|
Un conflicto
¿compañero?
por el Perro Gil
Que
el Frente Amplio terminó con la tradición política
uruguaya, donde el bipartidismo con predominio
marcadamente colorado- cedió espacio a la novel
fuerza progresista, es un acontecimiento histórico
innegable. Con sus jóvenes 33 años de existencia
llegó al poder para aprender a gobernar pero
también, para recibir un legado forjado por años de
clientelismo político.
Ponerle
el cascabel a ese gato, del cual muchos compartían y
comparten ronroneos, no es tarea sencilla. Por eso
quizás resulte odioso para algunos compañeros
recibir de sus compañeras patronales, no tan
compañeros anuncios acerca de sus compañeras
peticiones que los compañeros dirigentes no
acompañan. Todo este trabalenguas para entender, (o
no), un conflicto como el de ADEOM, con su alta
dosis de impopularidad merced al descontento de los
contribuyentes capitalinos.
Al modo
perruno en que veo las cosas, mientras me rasco una
oreja y mastico por enésima vez el mismo hueso, creo
que a este conflicto le falta humildad. Se aprecia
un grado de soberbia en una dirigencia sindical a la
que poco importa -según dichos de su presidenta- lo
que opinan los contribuyentes de Montevideo. Sí,
Mabel, esos mismos que, peso por peso, le abonan el
sueldo a usted y a todos los funcionarios
municipales de la ciudad capital.
Voy a ir
por partes y empiezo por la parte que me calienta
como perro citadino que soy y es la parte funcional.
Conste que levanto mis cositas y ando con mi
patente al cuello. Cuando uno trabaja en servicios
debe, primero que nada, entender que lo suyo es
prestar una función de la que disfrutan el conjunto
de personas a las que sirve.
Todos
trabajan por un sueldo, pero no es menos importante
entender la contraprestación por la que se les paga
o sea cumplir las tareas el servicio- con la
responsabilidad adicional de saber que ellas son
esenciales para la casa grande como me gusta
llamar a la ciudad en la que vivo. Porque de eso se
trata, de sentirnos ocupantes transitorios de un
lugar común que nos pertenece no solo para nuestro
uso y disfrute, sino para cuidarlo de manera que
también lo puedan disfrutar los ocupantes que nos
sucedan algún día. Montevideo tu casa, no era un
simple cliché comercial o marketinero, era un
sentimiento a desarrollar por todos y
principalmente, por quienes viven de la empresa
llamada Intendencia Municipal de Montevideo.
En
momentos de sufrir la amenaza del virus del dengue,
es absolutamente irresponsable no cumplir con la
tarea de la recolección de residuos, por citar un
ejemplo. No hay que ser un iluminado para
entenderlo; sin embargo se apela una vez más al
reclamo mediante la paralización de actividades.
¡Qué poca inventiva para hacer conocer sus reclamos!
Y qué poca sensibilidad para testear el ánimo de los
vecinos, que está bastante exacerbado, por cierto.
Ahora
bien, por el otro lado también hay cierta dosis de
tozudez y capricho. Demasiado tiempo demoró la IMM
en establecer una mesa de diálogo y cuando lo hizo,
seguramente fue tan tarde que los resultados no se
hicieron esperar. Aunque justo es decir que esta
administración hereda una mochila que fue generada
por la gestión anterior de Arana. Lo cierto es que a
estas alturas, ni la mediación del PIT-CNT permite
ver una luz al final del túnel, y hoy asistimos al
recrudecimiento de medidas que solo pueden tener un
mal resultado.
La
vecina y el vecino de Montevideo están que arden y
ello deben sopesarlo las autoridades municipales,
que son las responsables de cumplir con el mandato
del soberano que los eligió para dirigir los
destinos de esta ciudad. También los gremialistas,
quienes al momento de sus reclamos deberían no
ampararse en la soberbia e impunidad que les otorga
el status de inamovilidad, justo ahora en que vuelve
a hablarse de ella
por las dudas, ¿vio?.
LA
ONDA®
DIGITAL |