Estados Unidos, Rusia
y Eurasia, la variable oculta
por Bernardo Quagliotti de Bellis

George Bush, ya en el final de su segundo mandato, se reunió con Vladimir Putin con el fin de discutir la situación de Ucrania, que  Washington en sus planes diseñados para manejar el control y administración de Oriente Medio la considera como un actor importante a ser integrante del acuerdo OTAN.

 

A finales del siglo XIX, el Almirante Mahan sostenía que los estadounidenses debían empezar a mirar fuera de sus fronteras, pues el crecimiento de la producción interna ya comenzaba a demandarlo. Si hace un poco más de un siglo, los Estados Unidos actuaban entre dos viejos mundos (Europa y Asia), separado por dos grandes océanos (Atlántico y Pacífico), si quería cumplir la aspiración de convertirse en gran potencia mundial, debería ampliar su marco de referencia.

 

¿Cómo convertirse en un actor fundamental entre ambos mundos?. ¿Dónde se encontraba el corredor de entrada?. En 19097, Zbigniew Brzezinski  analizó el escenario donde debería actuar Estados Unidos y lo detalló, junto con la estrategia que se debería emplear, en su libro “El gran tablero mundial: la supremacía estadounidenses y sus imperativos geopolíticos”, que dedicó a “Mis estudiantes para ayudarlos a construir el mundo del mañana”.

           

Todo comenzó en Afganistán

Afganistán es un país árido y con escasos recursos naturales, ocupado por 27 millones de habitantes principalmente dedicados al pastoreo que practican un alto coeficiente de migración durante las últimas décadas. Sólo se destaca por su producción de opio, calculado que el 90% se consume en Europa.

 

Si bien su territorio continúa siendo casi intransitable, por su posición en el corazón del espacio sureño de Eurasia, permite  al país que lo domine, el tránsito y control.

 

Sobre los vastos recursos energéticos de Asia Central, favorece una salida al océano Indico y, fundamentalmente a la producción petrolera extraída del mar Caspio.

 

.Consciente de esta operación geopolítica lógica, el gobierno de Bush, combatió a Rusia por haber ocupado Afganistán colaborando con Bind Laden para el desalojo de las fuerzas de Moscú.

 

Además, y siguiendo la tesis de Brzezinski, operó len 1998 la intervención estadounidense en Yugoslavia, donde en absoluta violación al derecho internacional  -e ignorando a la ONU-  El “orate” de Washington recurrió a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) la que por primera vez intervino fuera de su jurisdicción, cuyos límites fueran establecidos por el Tratado suscrito en Washington en 1949.  En resumen: las acciones desarrolladas en Yugoslavia (1998) , Afganistán (2001) y luego en Irak (comenzadas en 2003). Tienen como objetivo diseñar en el mapa de los Balcanes europeo-asiáticos una ruta segura para el dominio estratégico de Eurasia.

 

El hegemón

El diseño de esta estrategia y las acciones militares que Estados Unidos viene aplicando en la región señalada, demuestra la ambición hegemónica que este gobierno aspira a establecer en un mundo unipolar. Pero, observando los acontecimientos de hoy (mayo 2008),  el sistema mundial ¿continuará caracterizándose como unipolar?  Acaso ¿las potencias emergentes como China, India e incluso Rusia, no cambiarán los órdenes y códigos geopolíticos mundiales? ¿Gane quien gane en las elecciones en Estados Unidos en el mes de diciembre próximo, ¿continuará la política exterior estadounidense con igual  pasión, desconcierto,      prepotencia y soberbia?

 

Algo rescatable en la estrategia que analiza y balancea el Departamento de Estado se refiere al protagonismo que en Europa tienen Francia y Alemania, que en diversas situaciones se han opuesto a los planes de Estados Unidos. Y, en el caso de cualquier tipo de estrategia euroasiática por parte del gobierno de Washington, éste debe apoyarse en el consenso sino-estadounidense.

 

Además, y quizás este tema haya sido el punto neurálgico del diálogo entre Bush y Putin, es que en el centro de Eurasia donde se comprueba la existencia de un vacío geopolítico, éste podrá ser balanceado a partir de un entendimiento con el gobierno de Moscú.

 

Brzezinski, en su libro citado anteriormente,  insiste en la necesidad de construir un equilibrio transcontinental estable, que si bien debe estar basado en una hegemonía benigna  de Estados Unidos, paralelamente debe fomentar una auténtica asociación con una Europa más unida y definida en lo político; con una China  preeminente en su región; con una Rusia orientadas hacia Europa y, finalmente una India democrática. Es evidente que Iberoamérica  -África menos- no existe en el tablero mundial de Brzezinski.

 

El papel de la OTAN

En este movimiento de las piezas del ajedrez internacional, la OTAN debe desempeñarse como instrumento que garantice   -en Eurasia-  el poderío  militar estadounidenses dado que el mismo es reconocido por las potencias aliadas; claramente dependientes de la protección de Estados Unidos, pues a Washington no  le resulta risueño, que Europa se integre  plenamente lo que puede significarle,  geopolíticamente, un desafío.

 

En tal aspecto  -y como prevención-  la OTAN debe tener una jefatura compartida. Pero, además, con el objetivo de disminuir el riesgo de una creciente competencia económica, Washington busca    -al igual que lo pretende con los países iberoamericanos- establecer acuerdos de libre comercio trasatlántico de modo que la participación de Europa en África, Medio Oriente y los países del Este europeo no sea presente desafiante, sino que todo debe desarrollarse en condiciones  típicas de una cooperación global.

 

Los Estados Unidos, al insistir en la importancia de ampliar el radio de influencia de la Unión Europea y, fundamentalmente de la OTAN, viene proponiendo metas y estrategias para incorporar definitivamente (mucho ha logrado) a las ex republicas socialistas ubicadas en Europa Central (cuatro de ellas eran Miembros del Pacto de Varsovia), las repúblicas bálticas (Estonia, Lituania, Letonia)  y ahora su meta la ha fijado  en Ucrania.

             

El mundo de pasado mañana

Opina   la sociólogo Hertminia Foo Kong, que “Estados Unidos encuentra en el mundo de hoy, las condiciones para ejercer su dominación imperial en el peor estilo de ejercicio de poder hegemónico, renunciando a la política del multilateralismo para apelar al recurso de la fuerza y a su vieja tradición  aislacionista con la fuerza que le otorga el saberse la única potencia que existe incólume luego de la Guerra Fría”, 

 

¿ Continuará, luego de las elecciones de diciembre con igual desequilibrada ambición que ha conducido al país  -entre otros factores-  a las crisis que está soportando?. Y cuando hablo de crisis lo digo en plural, pues no sólo me detengo a señalar el factor económico. Pues  debe incluirse lo atinente a la situación  moral de su pueblo luego de tan largo período de guerra en varios frentes, a  la competitividad tecnológica, a cambios de su identidad que viene aumentando; en términos mundiales, al notable éxito de las sociedades en todos los continentes no admiten hegemones que violen los puntales de la democracia pluralista.

LA ONDA® DIGITAL

© Copyright 
Revista
LA ONDA digital