La tortura se justifica cuando
puede evitar la muerte de inocentes
General francés (r) Paul Aussaresses

Oficiales brasileños viajaron para

participar en el derrocamiento

de Salvador Allende.

 

El general francés (r) Paul Aussaresses en dialogo con Leneide Duarte-Plon para el diario Folha de Sao Paulo, brindo detalles de cómo colaboró enviado por Francia, con la dictadura militar de Brasil, afirmarmando además que Brasil participó con armas, aviones y hombres en el golpe de Estado de Augusto Pinochet en Chile en 1973.

El general, de 89 años, publicó recientemente un libro de memoria; “Últimas revelaciones al servicio de Francia”. En esa obra, Aussaresses relata su trabajo como agregado militar de la embajada francesa en Brasil, entre los años 1973 y 1975, tiempo en el que dio clases sobre técnicas de interrogatorio y obtención de informaciones al servicio secreto brasileño y en el que colaboró en la venta de armamento y aviones franceses a Brasil. Aussaresses reconoció haber colaborado con la policía secreta brasileña en la práctica de tortura a prisioneros y justificó tales métodos como un “acto de defensa”. Lo que sigue son los tramos fundamentales de esa entrevista (versión en español de L.Od.)

 

 

- Usted vivió en Brasil entre 1973 y 1975.

¿Cuál era su misión como adjunto a la embajada francesa?

– Yo era agregado militar.

 

- ¿Usted hacía el trabajo de información?

- Eso es lo que hacen los agregados militares. Todos ellos se informan sobre lo que puede interesar a sus países y,  sobre todo a las necesidades del país en el cual sirven, del punto de vista de lo que les podemos vender a ellos.

 

- ¿En aquella época, Francia ya le vendía armas a Brasil?

- Claro. Hacía mucho tiempo que existían agregados militares en Brasil. El jefe era del Ejército, pero había uno de la Aeronáutica y un oficial de Marina. Brasil se había interesado por los aviones franceses fabricados por la Société Dassault. El Mirage.

 

- En su libro, hay un capítulo en el que usted narra los cursos de interrogatorio e información a oficiales en el Centro de Instrucción de Guerra en la Selva, en Manaus. ¿Cuáles eran sus atribuciones?

- Yo daba clases en esa escuela militar porque había sido instructor de las Fuerzas Especiales del Ejército Americano en el Fort Bragg. Fui nombrado instructor de los paracaidistas de la infantería americana en Fort Benning, en Georgia, y me pidieron que fuera también instructor en Fort Bragg, en Carolina del Norte. Lo fui en los años 60. En esta escuela, encontré oficiales becarios de las fuerzas especiales de varios países de América del Sur.

 

- ¿Inclusive de Brasil?

- Exactamente.

 

- ¿Quiénes eran estos oficiales?

- No recuerdo sus nombres. Recuerdo a Umberto Gordon, que se tornó jefe de las Fuerzas Especiales de Chile, la DINA, el servicio secreto de Pinochet. Éramos muy amigos.

 

- Usted llegó a Brasil en octubre de 1973, poco después del golpe militar de Chile. ¿Brasil participó activamente en el golpe contra Allende?

- ¡Que pregunta! Usted pensaría que soy un idiota si no estuviese al tanto. ¡Claro que Brasil participó!

 

- Usted lo cuenta en el libro. Me gustaría que lo repitiese. ¿Brasil envió aviones y armas?

 - Pero claro, armas y aviones.

 

- ¿Y también envió oficiales?

- Sí, claro. Las armas, no le sé decir exactamente cuales. Pero los brasileños enviaron aviones franceses con proyectiles fabricados en Francia por la sociedad Thomson-Brandtà

 

- Para la cual usted trabajó después, cuando salió del Ejército.

- Exactamente.

 

- Usted fue muy amigo de João Baptista Figueiredo, jefe del SNI y último presidente militar. ¿Él y el delegado Sérgio Fleury eran los responsables por los escuadrones de la muerte brasileños, como usted escribió?

- Es una manera de decir. Nosotros no lo llamábamos así. Sérgio Fleury era el responsable por los escuadrones de la muerte y Figueiredo, por el SNI. El embajador Michel Legendre no podía oír hablar de escuadrones de la muerte.

 

- Usted dice que el embajador no soportaba a Sérgio Fleury. ¿Y de Figueiredo, tenía una mejor impresión? 

- Un día el embajador me dijo: "Usted tiene amigos extraños". Yo le respondí: "Son ellos los que me permiten mantenerlo a usted bien informado". Él no me dijo más nada.

 

- ¿Qué importancia tenía su trabajo para Francia?

- Todas las informaciones son importantes. Pero era sobre todo para mostrar que Francia era un país amigo. Los brasileños tenían la necesidad de tal material, estábamos dispuestos a venderlo. Tenían la necesidad de fabricarlo.

 

- ¿De cuáles materiales?

- Materiales de aviación. Teníamos conocimientos técnicos, pero lo importante es que podíamos ir a nuestros superiores a pedirles información para los brasileños.

 

- En el libro usted narra el episodio de tortura de una mujer que vino a Brasil para, según el general Figueiredo, espiarlo. Figueiredo lo hizo venir de Manaus rápidamente para mostrarle a la muchacha, ya irreconocible después de las sesiones. Él después le informó que ella había muerto en el hospital. ¿Nunca cuestionó el método bárbaro usado para obtener informaciones de aquella mujer?

- ¡De ninguna manera! La muerte de esta mujer era un acto de defensa.

 

- ¿Cuál es su impresión sobre los presidentes militares: Ernesto Geisel, João Figueiredo y Garrastazu Médici?

- Ernesto Geisel era un hombre racional, de una profunda moral. Era un hombre que tenía una fe religiosa y respetaba las reglas de la moral cristiana que considera que los hombres merecen vivir en una atmósfera de orden que les permite trabajar, cuidar de la familia.

De Emilio Garrastazu Medici tengo buenos recuerdos. Lo conocí en la embajada de Francia, conversamos en portugués. João Figueiredo era un adorable, seductor. Era el jefe del SNI cuando yo llegué como agregado. El representante francés de los servicios especiales en Brasil me dijo: "Todo el mundo sabe que usted forma parte del servicio de inteligencia francés, principalmente del "Action", por lo tanto, no lo vaya a negar. Usted se va a encontrar con Figueiredo, jefe del SNI, no esconda que usted perteneció al servicio equivalente en Francia".

 

- ¿Y ustedes se hicieron amigos?

- Muy amigos. Creo que Figueiredo apreció mi conducta con relación a los brasileños. Mi contribución fue apreciada. Mi colaboración fue fructífera para ellos y para nosotros.

 

- ¿Cuáles son los fundamentos que justifican el uso de la tortura en una guerra o como en el caso de Brasil, en los años 60 y 70?

- Creo que, si podemos evitarla, nada la justifica.

 

-¿Y cuándo es que no se puede evitarla?

- Cuando la acción terrorista adversa quiere tener efectos de propaganda y tiene por víctimas sobre todo a mujeres y niños. Pienso que, si la tortura puede evitar la muerte de inocentes, ella se justifica. Es mi punto de vista. No la estimo, no la estimo, no la estimo.

 

- ¿En Argelia, usted y el general Jacques Massu estaban de acuerdo con todos los métodos de información, inclusive la tortura?

- Totalmente de acuerdo. Pero cuando sucedió el ataque de Philipeville, Massu aún no estaba comandando a los paracaidistas. Descubrí que iba a haber un ataque porque había compras diarias de una enorme cantidad de harina de cuzcuz en un almacén. Y todo era comprado en efectivo. Y el papel moneda venía de Francia, del salario de los obreros argelinos. Fue mi servicio de información que descubrió todo.

 

- Parece que fue por causa de compras en una aldea que el Che Guevara y su grupo de guerrilleros fueron descubiertos en Bolivia.

 - Pienso que el Che Guevara era un hombre brillante, muy inteligente pero ambicioso. Él quería sustituir a Fidel Castro, pero Fidel no tenía prisa en dejar el puesto de jefe de Estado de su país y lo envió en misión a Bolivia con otro hombre muy brillante que todavía está vivo, Régis Debray. Entonces, Fidel Castro quiso darles una ocupación a estos hombres brillantes y los envió en misión a Bolivia.

 

- ¿Usted piensa que Fidel Castro armó una celada?

- Ellos eran brillantes, pero bebían mucho y los espías de Fidel Castro oían lo que ellos decían. Y ellos también escribían, escribían demás y cuando fueron a Bolivia las fuerzas de seguridad bolivianas sabían acerca de todos los detalles de los movimientos de ellos. Debray fue capturado rápidamente y después encontraron su agenda, una bella agenda Hermès, de cuero.

 

- ¿Y quién los denunció?

- La charlatanería de ellos.

 

- Pero la CIA (servicio de inteligencia de los EE.UU) estaba en Bolivia.

- ¡Claro, quien lo duda!

 

- ¿Usted fue siempre anticomunista?

- Siempre. No me vanaglorio de eso, pero tampoco lo niego.

 

- Hoy, después de la caída del Muro de Berlín y el fin de la Unión Soviética, ¿cuál sería el gran peligro para un país como Francia?

- La organización terrorista mahometana, árabe, los islámicos.

 

- La mayoría de los militares piensa que el deber es mantener el silencio. ¿Porqué usted resolvió hablar?

- Porque pienso que mi deber era hablar.

 

- ¿Incluso arriesgando  su reputación?

- Hay reglas de vida y de la carrera militar que tratan acerca del deber. Yo hice lo que era mi deber.

 

- En el libro anterior, "Services Spéciaux - Algérie 1955-1957" (Servicios especiales - Argelia 1955-1957), usted contó la participación en la guerra de Argelia, inclusive el uso de la tortura. En 2003, fue procesado por apología a crímenes de guerra, pero no hubo condena. Los crímenes habían prescripto y habían sido amnistiados.

 ¿Porqué ahora este libro de entrevistas?

- Fui llevado a la Justicia por apología a la tortura. Dije que no era verdad y que escribiría otros libros para justificarme de todo lo que había hecho en misiones fuera de Francia. Escribí otro libro después, que era una respuesta a los ataques injustos contra mí. El libro es "Pour la France, Services Spéciaux, 1942-1954" (Por Francia, servicios especiales)

 

- ¿Usted se arrepiente de algo que hizo?

- No me arrepiento de nada. Y rechacé una propuesta que me fue hecha en el tribunal, cuando fui acusado de hacer la apología de la tortura, lo que no es verdad. Mi abogado y mi editor me propusieron declarar que yo me arrepintiera de lo que había hecho y escrito.

No puedo, no me arrepiento, yo sería despreciado por mi mujer. Mi fallecida esposa era una heroína de la Resistencia Francesa anti-nazi, fue herida en combate. Estuvimos casados por más de 50 años. Ella murió y después me casé nuevamente. Y, si yo escribiera que me arrepiento, mereceré el desprecio de mi actual esposa. Rechacé el arrepentimiento que me proponían y fui condenado.
Traducido para LA ONDA digital por Cristina Iriarte

 

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