De epígrafes y prefacios
Luiz Alberto Moniz Bandeira,
el pulso de la historia (ll)
por Héctor Valle

De lo que se trata, pues, es de desentrañar mediante una reflexión compartida, el sentido mismo de las citas incluidas al inicio del presente estudio y a modo de epígrafes, de manera de precisar la actitud que nos mueve al hacerlo.

 

Con ello, intentaremos colocar la clave de bóveda de lo que entendemos es la mayor  labor histórica -por más vasta y crítica a la vez que profusamente documentada-, que historiador sudamericano alguno ha llevado a cabo respecto de la conformación de nuestros Estados-Nación hasta la contemporaneidad, bien como la relación dialéctica que la periferia ha tenido y tiene para con el centro y éste con aquella, en el sistema-mundo que nos comprende.

 

Al tener esto determinado, precisado, es que podremos incursionar en aspectos fundamentales del modo de ser y de hacer de nuestro gran historiador sudamericano, a manera, ahora sí, de preámbulo al inicio del tratamiento de su vida y de su obra, como un solo cuerpo, como una sola manifestación inteligente y sensible de una vida con sentido.

 

Así, habrá culminado esta introducción, al colocar el pórtico a través del cual habremos de involucrarnos en el estudio crítico del corpus histórico en cuestión.

 

En tanto Moniz Bandeira se ocupa de la historia -sea en lo que hace relación a su relato como asimismo al por qué de los hechos, por ende, a la historia como problema-, es que entendimos apropiado apoyarnos en el propio Hegel para comenzar a abrir este sendero del saber comprometido.

 

Las tres citas de pasajes de dos obras sustantivas del filósofo alemán, traen a colación, lo que sentimos es la columna donde se vertebra el vivir y el hacer de Moniz Bandeira: rigor para con el estudio; compromiso de vida desde un hacer responsable; precisión al momento de establecer su propio pensar sin que por ello éste tiña su obra.

 

En este sentido, reiteramos que el historiador brasileño, siempre y en cada una de sus obras, se permite tan sólo en el prefacio dar un parecer personal, un comentario de un hecho de su propia vida, para luego adentrarse con el rigor antes citado, en el estudio y tratamiento de las distintas fases de su largo y proficuo hacer historiográfico.

 

Por último, en cuanto a los epígrafes por mí colocados, vale decir que la cita de una frase de Cicerón busca redondear mi visión sobre el proceder de Moniz Bandeira, en vida y en obra.

 

Es decir, el tener una comprensión de la vida del ser humano, tan abarcadora que uno se permita -al ir conociendo los diversos momentos o fases de la historia-, la convicción que lo son de un largo proceso que a su vez tiene instancias evolutivas y por qué no, también períodos de meseta y hasta caídas. Ciclos de una historia que no pueden ser medidos, calibrados, desde una visión cronológica y con un pequeño angular desde la cual mirar el mundo.

 

Es tan vano, como peligroso y hueco el pretender que la historia cobra sentido con uno, sea este uno el Estado o una persona en particular, sin atender a los tiempos diversos y ciertamente mucho más dilatados, en los que, ahí sí, naciones, imperios y hasta individuos históricos, conforman y dan así mayor ponderación a la reflexión histórica.

 

Al comprender y analizar tales períodos, podrá calibrarse cómo pueblos y personas actúan. Así, y en función antes que de apetencias y metas individuales en sí y por sí, por mérito a la mejor prosecución de objetivos e ideales de sus Estados y grupos de Estados-Nación, como América del Sur, iremos logrando una visión de conjunto que nos permitirá atender, más y mejor, la mirada a la circunstancia, hasta llegar a nuestro propio lugar de vida.

 

En todo caso y en relación con citas y aproximaciones a nuestro protagonista y su hacer, consideraremos a continuación a otro gran pensador, francés en este caso, llamado Jean Hyppolite que, al reflexionar sobre la gran obra hegeliana “Filosofía del Espíritu”, construyó su propia gran obra en la cual, por ejemplo, nos legó pensamientos como el que a continuación transcribo:

 

“(…) Este esfuerzo por reunir lo universal y lo particular en la individualidad espiritual es lo que da interés al hegelianismo y, dentro del hegelianismo, a la Fenomenología. Hegel no quiere elegir entre un existencialismo que para él sería abstracto –y que luego estaría representado por Kierkegaard-, en el cual la individualidad es lo único al negarse a transcribir su situación existencial en la cifra de la universalidad y un universalismo que excluiría la experiencia vivida. Al contrario: la verdad reside en la unidad de ambos –una verdad que es también la vida, de la misma manera que la vida del espíritu es la verdad. Para comprender el sentido del desarrollo fenomenológico, su relación con la historia del mundo, hay que pensar, por tanto, esta dialéctica de la individualidad universal, que es el pensamiento de la universalidad a través de la particularidad así como de la particularidad a través de la universalidad. ¿Acaso no es la conciencia unidad de esos dos momentos?”.

 

Por ello, entonces, es que creemos indispensable el estudio y comprensión de la obra de Moniz Bandeira, antes que por creerle un hegeliano absoluto (otro modo de decir “cerrado”), por saberle un erudito que tiene en cuenta al Mundo, en su historia, luego en sus ciclos y la interpenetración, mayor o menor que entre los mismos hubo y hay, eventualmente, para entonces sí adentrarse en lo propio de su lugar y de nuestra circunstancia: el Brasil y la América del Sur.

 

Como decía un querido maestro, uno debe y puede entrar en toda obra, aprehenderla en aquello que juzgue inteligente y de recibo, sin que por ello quede atrapado dentro de la misma.

 

Por ello, Hegel es –y sigue siendo sin duda alguna-, un referente primordial en todo análisis de lo humano a través del decurso de su historia.

 

Y sino, veamos estas dos  reflexiones extraídas también de sus Lecciones sobre la Filosofía de la Historia Universal.

 

La primera, escrita no bien comienza la Introducción General de dicha obra, dice relación del hombre ante su paso por el planeta y el modo de llevarlo a cabo, o la conciencia de su proceso: “(…) Sin embargo, la filosofía de la historia no es otra cosa que la consideración pensante de la historia; y nosotros no podemos dejar de pensar, en ningún momento. El hombre es un ser pensante; en esto se distingue del animal. En todo lo humano, sensación, saber, conocimiento, apetito, voluntad –por cuanto es humano y no animal- hay un pensamiento; por consiguiente, también lo hay en toda ocupación con la historia.”

 

En tanto que la segunda, atiende al foco de lo que en historia debe ser buscado y hallado, al sentido mismo de tal búsqueda, de tal posición ante la vida y su manifestación inteligente: “La historia sólo debe recoger puramente lo que es, lo que ha sido, los acontecimientos y actos. Es tanto más verdadera cuanto más exclusivamente se atiene a lo dado –y puesto que esto no se ofrece de un modo inmediato, sino que exige varias investigaciones, enlazadas también con el pensamiento- cuanto más exclusivamente se propone como fin lo sucedido.”

 

Pues bien, la obra de Moniz Bandeira también tiene sus ciclos, sus instancias que, si las tomamos aisladamente, resultan ser trabajos claramente lúcidos e importantes, pero que al no tener la gran perspectiva de toda su obra, leída y analizada, estamos dejando de lado el ver con un gran angular, desde la historia del mundo occidental, la propia del Brasil, de la América del Sur y de éstos con los Estados Unidos de América, por ejemplo.

 

En contraposición filosófica con Hegel, Karl Marx argüía, al comenzar su Crítica de la filosofía del derecho de Hegel que: “El hombre, que, en la realidad imaginaria del cielo donde buscaba un superhombre, sólo ha encontrado el reflejo de sí mismo, no se sentirá ya inclinado a encontrar sólo la apariencia de sí mismo, el no-hombre, allí donde lo que busca y debe buscar necesariamente es su verdadera realidad. (…) Más precisamente: la religión es la autoconciencia y la autovaloración del hombre que aun no se ha encontrado a sí mismo o ha vuelto a perderse. Pero el hombre no es un ser abstracto, ubicado fuera del mundo. El hombre es el mundo del hombre, es el Estado, es la sociedad.”

 

Por consiguiente, a la vez que partimos hacia una comprensión del saber específico de un historiador nuestro y comprometido, lo hacemos, y así quisimos dejarlo en claro, desde una postura no dogmática, en su más amplia acepción, en tanto librepensadores que estudiamos y analizamos el hacer de y en vida de un gran librepensador sudamericano.

 

En suma, culminando esta fase de la introducción, pongo por ejemplo la obra que sobre el Brasil, los Estados Unidos de América y la región sudamericana, ha escrito hasta el presente –pues nuestro historiador continúa trabajando intensamente.

 

Son cinco tiempos de una sola obra: Presencia de los Estados Unidos en el Brasil; Argentina, Brasil y Estados Unidos – De la Triple Alianza al MERCOSUR; De Martí a Fidel – La Revolución Cubana y la América Latina, Las relaciones peligrosas: Brasil-Estados Unidos (De Collor a Lula, 1990-2004),  y Formación del imperio americano – de la guerra de España a la guerra en Irak.

 

Y, sin embargo… aun seríamos insuficientemente analíticos por no comprender que sin la lectura y crítica de su obra La Formación de los Estados en la Cuenca del Plata, nos estaría faltando el sustrato fundamental de su gran obra.

 

Pero… ¿cómo entender al hombre historiador y su especial momento de clivaje, personal e histórico, si ignoramos esa otra obra crítica de su hacer El Gobierno João Goulart? Etcétera.

 

A fin de cuentas, no hacemos sino corresponder la propia actitud de vida de nuestro protagonista. Para muestra baste citar una reflexión de Moniz Bandeira, vertida en el prefacio a la cuarta edición de su obra Presencia de los Estados Unidos en el Brasil: “(…) Para mí, que no creía que la lucha armada pudiera derrocar el régimen autoritario –se refiere al año de 1969-, era necesario combatirlo por otros medios: como intelectual, que siempre fui. Mi decisión fue permanecer en el Brasil y enfrentar todos los riesgos, hasta incluso la muerte, para la cual me preparara –sobre todo, cuando el comando del Cenimar me aprehendió. Siempre entendí que libertad no es dádiva, es conquista; que un intelectual debe ejercerla, enfrentando los riesgos, y que la autocensura es una forma de connivencia, de complicidad con la represión.” 

 

Este hombre ciertamente no padeció la servidumbre voluntaria que otros muchos dueños precarios de un supuesto saber, de antes y de ahora, padecen hasta con devoción.

 

En fin, que la tarea es tan inmensa como urgente.

 

Por eso mismo es que no nos viene prisa alguna. Hay que darse tiempo y espacio cuando se trata de conocer y aprehender a un grande. Nos lo exige la prudencia; nos lo reclama la Razón, nos lo pide la responsabilidad que nos cabe como coprotagonistas de esta, nuestra Historia Crítica Sudamericana.

 

Continuaremos.

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