Obama en
tiempos de Lula
por Antonia Yáñez

Hace poco tiempo en el contexto de la elecciones legislativas norteamericanas  el escritor Stephen King,  decía: “Puedo confesar que lo que más miedo me daba en el mundo era una persona: George Bush. Cuando descubrí que el electorado le había dado un puñetazo en la nariz, sentí un inmenso alivio”.

 

Este imaginario de King  es el que se ha extendido en lo más profundo de la sociedad norteamericana por estos días, la inseguridad y el miedo está en la raíz entre otras motivaciones, para que los demócratas ganarán las legislativas y ahora proyecten a Obama hacía la Casa Blanca.

 

Miedo a la agresión como nación, miedo e inseguridad a que el Poder los vulnere y los espíe en los ámbitos más íntimos del hogar, laboratorio o biblioteca, miedo a perder la certeza de la economía personal y social, miedo a perder la vida a miles de quilómetros en una guerra que no terminan de entender. Miedo a las drogas, al Sida, a la Encefalopatía Bovina, miedo a que se termine el petróleo. La administración republicana y Bush a la cabeza es hoy quien más nítidamente aparece como el responsable o generador de este radical síndrome social.

 

Es así que Obama surge, como el contraste de una de las peores presidencias de la historia de Estados Unidos, la del segundo Bush. Este acontecimiento deviene desde un imaginario social complejo, contradictorio y que busca desde los años 60 nuevos paradigmas políticos. No es casualidad que los dos grandes candidatos demócratas fueran una mujer y un negro.

 

Pero aun falta la  verdadera batalla, la del 4 noviembre, frente a los republicanos. Que el miedo se transforme mayoritariamente en progresismo político es una materia pendiente en esa sociedad. El candidato conservador es un veterano político combatiente en Vietnam, John McCain, este buscará devaluar a Obama, proyectando un escenario de guerra con Al Quaeda, Irán, de invasión a Cuba y la Venezuela de Chávez. El devenir de la economía  norteamericana tendrá la última palabra a la hora de las decisiones ciudadanas más sutiles en noviembre.

 

Si se traslada la capacidad de decisión al imaginario mundial,  los pueblos consultados se pronunciaron en 21 de los 23 países por el senador afro-americano, el favorito. El diario The New York Times, ya habla del "efecto Obama” y la incidencia de este en una mejora de la imagen de USA.

 

Mientras soplan estos vientos de innovación en la decisión del electorado norteamericano, los europeos incrementan sus miedos e inseguridades cuando recién se inicia una crisis de la economía y su impacto en el empleo. La emigración es el blanco fácil de las iras de la mayoría de la dirigencia política. Pero es toda Europa la que se desliza a un período de gran conservadurismo político, cultural y social. Las ideas de Sarkozy y Berlusconi  son las emergentes. En nombre de la “flexibilidad en la ordenación del tiempo de trabajo", Italia y Francia precipitan en la Unión Europea nuevas legislaciones sobre régimen de trabajo, entre las cuales están las 65 horas de trabajo semanal. Lo que retrotrae al decir de un ministro español a Europa al final del siglo XIX y primeras décadas del XX.

 

A la vez  desconfía del valor de la integración poniendo en jaque el Tratado de Lisboa,  el "no" irlandés la coloca ante el vacío, cuando la crisis económica paulatinamente se instaló en los hogares. Si se proyecta este panorama el futuro de los resultados finales de la Ronda de Doha  son malos o muy malos para los países pobres. Es el propio Pascual Lamy, director general de la OMC  que anticipa que “la sensación es más proteccionista que hace 10 o 20 años”.

 

Quienes sustentan esta postura quieren anticipar una decisión definitiva antes que cambie la administración Bush. En los últimos días India y Argentina dos de los países emergentes reunidos en Buenos Aires advirtieron que el texto para una resolución final “exige que los países en desarrollo realicen recortes arancelarios mayores que los ofrecidos por las naciones desarrolladas, lo que es totalmente inaceptable”, indicó un comunicado.

 

En este escenario mundial es que se destaca el “efecto Brasil”, que debiera llamarse “efecto Lula”. En todos los grandes escenarios mundiales y sudamericanos de los últimos meses se ha escuchado a Lula alzar su voz en defensa de su país o sus vecinos de la región.

 

En la Cumbre de Lima ante una Europa confundida y sin una estrategia clara sobre el intercambio comercial con este continente, les dice: "Quieren descontaminar el planeta, combatir el calentamiento global, firman el protocolo de Kyoto, y cuando Brasil ofrece un combustible no emisor de CO2, prefieren usar uno que lo emite; eso es una contradicción", agregando si (Brasil) no hubiera encontrado nuevas reservas marítimas de petróleo ellos dirían que Brasil estaba haciendo esto (produciendo biocombustibles) porque no tiene petróleo. Ahora tenemos mucho petróleo y queremos producir mucho biodiesel y llevar tecnología a otros países”.

 

Pero no solo en este plano confrontó con Europa el mandatario brasileño, quien acaba de recibir reservadamente del gran lobby empresarial paulista el pedido de que acceda a su reelección, también lo hizo en el plano de desmitificar la nueva realidad política que emerge en Sudamérica.

 

"Este continente fue agitado por dictaduras militares. Hace 20 años había guerrillas activas en muchos países. Hoy estamos todos de acuerdo, con excepción de las FARC en Colombia, de que las elecciones son el único camino legítimo hacia el poder", agregando: “Europa no necesita tener miedo a la izquierda en América latina". Abordando directamente el tema que más les preocupa, con la afirmación, “Chávez es el mejor presidente que ha tenido Venezuela en los últimos cien años. Y aún así, no ejerce ni remotamente la influencia que se le atribuye”.

 

Lula con sus planteos buscó situar en otro contexto el momento que vive Sudamérica, y finalmente la Cumbre UE-América latina finalizó proactiva en grandes temas como combatir el hambre en el mundo y  profundizar los lazos comerciales entre ambos bloques. Luego el viernes 23  de mayo con la apatía  de muchos de sus pares sudamericanos y la ausencia del presidente uruguayo, puso en marcha desde Brasilia a la Unasur, concebida como una instancia superior de integración política. Aún llena de defectos en su arquitectura institucional es un esfuerzo en pos de agrupar y unir a los sudamericanos.

 

Como una oportunidad  de situar una vez más la realidad en su contexto ,con nuevos espacios de transformación democrática es que se deberá retener lo que dijo Lula desde Lima: “Hoy estamos todos de acuerdo, con excepción de las FARC en Colombia, de que las elecciones son el único camino legítimo hacia el poder" y luego Chávez  con una formulación más precaria e insuficiente: “A estas alturas, está fuera de orden un movimiento guerrillero armado, eso hay que decírselo a las FARC” (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia). 

 

No ha faltado y no faltará  quienes dentro y fuera de Colombia propicien sobre estas formulaciones una capitulación humillante y aún de masacre para los guerrilleros colombianos (antecedentes no faltan en esa misma región) pero de lo que se trata es de alcanzar una salida que ubique al continente en única dirección de la historia,  la democracia profunda y coherente en todos los planos.

 

Mas allá de las abismales diferencias, la mesa de los dos continentes americanos esta servida, la democratización es el menú, y la gran oportunidad de su historia esta presente una vez más. Pero este presente también lo integra una Argentina donde se vuelve hablar que su presidenta “no completará su mandato”, un México al que EEUU le quiere aplicar un Plan Mérida  y un Obama que aun no ganó las elecciones.

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