Brasil y América del Sur:
el zumbido del mangangá

por Héctor Valle

Se está haciendo historia.

La América del Sur en su conjunto, de manera variopinta, y el Brasil centralmente, van profundizando vías de crecimiento, con democracia y participación de nuestras gentes, en los beneficios como en las oportunidades de futuro, cada vez en mayor medida y con mayores certezas.

 

Atrás van quedando los cipayitos que peroraban en pro del catecismo neoliberal, pidiendo todo aquello que el centro le exige a la periferia pero que el centro no hace o hacía, al estar de los desfalcos y macanas que poco a poco se han ido descubriendo en este capitalismo de casino que ha marcado con tanta singularidad este tercer momento del ciclo americano del capitalismo.

 

Estas cuestiones, las que hacen al crecimiento del Brasil como nación y la América del Sur como su circunstancia, a muchos, la inmensa mayoría, desde nuestras singulares y queribles identidades y Estados-Nación, nos cabe celebrar y hacer para que desde nuestros respectivos lugares se proceda a reaccionar desde nosotros y para con el conjunto de nuestra circunstancia.

 

También están, cada vez menos y en retirada, los otros, aquellos que supieron estar en los estamentos burocráticos de nuestras naciones, picoteando y regurgitando durante sus tiempos en el ejercicio del poder, que hoy ven, con dolor y rabia, su momento fenecer.

 

Como bien recoge la profesora Úrsula Kühl de Mones, en su Nuevo Diccionario de Uruguayismos, el mangangá es el nombre de varias especies de himenópteros que se caracterizan por tener un cuerpo grueso, velludo y de color negro (algo que yo tomo por su espíritu, o alma para los afines a lo Otro).

 

Pero estos bicharracos se caracterizan por su picadura que si bien es dolorosa, dice la profesora, produce un fuerte ardor, generalmente de efecto poco prolongado.

 

Y yo me permito asociar a este pobre animalejo velludo, gordo y de picada molesta pero superficial, con aquellos amanuenses que, toda vez se produce una mejora en estas cuestiones que hoy nos ocupan a los sudamericanos (ni más ni menos que la mejora en calidad y proyección de vida de nuestras gentes) vuelven sus cabezotas para intentar picar aquello que no volverán a alcanzar: el favor popular, pero especialmente a los hacedores de esta hora que acaba de comenzar.

 

Para tal fin, estos animalejos velludos, gordos y de picada molesta, van también en apoyo de otros pajarracos de nuestra circunstancia que, si bien tienen características representativas de otro tenor (curiosos picos y llamativos colores), mantienen la igual y primera genuflexión al capital paria y la necia y terca mirada a un espejo que deforma su imagen tornándola a gusto de quien lo observa.

 

Será que ese espejo tiene el azogue de un tenor tan concentrado que permite a estas pobres aves, dibujar las líneas de figuras imposibles.

 

Estos pajarracos suelen encontrarse en los no-lugares (aeropuertos, centros de convenciones y otros sitios semejantes) donde el circuito de la vanidad en retirada les permita escucharse aunque ya nadie les preste atención.

 

Son ecos sin retorno.

El mangangá vuela y al hacerlo, zumba tanto que quizá por ello no alcance a oírse en su triste deambular.

 

Agreden sin ofender, porque no tienen catadura moral para hacerlo, aunque igualmente su picadura arda por un instante.

 

Viven la hora en que el olvido comienza a oscurecerles, o iluminarles con sus reales ropajes, y gimen como ánimas en pena al saber que al irse lo harán definitivamente, porque otro mundo, incluso en medio del dolor, está surgiendo donde ellos sólo supieron dar, centralmente, zarpazos para su mejor provecho y el de sus amigos y amos.

 

Mientras preparamos una explicación más ponderada y acorde a un análisis profundo de lecturas que no dejan de sorprendernos, quisimos exteriorizar nuestra indignación, mientras dura la comezón que provoca la irritante picadura de un grosero pajarraco que a los tumbos comienza a perderse en el horizonte.

 

Es hora de aportar ideas y responsabilidades. El Uruguay tiene mejores voces y alas que mostrar. Que conste.

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