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Lula puede hacer del 2008
un año muy bueno
por Roger Noriega
La
revista "Time" escogió a Putin, presidente de Rusia,
como personalidad del año. Una selección mucho mejor
habría sido Lula
Cada
año, la venerable revista norteamericana "Time"
escoge un importante protagonista de los
acontecimientos mundiales como "persona del año". Al
explicar la selección del presidente ruso Vladimir
Putin para esta distinción, en 2007, los editores de
"Time" apuntaron para el impacto dramático que el
controvertido líder ejerció al restaurar la
autoestima de un país importante. Anticipando
críticas a la elección del autócrata, ellos admiten
que Putin "representa, por encima de todo,
estabilidad - estabilidad por encima de la libertad,
estabilidad por encima de la elección...".
En los
términos de esta definición, una selección mucho
mejor como persona del año habría sido Luiz Inácio
Lula da Silva, el presidente de la República
Federativa de Brasil. Al elegir a Lula, "Time" no
precisaría disculparse por haber seleccionado a un
autócrata, porque Lula es el "demócrata" definitivo.
Teniendo en cuenta sus orígenes notablemente
humildes, él hizo una contribución a la humanidad
simplemente por haber sido electo.
Al
contrario del voluntarioso Putin, Lula conquista el
éxito al probar que no es necesario sacrificar la
libertad en nombre de la estabilidad y que no existe
motivo para ceder la libertad política a cambio de
oportunidades económicas. En cuanto a la importancia
comparativa de las dos naciones, la economía
brasileña tiene dimensiones similares a la rusa y su
población es bastante superior. Brasil es un país
respetado e influyente y sirve de fuerza propulsora
a la auspiciosa meta de integración sudamericana.
Aunque sus instituciones no sean perfectas, al
contrario de lo que sucede en Rusia, ellas vienen
siendo reforzadas día a día.
Brasil
es una de las más estables democracias mundiales,
una realización notable dado su carácter
multiétnico, su diversidad geográfica y la gran
proporción de su población que continua viviendo en
la pobreza -motivos suficientes para que concedamos
cierta dosis de respeto a sus líderes.
Lula
trabajó en los límites de un proceso libre y
pluralista a fin de alcanzar su meta de romper el
ciclo de expansión y contracción que afligía a la
economía brasileña hacía generaciones. Aunque sea
elogiado por haber mantenido las políticas
macro-económicas "ortodoxas", su mayor contribución
está en el reconocimiento de que el crecimiento
económico y la justicia social son metas
indispensables y complementarias. En lugar de
recurrir a una retórica populista vacía y divisiva,
Lula está implementando programas prácticos de
combate al hambre y a la pobreza que vienen
tornándose en ejemplos concretos para el resto del
mundo.
Dado sus
antecedentes como negociador sindical, Lula consigue
observar a la persona del lado opuesto de la mesa,
evaluarla y obtener el mejor acuerdo para su pueblo.
La relación personal inexplicable que estableció con
el presidente Bush puso a Brasil como un socio igual
de Washington. Tal vez el punto más fuerte de Lula
sea que, a diferencia de Putin y de algunos de los
líderes del sector de política externa del gobierno
brasileño, él no considera que la relación con los
Estados Unidos sea una cuestión definida en blanco y
negro. Y su persistencia y auto-confianza
representan perfectamente a Brasil.
Lula
puede tornar la economía brasileña inalterable en
caso de que libere el mercado de trabajo, reforme el
anticuado sistema tributario, dé incentivos al
sector de alta tecnología y protecciones dignas de
un país de Primer Mundo a la propiedad intelectual.
Al
hacerlo, puede garantizar que Brasil compita
efectivamente por el capital mundial necesario para
sustentar un ritmo elevado de crecimiento, generar
los millones de empleos que representan la cura de
la pobreza y conducir la economía brasileña a una
órbita más elevada. Eso hará de Brasil un gigante
industrial por derecho propio, en vez de un simple
almacén de materias-primas para China.
Lula
también puede rescatar su política de comercio
internacional de las garras de los burócratas. Él
ocupa una posición ideal para salvar un acuerdo
mundial de comercio basado en reglas comunes, a fin
de proteger los intereses de las pequeñas economías,
poner fin a los subsidios agrícolas que perjudican a
los agricultores del Tercer Mundo y generar amplia
prosperidad.
Finalmente, Lula precisa encontrar una manera de
domar los vestigios de corrupción que todavía
afectan a la mayoría de los países de la región. Un
Estado de Derecho es esencial a un gobierno
responsable, a la estabilidad política y a una
economía de mercado floreciente. No es demasiado
tarde para enfrentar la plaga de la corrupción.
Lula
puede no ser un hombre perfecto, pero es un buen
hombre. E incluso la revista "Time" debería
reconocer que un verdadero demócrata y reformista es
mejor que un autócrata superlativo -en cualquier
lugar, en cualquier año.
ROGER NORIEGA,
director de la oficina de abogacía Tew Cárdenas e
investigador visitante del American Enterprise
Institute, fue secretario-asistente del Departamento
de Estado de los EUA para el Hemisferio Occidental
(2001-2005) y embajador en la Organización de los
Estados Americanos.
Traducido para La ONDA
digital por Cristina
Iriarte
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