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Por una sociedad
participativa . . .
pero que participe
por el profesor Bernardo
Quagliotti de Bellis
Espectros se mueven por el mundo: el espectro de
la inflación, el de la desocupación, el de la droga,
el de la violencia. . . . entre tantos otros. Son
espectros que tienen dimensiones múltiples, no sólo
dimensiones económicas. Y como abarcan los aspectos
exteriores e interiores del hombre, la teoría
económica no tiene capacidad para exorcizarlo.
El
hecho real es que sobre el mundo se ciernen
momentos difíciles .El tejido de la sociedad se va
disgregando permanentemente, corroyéndose, viviendo
en estado tan solo angustia. Es necesario,
fundamental, potenciar una sociedad participativa
que se revele como la cuarta sociedad en
aproximadamente dos mil años y que se presente
rápida y dinámicamente en este siglo XXI. De lo
contrario el caos generalizado.
Reflexionemos: de la sociedad romana hemos pasado
lenta y gradualmente -después de la disolución del
Imperio Romano y el período de transición
romano-bárbaro- a la sociedad feudal. Un salto y
llegamos a la sociedad capitalista que viene
dominando la historia con contradicciones internas
e internacionales- desde la Revolución Francesa
hasta este momento en que escribo. Toda esta
evolución se ha visto acompañada por el simultáneo
hundimiento de valores que en una época le habían
construido a la sociedad mundial su tejido
conectivo.
El
derrumbe de los valores
Superado
el penoso período de las dictaduras en este Cono
Sur -y en otros países de América- los nuevos
gobiernos democráticos que con un alentador discurso
prometieron bienestar y cambios radicales a favor
de una nueva sociedad de bienestar -denominándose
de izquierda o autodenominándose progresistas-
sólo vienen provocando angustia y desconfianza,
Cabe aquí la pregunta: ¿podemos sobrevivir al
marasmo en el que estamos confundiéndonos cada vez
más? ¿Habrá un futuro donde el hombre se reencuentre
a sí mismo?..
Lo que
más preocupa -y sin respuesta inmediata- son las
interrogantes que en Uruguay -como en otros países
de Iberoamérica- se están planteando cada vez más
intensamente los jóvenes. Cuidado ¡ cuando el
hombre ha perdido la confianza en sí mismo y en su
entorno, puede llegar a perderse a si mismo. Las
cifras de la delincuencia en nuestro país así
lo indican; el abandono de los niños de la calle
son testigos; la venta de bebés es cruel y
lamentable y podríamos seguir con otras
manifestaciones: carritos; variados
malabarismos o la insistente solicitud del
pesito ante los semáforos.
¿Es
posible cambiar la sociedad en la cual estamos
entremezclados y en la cual estamos para ser
fagocitados? ¿O no nos queda más que aguardar,
neciamente el final catastrófico que nos espera en
el fondo?. (Zampetti) Es acertado considerar
que la crisis de las sociedades modernas -en
particular la iberoamericana - que no es más que la
de una sociedad emergente (Colombres)- es una crisis
prioritariamente cultural y si no se toma
conciencia de ello no habrá una salida posible. Si
se continúa viendo a la cultura como un mero adorno
y, muchas veces como pasa tiempo en carreras sin
destino y, a su vez, el presupuesto del Estado lo
continúa degradando por razones de ajuste, el
abismo entre una sociedad moderna y la que mantiene
perfiles del medioevo seguirá agravándose. Insisto
en Uruguay como ejemplo.
Ya en
1953, el filósofo mexicano Leopoldo Zea escribió
que aun América no había hecho aún su propia
historia, sino que pretendía vivir la historia de la
cultura europea. (ver GEOSUR: Leopoldo Zea: En
torno a una filosofía iberoamericana, enero/2008);
y hacia el final de sus días el sociólogo y
antropólogo brasileño Darcy Ribeiro mantuvo el
coraje de afirmar frente a una clase intelectual
librada al culto acrítico del mestizaje, que
América surgió de una negación, , de la
desindianización del indígenas, de la
desafricanización de los africanos y hasta de la
deseuropeización de los europeos .
Pero el
mundo ha sufrido , fundamentalmente, desde la mitad
del siglo pasado un gran vuelco histórico, que
llevó a que la sociedad mundial se vuelva
permisiva. La falta de un riguroso control por
parte los Estados en cuanto a que tales cambios
fueran positivos, ha llevado a la actual situación
de incertidumbre y desaliento.
Sociedad
civil: el marco de las nuevas preguntas
Es
indudable que Iberoamérica atraviesa por una
profunda crisis socio-política dado que, si bien en
general se ha logrado una democracia representativa
aun no se consolida una democracia participativa.
Existe una gran distancia que se constata entre las
demandas de los diversos sectores sociales y la
capacidad de la clase política para satisfacerlas.
En algunos países se considera que la solución se
logrará reformando el Estado, de cambiar los modos
de hacer política y de crear nuevos instrumentos de
participación, aunque ello pueda significar un
aumento en los gastos del Estado. (Caso de Uruguay
con los Alcaldes en los centros poblados).
Nadie
puede dudar que la reformulación de la democracia
hacia un sistema participativo -no
exclusivamente electivo- requiere establecer
nuevos consensos en los que se incorpore a la
sociedad civil toda.
Ello es
tan necesario como urgente ,pues actualmente la
democracia existe pero un funciona, o no funciona
como debiera. Si bien la ciudadanía puede concurrir
libremente a las convocatorias cívicas y decidir
frente a ciertas alternativas, a poco tiempo de
finalizado el acto electoral comienza a expandirse
la sensación del aumento de vacíos y distancias
entre los elegidos y electores, entre el mundo de
códigos y símbolos en los cuales emerge el fácil
leguaje político y la cruda realidad.
Vuelvo
al Uruguay. ¿Tiene la actual clase política la
capacidad de escuchar y entender las variadas
demandas y tendencias que se despliegan en nuestra
sociedad, permanentemente alterada por paros,
marchas, contra-marchas, huelgas; ocupaciones
industriales, cierre de escuelas, grave crisis en la
seguridad ciudadana, etc., etc.
Si la
tendencia inevitable de la modernidad es la
fragmentación de los valores, intereses y proyectos
sociales ¿dónde concurre la autoridad política para
constituir el escenario de los consensos y el marco
básico de los común?. Como en Uruguay, ¿en las
reuniones del Consejo de Ministros en pequeños
pueblos del interior?,¿alborotados éstos al igual
que cuando llega un circo?.
Los
análisis apuntan a describir el desencanto de
varios sectores ciudadanos cuyas demandas no
encuentran cauce de tratamiento. En otras
palabras, el ciudadano no se siente plenamente
respetado y en respuesta tampoco pasa a respetar a
la clase política. Unm paso que se va convirtiendo
en peligroso. Con palabras del sociólogo Helio
Jaguaribe, 1996): Esta amplia y profunda pérdida
de respetabilidad genera consideraciones que
favorecen la desobediencia civil y el ejercicio de
la violencia privada por grupos representativos de
intereses sectoriales, en detrimento del orden y del
interés público.
Gobernabilidad y democracia
La
propuesta planteada por el gobierno de Chile para
colocar el tema de Gobernabilidad y Democracia
como eje conceptual en la VI Cumbre de Presidentes
Iberoamericanos tuvo como objetivo un beneficioso
debate de las principales ideas que preocupa a la
región.
La
expresión sociedad civil da cuenta de un universo
más amplio y a la vez más movedizo, donde los
intereses se cruzan, se articulan en determinadas
circunstancias, se hacen transversales a partir de
una interacción de las aspiraciones ciudadanas en su
paso de lo individual a lo colectivo.
El
Estado -como ha dicho Alain Touraine- se
estructura en torno del concepto de unidad; es la
unidad nacional por ley. Es la
institucionalidad formal y de unidad pactada que la
sociedad y los individuos se obligan a respetar. La
sociedad civil participando es, por esencia, el
mundo de la diversidad. En tanto, la
democracia se amplía y profundiza esa diversidad
participativa se incrementa. (Fernando Reyes
Matta).
Leo a
Fichte: Es importante no confundir la sociedad,
con esta especie particular de sociedad que se llama
Estado. La sociedad es una meta en sí. Gracias a
ella se produce un perfeccionamiento de la especie.
En la sociedad futura -imperio del derecho y de la
libertad- el gobierno coercitivo tradicional se irá
apagando poco a poco, porque más nada tendrá que
hacer (
) El Estado, como toda organización es
impersonal, esquemático y abstracto; está construido
con conceptos. La Nación es espontánea, activa,
viviente. La sociedad participativa favorece más la
renovación, el surgimiento de las innovaciones que
la organización del Estado.
Fitche
buscó revolucionar la capa endurecida de la vida
pública dominada por las reglas abstractas de la
organización estatal, oponiéndole la frescura de la
realidad social que se crea de nuevo sin cesar y que
por su movilidad espontánea está llamada a
rejuvenecer el esquematismo de las organizaciones
superpuestas. (E.Lask,1902)
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