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Mandela: un hombre del
que no hay espacio
para la sospecha
por Raquel Quílez
En el contexto del cumpleaños de
Nelson Madera,
el senado de Estados Unidos
decidió por unanimidad
quitarle la etiqueta de
terrorista.
Siempre
he atesorado el ideal de una sociedad libre y
democrática, en la que las personas puedan vivir
juntas en armonía y con igualdad de oportunidades.
Es un ideal para el que he vivido. Es un ideal por
el que espero vivir, y si es necesario, es un ideal
por el que estoy dispuesto a morir. Lo dijo en
1961. Ante un tribunal que lo juzgaba por alta
traición. Su alegato era sincero. Tanto, que le
llevó a la cárcel durante 27 años.
La coherencia de
Nelson Mandela (Qunu, 18 de julio de 1918) le ha
convertido en una leyenda política viva. Otros, como
el Che Guevara, Gandhi o Martin Luther King, también
son admirados por llevar sus ideales hasta las
últimas consecuencias, pero contribuyeron al mito
sus asesinatos, que dejan, a su vez, la duda de si
hubiesen sucumbido al poder. En el caso de Mandela
no hay espacio para la sospecha.
'Madiba' como le
conocen en Sudáfrica y que significa 'abuelo
venerable' ha soportado muchos varapalos a lo largo
de su vida. Familia de los jefes supremos de la
tribu de los 'Tembu', fue formado para convertirse
en dirigente de su clan. Pero se rebeló contra su
destino: estudió Derecho y se metió en política para
combatir las prácticas xenófobas del 'apartheid'.
Era negro en un país dominado por blancos que
practicaban la exclusión racial. Y no quiso
conformarse.
En 1948, el Partido
Nacional de Sudáfrica (PN) había ganado unas
elecciones en las que sólo podían votar los blancos
y había instalado un sistema de segregación racial.
Enfrente tenía al Congreso Nacional Africano (CNA),
formado en 1912 para luchar por los derechos de la
población negra, al que se unió Mandela en 1942.
Recorrió el país promoviendo actos de desobediencia
civil, entre los que se incluyeron numerosas
acciones violentas. Finalmente, fue arrestado y
acusado de alta traición.
El régimen de
Sudáfrica le consideraba un terrorista y le tuvo
cerca de tres décadas entre rejas. No pensaba lo
mismo la comunidad internacional, que orquestó una
campaña en su apoyo que dio frutos el 11 de febrero
de 1990. Ese día, Mandela salió en libertad después
de pasar 27 años en la cárcel.
Durante su primera
intervención ante la prensa apostó por encontrar una
solución que no menoscabase los derechos de los
blancos. Sin rencor. Fiel a sus ideales.
Tomó entonces las
riendas de la transición de su país y cambió su
condición de 'peligroso opositor' por la de
presidente, previo paso por las primeras elecciones
democráticas a las que acudían sus compatriotas. Fue
en abril de 1994.
Una vez en el poder,
mantuvo esa coherencia. No se aferró al sillón. Se
retiró cuando llegó el momento y siguió luchando por
causas nobles, como erradicar la pobreza en África o
combatir el sida. Además, ha trabajado como mediador
en conflictos como los de Angola, Burundi y la
República Democrática del Congo y ha recibido
numerosos premios y homenajes.
Mandela es venerado
por miles de personas. Lo demuestran las ovaciones
que recibió sobre el escenario en la gira '46664'
para recaudar fondos contra el sida. Y las palabras
que entonces le dedicó Bono (U2): No es sólo un
presidente para Sudáfrica, no sólo para África; es
un presidente para quienes aman la libertad: 'Madiba'.
Fuente: rfi Francia
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