Agua, preciado tesoro
por Jorge García Alberti

Informe de ONU

 

Informe de ONU

Sólo el dato que da cuenta que cada quince segundos muere un niño en el mundo por no tener acceso al agua potable, nos debería hacer reflexionar seriamente como seres humanos. También debería llamarnos a la reflexión sobre el preciado tesoro que tenemos en ésta región del planeta y que, en muy pocos años, nos convertirá en centro de la atención mundial, si ya no lo somos.

 

En el marco del Día Mundial del Agua, se han difundido más datos que son impactantes. La mitad de la población mundial, es decir tres mil millones de personas, no tienen acceso pleno al agua potable y/o carecen de condiciones mínimas de saneamiento.

 

La mezcla explosiva de los efectos del calentamiento global, el cambio climático y el avance del consumo al estilo occidental en los países en desarrollo hará que se profundice el problema de la escasez de agua en un par de décadas y que la crisis sea global, es decir que afecte a todo el planeta. Se estima que los movimientos migratorios por falta o escasez de agua afectarán centenares de millones de personas.

 

Según un informe de Naciones Unidas, en el año 2025, la mitad de los países del mundo tendrán dificultades para acceder al agua potable y en el año 2050 ya será el 75% de la población del mundo la que se verá afectada.

 

Con un poco de suerte, la gran mayoría de las personas que están leyendo ésta columna convivirán con este problema y en el peor de los casos, dejaremos a nuestros hijos una herencia de muy difícil solución, que puede llegar a destruir la civilización tal cual hoy la conocemos.

 

La escasez de agua, afectará seriamente la producción de alimentos. A modo de ejemplo, para producir un kilogramo de carne de ternera, en países como China, es necesaria la utilización de más de 15.000 litros de agua, la mayor parte destinada al crecimiento de las pasturas con las que se alimenta el animal.

 

La contaminación por la acumulación de aguas fecales, debido a la falta de saneamiento, determinará el crecimiento de enfermedades vinculadas a la falta de agua y los efectos serán de alto impacto en la actividad económica de buena parte de los países.

 

Otro problema relacionado con el anterior, será el de las dificultades de miles de millones de personas para acceder a la educación debido a  la falta de higiene y al aumento de las enfermedades, especialmente en niños.

 

Industrias que hoy consideramos de amplio desarrollo, como el

turismo, se verán afectadas y algunas partes del planeta quedarán cerradas para el conocimiento.

 

La producción de energía también sufrirá consecuencias devastadoras por la falta de agua. Pensemos un momento en la sequía que afectó a Francia durante el verano del año 2003 y que causó la muerte a más de tres mil personas. Los países que basan su desarrollo en la generación hidroeléctrica, como Uruguay, verán descender la misma, por lo menos, en un 20 %, según los expertos.

 

Ello determinará una caída de la producción económica y consecuencias directas sobre la población y en la generación de empleo.

 

Sólo la toma de conciencia de parte de las autoridades, nacionales y mundiales, de la gravedad  de la crisis y la de cada  ciudadano en particular, para decidir involucrarse  y participar con el fin de exigir y aportar soluciones, podrán salvarnos de un seguro desastre de consecuencias imprevisibles.

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