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El sistema-mundo capitalista
Crisis económica de la fase americana
por Héctor Valle
hectorvalle@adinet.com.uy
Los países
capitalistas centrales y periféricos enfrentan
la crisis actual sin
haber resuelto los dilemas fundamentales
de la acumulación y
la distribución, que se ponen de manifiesto
claramente en la
tendencia al desequilibrio entre el ritmo de
crecimiento
de los gastos
privados y públicos y el de la inversión
reproductiva, y en la
dificultad para
resolver, sobre todo en los segundos, los problemas
del crecimiento, el
empleo, el estrangulamiento externo y la inflación.
La experiencia
muestra, una vez más,que la solución de esos
problemas
no se logrará
mediante la aplicación de criterios monetaristas o
keynesianos,
por lo que es
necesario establecer nuevos principios de regulación
macroeconómica.
Raúl Prebisch[i]
La
actual crisis, que nosotros entendemos que es
económica antes que financiera, merece nuestra
atención por ser expresión central del eje de
acciones que, en aras de la manutención del poder
global, ejerce el actual centro del mundo.
Podemos, ciertamente,
discutir si se trata tan sólo de una expansión
financiera (años 1980 a la fecha), en su cresta
final, que viene de una expansión material
(1945/1975), pero lo cierto es que los instrumentos
de dominio, desde una economía financiera que
privilegia la especulación, en la atmósfera de su
dogma, incuestionable y poseedora de una lógica del
presente como única instancia de tiempo digna de
tener en cuenta.
Parece, digo y
repito: parece, haber quedado atrás el ciclo del
fordismo con su fase de sustentación posterior: la
regulación (Keynes), que luego fuera vista, para
algunos desde el estrato superior del capitalismo es
igual a sufrica, y así vista como una rigidez a la
que debía suplantarla la hoy lamentablemente
conocida flexibilización.
Por tanto, muy
esquemáticamente, los últimos 25 años,
progresivamente, hemos vivido, especialmente la
periferia del mundo, el tránsito de la supuesta
RIGIDEZ a la evangelizadora FLEXIBILIZACIÓN.
Este sistema-mundo
capitalista que usualmente nos deja ver con bastante
claridad su estrato intermedio, el de la economía de
mercado, deja en sombras al estrato inferior que es
el de la expansión material, mientras que mantiene
en espesa penumbra a su estrato superior, el hogar
real del antimercado, es decir, como bien argumenta
el italiano Giovanni Arrighi: el hogar real del
capitalismo.
Ahí, en el estrato
superior del sistema-mundo capitalista, opera, como
dijera el historiador francés Fernand Braudel y nos
lo recuerda Arrighi, en su muy recomendable obra El
largo siglo XX: (...) merodean los grandes
depredadores e impera la ley de la selva.
Lugar en el que tienen su guarida los secretos
de la longue durée del capitalismo
histórico.
A estas alturas de la
crisis económica, y cuando la Reserva Federal de los
EUA ha debido inyectar al sistema-mundo el 50 % (sí:
la mitad) de sus reservas para siquiera paliar y
patear para adelante una coyuntura que dista mucho
de saber cómo seguirá y hasta adónde llegará, no es
poca cosa el recordar que por más que desde el
púlpito neoliberal nos hayan, y sigan, tratando de
vender la idea que estamos todos en el mismo lodo,
los revuelcos y las posturas, las del centro y las
de la periferia, no tienen por qué ser iguales ni
para el mismo lado.
Asimismo, que la
vertical y la horizontal, luego también la ubicación
espacial y temporal en nada ha perdido su
potencialidad, o potencialidades y que bien podemos
volver a citar la expresión del maestro Braudel,
cuando advertía que:
Situar los hechos
históricos en el espacio supone a la vez comprender
y plantear con más exactitud los verdaderos
problemas.[i]
Dejemos, pues, que
los entendidos continúen analizando, algo que bien
podría catalogarse de trabajo astrológico, cómo
prever un mañana inasible, o sea el hallar las vías
y los modos en que seguirá (¿?)esta fase del
capitalismo, con el actual centro u otro que ya
hubiera comenzado a perfilarse (China), o
reperfilarse porque nunca debemos olvidar al Viejo
Continente, para lograr lo que el inefable Oscar
Wilde logró con su pluma y desde el óleo de su
Dorian Gray. Ese rostro que de un modo puede ser
encantador como del otro, aterrador.
Hemos muchos de
nosotros, cometido el desatino de creer que
entendíamos la economía despojándola de su
contextualización histórica, en lo que a lo
sociopolítico y geográfico se refiere.
Hemos, también,
comprado a precio de potentados, los espejitos que
nos han ido vendiendo a través de toda nuestra
historia, en sus diversos tiempos sociales y
cronológicos.
Bien podríamos hacer,
como ejercicio de vida, procurando una existencia
más acorde a una ubicación espaciotemporal que nos
permita ser cada día más independientes, repasar a
nuestros grandes historiadores, nuestros mayores
hurgadores sudamericanos en la difícil tarea de asir
hechos y circunstancias con sus atmósferas y
claroscuros.
Poco o nada, casi
nada, de números, hallarán en esta reflexión porque,
me permito recordarlo una vez más, para hablar de
economía es preciso, ante todo, hablar del hombre
concreto, del hombre y de la mujer que se paran y
miran y buscan sustentarse en el diario vivir. Y a
partir de ahí, busquemos.
En este sentido de aprehender
la historia, dice el historiador brasileño Luiz
Alberto Moniz Bandeira que su herramienta primera
es, y cito: Empleé, como siempre, el método
histórico, hegeliano, para la evaluación de los
factores económicos, sociales y políticos (...)[ii].
Y dice mucho más, a través de sus obras que, en
verdad, constituyen, a mi modo de ver, un
corpus que debe ser estudiado en su
totalidad para comenzar a entender un poco más de
estas cuestiones centrales a la vida humana y a su
pleno desarrollo.
Vale también rescatar
del aparente olvido, y decidida ausencia de
bibliografía directa en nuestros países, del
recordado y respetado argentino, Doctor Raúl
Prebisch, hombre que, junto al brasileño Celso
Furtado, diera vida a la mejor época del pensamiento
económico sudamericano y especialmente, cepalino.
El maestro Prebisch
fue de esos hombres libres que nunca precisó, en el
sentido de mercadear conciencia por monedas,
traspasar la esfera de su accionar para un puesto de
comando menor o mayor en alguna trasnacional, como
tantos otros hombres económicos, antes, durante y
después, lo han hecho.
Prebisch merece y
debe ser rescatado, máxime en esta hora especial en
donde hay una mudanza en el eje del movimiento
capitalista en el mundo, aunque dudamos devenga en
el cambio de su centro, para poder ver nosotros,
sudamericanos, cuánto y cuán bueno podemos hacer,
desde y por nosotros mismos, si sabemos mirar al
mundo no tanto para el cielo sino a nuestra frente,
delante de nosotros.
A fin de cuentas, ya
que citamos a Oscar Wilde, por qué no recordar como
terminó Dorian Gray: (...) Al entrar, encontraron,
colgado en la pared, un espléndido retrato de su
amo, tal como le habían visto últimamente, en toda
la maravilla de su exquisita juventud y de su
belleza. Tendido sobre el suelo había un hombre
muerto, en traje de etiqueta, con un cuchillo en el
corazón. Estaba ajado, lleno de arrugas y su cara
era repugnante. Hasta que examinaron las sortijas
que llevaba no reconocieron quién era.[iii]
Vaya imagen para el
estrato superior del sistema-mundo capitalista (el
retrato) y algunos de los insectos humanos que en su
ámbito se desplazan (el ser despojado de rostro y de
vida).
Es tiempo,
ciertamente, de asumir nuestro presente, recordando
que este es la última partícula de nuestro pasado,
donde germina el porvenir. Hagámoslo vivible,
humanamente; dignamente. Tengamos, hoy que podemos
proyectarlo con certidumbre, en la periferia,
nuestro centro.
[i]
Braudel, Fernand, Las ambiciones de la
Historia, Editorial Crítica,
Barcelona/España, año 2002, página 62.
[ii]
Moniz Bandeira, De Marti a Fidel A
Revolução Cubana e a América Latina,
Editorial Civilização Brasileira, Rio de
Janeiro / Brasil, 1998, página 6.
[iii]
Wilde, Oscar, El retrato de Dorian Gray,
Obras Completas, Editorial Aguilar, Madrid /
España, página 235.
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