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Carlos Palleiro en Montevideo
Símbolo de un tiempo y de una idea
por Maria Yuguero
El jueves 11 de julio se inauguró en
el salón de exposiciones del MTOP la exposición del
artística plástico Carlos Palleiro, uruguayo
radicado en México, denominada Animalerías. Las
obras se podrán apreciar hasta el 6 de agosto de 12
a 16 horas

Las décadas de los 60
y 70 presenciaron la revolución internacional del
pensamiento y de la vida en occidente, cambio
consecuentemente
reflejado en una sociedad estetizada, en la que el
diseño gráfico fue uno de los paradigmas de la
difusión del espíritu contemporáneo.
Sin duda el nivel
gráfico alcanzado en Uruguay durante este período
fue relevante y contó con gigantes del diseño que
dejaron su impronta en la estética de un ciclo con
proyección y vigencia actuales, pero fue Carlos
Palleiro quien dio imagen inconfundible al ánimo
iconoclasta que entonces se respiraba. Significante
de ese período revulsivo en la historia local, fue
portavoz del mensaje renovador en una sociedad
conceptualmente arcaica.
Ilustraciones,
libros, discos, carteles diseñados por este artista
se inscribían en el clima de rebeldía tácita o
explícita que circulaba por los estamentos como
savia nueva; era palpable en la cultura la sensación
de estar gestando al hombre nuevo. Alegres,
coloridos, lúdicos, humorísticos, sus diseños
manifestaban tangibles en el campo de la imagen esa
inquietud que volvía sus ojos hacia el genio local y
el espíritu regional a través de un ávido
seguimiento del realismo mágico literario, del canto
popular, del indigenismo, de la artesanía vinculadas
a una estética latinoamericana. Tiempo de
idealismos.
A semejanza de muchos
de sus colegas antecesores y contemporáneos,
Palleiro tuvo su formación visual en el observar,
intuitiva en el concebir y pragmática en el hacer,
si bien reconociendo su deuda en especial hacia José
María Campaña, quien actuó como su referente, sin
olvidar a Pacho Barnes y a Rimer Cardillo. Las bases
formales de su diseño fueron europeas, en especial
polacas, de coloristas como Jan Lenica o Roman
Cieslewicz, conllevando la impronta ineludible de la
psicodelia, marca de agua de una época en
diseñadores de diversos orígenes como Milton Glaser,
David Consuegra, Franco Grignani o Heinz Edelmann,
entre tantos, pero asimismo sondearon en la pujante
sustancia latinoamericana de desborde cromático,
presente en especial en cubanos y mexicanos,
proveniente de los pueblos aborígenes del
continente. El rasgo más típico de Palleiro es
justamente su vital mentís al gris idiosincrásico
nacional, a favor de un cromatismo más vinculado
al temple brillante del optimismo que al intento de
subvertir la estética local.

Radicado en México
desde 1976, su tarea gráfica se ha desarrollado sin
interrupción y ha sido una de sus responsabilidades
puntuales la
realización del
diseño de carátulas de libros escolares, tarea que
naturalmente se avino a su estilo franco y animado,
multiplicándose en un abanico de bichos coloridos,
unas "animalerías" de candoroso cuño imaginario. Su
concreción siguió el viejo método del bosquejo
artesanal como primera instancia al formato
definitivo, denominada por Palleiro "diseño de
verdad, diseño de ideas", por oposición al compendio
de programas digitales que en ausencia de
creatividad ofician de fuegos de artificio
tecnológicos, convirtiendo al diseño en un puzzle
plastificado. "Mesa de dibujo, papel, lápiz, goma,
escuadra, compás, regla, compás áureo" son sus
herramientas habituales y sólo en segunda instancia
incorpora la computadora para agilizar el
procedimiento, aumentar la productividad, mejorar
la presentación. "Siempre dibujo, siempre dibujo,
siempre dibujo. Borro, vuelvo para atrás, voy para
adelante... Es el tema de la mano, del trazo. Yo
sigo con los colores fuertes y el trazo. ¡Si no,
me estoy traicionando! Espero no estar traicionando
mis ideas ni mis principios, si no, ya no importa
que diseñe o haga otra cosa".
Los bosquejos de
Palleiro son la vida secreta de sus "Animalerías":
búsqueda de un diseño dinámico partiendo de
principios geométricos para arribar a formalidades
de armónica síntesis. Existe en su concepción
cierta tendencia no excluyente a la unicidad
compacta de la imagen en el plano, espacio acotado
donde oscilan corrientes rítmicas más o menos
aceleradas, movimientos equilibrados, ordenados y
vagamente tendentes a la simetría. Las líneas
paralelas o entrelazadas definen zonas diversas de
los bichos presentándose en series que, organizadas
por conjuntos, imprimen al icono impulsos
intrínsecos giratorios, con frecuencia
contradictorios.
Los bichos se
plantean en general frontales o de perfil sobre
fondo blanco, con un repliegue - toda vez que ello
es posible sin merma plástica - de miembros o cabeza
hacia el centro de la figura, torsión que integra
estas formas en el sistema de interacción geométrica
de la totalidad de la figura, con un mínimo de
elementos centrífugos, también éstos compactados
sobre sí mismos: la imagen centrada en bloque
ostenta un irresistible poder de atracción.
En su interior
óvalos, espirales y círculos concéntricos se
complementan, enganchan como cintas moebius,
despliegan como abanicos, insertan ondulantes unos
en otros y circulan equidistantes describiendo
movimientos rotatorios sobre un eje principal y
otros secundarios. Picassiano en su capacidad de
vincular sin violencia una línea a otra en
sinuosa naturalidad y de definir entidades a partir
de elementos que no parecen anunciarlas, su estilo
despierta resonancias céltica e islámica.
Su tendencia a una
suerte de abstracción orgánica" sui generis permite
la adecuación de sus animales a otras formas
naturales como hojas, flores, alas, esquemas
vegetales o animales que Palleiro resignifica en el
aparente caos fenoménico del mundo. Sus trazados
tentativos inscriben a las figuras en círculos
subdivididos por precisas mediciones, a la manera de
Villard de Honnencourt: pivotantes en la
intersección de dos circunferencias como sobre una
simbólica mandorla, los bichos son planos de
ejecución de una danza armoniosa, a veces
complementada por el movimiento de otro bicho igual
o diferente, con quien pueden compartir naturaleza
(elefante culebra) o escenario en perfecta
simbiosis (con frecuencia, un pájaro), en un todo
integrado en perfecta continuidad. (ada dibujo
invita a resolver un enigma humorístico: el
avestruz anuda su largo cuello y exhibe pernos en
sus articulaciones; el feroz rinoceronte de Durero
deviene el tierno rinoceronte de Palleiro
replegándose sobre sí mismo y simplificándose hasta
convertirse en un bicho amablemente infantil, y el
gallo altanero de Guadalupe Posada se transforma en
un elegante emplumado, ornado o armado de espuelas,
ya que no de espolones. Con similar tónica un cerdo
con anteojos vuela, quizá inspirado en el disco "Animals"
de Pink Floyd, los tres tigres parecen tristes y la
vaca semeja tener las patas tan largas que le llegan
hasta el suelo. El perpetuum mobile ondulante de sus
imágenes no se interrumpe, sino que integra
espirales no estructurales que ofician de delicada
decoración interna con un sabor art nouveau y sin
violentar la natural tendencia al uso de la línea
curva: vaca y ballena lucen su engalanado porte.

Capital en los
dibujos de Palleiro, el color es en esta ocasión
enérgicamente imponente por su magnificación a
partir de su escala de tapas de libros. Restallantes
arcos iris siempre conformados por tres o cuatro
colores reiterados en los que se avizora el calor de
las culturas latinoamericanas y el desenfado de los
diseñadores polacos, sus dibujos, valorizados
enfáticamente en volumetrías, estallan vitales
provocando la sonrisa de la sorpresa y a veces la
risa del hallazgo. Imágenes de lectura sencilla e
inspiración infantil responden al que ha sido su
estilo personal de sintaxis, sólo en ocasiones
destinada efectivamente a niños. Con deferente
inclinación por colores subidos, impactantes,
potenciados por contraste, modulados en grupos de
cintas paralelas, dejando entrever figuras
zoomorfas o híbridas, sus imágenes son especialmente
atrayentes y, debido a la simplicidad con que el
mensaje está planteado; satisfacen el fundamental
requerimiento del diseño, la comunicación.
Tras la instancia
previa del "diseño de ideas", dibujo manual tras
dibujo manual, Palleiro recurre a la computadora,
herramienta de prueba, de ensayo y de presentación.
La serie de las "Animalerías", concebida para la
escala de carátulas de libros escolares, tiene su
propio valor como dibujos originales que cumplieron
una misión didáctica en manos de los niños y
estética en las de quienes supieron apreciarlo y
disfrutarlo en consecuencia. Cumplido su cometido
de difusión pedagógica, Palleiro ha proyectado la
exhibición de este material, sometiéndolo a
transformaciones que a la postre ayudarían a una
mejor visualización, pero también evidenciarían la
oscilación del trazo manual, la imperfección y la
condición humana de los dibujos. Estos pretendidos
defectos son justamente las cualidades que interesan
al autor, satisfecho de sus procedimientos
artesanales: la fuerte ampliación de sus bichos
adquieren un porte humorístico, llamativo y en
especial, humano por falible. Doble oportunidad de
disfrutarlos, en su estética original a través de su
escala genérica y en su presentación de
megazoológico imaginario.
Entiendo un
privilegio la presencia de esta figura de excepción
en su representación plástica más fresca de
bosquejos, dibujos preliminares y planificación del
color, considerando asimismo impactante la
magnificación de estas imágenes capaces de develar
el tesoro del trazo original, ampliando hasta lo
descarnado la variabilidad expresiva y humana de un
artista de estos quilates. Cuarenta años han
transcurrido desde su primer cartel y más de treinta
desde su radicación en México, una vida transcurrida
entre diseños militantes de sentimiento regional,
labor siempre en concordancia con sus ideas y con la
vitalidad latinoamericana. Uruguayo de origen y
mexicano por adopción, Palleiro es una imagen de
patente actualidad, pero también es el símbolo de un
tiempo y de una idea. Uno de esos artistas que han
sabido mantener la frescura de su estilo y de su
pensamiento. A pesar de todo.
LA
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