|
Europa, América Latina
y la globalización
por Trinidad Jiménez
América Latina tendría que abordar algunas reformas
pendientes que tienen que ver con el fortalecimiento
institucional y económico, con el funcionamiento del
Estado y con la inversión en capital físico y
humano. Por otro lado, la Unión Europea debería
asumir la importancia de estrechar la relación con
un continente que, cada vez más, asume su papel de
actor global.
América Latina ha dejado de ser
el continente de la inestabilidad política y las
crisis económicas y ha pasado a ser una región con
un extraordinario potencial de futuro. Aunque es
cierto que difícilmente podemos hablar de una sola
América Latina. Resulta imposible comparar Chile con
Haití, aunque sí podemos comparar México con Brasil
y estos dos últimos países pueden ser comparados con
España u otro país europeo.
En cuanto a la Unión Europea,
ha crecido en estos últimos años al tiempo que ha
ido reforzando sus lazos con otros lugares del mundo
y aumentado su influencia política. La Unión Europea
intenta tener un papel relevante en el escenario
global. Su modelo económico y social ya ha
demostrado tener un grado notable de éxito para
lograr una mayor cohesión social y territorial en el
seno de los países que la integran. En este
contexto, Europa no puede plantearse afrontar con
consistencia sus desafíos si no es con estrategias
coordinadas a nivel internacional.
Así pues, cobra una mayor
fuerza la necesidad de que América Latina y la Unión
Europea refuercen su relación y su cooperación. Pues
aún siendo consciente de las diferencias y
dificultades, lo cierto es que América Latina goza
de una posición claramente ventajosa respecto a
otros lugares del mundo: no sólo ha realizado un
importante esfuerzo de estabilización económica,
sino que ha mejorado sus indicadores sociales.
Algunos de sus países han puesto en marcha
estrategias de reducción de la pobreza y han
conseguido progresos significativos en educación
primaria, igualdad de género y tasas de
escolarización.
Aún queda mucho por hacer, pues
un tercio del total de su población vive bajo el
umbral de la pobreza y América Latina es la región
más desigual del mundo. Pero se trabaja en la
dirección correcta.
La paradoja es que la región
ofrece excelentes perspectivas de futuro. Por un
lado, es joven, ya que el 30% de la población tiene
menos de 15 años y sólo el 6% más de 65. La
esperanza de vida de sus habitantes ronda los 70
años, superior a la media asiática y africana. Pero,
además, el territorio latinoamericano alberga
importantes yacimientos de petróleo y gas, así como
otros recursos y materias primas agrícolas y
pesqueras, sin olvidar el dato relevante de que es
la primera reserva de agua potable del mundo.
España tiene una relación
privilegiada con América Latina, pero la
globalización nos exige tener un marco más amplio de
intercambio y cooperación con esa zona, además de
estrategias regionales conjuntas.
Hemos hablado de pobreza y
desigualdad, pero también de cambio climático y
retos energéticos. Y hablamos de integración
regional y de cohesión social y territorial. América
Latina tendría que abordar algunas reformas
pendientes que tienen que ver con el fortalecimiento
institucional y económico, con el funcionamiento del
Estado y con la inversión en capital físico y
humano. Por otro lado, la Unión Europea debería
asumir la importancia de estrechar la relación con
un continente que, cada vez más, asume su papel de
actor global. De ahí la importancia de que los
procesos de integración regional concluyan con
éxito, pues no sólo supondrán un paso importante
para las subregiones americanas, sino también para
Europa. La firma de los Acuerdos de Asociación
Estratégica con la Comunidad Andina, Centroamérica y
Mercosur abrirá mercados, pero también la
consideración de socios políticos y económicos de la
Unión Europea a un gran número de países, como ya lo
son Brasil, México o Chile. Ésta debería ser la gran
tarea de los próximos años.
En el trabajo conjunto de los
próximos años se tienen que dar dos condiciones: que
América Latina avance y que la Unión Europea asuma
su papel de liderazgo político en este precario
equilibrio internacional. Liderazgo que no sólo
tendrá que medirse en términos de ejercicio del
poder, sino en el hecho de convertirse en un
referente, en un modelo, capaz de resolver algunos
de los problemas a los que debemos enfrentarnos.
Migraciones y cambio climático son algunos de ellos,
pero no podemos olvidar la pobreza y la exclusión
social o la ampliación de los derechos humanos a
todos los lugares del planeta.
Trinidad
Jiménez
Secretaria de Estado para Iberoamérica
LA
ONDA®
DIGITAL |