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Brasil quiere ser
el primero en Cuba
Tras una
cumbre con Raúl Castro, el canciller brasileño
ratificó que, en este momento de cambio que vive la
isla, su país quiere ser el socio número uno.
Para
esto, Itamaraty organizó una misión con cerca de 40
ejecutivos de empresas brasileñas interesadas en
ampliar el comercio y cimentar inversiones
productivas en Cuba y preparó el terreno para la
firma de un acuerdo de cooperación tecnológica hacia
el cultivo de la soja en el país caribeño

El canciller Celso
Amorim llegó a La Habana y manifestó; "Quiero
reafirmar que Brasil quiere participar de este nuevo
momento de Cuba. Sin excluir a ningún otro país, nos
gustaría ser el socio número numero uno, de los
cubanos", hablando en un auditorio de empresarios
brasileños y cubanos. Pocas horas después, frente al
ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Felipe
Pérez Roque, Amorim repitió la declaración.
Tomar la
posición de Venezuela en el comercio con Cuba se
volvió un objetivo en la agenda del propio
presidente Luiz Inácio Lula da Silva, que visitó La
Habana en enero pasado. Para Amorim, sin embargo, el
desafío es superar el flujo comercial,
Cuba-Venezuela, que fue de cerca de U$S 7 mil
millones en 2007, es un objetivo de largo plazo.
Hoy,
Brasil comercializa con Cuba U$S 412 millones y no
tiene intención de hacer de la Petrobrás una
proveedora de petróleo a bajo costo para la isla -
como es la PDVSA, estatal petrolífera venezolana.
Para
alcanzar su objetivo, Brasil entraría en la isla
en tres sectores con los cuales Venezuela no
podría competir: inversiones en la producción
industrial y en la construcción de obras de
infraestructura y los financiamientos del Banco
Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES).
Representantes en Brasil de la Volvo, Mercedes-Benz
y de la Volkswagen participaron del seminario y,
acompañados por el presidente de la Agencia
Brasileña de Desarrollo Industrial (ABDI), Reginaldo
Arcuri, se reunieron con la dirección de la estatal
Cunecamoto para tratar de la instalación de plantas
para la fabricación de ómnibus y camiones en el
país. En marzo, la ABDI había guiado una visita de
prospección de dos siderúrgicas, la Gerdau y la
Acesita, de la fabricante de maquinaria agrícola CNH
y de la Asociación Nacional de Fabricantes de
Vehículos Automotores (Anfavea).
La
empresa Camargo Correa y la Maubisa, del sector del
azúcar y alcohol, también participaron del seminario
con la mirada puesta en las oportunidades abiertas
en la nueva fase de Cuba. Según autoridades cubanas,
el país está pronto para absorber inversiones
brasileñas en los sectores de la energía, de la
producción de níquel, de aceites lubrificantes, de
comunicaciones y del agro-negocio.
El
canciller Pérez Roque, por su parte afirmó que Raúl
Castro tiene un interés particular en el estímulo
de la producción de soja, lo que abre otra
oportunidad para que Brasil profundice su presencia
en la isla, que importa cerca del 85% de los
alimentos que consume.
"Queremos ayudar en la seguridad alimenticia de
Cuba", afirmó Amorim, frente a los empresarios y a
representantes del gobierno cubano. Como parte de la
primera fase de cooperación entre los dos países,
las Fuerzas Armadas cubanas deberán implementar un
proyecto de la Embrapa de producción de soja en un
área de 35 mil hectáreas.
La
conducción militar de este proyecto se tornó
evidente ayer con la presencia en la ceremonia de
firma del acuerdo del general Rubens Martínez,
director de la Unión Agropecuaria del Ministerio de
las Fuerzas Armadas Revolucionarias, y del coronel
Abel Izquierdo, jefe del área económica de las
Fuerzas Armadas.
En
ocasión de este evento, Pérez Roque presentó a
Amorim a los responsables militares, a su vez el
ministro de Lula, no perdió tiempo y adelantó
inmediatamente las discusiones hacia una segunda
fase de cooperación de los cubanos con la Embrapa.
Este
acuerdo de plantación de soja en la isla, una de las
raras experiencias de esta sociedad con extranjeros
en agricultura, esta pensada como área estratégica
por el nuevo presidete cubano, Raúl Castro.
Más de U$S 2 mil millones
anuales integra el monto del comercio
Venezuela-Cuba, que se traduce en el cambio de mucho
petróleo barato por servicios médicos cubanos y base
ideológica, la propuesta de Brasil es ofrecer
cooperación técnica, ayudar en la "seguridad
alimenticia" de la isla y negociar inversiones en
infraestructura. Como los combustibles, los últimos
dos también son cuellos de botella de la economía
cubana.
El único
acuerdo firmado fue un instrumento jurídico para
profundizar la sociedad técnica, por medio de la
Embrapa, para sembrar hasta 40 mil hectáreas de soja
en Cuba. La sociedad no implica adquisición de
tierras. Para los conocedores de la isla, la
posesión de tierras por parte de extranjeros es un
veto consagrado por el régimen castrista, pero la
inversión extranjera ya se da en varios sectores
desde los años 90.
"Las
personas tienen una visión errada de la economía de
Cuba. La inversión extranjera está en las más
importantes áreas de la economía. En el turismo, en
la generación de energía, en la explotación de
petróleo", dijo el ministro de Comercio Exterior
cubano, Raúl de La Nuez.
Un hecho que llamo la atención
de la ceremonia de la firma de documentos, es la
participación de dos responsables de la iniciativa,
el general-de-división, Ruben Martínez Puente,
director de la Unión Agropecuaria, especie de brazo
militar para proyectos agropecuarios, y el coronel
Abel Izquierdo, jefe de la Dirección Económica de
las Fuerzas Armadas.
El vice-presidente
de Cuba, Carlos Lage, afirmó que su país está
dispuesto a tener a Brasil como su principal socio,
como expresó de forma recíproca el ministro Celso
Amorim (Relaciones Exteriores), que al finalizar su
visita a la Isla se reunió con el presidente de
Cuba, Raúl Castro.
"Ahora
tenemos el desafío de que Brasil sea el socio número
uno de Cuba y estamos favorablemente dispuestos a
este objetivo", dijo Lage en declaraciones
divulgadas por la AIN (Agencia de Información
Nacional) durante un encuentro con Amorim.
Traducido para LA ONDA digital por Cristina
Iriarte
LA
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