|
Matar a todos,
ficción y realidad
por José Luis Olascuaga

La película logra lo
que se propone, que no es contar la historia del
asesinato de Eugenio Berríos, sino un relato de
ficción sobre la vida de una actuaría, que para
liberar cuentas pendientes de su pasado, se enfrenta
a su padre y a su hermano, militares procesistas.
Técnicamente, Matar a
todos es correctísima y cuenta en su reparto con la
excelente actuación de María Izquierdo, notable
actriz chilena que con un monólogo se roba la
película.
En cambio no
consiguen lucir los excelentes actores uruguayos
Walter Reyno y Jorge Bolani, porque sus muy buenas
actuaciones alcanzan apenas para matizar personajes
que del guión resultan muy maniqueos. El general
nostálgico y el juez corrupto hubiesen sido malos de
cuarta sin contar con esos actores. El general
fascista Gudari (como si dijéramos, el general
fascista Partisano), recibe de Walter Reyno una
credibilidad que sus parlamentos no le otorgan y
Jorge Bolani construye un pusilánime cortado con las
suficientes gotas de rapacidad que lo alejan del
arquetipo.
En cambio Darío
Grandinetti hace de su hueso un papel de
intensidad, aún mal marcado hasta la exageración
(como en el mutis por los canteros del cementerio)
y Patricio Contreras, César Troncoso y Arturo
Fleitas sacan con oficio sus papeles que hacen a la
trama política del caso Berríos.
Pero el tema central
de la película, que atrapa y está narrado con
creciente intensidad, es la intimidad de la hija de
criminal de guerra, que se va rebelando en toda su
verdad como en la maravillosa La caja de música de
Costa-Gavras, donde Jessica Lange hace uno de los
papeles más memorables del cine. Roxana Blanco, en
todo caso estaba mejor en Alma Mater. Por alguna
curiosa causa que desconozco es Alvaro Buela quien
ha logrado sacar más de sus actores (desde el
Leonardo Lorenzo de Una forma de bailar hasta Roxana
Blanco). La dirección de actores es en general un
déficit de nuestros directores de cine.
Lo cierto es que
Esteban Schoeder filma lo que sabe y está bien.
Supera su performance de El viñedo. Pero que nadie
espere un tratamiento profundo del tema como el de
La historia oficial de
Luís Puenzo, aunque
sí una historia en parte bien contada.
Sin embargo insisto
en que se está transformando en un condicionamiento
del medio, esa exigencia de corrección conformista,
contra los tratamientos más ambiciosos, que a
excepción de en Polvo nuestro que estás en los
cielos, están
siendo rigurosamente
evitados.
LA
ONDA®
DIGITAL |