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El talón de Aquiles de los dirigentes
europeos ante la inmigración
por José Carlos García Fajardo
El presidente francés Nicolás Sarkozy
pretende introducir la identificación biométrica en
los visados y en los vuelos colectivos para expulsar
a los que no tengan todos los papeles en regla y
garantizado un puesto de trabajo. Todo lo contrario
de lo que muchos países hoy empobrecidos hicieron
durante siglos con millones de europeos a los que
acogieron
El
búnker de Europa va tomando cuerpo, escribe A. Missé
ante la presidencia de la Unión Europea que comenzó
el día 1. El presidente francés, Nicolas Sarkozy,
sigue adelante con su plan de cerrar las puertas a
nuevos inmigrantes no seleccionados previamente. Su
Pacto por la Inmigración y el Asilo pretende
introducir la identificación biométrica en los
visados y los vuelos colectivos para expulsar a los
que no tengan todos los papeles en regla y
garantizado un puesto de trabajo. Todo lo contrario
de lo que muchos países de América, de África y de
Asia hicieron durante siglos con los millones de
emigrantes europeos que acogieron y contribuyeron al
desarrollo y a aliviar las necesidades de los países
europeos. De los ocho millones de sin papeles que
hay en la UE sólo serán regularizados algunos con
carácter excepcional por motivos humanitarios y
económicos.
El presidente de la
Liga de los Derechos del Hombre considera que estas
ideas del pacto tratan a los inmigrantes como
mercancías y favorece a los países ricos a costa de
los pobres, es decir, todo lo contrario al
desarrollo. La última redacción del documento del
pacto, cuyo texto debería aprobarse en octubre por
los líderes europeos, recuerda que corresponde a
cada Estado miembro decidir sobre las condiciones de
admisión de los inmigrantes legales y fijar si es
posible con la colaboración con los países de
origen, su número. Y pide a los Estados miembros
que pongan en práctica una política de inmigración
escogida, especialmente en lo que concierne a las
necesidades del mercado de trabajo, y teniendo en
cuenta del impacto que puede tener sobre los otros
Estados miembros. Dirigentes de organizaciones de la
sociedad civil denuncian que este enfoque de la
inmigración está más basado en motivos ideológicos
que en la realidad porque anteponer la emigración
económica a la reagrupación familiar es condenar a
los inmigrantes a vivir separados de sus familias.
La Unión Europea se
debate en una profunda contradicción ante la
inmigración. Por una parte, la Comisión Europea
publica estudios que señalan la urgente necesidad de
extranjeros para compensar el imparable
envejecimiento de la población. Por otra, están los
discursos de los presidentes de Francia y de Italia
que se sirven de las diferencias culturales para
promover actitudes xenófobas y confundir a la
opinión pública en momentos de crisis económica.
La Comisión acaba de
aprobar en junio un documento con un enfoque más
realista y justo de la inmigración: En el contexto
de una Europa que envejece, la contribución
potencial de la inmigración a la eficacia económica
de la UE es importante. La realidad es que los
europeos viven cada vez más años y es difícil
garantizar sus pensiones y asumir sus gastos en
sanidad y residencias de acogida.
Según solventes
estudios de la Comisión, Europa precisa entre 50
millones y 110 millones de inmigrantes hasta 2060.
Precisa A. Missé: La población de la UE en edad de
trabajar habrá descendido en 50 millones de
personas, incluso si se mantiene un nivel de
inmigración neta similar a los niveles históricos, y
descenderá en 110 millones si no se mantiene esa
inmigración neta. Para la Comisión, esta evolución
exigiría un mayor gasto público.
Las llegadas de
inmigrantes a la Unión Europea, desde 2002, se
acercan a dos millones de personas por año. El
impacto positivo de la inmigración ha sido analizado
por los ministros de Finanzas y está fuera de toda
duda su aportación en el crecimiento de una
población en continuo descenso. El éxito económico
de España, Reino Unido e Irlanda de los últimos años
es inexplicable sin la inmigración. En España, más
de la mitad del crecimiento en 2007 fue debido a los
inmigrantes. En Reino Unido, más de un millón de
polacos, checos y de otros países del Este cubrieron
el déficit de mano de obra. Lo que es preciso
desarrollar son proyectos de cooperación con los
países de origen y facilitar su inserción en el
mercado laboral mediante la necesaria formación para
los puestos que han de ocupar. Esto, después de
revisar la cuestión fundamental de este proceso: la
Unión Europea necesita materias primas para mantener
su nivel de desarrollo y de calidad de vida que
proceden en un setenta por ciento de esos países de
origen de los inmigrantes.
Que de una vez se
revisen precios, transportes y condiciones laborales
de los ciudadanos de esos países en la elaboración y
comercio de esas vitales materias primas. Ese es el
talón de Aquiles del injusto planteamiento del
problema por los gobernantes de esa Europa de los
mercaderes que colonizó y explotó las riquezas
materiales y humanas de esos países que hoy se ven
forzados a devolvernos las visitas que les hicimos
durante siglos los emigrantes europeos.
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