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Los desafío de la
integración sudamericana
por Samuel Pinheiro Guimarães
El mundo multipolar y la integración
sudamericana.
La integración entre Brasil y
Argentina y su papel decisivo en América del Sur
debe ser el objetivo más claro, más constante, más
vigoroso de las estrategias políticas y económicas
tanto de Brasil como de Argentina.
El análisis del embajador Samuel
Pinheiro Guimarães,
Secretario-General de Relaciones
Exteriores de Brasil.
La
importancia esencial de América del Sur
América del Sur se encuentra,
necesaria e irremediablemente, en el centro de la
política externa brasileña. Por su parte, el núcleo
de la política brasileña en América del Sur está en
el Mercosur. Y el núcleo de la política brasileña en
el Mercosur tiene que ser, sin duda, Argentina. La
integración entre Brasil y Argentina y su papel
decisivo en América del Sur debe ser el objetivo más
claro, más constante, más vigoroso de las
estrategias políticas y económicas tanto de Brasil
como de Argentina. Cualquier tentativa de establecer
diferentes prioridades para la política externa
brasileña, e incluso la atención insuficiente a
estos fundamentos, seguramente provocará graves
consecuencias y correrá un serio riesgo de fracaso.
África Occidental
África Occidental, con sus 23 Estados ribereños,
inclusive los archipiélagos de Cabo Verde y San Tomé
y Príncipe, y la frontera atlántica de Brasil,
continente al que estamos unidos por la historia,
por la sangre, por la cultura, por el colonialismo y
por la semejanza de desafíos. Asia es el nuevo
centro dinámico de la economía mundial, fuente de
lucros inagotables para las mega-empresas
occidentales y destino de una de las mayores
migraciones de capital y tecnología avanzada de la
Historia. Europa y América del Norte son para
Brasil, como para cualquier ex-colonia y para
eventuales pretendientes de la colonia, las áreas
tradicionales de vinculación política, económica y
cultural. Sin embargo, por más importantes que sean,
como sin duda lo son, los vínculos y los intereses
actuales y potenciales brasileños con todas estas
áreas y por mejores que sean con los Estados que
las integran, nuestras relaciones, la política
externa no podrá ser eficaz si no está anclada en la
política brasileña en América del Sur. Las
características de la situación geopolítica de
Brasil, esto es, su territorio, su localización
geográfica, su población, sus fronteras, su
economía, así como la coyuntura y la estructura del
sistema mundial, tornan la prioridad sudamericana
una realidad esencial.
Grandes bloques
El escenario económico mundial se caracteriza por la
simultánea globalización y gradual formación de
grandes bloques de Estados en Europa, en América del
Norte y en Asia; por el acelerado progreso
científico y tecnológico, en especial en las áreas
de la informática y de la biotecnología, con su
vinculación a los gastos y actividades militares;
por la concentración de capital y oligopolización de
mercados, medida por el número de fusiones y
adquisiciones que pasaron de 9 mil, por un valor de
U$S 850 mil millones, en 1995, a 33 mil, por un
valor de casi 4 trillones de dólares, en 2006, y por
la financierización de la economía, pues los activos
(acciones, títulos y depósitos) financieros pasaron
de 109% de la producción mundial, en 1980, a 316% en
2005; por la transformación de los mercados de
trabajo y por la presión permanente para revertir
los derechos de los trabajadores; por la acelerada
degradación ambiental; por la inseguridad energética
y por las migraciones.
El escenario político mundial se caracteriza por la
concentración del poder político, militar,
económico, tecnológico e ideológico en los países
altamente desarrollados; por el arbitrio y por la
violencia de las Grandes Potencias; por la amenaza
real, y su utilización oportunista, del terrorismo;
por la falta de respeto a los principios de
no-intervención y de autodeterminación de parte de
las Grandes Potencias políticas, económicas y
militares; por el individualismo de los Estados
ricos y la insuficiente y decadente cooperación
internacional; por la emergencia de China, como
potencia económica y política, regional y mundial.
Los Estados y sistema mundial
Los Estados en el centro del sistema mundial, cada
vez más ricos y poderosos, pues la diferencia de
renta entre Estados ricos y pobres pasó de 1 a 4 en
1914 a de 1 a 7 en 2000, no obstante vinculados a
las economías periféricas como a recursos
estratégicos y mercados y con una población
decadente, procuran, por medio de negociaciones
internacionales, definir normas y regímenes que
permitan preservar e inclusive ampliar su situación
privilegiada en el centro del sistema militar,
político, económico y tecnológico que es el
resultado, por un lado, de la II Guerra Mundial y de
los regímenes coloniales y, por otro lado, del éxito
de sus esfuerzos nacionales, en especial en la
esfera científica y tecnológica. En este proceso, su
capacidad de articular ideologías y de presentar
soluciones como benéficas a toda la comunidad
internacional es extraordinaria e importantísima
pues es la base de su estrategia de regimentación de
Estados y de elites periféricas cooptadas para
alcanzar sus objetivos nacionales, vestidos con el
manto de objetivos de la humanidad.
Paises Pequeños
En este escenario violento e inestable de grandes
bloques, multipolar, hay una tendencia a que países
pequeños e incluso medianos pasen a ser absorbidos,
más o menos formalmente, por los grandes Estados y
economías a los cuales o se encuentran
tradicionalmente vinculados por lazos de origen
colonial o están en su esfera de influencia
histórica, como en el caso de América Central; o
hayan formado parte de su territorio, como en el
caso de los países que forman la Comunidad de
Estados Independientes - CEI; o se vinculan por
lazos étnicos y culturales, como en el caso de la
diáspora china en Asia.
Los paises medios
Los países medios que constituyen América del Sur se
encuentran frente al dilema o de unirse y así
formar un gran bloque de 17 millones de quilómetros
cuadrados y de 400 millones de habitantes para
defender sus intereses inalienables de aceleración
del desarrollo económico, de preservación de
autonomía política y de identidad cultural, o de
ser absorbidos como simples periferias de otros
grandes bloques, sin derecho a la participación
efectiva en la conducción de los destinos económicos
y políticos de estos bloques, los cuales son
definidos por los países que se encuentran en su
centro. La cuestión fundamental es que las
características, la evolución histórica y los
intereses de los Estados poderosos que se encuentran
en el centro de los esquemas de integración son
distintos de aquellos de los países subdesarrollados
que a se agregan a ellos a través de tratados de
libre comercio, o el nombre que tengan, los cuales
quedan así sujetos a las consecuencias de las
decisiones estratégicas de los países centrales que
pueden o no atender a sus necesidades históricas.
Sudamerica
Los desafíos sudamericanos frente a este dilema, que
es decisivo, son enormes: superar los obstáculos que
devienen de las grandes asimetrías que existen entre
los países de la región, sean ellas de naturaleza
territorial, demográfica, de recursos naturales, de
energía, de niveles de desarrollo político,
cultural, agrícola, industrial y de servicios;
enfrentar con persistencia las enormes disparidades
sociales que son similares en todos estos países;
realizar el extraordinario potencial económico de la
región; disolver los resentimientos y las
desconfianzas históricas que dificultan su
integración.
Brasil y Sudamérica
Las asimetrías territoriales son extraordinarias.
En América del Sur conviven países como Brasil, con
8,5 millones de quilómetros cuadrados; como
Argentina, con sus 3,7 millones de quilómetros
cuadrados y en seguida otros diez países, cada uno
con un territorio inferior a 1,2 millones de
quilómetros cuadrados. Tres de los países de la
región se encuentran dirigidos exclusivamente hacia
el Pacífico, tres se asoman sobre el Océano
Atlántico, cuatro son caribeños y dos son
mediterráneos. Brasil tiene 15.735 kmts de fronteras
con nueve Estados vecinos, mientras que Argentina,
Bolivia y Perú tienen fronteras con cinco vecinos.
Debido a estas circunstancias geográficas, los
puntos de vista geopolíticos de cada país son
inicialmente distintos, lo que se agrava por el
hecho de haber estado hasta hace poco - e incluso
hasta hoy en día - separados los países de la región
por la Cordillera, por la selva, por las distancias
y por los inmensos vacíos demográficos.
Brasil
Brasil tiene 190 millones de habitantes, que
corresponden a cerca del 50% de la población de
América del Sur, mientras el segundo mayor país en
población, que es Colombia, tiene 46 millones de
habitantes y el tercero, Argentina, tiene 39
millones. Las tasas de crecimiento demográfico
varían del 3% en Paraguay al 0,7 % en Uruguay.
América del Sur vivió en los últimos años un proceso
acelerado de urbanización, con el surgimiento de
megalópolis que concentran grandes segmentos de la
población total de cada país, y que exhiben
periferias paupérrimas y violentas. Hay
significativas poblaciones de desplazados internos
en Perú, como consecuencia de la lucha feroz contra
la insurrección del Sendero Luminoso, y de
refugiados, como en el caso de colombianos en
Venezuela y en Ecuador. En el pasado, las dictaduras
y los regímenes militares provocaron el exilio de
numerosos militantes políticos, intelectuales,
obreros y sindicalistas, con grave perjuicio para el
desarrollo político de los países más afectados.
Además, durante algunas décadas el reducido ritmo de
crecimiento económico provocó movimientos
migratorios significativos de los países de la
región en dirección a los Estados Unidos y a Europa
Occidental. Hay un millón de uruguayos viviendo
fuera del Uruguay mientras que tres millones se
encuentran en el país. Hay 400 mil ecuatorianos en
España y 4 millones de brasileños en el exterior. Al
mismo tiempo, hay grandes espacios despoblados en
América del Sur, donde la densidad demográfica es
inferior a 1 habitante por kilómetro cuadrado,
mientras en las megalópolis la densidad poblacional
alcanza más de 10.000 habitantes por kilómetro
cuadrado.
América del Sur exhibe índices de concentración de
renta y de riqueza, de pobreza y de indigencia, de
opulencia y lujo, contrastes espantosos entre
riquísimas mansiones y palafitos miserables, entre
excelentes hospitales privados y hospitales públicos
decadentes, entre escuelas de Primer Mundo y
pocilgas escolares. Todavía, América del Sur cuenta
con las ventajas de la ausencia de conflictos
raciales agudos, aunque exista discriminación
racial; con la presencia dominante de idiomas de
origen ibérico común, aunque en algunos países
existan idiomas indígenas que consiguieron
sobrevivir; con la ausencia de conflictos religiosos
y predominancia católica al lado de la rápida
expansión de las iglesias protestantes; con una
población grande, pero que no es excesiva, como en
ciertos países asiáticos. El desafío que representa
la emergencia de las poblaciones indígenas
históricamente oprimidas y sus efectos para las
relaciones políticas entre los países de América del
Sur van a exigir, todavía, una especial atención y
habilidad.
América del Sur
América del Sur es una región extremadamente rica en
recursos naturales, que se encuentran distribuidos
de forma muy desigual entre los diversos países.
Mientras Brasil tiene las reservas mundiales más
grandes de hierro de excelente tenor, Argentina no
las tiene en volumen suficiente. Argentina dispone
de tierras arables de extraordinaria fertilidad, en
contraste con Chile. Colombia posee grandes reservas
de carbón de buena calidad y Brasil las tiene pocas
y pobres. Venezuela tiene la sexta reserva más
grande de petróleo y la novena mayor reserva de gas
del mundo mientras que, en todos los países de Cono
Sur, inclusive en Brasil, son ellas insuficientes
para sustentar el ritmo de desarrollo, tal vez del
7% a/a, necesario a la absorción productiva de los
stocks históricos de mano-de-obra desempleada y sub-empleada
y de los que llegan anualmente al mercado. Bolivia
detenta yacimientos de gas que corresponden a dos
veces las brasileñas, pero tienen serias
dificultades para ampliar su explotación. Chile
explota las mayores reservas conocidas de mineral de
cobre del mundo, responsable por el 40 % de sus
exportaciones. Paraguay ostenta uno de los mayores
potenciales hidroeléctricos del mundo, en especial
cuando se calcula en términos per cápita, pero
todavía no tuvo éxito en utilizarlo para acelerar su
desarrollo. Suriname tiene la mayor reserva de
bauxita del planeta, todavía poco explotada.
La mayor selva tropical
En América del Sur se encuentra la mayor selva
tropical del mundo, un tema central en el debate
político sobre el efecto invernadero y sus
consecuencias para el clima, y la mayor reserva de
biodiversidad del planeta, la cual es de gran
importancia para la renovación de la agricultura y
para la industria farmacéutica; una parcela
importante de las reservas de agua dulce del
planeta, recurso cada vez más estratégico y causa ya
de conflictos en ciertas regiones del globo, y el
mayor depósito de aguas subterráneas, el Acuífero
Guaraní, que subyace en los territorios de Brasil,
de Paraguay, de Argentina y de Uruguay.
Las políticas económicas
Los shocks del petróleo (1973 y 1979), el
endeudamiento excesivo y el súbito aumento de las
deudas externas acarrearon crisis y estancamiento
económico que contribuyeron al fin de los regímenes
militares en América del Sur, a mediados de la
década del 80. La victoria del neoliberalismo
monetarista en los Estados Unidos y Reino Unido, a
partir de Ronald Reagan (1981-1989) y Margaret
Thatcher (1979-1990), y la renegociación de la deuda
externa (Plan Brady) forzaron a los países sub-desarrollados
la adopción de políticas de apertura comercial y
financiera, desregulación y privatización, basadas
en los principios del llamado Consenso de
Washington. Estas políticas llevaron a resultados
desastrosos en países que se vieron envueltos en
ellas más a fondo, como fueron el caso de Ecuador,
de Bolivia y de Argentina, y dejaron secuelas
importantes en países como Brasil, Uruguay y
Venezuela.
Historia económica
Tales políticas neoliberales agravaron la ya elevada
concentración de renta y de riqueza, ampliaron el
desempleo, contribuyeron a la violencia urbana,
provocaron la fragilización del Estado y de los
servicios públicos, lo que llevó por su parte a la
gradual emergencia de importantes movimientos
políticos y sociales que pasaron a preconizar
(explícita o implícitamente) la revisión del modelo
económico y social neoliberal.
Consecuencia
Los países de América del Sur, como consecuencia de
las políticas neoliberales que determinaron la
reducción negociada y a veces hasta unilateral de
sus aranceles aduaneros, la privatización de sus
empresas estatales y la liberalización de sus
mercados de capital, aumentaron sus importaciones de
productos industriales de los países desarrollados y
el ingreso descontrolado de capitales extranjeros.
Estas políticas llevaron a la desindustrialización
en mayor o menor grado, a la mayor influencia del
capital multinacional y a la desnacionalización de
importantes sectores de sus economías, en especial
del sector financiero, con efectos económicos, e
inclusive políticos, significativos.
Integración pasiva
Esta mayor integración, sin embargo de naturaleza
pasiva, de los países sudamericanos en la economía
mundial es radicalmente distinta de la integración
en la economía global que se da con los países
altamente desarrollados o con ciertos países
emergentes, como Corea. En estos últimos casos, esta
mayor integración se verifica a través de la
internacionalización de las actividades de sus
grandes empresas de actuación multinacional pero de
capital nacional, así como de sus exportaciones de
alto contenido tecnológico mientras que, en el caso
de los países sudamericanos, se verifica a través de
la mayor participación de mega-empresas
multinacionales en sus economías, ya que no poseen
estos últimos países (con raras excepciones) grandes
empresas capaces de internacionalizarse, y de la
expansión de sus exportaciones de commodities.
Productos primarios
Con el correr del tiempo, los países de
América del Sur retomaron, voluntaria o
involuntariamente, su especialización histórica en
exportación de productos primarios, tradicionales o
nuevos, con mayor grado, a veces, de elaboración,
para atender a la demanda de los países altamente
desarrollados y de China. Así, a grosso modo, su
agricultura se sofisticó y pasó a ser denominada de
agribusiness; su industria fue adquirida o cerró sus
puertas en un proceso de desindustrialización/desnacionalización
y muchas de sus empresas de servicios, en especial
las empresas modernas y aquellas del sector
financiero, fueron adquiridas por mega-empresas
multinacionales.
La Ronda Uruguay
La capacidad de utilizar instrumentos
tradicionales de promoción del desarrollo económico,
que además hayan sido ampliamente usados por los
países hoy desarrollados en el inicio de su proceso
de desarrollo (i.e. de su proceso de
industrialización), fue abandonada por los países de
América del Sur en La Ronda Uruguay, cuando
aceptaron normas sobre disciplina del capital
extranjero las cuales prohíben políticas tales como
la nacionalización de insumos, el establecimiento de
metas de exportación y la reinversión de parte de
los lucros; o que establecen normas sobre propiedad
intelectual que ampliaron los plazos de patentes y
establecen patentes sobre fármacos, dificultando de
hecho el desarrollo tecnológico y generando enormes
remesas financieras. Este abandono de los
instrumentos económicos tradicionales de uso del
Estado, así como la confianza excesiva de estos
países en el libre juego de las fuerzas de mercado
contribuyeron para que comenzasen a tener su ritmo
de crecimiento reducido o estancado. Por otro lado,
la ruina ideológica del Welfare State en los países
desarrollados hizo que los países sudamericanos
también contrajesen o desarticulasen sus programas
sociales, lo que contribuyó para agravar la
concentración de renta y de propiedad y para la
pequeña expansión de su mercado interno.
Las décadas de los 80 y 90
Así, en gran parte se explican las
bajas tasas de crecimiento en América del Sur, de
las décadas del 80 y 90, cuando las comparamos con
las de algunos países de Asia, y el eventual
derrumbe de los gobiernos neoliberales en Argentina,
en Brasil, en Chile, en Bolivia, en Ecuador y en
Venezuela. En los últimos años, surgieron en América
del Sur gobiernos que procuran mantener las
políticas de austeridad fiscal y de control
inflacionario mientras intentan resucitar al Estado
como agente suplementario del desarrollo económico y
como agente de reducción de la desigualdad social,
frente a las enormes injusticias y a las presiones
de los segmentos históricamente oprimidos en sus
sociedades.
El bloque sudamericano
La actual experiencia de integración sudamericana
tiene distintos orígenes, motivaciones y paralelos
históricos. En primer lugar, el trauma de la
desintegración de los Vice-Reinados del Imperio
español a partir de 1810, la desintegración
posterior de la Gran Colombia en 1830, y la
supervivencia de la utopía de unidad
latinoamericana, preconizada por el Libertador Simón
Bolívar. Según, la tentativa del notable economista
argentino, Raúl Prebisch, de explicar las razones
del desarrollo en América del Norte en
contraposición con el atraso sudamericano, llevó a
la formulación de la teoría estructuralista por
parte de la Comisión Económica para América Latina -
CEPAL.
Prebisch encontró estas razones en las
características de las economías
primario-exportadoras sudamericanas y en la
naturaleza de su proceso de incorporación del
progreso tecnológico; en la reducida dimensión y en
el aislamiento de cada mercado nacional; en el
deterioro secular de los términos de intercambio; en
la importancia de la industrialización como
estrategia para la transformación económica. En
tercer lugar, la percepción de éxito de la
experiencia de planificación económica y de
industrialización acelerada vivida por la Unión
Soviética, de la experiencia keynesiana y de la
planificación de guerra norteamericana y,
finalmente, las políticas de economía mixta y de
planeamiento indicativo de los gobiernos socialistas
europeos luego de la II Guerra Mundial. Cuarto, en
la experiencia de la construcción de la Comunidad
Económica Europea, fundada en la integración de
mercados, en la elaboración de políticas comunes y
en el financiamiento por los países más ricos del
esfuerzo de reducción de asimetrías entre las
economías participantes.
La Cepal
Este conjunto de experiencias inspiró
los programas de desarrollo económico con base en la
industrialización, en especial en Brasil durante el
Gobierno de Juscelino Kubitschek, las propuestas de
la CEPAL de constitución de un mercado común
latinoamericano, las propuestas argentinas de
creación de un área de libre comercio que
reunificase económicamente las partes del antiguo
Vice-Reinado del Plata, y estimuló a la constitución
en 1960 de la Asociación Latinoamericana de Libre
Comercio ALALC.
La revalidad
Naturalmente, al proceso de
integración de América del Sur y del Cono Sur
subyacía la latente rivalidad entre Brasil y
Argentina por la influencia política en la región
del Río de la Plata, los resquicios de un pasado de
luchas y el recuerdo de la inicial predominancia
industrial argentina. Y otros resentimientos
provenientes de conflictos y cuasi-conflictos
pasados, como entre Chile y Argentina; entre
Bolivia, Chile y Perú; entre Perú y Ecuador; entre
Colombia y Venezuela, entre Bolivia y Paraguay,
entre Brasil y Paraguay y entre Brasil y Bolivia.
La Aladi
La Asociación Latinoamericana de
Libre Comercio, creada en 1960, y cuya meta era
eliminar todas las barreras al comercio entre los
Estados miembros hasta 1980, encontró obstáculos
causados por las políticas nacionales de sustitución
de importaciones y de industrialización y, más
tarde, por las políticas de control de
importaciones para enfrentar las súbitas crisis del
petróleo que acarrearon inéditos déficits
comerciales que alcanzaron a los países importadores
de energía, en especial Brasil.
El CCR
A partir
de 1965, el Convenio de Créditos Recíprocos (CCR)
entre los países de la ALALC, más la República
Dominicana, pasa a permitir el comercio sin el uso
inmediato de divisas fuertes, a través de un sistema
cuatrimestral de compensación multilateral de
créditos que funcionó con gran éxito sin que se
diese ningún caso de default hasta la década de
1980, cuando fue progresivamente desactivado por los
nuevos tecnócratas que vinieron a ocupar los Bancos
Centrales de los países de la región, en el rumbo
del período de gobiernos neoliberales.
El Pacto Andino
En 1969, los países andinos celebraron el Pacto
Andino (más tarde CAN) como un proyecto más
ambicioso de integración y de planeamiento del
desarrollo, previendo inclusive la ubicación
espacial de industrias entre los Estados miembros y
la elaboración de políticas comunes, inclusive en el
campo de la inversión extranjera.
Alac por Aladi
En 1980, la paralización de las
negociaciones comerciales llevó a la sustitución de
la ALALC por la Asociación Latinoamericana de
Integración (ALADI). El Tratado de Montevideo (80)
incorporó el patrimonio de reducciones
arancelarias bilaterales, permitió la negociación de
acuerdos bilaterales de preferencias, con la
perspectiva de su eventual convergencia, y tornó
posible la concesión de preferencias bilaterales al
amparo de la enabling clause del entonces GATT.
Integración bilateral
En 1985, Brasil y Argentina
decidieron lanzar un proceso de integración
bilateral gradual, con el objetivo central de
promover el desarrollo económico, a que se juntaran,
en 1991, Paraguay y Uruguay, formándose así el
Mercosur. Este último surgió como un proyecto
encuadrado en la concepción del Consenso de
Washington, del libre comercio como instrumento
único y suficiente para la promoción del desarrollo,
reducción de las desigualdades sociales y generación
de empleos, en la mejor tradición de las Escuelas de
Manchester y de Chicago.
El Nafta
Luego de la conclusión del NAFTA en
1994, en que México en la práctica abandonó la
ALADI, los Estados Unidos, en el contexto de la
Cúpula de las Américas, lanzaron un proyecto
ambicioso de negociación de un Área de Libre
Comercio de las Américas (ALCA). Este proyecto, en
realidad, más que un área de libre comercio de
bienes, crearía un territorio económico único en las
Américas, con la libre movilidad de bienes,
servicios y capital (pero no de mano-de-obra o
tecnología) y establecería reglas uniformes aún más
restrictivas a la ejecución de políticas nacionales
o regionales de desarrollo económico, ya que las
propuestas originales eran OMC-Plus y NAFTA-plus (y
parecen continuar siendo tales como lo revelan los
textos de los tratados bilaterales de libre
comercio, celebrados por los Estados Unidos).
Un bloque económico
A pesar
de las declaraciones diplomáticas hechas en la
ocasión, y reiteradas posteriormente, de que el ALCA
no afectaría los proyectos de integración regional
como la Comunidad Andina y el Mercosur, estaba claro
que la eventual concreción del ALCA eliminaría de
hecho la posibilidad de formación de un bloque
económico y político sudamericano.
El 4+1
Luego del inicio de las negociaciones del ALCA, y
frente a la extrema desigualdad de fuerzas políticas
y económicas entre los países participantes, la
negociación se interrumpió en 2004, después que los
Estados Unidos retiraron los temas agrícolas y de
defensa comercial (antidumping y subsidios)
llevándolos hacia el ámbito de la OMC bajo el
pretexto de que era necesaria una negociación más
abarcativa, inclusive con la Unión Europea. Como
consecuencia y para equilibrar las negociaciones,
el Mercosur consideró que los temas de inversión,
compras gubernamentales y servicios deberían también
pasar para el ámbito de la Ronda de Doha en la OMC y
propuso a los Estados Unidos la negociación de un
acuerdo del tipo 4+1, en el campo del comercio de
bienes, propuesta hasta hoy sin respuesta, o mejor
dicho, cuya respuesta práctica ha sido la firme
actividad norteamericana de negociación de acuerdos
bilaterales de libre comercio (en realidad con
propósitos mucho más amplios) con los países de
América Central, Colombia, Perú y (casi) con
Ecuador.
El Mercosur
Paralelamente, el Mercosur emprendió la negociación
y celebró acuerdos de libre comercio con Chile
(1995), con Bolivia (1996), con Venezuela, Ecuador y
Colombia (2004), y con Perú (2005), que se refieren
exclusivamente al comercio de bienes y no incluyen
el comercio de servicios, compras gubernamentales,
reglas sobre inversiones, propiedad intelectual,
etc.
El Atpdea
En 2002, el Congreso de los Estados Unidos había
aprobado el ATPDEA (Andean Trad Promotion and Drug
Erradication Act) por el cual concederían
unilateralmente preferencias comerciales, sin
reciprocidad por parte de los beneficiarios, para
listas de productos de países andinos a cambio de la
ejecución de programas de erradicación de las
plantaciones de coca. El resultado de la aplicación
durante cinco años de esta ley fue, por un lado,
expandir las exportaciones de dichos productos de
estos países para los Estados Unidos y, por otro,
esperar la oportunidad del surgimiento en estos
países de grupos de intereses empresariales locales
favorables a la negociación de acuerdos de libre
comercio con los Estados Unidos cuando se terminase
el plazo de vigencia de aquel Acto.
La Unasur
Posteriormente, fue lanzado en 2004, en Cuzco, el
proyecto de formación de una Comunidad Sudamericana
de Naciones, hoy denominada UNASUR, organización que
se pretendería semejante a la Unión Africana, en
África; a la Unión Europea en Europa; a la ASEAN, en
Asia; y al MCCA, en América Central. Las
negociaciones para concretar la UNASUR han
encontrado tres distintas resistencias: primero, la
de países que celebraron acuerdos de libre comercio
con los Estados Unidos; segundo, la de países que
dan prioridad al fortalecimiento del Mercosur y que
creen que Brasil estaría cambiando el Mercosur por
la UNASUR; tercero, la de países que consideran que
es necesaria una organización más ambiciosa, basada
en la solidaridad y en la cooperación y no en
aquello que consideran que es el individualismo
mercantilista de las preferencias comerciales, de
los proyectos de inversión y del libre comercio.
Argentina y la estrategia de integración
brasileña
No existe la menor posibilidad de construcción de un
espacio económico y político sudamericano
(economicista o solidarista, no importa) sin un
amplio programa de construcción y de integración de
la infraestructura de transportes, de energía y de
comunicaciones de los países de América del Sur. El
comercio entre los seis países fundadores de la
Comunidad Económica Europea correspondía en 1958 a
cerca del 40% de su comercio total y hoy supera el
80%. En contraste, el comercio entre los países de
América del Sur correspondía en 1960, fecha del
comienzo de la ALALC, a cerca del 10% y aún en 2006
no superó el 17% del total del comercio exterior de
la región. Este reducido comercio tenía su causa en
la pequeña diversificación industrial de las
economías sudamericanas (hoy también un obstáculo,
pues cuanto más diversificadas las economías mayor
su comercio recíproco), pero también en la pequeña
densidad de los sistemas de transportes en aquel
momento y hasta hoy. Hay un interés vital en
conectar los sistemas de transportes nacionales y
las dos costas del sub-continente, superando los
obstáculos de la Selva y de la Cordillera, como se
está haciendo al norte entre Brasil y Perú, y se
procurará hacer al sur, entre Brasil, Argentina y
Chile. La iniciativa para la Integración de la
Regional sudamericana (IIRSA), en 2000, fue un paso
de gran importancia en este esfuerzo de
planeamiento, que necesita para concretarse del
elogio regional del financiamiento.
El acceso al crédito
Una de las mayores dificultades de los países de
América del Sur es el acceso al crédito para
inversiones en infraestructura debido a los límites
al endeudamiento externo y a la falta de acceso a
instrumentos de garantía. Este acceso al mercado
internacional de capitales es tanto más importante
cuanto mayor sea la dificultad de estos países en
elevar su ahorro interno, debido a la prioridad
concedida al servicio de la deuda interna y externa.
Brasil ha contribuido al fortalecimiento de la
Cooperación Andina de Fomento CAF, entidad
financiera clasificada como AA en el mercado
internacional y enfocada hacia inversiones en
infraestructura, y ha participado, de forma positiva
y prudente, del proceso de construcción de un Banco
del Sur que se desea eficiente.
Brasil es uno de los pocos, sino el único país de la
región, que dispone de un fuerte banco de
desarrollo, cuyos activos son de U$S 87 mil
millones, mayores que los del Banco Interamericano
de Desarrollo - BID ( U$S 66 mil millones), que
puede prestar recursos para la ejecución de obras de
infraestructura en condiciones competitivas con las
del mercado internacional y sin condicionar tales
préstamos a compromisos de política externa o a
la ejecución de reformas económicas internas. Es
parte esencial de la estrategia brasileña de
integración proporcionar crédito a los países
vecinos para la ejecución de obras de
infraestructura y, en el futuro, comenzar a
suministrar créditos a empresas de estos países en
condiciones normales similares a las que se exigen
de empresas brasileñas, teniendo en cuenta el
interés vital brasileño en el crecimiento y en el
desarrollo de los países vecinos incluso hasta por
razones de interés propio, debido a la gran
importancia de sus mercados para las exportaciones
brasileñas y, en consecuencia, para el nivel de
actividad económica general y de sus empresas.
El imaginario sudamericano
Más allá
de la integración de la infraestructura física en
términos de carreteras, puentes, vías férreas y de
energía es esencial la integración de las
comunicaciones aéreas, por su importancia para la
economía y la política, así como de la prensa en
especial la televisión, esencial a la formación del
imaginario sudamericano, a través del conocimiento
de la vida política, económica y social de los
países de la región, hoy desconocida por el gran
público y, por lo tanto, fuente de toda suerte de
preconceptos y manipulaciones que envenenan a la
opinión pública y afectan los discursos, las
actividades y las decisiones políticas. La TV Brasil
- Canal Integración y TELESUR son experiencias
no-hegemónicas de integración de comunicaciones, así
como la iniciativa brasileña de procurar establecer
un padrón regional de TV Digital, con la
participación de los Estados del Mercosur, inclusive
en el proceso industrial.
La seguridad energética
La cuestión de la seguridad
energética es central hoy en día y en el futuro
previsible. La integración energética y la autonomía
regional en energía para garantizar la seguridad de
abastecimiento energético es prioridad absoluta de
la política externa brasileña en América del Sur. No
hay posibilidad de crecer al 7% a/a en promedio
durante un período largo sin un suministro
suficiente, seguro y creciente de energía. Este
suministro depende de inversiones de plazo más o
menos largo de maduración, tales como la prospección
de yacimientos de petróleo, gas y uranio, la
construcción de embalses, la construcción de usinas
hidro y termoeléctricas, así como nucleares .
América del Sur, como región, tiene un excedente
global de energía, no obstante con grandes
superávits actuales y potenciales en ciertos países
y con severos déficits en otros. En el primer caso,
se encuentran Venezuela, Ecuador y Bolivia para el
gas y el petróleo. En el caso de energía
hidroeléctrica, hay excedentes extraordinarios en
Brasil, en Paraguay y en Venezuela. Por otro lado,
se encuentran países con déficit estructural de
energía como Chile y Uruguay y casos intermedios
como lo son Perú, Colombia y Argentina.
Así, la integración energética de la región
permitirá reducir las importaciones extra-regionales
y fortalecer la economía de América del Sur. En el
esfuerzo de fortalecer y de integrar el sistema
energético de la región, Brasil ha financiado la
construcción de gasoductos en Argentina y se ha
empeñado en concreción del proyecto del gran
Gasoducto del Sur que deberá vincular a los mayores
centros productores de energía (Venezuela y Bolivia)
a los mayores mercados consumidores (Brasil,
Argentina y Chile). Brasil está dispuesto a
compartir la tecnología que desarrolló en el área de
los bio-combustibles, creyendo que la crisis
energética y ambiental solamente podrá ser
enfrentada con eficiencia a partir de una
modificación gradual de la matriz energética
mundial, de una reducción del consumo y del
desperdicio en los países altamente desarrollados,
principales responsables por la emisión de gases de
efecto invernadero.
La reducción de las
asimetrías
La
reducción de las asimetrías es el segundo elemento
esencial de la estrategia brasileña de integración.
En un proceso de integración en que las asimetrías
entre las partes son significativas se tornan
indispensables programas específicos y ambiciosos
para promover su reducción. Es obvio que no se trata
aquí de las asimetrías de territorio y de población
pero sí de aquellas asimetrías de naturaleza
económica y social. Es indispensable la existencia
de un proceso de transferencia de renta bajo la
forma de inversiones entre los Estados participantes
del esquema de integración como se dio y se da aún
hoy en la Unión Europea. Este proceso es aún
embrionario en el Mercosur, siendo el Fondo para la
Convergencia Estructural y el Fortalecimiento
Institucional del Mercosur - FOCEM, apenas un
modesto inicio.
La generosidad
La generosidad de los países más
grandes y más desarrollados es siempre mencionada
por el Presidente Lula como un tercer elemento
esencial para el éxito del proceso de integración
del Mercosur y de América del Sur. Esta generosidad
se debe traducir por el tratamiento diferencial, sin
exigencia de reciprocidad, en relación a todos los
países de América del Sur que estén comprometidos en
el proceso de integración regional, en las áreas del
comercio de bienes, de servicios, de compras
gubernamentales, de propiedad intelectual etc. Esto
es, Brasil debe estar dispuesto a conceder un
tratamiento más ventajoso sin reciprocidad a todos
sus vecinos, en especial aquellos de menor
desarrollo relativo, a los países mediterráneos y a
los países de menor PBI per cápita.
Brasil, a pesar de ser el país más grande de la
región, no cree que sea posible desarrollarse
aisladamente sin que toda la región se desarrolle
económica y socialmente y se asegure un razonable
grado de estabilidad política y seguridad. Así, la
solidaridad en los esfuerzos de desarrollo y de
integración es una idea central en la estrategia
brasileña en América del Sur, así como la idea de
que este proceso es un proceso entre socios iguales
y soberanos, sin hegemonías ni liderazgos.
La
expansión
La integración económica de América
del Sur ha pasado por un proceso acelerado de
expansión, impulsado por la reducción de los
aranceles propiciada por los acuerdos comerciales
preferenciales. El comercio de bienes intra-América
del Sur que era de 10 mil millones de dólares en
1980 pasó a 68 mil millones en 2005. El comercio de
servicios, que era prácticamente inexistente en la
década de 1960, también se expandió, aunque en menor
escala. Los ejemplos más relevantes de expansión
podrían ser dados por el sector financiero, con el
establecimiento de filiales de bancos, por el sector
de los transportes aéreos e incluso terrestres, y
por el turismo intra-regional. Las inversiones de
empresas de la región en terceros países de la
propia región se tornaron expresivas, como lo
demuestra la expansión de las empresas chilenas y
brasileñas, en especial en Argentina.
Finalmente, hubo una considerable expansión de las
poblaciones de inmigrantes intra-regionales. Todos
estos factores contribuyen a la formación de un
mercado único sudamericano, ya que, implementados
los acuerdos comerciales bilaterales entre países de
la región, cerca del 95% del comercio intra-regional
será libre de aranceles, en 2019. La reactivación
del CCR y el establecimiento de una moneda común
para transacciones entre Brasil y Argentina
contribuirán grandemente para la expansión del
comercio bilateral y regional.
Cadenas productivas
La estrategia brasileña en el campo
comercial ha sido procurar consolidar el Mercosur y
promover la formación de un área de libre comercio
en América del Sur, teniendo en debida cuenta las
asimetrías entre los países de la región. La
comprensión brasileña para con las necesidades de
recuperación y fortalecimiento industrial de sus
vecinos no los llevó a la negociación del Mecanismo
de Adaptación Competitiva con Argentina, a los
esfuerzos de establecimiento de cadenas productivas
regionales y a la ejecución del Programa de
Sustitución Competitiva de Importaciones, cuyo
objetivo es intentar contribuir para la reducción de
los extremos y crónicos déficits comerciales
bilaterales, casi todos favorables a Brasil.
En el campo externo, la estrategia brasileña tiende
a ampliar los mercados para las exportaciones del
Mercosur a través de la negociación de acuerdos de
libre comercio o de preferencias comerciales con
países desarrollados, como en el caso de la Unión
Europea; y con países en desarrollo como India y
África del Sur, en busca de la apertura de mercados
y apunta a prestigiar y fortalecer el proceso de
negociación en conjunto, que no sólo favorece a los
socios mayores, sino también a los socios menores
del Mercosur, en la medida en que obtienen
condiciones de acceso que posiblemente no
alcanzarían en el caso de que negociasen
aisladamente.
La articulación de alianzas
En un sistema mundial cuyo centro acumula cada vez
más poder económico, político, militar, tecnológico
e ideológico; en que cada vez más aumenta la brecha
entre los países desarrollados y subdesarrollados;
en que el riesgo ambiental y energético se agrava; y
en que este centro procura tejer una red de acuerdos
y de normas internacionales que aseguren el goce de
los privilegios que los países centrales adquirieron
en el proceso histórico y en que de estas
negociaciones participan grandes bloques de países,
la actuación individual, aislada, en estas
negociaciones no es ventajosa, ni siquiera para un
país con las dimensiones de territorio, población y
PBI que tiene Brasil. Así, para Brasil es de
primordial importancia poder contar con los Estados
vecinos de América del Sur en las complejas
negociaciones internacionales de que participa. Pero
tal vez sea aún de fundamental importancia para los
Estados vecinos la articulación de alianzas entre sí
y con Brasil para actuar con la mayor eficiencia en
defensa de sus intereses en estas negociaciones.
El combate al hambre
A pesar de las asimetrías de todo tipo que
caracterizan a los países de la región, somos todos
subdesarrollados y las características centrales
del subdesarrollo son las disparidades sociales, las
vulnerabilidades externas y el potencial
no-explotado de nuestras sociedades. En el caso de
las desigualdades sociales, América del Sur se
caracteriza como una de las regiones del mundo donde
está la mayor concentración de renta y de riqueza y
donde hay activos enormes aplicados en el exterior,
resultado de fugas históricas de capital. Por otro
lado, Brasil ha procurado establecer programas de
combate al hambre y a la pobreza, y de naturaleza
social en general, que pueden ser objeto de un útil
intercambio de experiencias. Una de las
características de la región es el creciente número
de inmigrantes (legales e ilegales) de refugiados y
de desplazados cuya situación necesita ser
regularizada de forma solidaria y humanitaria, a
ejemplo de lo que han hecho Argentina y Venezuela.
Brasil tiene como prioridad la cooperación en las
áreas de frontera, cada vez más vivas, la promoción
de eliminación de visas y de exigencias burocráticas
que dificultan la circulación de mano de obra y la
negociación de la concesión de derechos políticos a
los ciudadanos sudamericanos en todos los países de
la región, comenzando por Brasil. La decisión
brasileña de tornar obligatorio el español en la
enseñanza media en Brasil contribuirá para el
proceso de integración social y cultural de América
del Sur.
La cooperación
En el campo de la política, los
mecanismos de integración deben propiciar y
estimular la cooperación entre los Estados
sudamericanos en los foros, en las disputas y en las
negociaciones internacionales, estimular la solución
pacífica de controversias, sin interferencia de
potencias extra-regionales, el respeto absoluto y
estricto a los principios de no-intervención y de
autodeterminación, i.e. no debe ningún Estado y
mucho menos Brasil inmiscuirse en los procesos
domésticos de los países vecinos ni procurar
exportar modelos políticos por más que los
apreciemos para uso interno.
Brasil tiene, como principio, mantenerse siempre
imparcial frente a las disputas que surgen
periódicamente entre países vecinos, bastando
recordar la resurrección de la cuestión de la
mediterraneidad entre Bolivia, Chile y Perú; de la
fumigación en la frontera entre Ecuador y Colombia;
de las divergencias ocasionales entre Colombia y
Venezuela; de la cuestión de las papeleras entre
Argentina y Uruguay. Y Brasil ha procurado tratar
con generosidad y lucidez política, y no con el
rigor del economicismo miope, a pesar de las
resistencias internas y de los preconceptos de
sectores conservadores de la sociedad brasileña, las
reivindicaciones económicas, en relación a Brasil,
que hacen a veces Bolivia, Paraguay y Uruguay. El
Parlamento del Mercosur será el foro para el
conocimiento más íntimo de los políticos y de los
estadistas de los países de América del Sur,
contribuyendo hacia un indispensable ambiente
político para un proceso de integración.
Objetivos comunes
En el proceso de integración del Mercosur y de
América del Sur y en las relaciones políticas con el
mundo multipolar violento y absorbente en que
vivimos, Brasil y Argentina se encuentran unidos por
los objetivos comunes de transformar el sistema
internacional en el sentido de que las normas que
rigen las relaciones entre los Estados y las
economías sean de tal naturaleza que los países en
desarrollo como Brasil y Argentina preserven el
espacio necesario para la elaboración y la ejecución
de políticas de desarrollo que permitan superar las
desigualdades, vencer las vulnerabilidades y
realizar el potencial de sus sociedades.
Intercambio militar
En el mundo arbitrario y violento en que viven
Brasil, y América del Sur, es indispensable tener
fuerzas armadas proporcionales a su territorio y a
su población. La estrategia brasileña de defensa ve
al continente Sudamericano de forma integrada y
considera la cooperación militar entre las Fuerzas
Armadas, inclusive en términos de industria bélica,
como un factor de estabilidad y de equilibrio
regional a través de la construcción de confianza.
La inexistencia de bases extranjeras en el
continente sudamericano, a excepción de Manta, es un
importante factor político y militar para el
desarrollo y la autonomía regional. Por otro lado,
Brasil rechaza toda intervención política, y aún más
militar, de origen extra-regional en los asuntos de
América del Sur. Los programas de intercambio
militar ejercen un importante papel en el proceso de
construcción de la confianza, así como la
participación de efectivos militares de países de la
región en operaciones de paz de las Naciones Unidas,
en especial en Minustah.
Antes que el narcotráfico
Finalmente, como mencionó el Ministro Celso Amorim,
es necesario promover la integración y el desarrollo
económico y social de nuestros países antes que el
crimen organizado lo haga en sus diversas facetas:
el narcotráfico, el contrabando, el tráfico de
armas.
Los dos grandes
La
integración entre Brasil y Argentina y su papel
decisivo en América del Sur debe ser el objetivo más
claro, más constante, más vigoroso de las
estrategias políticas y económicas tanto de Brasil
como de Argentina. Fueron nuestros dos países
aquellos que, en la región, lograron alcanzar el más
elevado nivel de desarrollo industrial, agrícola, de
servicios, científico y tecnológico; aquellos que,
considerados como un conjunto, detentan las tierras
más fértiles y el subsuelo más rico de la región;
aquellos cuya población permite el desarrollo de
mercados internos significativos, base necesaria
para la actuación firme en el mercado externo
siempre sujeto a las medidas arbitrarias del
proteccionismo agrícola e industrial; somos aquellos
países que, por su gran potencial e intereses
comunes, son los más capaces de resistir a la
vorágine absorbente de los intereses comerciales,
económicos, financieros y políticos de los países
más desarrollados, siempre más preocupados en
concentrar poder y preservar privilegios económicos
y políticos, aunque por la fuerza, que de contribuir
para la construcción de un orden económico,
ambiental y político necesario al desarrollo de la
comunidad internacional como un todo y a la
preservación del planeta.
La coordinación política que se da entre Argentina y
Brasil en defensa de sus intereses en los foros, en
las negociaciones, en los conflictos y en las crisis
internacionales alcanzó una extraordinaria
intensidad y eficiencia y fue esto que no les
permitió actuar en el ámbito del Consejo de
Seguridad, de las negociaciones ambientales, de las
negociaciones hemisféricas desiguales y de las
negociaciones multilaterales económicas de la Ronda
Doha, a través del G-20, de modo de impedir el
desequilibrio de sus resultados y de garantizar el
espacio necesario a nuestras políticas de desarrollo
económico.
Unidos o dominados
Falta mucho por hacer, en especial en los campos
avanzados del desarrollo científico y tecnológico
que plasmarán la sociedad del futuro, tales como las
actividades espaciales, aeronáuticas, nucleares, de
defensa, de informática y de biotecnología. Es
necesario e indispensable que todos los organismos
de la estructura burocrática de los Estados
brasileño y argentino, incluso muchas veces
envueltos en rivalidades, resentimientos y
desconfianzas históricas, comprendan el desafío que
la Nación argentina y la Nación brasileña enfrentan
en este inicio del Siglo XXI, comprendan la visión
estratégica de los presidentes Néstor Kirchner y
Luiz Inácio Lula da Silva y contribuyan, así, para
que se realice la faceta gloriosa de la profecía de
Juan Domingo Perón: El Siglo XXI los encontrará
unidos o dominados.
Traducido para
LA ONDA digital por
Cristina Iriarte
LA
ONDA®
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