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Como salvar el arroz, que
alimenta a la mitad del mundo
por Marta Chavarrias
La producción de este
cereal se enfrenta a nuevos desafíos climáticos y
enfermedades que debe superar con el desarrollo de
variedades más resistentes y productivas
Apuesta por la calidad de arroz
La producción de arroz se
enfrenta desde hace años a uno de los retos más
importantes en seguridad alimentaria: alimentar
prácticamente a la mitad del mundo. Ahora se
encuentra bajo presión por la subida de los precios
y la cada vez más alta demanda. Una de las
principales vías de escape es la investigación, que
debe ayudar a mejorar las variedades ya existentes y
a crear nuevas más resistentes. El objetivo que fija
el Instituto de Investigación Internacional del
Arroz (IRRI, en sus siglas inglesas) es asegurar el
acceso a este alimento en los próximos 20 años.
"No se trata de hacer ciencia
ficción, ni tampoco estamos hablando de arroz
transgénico". Así de claro es Achim Dobermann,
director general del IRRI, que admite que deben
adoptarse medidas si no se quiere acabar con este
cultivo, que sufre las consecuencias del cambio
climático y de modificaciones también en las
enfermedades por patógenos. En la mayoría de los
países productores de arroz (China, India,
Indonesia, Bangladesh, Vietnam, Tailandia, Birmania
y Japón), las variedades que se cultivan, en algunos
casos las mismas que utilizaban hace ya 20 años,
están empezando a perder potencial en los campos. De
ahí la necesidad que apuntan desde el IRRI de
desarrollar nuevas técnicas al servicio de este
alimento.
La calidad prima a la cantidad
Mejorar los cultivos del arroz
pasa, según los expertos, por mejorar más la calidad
que la cantidad de producción
El principal foco de atención
debe ser, además de reducir la pobreza de los
agricultores y su dependencia al arroz, seguir
investigando para mejorar su "salud nutricional", "biofortaleciéndolo"
con betacaroteno, hierro y cinc en los cultivos,
sustancias que en los alimentos aportan un plus de
beneficio en la salud de las personas.
El arroz dorado es un claro
ejemplo de los efectos positivos de la ciencia en
este cultivo, una variedad destinada a paliar el
déficit de vitamina A gracias a la ingeniería
genética, que biosintetiza los precursores de
betacaroteno.
Aún en fase de pruebas, se
prevé que en unos tres años pueda destinarse al
consumo humano. Enriquecer con hierro también
implica tener al alcance de la mano la capacidad
para combinar variedades transgénicas con métodos
convencionales de producción.
Otro de los puntos primordiales
de mejora de este cultivo es asegurar el acceso a la
información genética del arroz para todos los
implicados, incluso en fases como la recolección. El
secreto de que medidas como estas acaben con la
pérdida de rendimiento de los cultivos está en
modificar la manera de producir arroz. Según
expertos de la Cornell University, en EE.UU., se
trata de mejorar la genética del arroz a través, por
ejemplo, de fortificar la raíz de las plantas, lo
que permitiría aumentar la resistencia ante
problemas como sequías o la aparición de plagas. En
líneas generales, sería dar salida a las
posibilidades de la biotecnología en este campo,
como producir una variedad que permitiera obtener
nitrógeno directamente de la atmósfera y reducir así
el uso de fertilizantes.
Revolución agronómica
Actualmente es difícil precisar
con exactitud el número de variedades de arroz
existentes. Según Dobermann, hay registrados unos
110.000 tipos de arroz en el banco genético del IRRI
(no todos comestibles) y podría haber otros 1.000,
que no se estarían registrados. En Filipinas, por
ejemplo, se presentan entre 15 y 20 nuevas
variedades cada año. Y conservarlas resulta
imprescindible. Por este motivo, en febrero de 2008
el IRRI depositó más de 70.000 muestras de
variedades tradicionales y modernas de arroz en la
bóveda del fin del mundo , situada en el
archipiélago noruego de Svalbard, en el océano
Glacial Ártico, y que pretende dar cobijo al banco
de semillas más grande del planeta.
Desde el IRRI se está
potenciando un nuevo sistema de producción, el
denominado sistema de intensificación del arroz
(SRI), que no por simple es menos beneficioso.
Originario de Madagascar, requiere menos agua, usa
abono natural y mima de forma especial el suelo y
los nutrientes. Desde esta agencia, que en los años
sesenta fue una de las impulsoras de la gran
revolución del campo, apuestan por la creación de
semillas híbridas de arroz, es decir, por cruzar
variedades para producir una con mayor capacidad de
producción (de hasta un 20%) y más rápida.
Resistencia y calidad
El arroz es una de las claras
promesas en la lucha contra la crisis alimentaria.
Según las previsiones de la Organización de las
Naciones Unidas para la Agricultura y la
Alimentación (FAO), la producción de este cultivo en
algunos de sus principales productores (Asia, África
y América Latina) podría llegar durante este año a
cifras nunca hasta ahora alcanzadas. Las hectáreas
destinadas a este alimento podrían situarse así en
666 millones de toneladas, lo que se traduce en un
aumento de un 2,3%.
Todo ello a pesar de capítulos
como el protagonizado en Myanmar, hasta hace poco
uno de los mayores productores de arroz del sudeste
asiático que el pasado mes de mayo veía cómo el
tifón tropical Nargis rompía su privilegiada
condición tras devastar dos tercios de los cultivos
de arroz.
A pesar de perder uno de los
más importantes "almacenes" de arroz de todo el
mundo, la FAO prevé que la producción en Asia supere
las 600 toneladas, especialmente en China, Filipinas
y Vietnam, así como en zonas africanas como Ghana,
Guinea y Mali. No son igual de alentadoras las
previsiones para países como Australia, EE.UU. o
Europa. Considerado uno de los cultivos más antiguos
del mundo, la producción puede llegar a las 500
millones de toneladas, aunque está por detrás del
trigo.
Fuente: "Bpp.Color
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