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En torno a las retenciones
argentinas
por Luiz Carlos Bresser-Pereira
Este
articulo fue escrito con anterioridad a que el
gobierno argentino anunciara el 18 de julio que
dejaba sin efecto el impuesto -retenciones a las
exportaciones de soja y girasol, luego que el
Parlamento argentino no aprobó el impuesto al
agrario, que había levantado una fuerte resistencia
de los sectores agrícolas y ganaderos. La ONDA
digital publica este artículo del autor brasileño en
el entendido que muestra como se percibía desde este
país el conflicto que se vivía en uno de los países
integrante del Mercosur
La elevación del
impuesto sobre exportaciones de soja en Argentina de
35 a 44% provocó la protesta de los agricultores.
La crisis, entre tanto, perdió fuerza en la medida
en que la presidenta Cristina Kirchner mostró
firmeza y explicó la razón de la retención. No
tengo detalles de la explicación dada por la
presidenta, pero ella probablemente debe haber
dicho, primero, que la retención es esencial para
impedir que la tasa de cambio vuelva a apreciarse;
segundo, que esta tasa es la causa principal de las
tasas extraordinarias de crecimiento de los últimos
cinco años; y, tercero, que aunque formalmente su
pago sea hecho por los agricultores, en verdad ellos
no pagan nada, por el contrario, se benefician.
¿Cómo es posible esta
última frase? ¿Y cómo explicar que yo haya oído a
Roberto Rodríguez, notable líder del agro-negocio
brasileño, afirmar en una conferencia, después de
participar de un gran congreso de agricultores en
Córdoba, que los agricultores argentinos estaban
cansados de ganar dinero? La explicación es
simple: si no existiese la retención, la tasa de
cambio ya se habría depreciado, y la depreciación
habría sido mayor que la retención, de forma que los
agricultores sin retención estarían ganando menos de
lo que ganan hoy con la retención.
La tasa de retención
sobre exportación existente en Argentina es el
mecanismo a través del cual el país desvía hacia
arriba la curva de oferta de las commodities,
e impide así que la tasa de cambio se aprecie en
función de la enfermedad holandesa y de las entradas
excesivas de capitales. Esta tasa es variable de
producto a producto, y varía también según varían
los precios internacionales, para garantizar a los
productores, que son tan importantes para el país,
una tasa de lucro satisfactoria que los estimule a
invertir y producir. Es una tasa marginal. En
Brasil, sólo se podría pensar en una retención de
este tipo después de elevarse la tasa de cambio
hacia un nivel que viabilice a las industrias que
usan tecnología en el estado del arte.
La economía argentina
crece a más del 8% al año, y el peso se mantiene
hace años en un nivel estable, en torno de 3,10
pesos por dólar, gracias principalmente a esta
retención. Si no fuese por ella, ya habría sucedido
con el peso lo que sucedió con el real: después de
mantener la paridad de cerca de 3 reales por dólar
durante 2003, se apreció, y pasó a causar
des-industrialización (mal percibida porque el
mercado interno compensó en parte la pérdida del
externo). El país ya volvió a la condición de
deficitario en cuenta corriente, y, más allá de la
gradual transformación en una estancia y una mina,
corre el riesgo de que tengamos una nueva crisis de
la balanza de pagos en dos o tres años.
Los agricultores y
pecuarios argentinos pagan formalmente la tasa de
retención, pero ésta no les cuesta nada; si fuese
eliminada, iría a tornarse lucrativo para ellos
exportar a una tasa de cambio más apreciada, y, en
consecuencia de la respectiva oferta, la tasa de
cambio bajaría hasta el nivel de esta tasa al día de
hoy menos el valor de la retención. Y con eso,
tendríamos un gran perjuicio para la industria y
ningún beneficio para los agricultores. Por el
contrario, ellos también saldrían perjudicados
porque quedarían sujetos a las variaciones de tasa
de cambio; más allá de eso, en caso de que cayesen
los precios de sus commodities exportadas, el
gobierno no tendría recursos para establecer un
fondo de estabilización de sus precios que todo
agricultor sabe que es muy necesario.
Traducido para LA ONDA digital por
Cristina Iriarte
LA
ONDA®
DIGITAL |
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