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Poder o no poder
that is the question
por Félix Duarte
En
este viernes de junio, intentando dar forma a la
nota...llueve torrencialmente en la estanciael
mojón... como en el verso campero aquel. Agradable
resulta con mate de por medio Alfredo acompañando
bajito la lluvia en los cristales, el viento que
sopla con fuerza en la calle y es duro el frío.
Cómodos en un ambiente cálido, ahorita nomás llega
una nieta de la escuela; pondrá al día deberes y
merienda. Existimos, somos privilegiados y con
Violeta debemos dar gracias a la vida. Aunque
queda algo muy breve de un... pensar en voz alta...
para luego ir al tema.
Esto
puede ir hacia lo cursi... y si es así disculpen.
Pero desde nuestra cómoda felicidad muy a menudo nos
viene a la mente tanta gente que en medio de este
temporal, trotan la calle en los carritos, o están
en la esquina revolviendo el contenedor o empapados
en las mal llamadas viviendas del asentamiento.
Todos en el Uruguay saben de la sociedad fracturada
y de que casi un tercio de nuestros escasos tres y
pico de millones, sufren algún grado de
marginalidad. Sin buscar por ahí alguna culpa,
mirando de reojo estadísticas...es el temporal que
inspira...
Ahora,
al tema. En Uruguay somos afectos a los dichos y
refranes. Uno es Querer no es poder... y no
necesita explicarse. Era habitual décadas atrás,
cuando al tipo diría Wimpi le gustaría un viaje en
la licencia, cambiar el auto o la casa. Ponemos
estos ejemplos, pues lo de cada día estaba resuelto.
Más acá en el tiempo aquello se dio vuelta. Y ese
dicho debe ser el más usado. ¿Qué ocurrió? El poder
adquisitivo de los que dependen de ingresos
mensuales fijos se derrumbó. En amplia mayoría,
sacando una parte menor de sueldos altos, de
ejecutivos, etc.
En una
familia tipo, si los dos hijos precisan championes
o camperas, porque viene el inicio de clases o llega
el invierno, eso que es un hecho casi de rutina,
pasa a ser un problema. Adquirir los productos de
consumo diario para alimentarse y para necesidades
obvias de higiene personal, algún remedio etc. es un
drama cotidiano porque cientos o miles de productos
suben a gusto de fabricantes, intermediarios y
empresas que expenden al consumidor. Hay un grupo
menor a 50 que es la canasta que sirve a las
estadísticas. Pero Don Juan y doña Maria no se
enteran.
Nadie
pone en duda la buena intención de autoridades que
manejan y hacen acuerdos sobre los artículos de la
canasta. Ni descalificamos a los técnicos que son
los encargados de trabajar con el índice de la
inflación. Pero hay que entender algo: un hogar, una
persona, en sus vidas cotidianas, para atender sus
necesidades más elementales. Jabón para baño,
dentífrico (en lo va del año se triplicó su precio)
medicamento para la fiebre del hijo, etc. etc. etc.
no puede, no es lógico, se cae de su peso que su
vida por simple que sea, pueda arreglarse con la
bendita canasta.
Algo de
eso quiso alertar el Instituto Cuesta Duarte (del
PIT CNT) hace unos días y fue mal interpretado (¿Se
equivocó la paloma...?) en un titular de prensa que
estaba en contra de las cifras de inflación. Lo que
decía el Cuesta Duarte era que había que cambiar el
método, porque los resultados de esos estudios, no
tenían nada que ver con lo que enfrentaba el
consumidor. Además muchos sueldos ajustan por el
índice de inflación pero ese trabajador ajusta por
índice basado en la canasta, pero debe consumir
absoluta mayoría de los productos con precios en
vuelo libre.
El punto
del poder adquisitivo lo acaba de explicitar el PIT
CNT al tomar como base para el salario mínimo en
$8.500. Y se ha dicho claro. Es una base. Nadie
puede vivir con eso. Si en una casa los dos ganan
eso, la familia no puede vivir. Los empresarios
pusieron el grito en el cielo. Y el Gobierno esta en
un brete. Sabemos que el nuestro es un país
dependiente. Precisa que vengan industrias. Y del
exterior vienen si les conviene. Las zonas francas
(de las que algunos del Gobierno supieron ser hace
tiempo enemigos) solucionan bastante eso. Más que
bastante, mucho.
Pero hay
un detalle que es importante en las ventajas
comparativas y es el nivel salarial. Algo menos de
dos años atrás una marca de punta en ropa deportiva,
de EE UU, llevo sectores en que había mano de obra
humana a Indonesia, creo. ¿El detalle? Lo que en EE
UU debía pagar 9 (nueve) dólares, en Indonesia le
cuesta 1 (un) dólar, pero dejemos esto por aquí.
Falta algo para redondear lo anterior. Si a la
señora mencionada no le da para comprar championes
y camperas ni artículos que suben a diario y demás
necesidades de la casa. ¿Cómo llevan adelante el
hogar?
De una
forma que todos en Paris conocen y los países con
la deuda externa. Con deudas. Haciendo un crédito
para pagar otro u otros atrasados o vencidos. Con
las famosas calesitas como se hacían con cheques
diferidos, o se hacen no sabemos, estamos jubilados.
El viernes 20 salió esta noticia en la prensa. En el
pasado mes de mayo hubo 210 mil débitos en tarjetas
y 6.132 millones en créditos personales. Y había
unos detalles de meses anteriores explicando que en
cada mes son mayores en mucho las cifras en esos
dos rubros. Calesitas... ¿Sí o no?Sí...
Y ahora
para terminar, vamos a un punto que nos parece es el
centro y la razón de incursionar en estos temas. En
todas estas situaciones hay gente que vive en su
cotidiana peripecia la realidad. No los anuncios
almibarados de lo bien que vamos y de lo bien que
están los números los que dicen que estamos
fenómenos. No estamos asÍ como dicen de fenómenos.
Es necesario darse cuenta de esto. Y no es tirar con
pálidas ni sembrar derrotismos. La señora que no
puede comprar championes ni camperas, vive una
realidad. Seguimos apostando a que este Gobierno
tiene que seguir. Para eso, de una vez se deben
poner las pilas...
LA
ONDA®
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