Nunca, pero
Nunca Más

por El Perro Gil
elperrogil@gmail.com

Es junio un mes peculiar,

en nuestra historia tan corta

pues este mes se reporta

de forma particular.

Al tiempo de festejar

del prócer su nacimiento,

junio nos marca el momento

de un quiebre institucional.

Yo festejo el Nunca Más,

pero un Nunca Más eterno!!

 

Todavía recuerdo aquella mañana gris de junio, estaba con mi madre escuchando la radio Spica que informaba entonces la disolución de las cámaras legislativas y la creación  de un Consejo de Estado. En la imaginación de un chico de diez años aquello aparecía como una noticia más pero el ambiente estaba raro desde hacía un tiempo. También recuerdo la carita del soldado que ingresó a mi cuarto en busca de sediciosos que eran promocionados por la televisión en comunicados tristemente musicalizados.

 

Eran comunes las operaciones cerrojo donde se clausuraban barrios enteros en busca de ratoneras o lugares donde se escondían los enemigos de entonces –muchos de los cuales ejercen el gobierno hoy en extraña paradoja. A juzgar por la carita que recuerdo de aquel uniformado, él también era una víctima del proceso, el mismo que combatía el desempleo contratando mano de obra barata a cambio de techo y comida fundamentalmente. Aquel soldado, (al que el casco le quedaba enorme aumentando su tragicómica figura, junto aquel fusil también desmesurado para la débil complexión física del mismo), emanaba un terror que daba miedo a quienes no entendíamos que hacía un tipo de uniforme verde, armado para la guerra en medio de mi cuarto. Seguramente al vernos se apiadó y bajó el arma, mientras mi madre me abrazaba y mi padre intentaba demostrar que aquella cueva era en verdad un desván con cosas viejas y el refugio de mis aventuras de niño.

 

Los primeros tiempos fueron de resistencia heroica, donde una huelga general era el arma que esgrimía un pueblo que se resistía a dejar atrás una rica historia democrática. Luego el ruido se fue apagando, nos fuimos acostumbrando a lo que estaba pasando, pero había quienes soñaban con la reinstalación de aquella señora que nos habían robado.

 

Han transcurrido varios lustros desde aquella época de miedos, vedas, y limitaciones de las garantías individuales. Hoy parece impensable, para las nuevas generaciones, que se limiten reuniones tan simples como las que ellas acostumbran tener por cualquier motivo o circunstancia. Parece de otra época y otro lugar comentar siquiera que por tener el pelo largo se era pasajero de peluquerías ambulantes que llamaban chanchitas,  donde recibían gratis el último corte que marcaba la moda por aquel tiempo. O aquellos roperos que invitaban a disolver cualquier intento de manifestación bajo una lluvia a presión que también era acompañada por sables y caballos. O los paseos hasta la comisaría por no tener la constancia laboral o la cédula de identidad consigo. En una de esas excursiones, el gordo Guillermo no entraba en la camioneta dada su gruesa figura. Luego de varios intentos, el oficial desiste de llevarlo y le indica que se vaya a su casa. No obstante lo cual el gordo insiste aludiendo que si se aprietan un poco entra… Nos miramos y no pudimos contener la carcajada, mientras el oficial lo empujaba definitivamente fuera del coche.

 

Nos criamos sin hablar de política y un día nos enteramos -por la misma radio- que cuerpos de rasgos orientales habían sido hallados en costas uruguayas. También un día aparecen los cuerpos de emblemáticos legisladores uruguayos exiliados en Buenos Aires, junto a otros cuerpos militantes. No sabíamos de exilio pero sí de amigos que se tuvieron que ir. Los trabajadores no hacían más huelga ni había sindicatos, los funcionarios públicos se calificaban por letras y no se hablaba de inamovilidad. Montevideo tenía un intendente que duraba mucho más que cinco años. De un tal Wilson se decía que volvía, pero no sabíamos bien cuando.

 

La historia marcó la cancha y hoy vivimos tiempos de democracia plena. Tan plena que definitivamente pujamos por instalar en la conciencia colectiva un Nunca más al que le han dado diferentes interpretaciones. Yo también tengo la mía: NUNCA MAS volver a ese tiempo oscuro y gris, NUNCA MAS una dictadura en mi país.

 

…el perro lo miró y movió la cola, como apoyando la idea.

LA ONDA® DIGITAL

© Copyright 
Revista
LA ONDA digital