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Serie: Claves
geopolíticas XXIV
América del Sur y
su Frontera Atlántica
por Héctor Valle
Los
mapas, al decir del recordado cartógrafo inglés J.
B. Harley, revelan la ambivalencia de todos los
estereotipos y son, a la vez que un constructo
social, una herramienta o arma intelectual de gran
efecto psicológico y así, posibilitadores de otras y
más profundas miradas.
Todo está, quizá, cómo nos paremos y qué observemos,
con mayor o menor angular de visión, en los mismos.
Y, obviamente, cómo ellos hayan sido pensados y
luego creados. Es decir, con la mayor o menor
entrega de datos y posibilidades de aproximación a
las distintas realidades que, en su contorno,
pueden llegar a hallarse.
Depende, también,
desde dónde miremos y con qué intención lo hagamos,
que estos mapas nos irán desvelando no sólo lo que
hay ante nosotros sino,
especialmente, aquello que hay en
nosotros y que, al ver y mirar esa construcción
denominada mapa, nos despertamos a una realidad que
ya estaba en nuestro inconsciente colectivo y que
sólo restaba un acicate, un medio, en este caso
visual y específico, para traer a luz.
Un ejemplo: si un
sudamericano, y por más señas, un uruguayo, se
para y mira un mapamundi, luego de una mirada
general y global, mirará de abajo a arriba, como a
cada costado.
Así, si con más detenimiento y precisión, dejamos de
mirar boquiabiertos al Norte y nos paramos en
nuestra partícula de corazón mirando hacia el Este,
tendremos una idea clara de para dónde mira el
Uruguay, como la América del Sur en su tránsito
histórico.
Frente a nosotros,
con nosotros, tenemos tanto al África cuanto, más
arriba, a Europa.
Se trata, entonces, de reconocer que, en la línea
horizontal que relaciona y da sentido al Sur,
estamos ubicados tanto espacial como históricamente.
Porque nos comprende nuestra circunstancia, y la de
los uruguayos es, a no dudarlo, la América del Sur.
Por ello, cuando leo
en el sitio Carta Maior (www.cartamaior.com.br), el
pasado 15 de marzo, un artículo escrito en julio del
2007, por el pensador y diplomático brasileño Samuel
Pinheiro Guimarães (que fuera publicado por La Onda,
en su edición número 356, de fecha 18 de septiembre
de 2008), juzgué oportuno releerlo.
En
esta pieza de reflexión crítica intitulada El
mundo multipolar y la integración sudamericana,
cuando trata Pinheiro Guimarães sobre La
importancia esencial de América del Sur, quiero hoy
resaltar un tramo del mismo, ubicado en su segundo
numeral: 2. América del
Sur se encuentra, necesaria e inexorablemente, en el
centro de la política exterior brasileña. A su vez,
el núcleo de la política brasileña en América del
Sur está en el Mercosur.
La
integración entre Brasil y Argentina y su papel
decisivo en América del Sur debe ser el objetivo más
seguro, más constante, más vigoroso de las
estrategias políticas y económicas tanto de Brasil
como de Argentina.[i]
Cualquier intento de establecer diferentes
prioridades para la política exterior brasileña, e
incluso una atención insuficiente a esos
fundamentos, seguramente provocará graves
consecuencias y correrá serio riesgo de fracaso. 2.
África Occidental, con sus 23 Estados ribereños,
incluidos los archipiélagos de Cabo Verde y Santo
Tomé y Príncipe, es la frontera atlántica de
Brasil, continente al que estamos unidos por la
historia, por la sangre, por la cultura, por el
colonialismo y por la semejanza de desafíos. (...)
Y continúa Pinheiro Guimarães, en un texto que vale
la pena releer.
La línea fronteriza
del Uruguay, en su lado este, continúa a la del
Brasil y así, obviamente, tiene frente a su frente
al continente africano.
Sur-Sur, esa
horizontal que tantas veces se intentó no ver y
tantas otras, ahora con mayor y mejor apoyatura, se
vuelve indispensable, histórica y existencialmente,
visitar para asumir y trabajar en pos de una
aproximación socioeconómica y cultural a todas luces
merecedora de nuestra mayor atención y respeto.
Hoy, inicios del año
de 2008, en que la América del Sur proyecta su
futuro desde la asunción de su condición vital, con
un diálogo rico y proyectivo entre sus miembros pero
especialmente entre la Argentina y el Brasil, es
decir, el MERCOSUR, vale destacar no sólo lo que los
otros actores aun no hemos conseguido sino también,
digámoslo, lo que aun no hemos hecho por nosotros
mismos.
Por ello, vuelvo aquí
a reiterar la mirada Sur-Sur, en la comprensión, en
el entendimiento cabal de lo que la misma trae y
tiene para los nuestros, uruguayos y sudamericanos.
Cuando digo
entendimiento, traigo a mi mente el término alemán verständigung
que el filósofo Jürgen Habermas interpreta, y así
nos parece, en el sentido de haber comprendido
lo dicho, no tanto como en el de estar de acuerdo
con lo dicho.
Comprensión,
entonces, de una realidad que por imperio de
colonialismos y colonizados hemos visto demorada
para así mejor ver lo que desde nuestro lugar es
dable hacer y proyectar.
Hacia fines de
febrero, el respetado periodista brasileño Mauro
Santayana afirmaba, desde su columna en el diario
Jornal do Brasil, de Río de Janeiro, que Lo que
incomoda a muchos, en la política externa del actual
gobierno, no son los errores, sino los aciertos. La
diplomacia existe para planear y ejecutar los actos
necesarios a la soberanía de los Estados, mediante
las negociaciones permanentes con sus
interlocutores.
El Uruguay debe saber
ver, convengamos, en qué situación está el
sistema-mundo, y en qué otra se encuentra la
periferia que le toca en suerte compartir.
La mejor etapa de las
relaciones entre el Brasil y la Argentina debe ser,
para el Uruguay, su mejor momento no para intentar
saltearse la región, dando pasos de Gulliver sino
para encaminar su acción, que es por su nuestra-
condición, acción de Estado, en pro de tal
reafirmación de la condición sudamericana por
excelencia.
No podemos seguir
perdiendo tiempo en querer asir lo inasible mientras
por lo bajo va ensanchándose un curso de acción, en
la mejor reafirmación de nuestra historia y nuestra
realidad geográfica.
La Argentina, a su
vez, viene dando pasos sensatos, por prudentes, que
deben, y creo se está laborando en tal sentido, ser
correspondidos por el Uruguay.
Las realidades nunca
tienen una sola lectura sino que esta,
necesariamente, debe ser múltiple y así adaptar
nuestras pupilas para una mejor visión, asunción, de
lo que ocurre y de aquello que esperamos nos ocurra.
En definitiva, que
mientras que en el centro se oyen gritos y alaridos,
de unos que caen y otros que pretenden subsistir, en
la periferia se está construyendo un porvenir
venturoso al que el Uruguay, históricamente, no debe
dejar no ya de ver sino, y desde ya, participar;
emprender mancomunadamente.
[i]
El subrayado es de mi responsabilidad.
LA
ONDA®
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