emerger, según entiende el oficialismo, si se
cediera ante tentaciones facilistas o demagógicas
como las que frustraron distintos intentos de cambio
en nuestro continente. Uruguay está incrementando, a
partir del crecimiento de la economía y del manejo
cuidadoso de las cuentas públicas, los recursos para
la educación, la salud y el gasto social en general,
así como los ingresos de las familias y el empleo,
entre otros logros.
El
camino uruguayo.
Aunque
hay quienes desean ir más rápido, el gobierno está
convencido de que no se puede avanzar sin ir
construyendo bases sólidas para el crecimiento y la
redistribución. Y esto requiere tener en cuenta no
sólo las condiciones objetivas (factores
internacionales incluidos), sino también la
idiosincrasia de las naciones, sus pautas
culturales, su historia, sus ritmos de aceptación (o
rechazo) de los cambios, su talante para acompasar
las transformaciones sin provocar situaciones que
luego ni las naciones, ni sus democracias, ni sus
sistemas políticos, ni sus movimientos sociales
puedan controlar.
Un
proyecto de cambios de izquierda debe cuidar
especialmente su sustentabilidad (los equilibrios;
la viabilidad de sus opciones; una adecuada relación
entre lo que se necesita y lo que se puede hacer sin
comprometer las etapas ulteriores del proceso).
Conspiran contra la gobernabilidad de un gobierno de
izquierda además de la oposición cuando se ejerce
sin responsabilidad y sin dar tregua en su afán de
perfilarse electoralmente el peso de fuertes
intereses económicos y de corporativismos de diversa
índole, así como ideas conservadoras e inercias
arraigadas en la sociedad. Pero el gobierno ha
logrado las garantías y condiciones para avanzar con
un margen de seguridades nada despreciable. Pese a
errores e insuficiencias que el propio oficialismo
reconoce, Uruguay está construyendo un escenario
favorable para un segundo gobierno progresista.
Es
fundamental, sobretodo cuando se inicia un proceso
de transformaciones importante, trasmitir confianza,
ayudar, con solidez argumental, a generar en la
sociedad y en los diversos actores económicos y
sociales un clima de optimismo y previsibilidad.
Ello es imprescindible para la izquierda en una
etapa de su historia en la que el escepticismo, las
vacilaciones, la falta de confianza y las
incoherencias pudieron (y pueden aún) resultar
fatales. Sin eso habría muchos problemas en una
sociedad conservadora (no en el sentido ideológico
sino en cuanto a la aprehensión y los temores ante
los cambios y las nuevas experiencias).
La
izquierda debe convencer y aplicar su programa en
una sociedad que es políticamente de centro. La
apuesta a un país moderno y abierto comercialmente,
encuadrado en el programa del FA, se ha ido
incorporando como parte esencial de la orientación
que un gobierno de izquierda debe tener en el
Uruguay.
La
interna comienza a moverse
Es
cierto que el gobierno recibe críticas (a su
política económica, pero no sólo a ella) desde
dentro de su fuerza política por parte de algunos
dirigentes. Pero, como éstos lo han reconocido, esas
críticas no han sido acompañadas de propuestas en
torno a las cuales pudiera constituirse un polo
programático y político alternativo a la orientación
del oficialismo. En los últimos tiempos se
manifiesta entre militantes y simpatizantes del FA
un creciente malestar hacia algunos integrantes de
esa fuerza política por la falta de compromiso con
la gestión del primer gobierno de la izquierda y el
encare poco constructivo de ciertas críticas.
El
desánimo y la apatía de mucha gente, que esperaba
resultados más rápidos, está dando paso en la
medida en que se reconocen logros del gobierno y se
percibe el discurso de la oposición como una
agresión a la propia historia del FA a un
reforzamiento del sentido de pertenencia
frenteamplista, aunque aún no se manifieste en un
incremento significativo de la participación.
Expresión de esa tendencia es el rechazo creciente a
la modalidad con la cual algunos periodistas y
analistas de izquierda guardan distancia del
gobierno en aras de una objetividad poco
convincente con la que, notoriamente, expresan un
anticipado rechazo a una eventual candidatura de
Danilo Astori. Mientras tanto, muchos
frenteamplistas vuelven a ponerse la camiseta.
Para
asegurar la continuidad de su proyecto y avanzar más
rápida y profundamente en el siguiente período, el
Frente Amplio tiene la oportunidad de hacer valer la
experiencia adquirida en el gobierno para concretar
nuevos pasos en su próximo congreso programático y,
llegado el momento, acertar en la designación del
candidato presidencial, tema que debería ser objeto
de una cuidadosa consideración.
Renovacion en unidad
Es
imposible desconocer la incidencia del ministro
Astori en el proceso de actualización ideológica y
política del Frente al que hemos aludido a lo largo
de este artículo. Paradójicamente, quien es
caratulado como moderado, ha marcado su impronta
en varias de las decisiones más radicales del
gobierno. Y se le reconoce, no sólo en su sector,
Asamblea Uruguay, haber actuado sin medir costos
por la renovación en unidad de la izquierda (el
aggiornamento del Frente sin dejar a nadie por el
camino), coincidiendo con el legado de Liber Seregni,
con quien el ministro ha tenido notorias afinidades
ideológicas. Lo cierto es que sus ideas sobre la
renovación de la izquierda fueron ganando terreno
aun en circunstancias políticas adversas para él
dentro del Frente Amplio. Hay quienes interpretan
que eso pudo suceder gracias a la ayuda de Tabaré
Vázquez. En realidad ambos fueron construyendo
coincidencias en torno a varios asuntos
fundamentales. Las especulaciones que simplifican y
hasta caricaturizan el complejo proceso interno de
la izquierda en los últimos años que debió
transitar por situaciones traumáticas y dolorosas
no contribuyen a su comprensión.
Precipitaciones electorales y peligros latentes
Mientras
desde los partidos tradicionales se intensifica la
campaña contra Astori, que se inscribe en la
creciente oposición de blancos y colorados al
gobierno de Tabaré Vázquez principal referente en
esta etapa del proceso de cambios y de la concepción
que lo caracteriza en Uruguay, al Frente Amplio se
le está presentando una situación complicada desde
que dirigentes de algunos de sus sectores expresan
públicamente, personalmente o a través de voceros,
que Danilo Astori, así como José Mujica, no reúnen
las mejores condiciones para ser candidatos.
Desde la
propia fuerza política se están adelantando juicios
que, independientemente de intenciones y cuando
todavía el tema electoral no llegó a las instancias
orgánicas, pueden contribuir a debilitar a quienes
ya están reconocidos por su popularidad, por el
papel relevante que han tenido en el gobierno y por
tratarse de dirigentes con proyección nacional. Al
no haber surgido otras figuras con similares
condiciones y posibilidades, algunos frenteamplistas
están operando por la negativa señalando supuestas
contras de quienes ya están instalados en la
opinión pública como líderes naturales. Si el Frente
no quiere hipotecar chances antes de que se sepa
quién lo representará como primera figura en las
elecciones nacionales o cuáles serán los que se
postulen en la llamada elección interna o primaria,
debería manejar con cuidado este asunto. Una de las
maneras sería evitar precipitaciones en materia
electoral y no contribuir al desgaste de sus
dirigentes más populares.
El
propio Danilo Astori ha reiterado que no se debe
ingresar aún en el terreno preelectoral. En el mismo
sentido y con su peculiar estilo se ha pronunciado
José Mujica. Todo indica que al Frente le conviene
centrarse en la gestión de gobierno y no contagiarse
con el nerviosismo de la oposición, que ha lanzado
la campaña anticipadamente y por la negativa lo que
choca a mucha gente, rechazando casi todas las
iniciativas del oficialismo sin plantear
alternativas. Esto último constituye un mensaje
implícito a la opinión pública de que su objetivo es
básicamente restablecer las políticas de anteriores
gobiernos, algo que la mayoría de la población no
desea, incluyendo a gran parte de quienes votaron a
los partidos tradicionales o no están conformes con
esta administración.
LA
ONDA®
DIGITAL |
|