Los desafío de la
integración sudamericana
por Samuel Pinheiro Guimarães

El mundo multipolar y la integración sudamericana.

La integración entre Brasil y Argentina y su papel decisivo en América del Sur debe ser el objetivo más claro, más constante, más vigoroso de las estrategias políticas y económicas tanto de Brasil como de Argentina.

El análisis del embajador Samuel Pinheiro Guimarães,

Secretario-General de  Relaciones Exteriores de Brasil.

 

La importancia esencial de América del Sur

América del Sur se encuentra, necesaria e irremediablemente, en el centro de la política externa brasileña. Por su parte, el núcleo de la política brasileña en América del Sur está en el Mercosur. Y el núcleo de la política brasileña en el Mercosur tiene que ser, sin duda, Argentina. La integración entre Brasil y Argentina y su papel decisivo en América del Sur debe ser el objetivo más claro, más constante, más vigoroso de las estrategias políticas y económicas tanto de Brasil como de Argentina. Cualquier tentativa de establecer diferentes prioridades para la política externa brasileña, e incluso la atención insuficiente a estos fundamentos, seguramente provocará graves consecuencias y correrá un serio riesgo de fracaso.
 

África Occidental
África Occidental, con sus 23 Estados ribereños, inclusive los archipiélagos de Cabo Verde y San Tomé y Príncipe, y la frontera atlántica de Brasil, continente al que estamos unidos por la historia, por la sangre, por la cultura, por el colonialismo y por la semejanza de desafíos. Asia es el nuevo centro dinámico de la economía mundial, fuente de lucros inagotables para las mega-empresas occidentales y destino de una de las mayores migraciones de capital y tecnología avanzada de la Historia.  Europa y América del Norte son para Brasil, como para cualquier ex-colonia y para eventuales pretendientes de la colonia, las áreas tradicionales de vinculación política, económica y cultural. Sin embargo, por más importantes que sean, como sin duda lo son, los vínculos y los intereses actuales y potenciales brasileños con todas estas áreas y por mejores que sean con los Estados que las  integran, nuestras relaciones, la política externa no podrá ser eficaz si no está anclada en la política brasileña en América del Sur. Las características de la situación geopolítica de Brasil, esto es, su territorio, su localización geográfica, su población, sus fronteras, su economía, así como la coyuntura y la estructura del sistema mundial, tornan la prioridad sudamericana una realidad esencial.
 

Grandes bloques
El escenario económico mundial se caracteriza por la simultánea globalización y gradual formación de grandes bloques de Estados en Europa, en América del Norte y en Asia; por el acelerado progreso científico y tecnológico, en especial en las áreas de la informática y de la biotecnología, con su vinculación a los gastos y actividades militares; por la concentración de capital y oligopolización de mercados, medida por el número de fusiones y adquisiciones que pasaron de 9 mil, por un valor de U$S 850 mil millones, en 1995, a 33 mil, por un valor de casi 4 trillones de dólares, en 2006, y por la financierización de la economía, pues los activos (acciones, títulos y depósitos) financieros pasaron de 109% de la producción mundial, en 1980, a 316% en 2005; por la transformación de los mercados de trabajo  y por la presión permanente para revertir los derechos de los trabajadores; por la acelerada degradación ambiental; por la inseguridad energética y por las migraciones.

El escenario político mundial se caracteriza por la concentración del poder político, militar, económico, tecnológico e ideológico en los países altamente desarrollados; por el arbitrio y por la violencia de las Grandes Potencias; por la amenaza real, y su utilización oportunista, del terrorismo; por la falta de respeto a los principios de no-intervención y de autodeterminación de parte de las Grandes Potencias políticas, económicas y militares; por el individualismo de los Estados ricos y la insuficiente y decadente cooperación internacional; por la emergencia de China, como potencia económica y política, regional y mundial.
 

Los Estados y sistema mundial
Los Estados en el centro del sistema mundial, cada vez más ricos y poderosos, pues la diferencia de renta entre Estados ricos y pobres pasó de 1 a  4 en 1914 a de 1 a 7 en 2000, no obstante vinculados a las economías periféricas como a recursos estratégicos y mercados y con una población decadente, procuran, por medio de negociaciones internacionales, definir normas y regímenes que permitan preservar e inclusive ampliar su situación privilegiada en el centro del sistema militar, político, económico y tecnológico que es el resultado, por un lado, de la II Guerra Mundial y de los regímenes coloniales y, por otro lado, del éxito de sus esfuerzos nacionales, en especial en la esfera científica y tecnológica. En este proceso, su capacidad de articular ideologías y de presentar “soluciones” como benéficas a toda la “comunidad internacional” es extraordinaria e importantísima pues es la base de su estrategia de regimentación de Estados y de elites periféricas cooptadas para alcanzar sus objetivos nacionales, vestidos con el manto de objetivos de la humanidad.
 

Paises Pequeños
En este escenario violento e inestable de grandes bloques, multipolar, hay una tendencia a que países pequeños e incluso medianos pasen a ser absorbidos, más o menos formalmente, por los grandes Estados y economías a los cuales o se encuentran tradicionalmente vinculados por lazos de origen colonial o están en su esfera de influencia histórica, como en el caso de América Central; o hayan formado parte de su territorio, como en el caso de los países que forman la Comunidad de Estados Independientes - CEI; o se vinculan por lazos étnicos y culturales, como en el caso de la diáspora china en Asia.
 

Los paises medios
Los países medios que constituyen América del Sur se encuentran frente al dilema o  de unirse y así formar un gran bloque de 17 millones de quilómetros cuadrados y de 400 millones de habitantes para defender sus intereses inalienables de aceleración del desarrollo económico, de preservación de autonomía política y de identidad cultural, o  de ser absorbidos como simples periferias de otros grandes bloques, sin derecho a la participación efectiva en la conducción de los destinos económicos y políticos de estos bloques, los cuales son definidos por los países que se encuentran en su centro. La cuestión fundamental es que las características, la evolución histórica y los intereses de los Estados poderosos que se encuentran en el centro de los esquemas de integración son distintos de aquellos de los países subdesarrollados que a se agregan a ellos a través de tratados de libre comercio, o el nombre que tengan, los cuales quedan así sujetos a las consecuencias de las decisiones estratégicas de los países centrales que pueden o no atender a sus necesidades históricas.
 

Sudamerica
Los desafíos sudamericanos frente a este dilema, que es decisivo, son enormes: superar los obstáculos que devienen de las grandes asimetrías que existen entre los países de la región, sean ellas de naturaleza territorial, demográfica, de recursos naturales, de energía, de niveles de desarrollo político, cultural, agrícola, industrial y de servicios; enfrentar con persistencia las enormes disparidades sociales que son similares en todos estos países; realizar el extraordinario potencial económico de la región; disolver los resentimientos y las desconfianzas históricas que dificultan su integración.
 

Brasil y Sudamérica
Las  asimetrías territoriales son extraordinarias. En América del Sur conviven países como Brasil, con 8,5 millones de quilómetros cuadrados; como Argentina, con sus 3,7 millones de quilómetros cuadrados y en seguida otros diez países, cada uno con un territorio inferior a 1,2 millones de quilómetros cuadrados. Tres de los países de la región se encuentran dirigidos exclusivamente hacia el Pacífico, tres se asoman sobre el Océano Atlántico, cuatro son caribeños y dos son mediterráneos. Brasil tiene 15.735 kmts de fronteras con nueve Estados vecinos, mientras que Argentina, Bolivia y Perú tienen fronteras con cinco vecinos. Debido a estas circunstancias geográficas, los puntos de vista geopolíticos de cada país son inicialmente distintos, lo que se agrava por el hecho de haber estado hasta hace poco - e incluso hasta hoy en día - separados los países de la región por la Cordillera, por la selva, por las distancias y por los inmensos vacíos demográficos.
 

Brasil
Brasil tiene 190 millones de habitantes, que corresponden a cerca del 50% de la población de América del Sur, mientras el segundo mayor país en población, que es Colombia, tiene 46 millones de habitantes y el tercero, Argentina, tiene 39 millones. Las  tasas de crecimiento demográfico varían del 3% en Paraguay al 0,7 % en Uruguay. América del Sur vivió en los últimos años un proceso acelerado de urbanización, con el surgimiento de megalópolis que concentran grandes segmentos de la población total de cada país, y que exhiben periferias paupérrimas y violentas. Hay significativas poblaciones de desplazados internos en Perú, como consecuencia de la lucha feroz contra la insurrección del Sendero Luminoso, y de refugiados, como en el caso de colombianos en Venezuela y en Ecuador. En el pasado, las dictaduras y los regímenes militares provocaron el exilio de numerosos militantes políticos, intelectuales, obreros y sindicalistas, con grave perjuicio para el desarrollo político de los países más afectados.

Además, durante algunas décadas el reducido ritmo de crecimiento económico provocó movimientos migratorios significativos de los países de la región en dirección a los Estados Unidos y a Europa Occidental. Hay un millón de uruguayos viviendo fuera del Uruguay mientras que tres millones se encuentran en el país. Hay 400 mil ecuatorianos en España y 4 millones de brasileños en el exterior. Al mismo tiempo, hay grandes espacios despoblados en América del Sur, donde la densidad demográfica es inferior a 1 habitante por kilómetro cuadrado, mientras en las megalópolis la densidad poblacional alcanza más de 10.000 habitantes por kilómetro cuadrado.

América del Sur exhibe índices de concentración de renta y de riqueza, de pobreza y de indigencia, de opulencia y lujo, contrastes espantosos entre riquísimas mansiones y palafitos miserables, entre excelentes hospitales privados y hospitales públicos decadentes, entre escuelas de Primer Mundo y pocilgas escolares. Todavía, América del Sur cuenta con las ventajas de la ausencia de conflictos raciales agudos, aunque exista discriminación racial; con la presencia dominante de idiomas de origen ibérico común, aunque en algunos países existan idiomas indígenas que consiguieron sobrevivir; con la ausencia de conflictos religiosos y predominancia católica al lado de la rápida expansión de las iglesias protestantes; con una población grande, pero que no es excesiva, como en ciertos países asiáticos. El desafío que representa la emergencia de las poblaciones indígenas históricamente oprimidas y sus efectos para las relaciones políticas entre los países de América del Sur van a exigir, todavía, una especial atención y habilidad.
 

América del Sur
América del Sur es una región extremadamente rica en recursos naturales, que se encuentran distribuidos de forma muy desigual entre los diversos países. Mientras Brasil tiene las reservas mundiales más grandes de hierro de excelente tenor, Argentina no las tiene en volumen suficiente.  Argentina dispone de tierras arables de extraordinaria fertilidad, en contraste con Chile. Colombia posee grandes reservas de carbón de buena calidad y Brasil las tiene pocas y pobres. Venezuela tiene la sexta reserva más grande de petróleo y la novena mayor reserva de gas del mundo mientras que, en todos los países de Cono Sur, inclusive en Brasil, son ellas insuficientes para sustentar el ritmo de desarrollo, tal vez del 7% a/a, necesario a la absorción productiva de los stocks históricos de mano-de-obra desempleada y sub-empleada y de los que llegan anualmente al mercado. Bolivia detenta yacimientos de gas que corresponden a dos veces las brasileñas, pero tienen serias dificultades para ampliar su explotación. Chile explota las mayores reservas conocidas de mineral de cobre del mundo, responsable por el 40 % de sus exportaciones. Paraguay ostenta uno de los mayores potenciales hidroeléctricos del mundo, en especial cuando se calcula en términos per cápita, pero todavía no tuvo éxito en utilizarlo para acelerar su desarrollo. Suriname tiene la mayor reserva de bauxita del planeta, todavía poco explotada.
 

La mayor selva tropical
En América del Sur se encuentra la mayor selva tropical del mundo, un tema central en el debate político sobre el efecto invernadero y sus consecuencias para el clima, y la mayor reserva de biodiversidad del planeta, la cual es de gran importancia para la renovación de la agricultura y para la industria farmacéutica; una parcela importante de las reservas de agua dulce del planeta, recurso cada vez más estratégico y causa ya de conflictos en ciertas regiones del globo, y el mayor depósito de aguas subterráneas, el Acuífero Guaraní, que subyace en los territorios de Brasil, de Paraguay, de Argentina y de Uruguay.

Las políticas económicas
Los shocks del petróleo (1973 y 1979), el endeudamiento excesivo y el súbito aumento de las deudas externas acarrearon crisis y estancamiento económico que contribuyeron al fin de los regímenes militares en América del Sur, a mediados de la década del 80. La victoria del neoliberalismo monetarista en los Estados Unidos y Reino Unido, a partir de Ronald Reagan (1981-1989) y Margaret Thatcher (1979-1990), y la renegociación de la deuda externa (Plan Brady) forzaron a los países sub-desarrollados la adopción de políticas de apertura comercial y financiera, desregulación y privatización, basadas en los principios del llamado Consenso de Washington. Estas políticas llevaron a resultados desastrosos en países que se vieron envueltos en ellas más a fondo, como fueron el caso de Ecuador, de Bolivia y de Argentina, y dejaron secuelas importantes en países como Brasil, Uruguay y Venezuela.
 

Historia económica
Tales políticas neoliberales agravaron la ya elevada concentración de renta y de riqueza, ampliaron el desempleo, contribuyeron a la violencia urbana, provocaron la fragilización del Estado y de los servicios públicos, lo que llevó por su parte a la gradual emergencia de importantes movimientos políticos y sociales que pasaron a preconizar (explícita o  implícitamente) la revisión del modelo económico y social neoliberal.
 

Consecuencia
Los países de América del Sur, como consecuencia de las políticas neoliberales que determinaron la reducción negociada y a veces hasta unilateral de sus aranceles aduaneros, la privatización de sus empresas estatales y la liberalización de sus mercados de capital, aumentaron sus importaciones de productos industriales de los países desarrollados y el ingreso descontrolado de capitales extranjeros. Estas políticas llevaron a la desindustrialización en mayor o menor grado, a la mayor influencia del capital multinacional y a la desnacionalización de importantes sectores de sus economías, en especial del sector financiero, con efectos económicos, e inclusive políticos, significativos.
 

Integración pasiva
Esta mayor integración, sin embargo de naturaleza pasiva, de los países sudamericanos en la economía mundial es radicalmente distinta de la integración en la economía global que se da con los países altamente desarrollados o con ciertos países emergentes, como Corea. En estos últimos casos, esta mayor integración se verifica a través de la internacionalización de las actividades de sus grandes empresas de actuación multinacional pero de capital nacional, así como de sus exportaciones de alto contenido tecnológico mientras que, en el caso de los países sudamericanos, se verifica a través de la mayor participación de mega-empresas multinacionales en sus economías, ya que no poseen estos últimos países (con raras excepciones) grandes empresas capaces de internacionalizarse, y de la expansión de sus exportaciones de “commodities”.
 

Productos primarios
 Con el correr del tiempo, los países de América del Sur retomaron, voluntaria o  involuntariamente, su especialización histórica en exportación de productos primarios, tradicionales o nuevos, con mayor grado, a veces, de elaboración, para atender a la demanda de los países altamente desarrollados y de China. Así, a grosso modo, su agricultura se sofisticó y pasó a ser denominada de agribusiness; su industria fue adquirida o cerró sus puertas en un proceso de desindustrialización/desnacionalización y muchas de sus empresas de servicios, en especial las empresas modernas y aquellas del sector financiero, fueron adquiridas por mega-empresas multinacionales.

La Ronda Uruguay

La capacidad de utilizar instrumentos tradicionales de promoción del desarrollo económico, que además hayan sido ampliamente usados por los países hoy desarrollados en el inicio de su proceso de desarrollo (i.e. de su proceso de industrialización), fue abandonada por los países de América del Sur en La Ronda Uruguay, cuando aceptaron normas sobre disciplina del capital extranjero las cuales prohíben políticas tales como la nacionalización de insumos, el establecimiento de metas de exportación y la reinversión de parte de los lucros; o que establecen normas sobre propiedad intelectual que ampliaron los plazos de patentes y establecen patentes sobre fármacos, dificultando de hecho el desarrollo tecnológico y generando enormes remesas financieras. Este abandono de los instrumentos económicos tradicionales de uso del Estado, así como la confianza excesiva de estos países en el libre juego de las fuerzas de mercado contribuyeron para que comenzasen a tener su ritmo de crecimiento reducido o estancado. Por otro lado, la ruina ideológica del Welfare State en los países desarrollados hizo que los países sudamericanos también contrajesen o desarticulasen sus programas sociales, lo que contribuyó para agravar la concentración de renta y de propiedad y para la pequeña expansión de su mercado interno.

Las décadas de los 80 y 90

Así, en gran parte se explican las  bajas tasas de crecimiento en América del Sur, de las décadas del 80 y 90, cuando las comparamos con las de algunos países de Asia, y el eventual derrumbe de los gobiernos neoliberales en Argentina, en Brasil, en Chile, en Bolivia, en Ecuador y en Venezuela. En los últimos años, surgieron en América del Sur gobiernos que procuran mantener las  políticas de austeridad fiscal y de control inflacionario mientras intentan resucitar al Estado como agente suplementario del desarrollo económico y como agente de reducción de la desigualdad social, frente a las enormes injusticias y a las presiones de los segmentos históricamente oprimidos en sus sociedades.

El bloque sudamericano
La actual experiencia de integración sudamericana tiene distintos orígenes, motivaciones y paralelos históricos. En primer lugar, el trauma de la desintegración de los Vice-Reinados del Imperio español a partir de 1810, la desintegración posterior de la Gran Colombia en 1830, y la supervivencia de la utopía de unidad latinoamericana, preconizada por el Libertador Simón Bolívar. Según, la tentativa del notable economista argentino, Raúl Prebisch, de explicar las razones del desarrollo en América del Norte en contraposición con el atraso sudamericano, llevó a la formulación de la teoría estructuralista por parte de la Comisión Económica para América Latina - CEPAL.

Prebisch encontró estas razones en las características de las economías primario-exportadoras sudamericanas y en la naturaleza de su proceso de incorporación del progreso tecnológico; en la reducida dimensión y en el aislamiento de cada mercado nacional; en el deterioro secular de los términos de intercambio; en la importancia de la industrialización como estrategia para la transformación económica. En tercer lugar, la percepción de éxito de la experiencia de planificación económica y de industrialización acelerada vivida por la Unión Soviética, de la experiencia keynesiana y de la planificación de guerra norteamericana y, finalmente, las  políticas de economía mixta y de planeamiento indicativo de los gobiernos socialistas europeos luego de la II Guerra Mundial. Cuarto, en la experiencia de la construcción de la Comunidad Económica Europea, fundada en la integración de mercados, en la elaboración de políticas comunes y en el financiamiento por los países más ricos del esfuerzo de reducción de asimetrías entre las economías participantes.

La Cepal

Este conjunto de experiencias inspiró los programas de desarrollo económico con base en la industrialización, en especial en Brasil durante el Gobierno de Juscelino Kubitschek, las propuestas de la CEPAL de constitución de un mercado común latinoamericano, las propuestas argentinas de creación de un área de libre comercio que reunificase económicamente las partes del antiguo Vice-Reinado del Plata, y estimuló a la constitución en 1960 de la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio – ALALC.

 

La revalidad

Naturalmente, al proceso de integración de América del Sur y del Cono Sur subyacía la latente rivalidad entre Brasil y Argentina por la influencia política en la región del Río de la Plata, los resquicios de un pasado de luchas y el recuerdo de la inicial predominancia industrial argentina. Y otros resentimientos provenientes de conflictos y cuasi-conflictos pasados, como entre Chile y Argentina; entre Bolivia, Chile y Perú; entre Perú y Ecuador; entre Colombia y Venezuela, entre Bolivia y Paraguay, entre Brasil y Paraguay y entre Brasil y Bolivia.

La Aladi

La Asociación Latinoamericana de Libre Comercio, creada en 1960, y cuya meta era eliminar todas las barreras al comercio entre los Estados miembros hasta 1980, encontró obstáculos causados por las políticas nacionales de sustitución de importaciones y de industrialización y, más tarde, por las  políticas de control de importaciones para enfrentar las súbitas crisis del petróleo que acarrearon inéditos déficits comerciales que alcanzaron a los países importadores de energía, en especial  Brasil.

El CCR

A partir de 1965, el Convenio de Créditos Recíprocos (CCR) entre los países de la ALALC,  más la República Dominicana, pasa a permitir el comercio sin el uso inmediato de divisas fuertes, a través de un sistema cuatrimestral de compensación multilateral de créditos que funcionó con gran éxito sin que se diese ningún caso de “default” hasta la década de 1980, cuando fue progresivamente desactivado por los nuevos tecnócratas que vinieron a ocupar los Bancos Centrales de los países de la región, en el rumbo del período de gobiernos neoliberales.

 

El Pacto Andino
En 1969, los países andinos celebraron el Pacto Andino (más tarde CAN) como un proyecto más ambicioso de integración y de planeamiento del desarrollo, previendo inclusive la ubicación espacial de industrias entre los Estados miembros y la elaboración de políticas comunes, inclusive en el campo de la inversión extranjera.

Alac por Aladi

En 1980, la paralización de las negociaciones comerciales llevó a la sustitución de la ALALC por la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI). El Tratado de Montevideo (80) incorporó el “patrimonio” de reducciones arancelarias bilaterales, permitió la negociación de acuerdos bilaterales de preferencias, con la perspectiva de su eventual convergencia, y tornó posible la concesión de preferencias bilaterales al amparo de la “enabling clause” del entonces GATT.

Integración bilateral

En 1985, Brasil y Argentina decidieron lanzar un proceso de integración bilateral gradual, con el objetivo central de promover el desarrollo económico, a que se juntaran, en 1991, Paraguay y Uruguay, formándose así el Mercosur. Este último surgió como un proyecto encuadrado en la concepción del Consenso de Washington,  del libre comercio como instrumento único y suficiente para la promoción del desarrollo, reducción de las desigualdades sociales y generación de empleos, en la mejor tradición de las Escuelas de Manchester y de Chicago.

El Nafta

Luego de la conclusión del NAFTA en 1994, en que México en la práctica abandonó la ALADI, los Estados Unidos, en el contexto de la Cúpula de las Américas, lanzaron un proyecto ambicioso de negociación de un Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Este proyecto, en realidad, más que un área de libre comercio de bienes, crearía un territorio económico único en las Américas, con la libre movilidad de bienes, servicios y capital (pero no de mano-de-obra o  tecnología) y establecería reglas uniformes aún más restrictivas a la ejecución de políticas nacionales o regionales de desarrollo económico, ya que las propuestas originales eran OMC-Plus y NAFTA-plus (y parecen continuar siendo tales como lo revelan los textos de los tratados bilaterales de libre comercio, celebrados por los Estados Unidos).

Un bloque económico

A pesar de las declaraciones diplomáticas hechas en  la ocasión, y reiteradas posteriormente, de que el ALCA no afectaría los proyectos de integración regional como la Comunidad Andina y el Mercosur, estaba claro que la eventual concreción del ALCA eliminaría de hecho la posibilidad de formación de un bloque económico y político sudamericano.
 

El 4+1
Luego  del inicio de las negociaciones del ALCA, y frente a la extrema desigualdad de fuerzas políticas y económicas entre los países participantes, la negociación se interrumpió en 2004, después que los Estados Unidos retiraron los temas agrícolas y de defensa comercial (antidumping y subsidios) llevándolos hacia el ámbito de la OMC bajo el pretexto de que era necesaria una negociación más abarcativa, inclusive con la Unión Europea. Como consecuencia y para equilibrar las  negociaciones, el Mercosur consideró que los temas de inversión, compras gubernamentales y servicios deberían también pasar para el ámbito de la Ronda de Doha en la OMC y propuso a los Estados Unidos la negociación de un acuerdo del tipo 4+1, en el campo del comercio de bienes, propuesta hasta hoy sin respuesta, o  mejor dicho, cuya respuesta práctica ha sido la firme actividad norteamericana de negociación de acuerdos bilaterales de libre comercio (en realidad con propósitos mucho más amplios) con los países de América Central, Colombia, Perú y (casi) con Ecuador.
 

El Mercosur
Paralelamente, el Mercosur emprendió la negociación y celebró acuerdos de libre comercio con Chile (1995), con Bolivia (1996), con Venezuela, Ecuador y Colombia (2004), y con Perú (2005), que se refieren exclusivamente al comercio de bienes y no incluyen el comercio de servicios, compras gubernamentales, reglas sobre inversiones, propiedad intelectual, etc.
 

El Atpdea
En 2002, el Congreso de los Estados Unidos había aprobado el ATPDEA (Andean Trad Promotion and Drug Erradication Act) por el cual concederían unilateralmente preferencias comerciales, sin reciprocidad por parte de los beneficiarios, para listas de productos de países andinos a cambio de la ejecución de programas de erradicación de las plantaciones de coca. El resultado de la aplicación durante cinco años de esta ley fue, por un lado, expandir las  exportaciones de dichos productos de estos países para los Estados Unidos y, por otro, esperar la oportunidad  del surgimiento en estos países de grupos de intereses empresariales locales favorables a la negociación de acuerdos de libre comercio con los Estados Unidos cuando se terminase el plazo de vigencia de aquel Acto.
 

La Unasur
Posteriormente, fue lanzado en 2004, en Cuzco, el proyecto de formación de una Comunidad Sudamericana de Naciones, hoy denominada UNASUR, organización que se pretendería semejante a la Unión Africana, en África; a la Unión Europea en Europa; a la ASEAN, en Asia; y al MCCA, en América Central. Las  negociaciones para concretar la UNASUR han encontrado tres distintas resistencias: primero, la de países que celebraron acuerdos de libre comercio con los Estados Unidos; segundo, la de países que dan prioridad al fortalecimiento del Mercosur y que creen que Brasil estaría “cambiando” el Mercosur por la UNASUR; tercero, la de países que consideran que es necesaria una organización más ambiciosa, basada en la solidaridad y en la cooperación y no en aquello que consideran que es el individualismo “mercantilista” de las preferencias comerciales, de los proyectos de inversión y del libre comercio.

Argentina y la estrategia de integración brasileña
No existe la menor posibilidad de construcción de un espacio económico y político sudamericano (economicista o solidarista, no importa) sin un amplio programa de construcción y de integración de la infraestructura de transportes, de energía y de comunicaciones de los países de América del Sur. El comercio entre los seis países fundadores de la Comunidad Económica Europea correspondía en 1958 a cerca del 40% de su comercio total y hoy supera el 80%. En contraste, el comercio entre los países de América del Sur correspondía en 1960, fecha del comienzo de la ALALC, a cerca del 10% y aún en 2006 no superó el 17% del total del comercio exterior de la región. Este reducido comercio tenía su causa en la pequeña diversificación industrial de las economías sudamericanas (hoy también un obstáculo, pues cuanto más diversificadas las economías mayor su comercio recíproco), pero también en la pequeña densidad de los sistemas de transportes en aquel momento y hasta hoy. Hay un interés vital en conectar los sistemas de transportes nacionales y las dos costas del sub-continente, superando los obstáculos de la Selva y de la Cordillera, como se está haciendo al norte entre Brasil y Perú, y se procurará hacer al sur, entre Brasil, Argentina y Chile. La iniciativa para la Integración de la Regional sudamericana (IIRSA), en 2000, fue un paso de gran importancia en este esfuerzo de planeamiento, que necesita para concretarse del elogio regional del financiamiento.
 

El acceso al crédito
Una de las mayores dificultades de los países de América del Sur es el acceso al crédito para inversiones en infraestructura debido a los límites al endeudamiento externo y a la falta de acceso a instrumentos de garantía. Este acceso al mercado internacional de capitales es tanto más importante cuanto mayor sea la dificultad de estos países en elevar su ahorro interno, debido a la prioridad concedida al servicio de la deuda interna y externa. Brasil ha contribuido al fortalecimiento de la Cooperación Andina de Fomento – CAF, entidad financiera clasificada como AA en el mercado internacional y enfocada hacia inversiones en infraestructura, y ha participado, de forma positiva y prudente, del proceso de construcción de un Banco del Sur que se desea eficiente.

Brasil es uno de los pocos, sino el único país de la región, que dispone de un fuerte banco de desarrollo, cuyos activos son de U$S 87 mil millones, mayores que los del Banco Interamericano de Desarrollo - BID ( U$S 66 mil millones), que puede prestar recursos para la ejecución de obras de infraestructura en condiciones competitivas con las  del mercado internacional y sin condicionar tales préstamos a “compromisos” de política externa o  a la ejecución de “reformas” económicas internas. Es parte esencial de la estrategia brasileña de integración proporcionar crédito a los países vecinos para la ejecución de obras de infraestructura y, en el futuro, comenzar a suministrar créditos a empresas de estos países en condiciones normales similares a las que se exigen de empresas brasileñas, teniendo en cuenta el interés vital brasileño en el crecimiento y en el desarrollo de los países vecinos incluso hasta por razones de interés propio, debido a la gran importancia de sus mercados para las  exportaciones brasileñas y, en consecuencia, para el nivel de actividad económica general y de sus empresas.

El imaginario sudamericano

Más allá de la integración de la infraestructura física en términos de carreteras, puentes, vías férreas y de energía es esencial la integración de las comunicaciones aéreas, por su importancia para la economía y la política, así como de la prensa en especial la televisión, esencial a la formación del imaginario sudamericano, a través del conocimiento de la vida política, económica y social de los países de la región, hoy desconocida por el gran público y, por lo tanto, fuente de toda suerte de preconceptos y manipulaciones que envenenan a la opinión pública y afectan los discursos, las actividades y las decisiones políticas. La TV Brasil - Canal Integración y TELESUR son experiencias no-hegemónicas de integración de comunicaciones, así como la iniciativa brasileña de procurar establecer un padrón regional de TV Digital, con la participación de los Estados del Mercosur, inclusive en el proceso industrial.

La seguridad energética

La cuestión de la seguridad energética es central hoy en día y en el futuro previsible. La integración energética y la autonomía regional en energía para garantizar la seguridad de abastecimiento energético es prioridad absoluta de la política externa brasileña en América del Sur. No hay posibilidad de crecer al 7% a/a en promedio durante un período largo sin un suministro suficiente, seguro y creciente de energía. Este suministro depende de inversiones de plazo más o menos largo de maduración, tales como la prospección de yacimientos de petróleo, gas y uranio, la construcción de embalses, la construcción de usinas hidro y termoeléctricas, así como nucleares . América del Sur, como región, tiene un excedente global de energía, no obstante con grandes superávits actuales y potenciales en ciertos países y con severos déficits en otros. En el primer caso, se encuentran Venezuela, Ecuador y Bolivia para el gas y el petróleo. En el caso de energía hidroeléctrica, hay excedentes extraordinarios en Brasil, en Paraguay y en Venezuela. Por otro lado, se encuentran países con déficit estructural de energía como Chile y Uruguay y casos intermedios como lo son Perú, Colombia y Argentina.

Así, la integración energética de la región permitirá reducir las importaciones extra-regionales y fortalecer la economía de América del Sur. En el esfuerzo de fortalecer y de integrar el sistema energético de la región, Brasil ha financiado la construcción de gasoductos en Argentina y se ha empeñado en concreción del proyecto del gran Gasoducto del Sur que deberá vincular a los mayores centros productores de energía (Venezuela y Bolivia) a los mayores mercados consumidores (Brasil, Argentina y Chile). Brasil está dispuesto a compartir la tecnología que desarrolló en el área de los bio-combustibles, creyendo que la crisis energética y ambiental solamente podrá ser enfrentada con eficiencia a partir de una modificación gradual de la matriz energética mundial, de una reducción del consumo y del desperdicio en los países altamente desarrollados, principales responsables por la emisión de gases de efecto invernadero.

La reducción de las asimetrías

La reducción de las asimetrías es el segundo elemento esencial de la estrategia brasileña de integración. En un proceso de integración en que las asimetrías entre las  partes son significativas se tornan indispensables programas específicos y ambiciosos para promover su reducción. Es obvio que no se trata aquí de las asimetrías de territorio y de población pero sí de aquellas asimetrías de naturaleza económica y social. Es indispensable la existencia de un proceso de transferencia de renta bajo la forma de inversiones entre los Estados participantes del esquema de integración como se dio y se da aún hoy en la Unión Europea. Este proceso es aún embrionario en el Mercosur, siendo el Fondo para la Convergencia Estructural y el Fortalecimiento Institucional del Mercosur - FOCEM, apenas un modesto inicio.

La generosidad

La generosidad de los países más grandes y más desarrollados es siempre mencionada por el Presidente Lula como un tercer elemento esencial para el éxito del proceso de integración del Mercosur y de América del Sur. Esta generosidad se debe traducir por el tratamiento diferencial, sin exigencia de reciprocidad, en relación a todos los países de América del Sur que estén comprometidos en el proceso de integración regional, en las áreas del comercio de bienes, de servicios, de compras gubernamentales, de propiedad intelectual etc. Esto es, Brasil debe estar dispuesto a conceder un tratamiento más ventajoso sin reciprocidad a todos sus vecinos, en especial aquellos de menor desarrollo relativo, a los países mediterráneos y a los países de menor PBI per cápita.

Brasil, a pesar de ser el país más grande de la región, no cree que sea posible desarrollarse aisladamente sin que toda la región se desarrolle económica y socialmente y se asegure un razonable grado de estabilidad política y seguridad. Así, la solidaridad en los esfuerzos de desarrollo y de integración es una idea central en la estrategia brasileña en América del Sur, así como la idea de que este proceso es un proceso entre socios iguales y soberanos, sin hegemonías ni liderazgos.
 

La expansión

La integración económica de América del Sur ha pasado por un proceso acelerado de expansión, impulsado por la reducción de los aranceles propiciada por los acuerdos comerciales preferenciales. El comercio de bienes intra-América del Sur que era de 10 mil millones de dólares en 1980 pasó a 68 mil millones en 2005. El comercio de servicios, que era prácticamente inexistente en la década de 1960, también se expandió, aunque en menor escala. Los ejemplos más relevantes de expansión podrían ser dados por el sector financiero, con el establecimiento de filiales de bancos, por el sector de los transportes aéreos e incluso terrestres, y por el turismo intra-regional. Las inversiones de empresas de la región en terceros países de la propia región se tornaron expresivas, como lo demuestra la expansión de las empresas chilenas y brasileñas, en especial en Argentina.

Finalmente, hubo una considerable expansión de las poblaciones de inmigrantes intra-regionales. Todos estos factores contribuyen a la formación de un mercado único sudamericano, ya que, implementados los acuerdos comerciales bilaterales entre países de la región, cerca del 95% del comercio intra-regional será libre de aranceles, en 2019. La reactivación del CCR y el establecimiento de una moneda común para transacciones entre Brasil y Argentina contribuirán grandemente para la expansión del comercio bilateral y regional.

Cadenas productivas

La estrategia brasileña en el campo comercial ha sido procurar consolidar el Mercosur y promover la formación de un área de libre comercio en América del Sur, teniendo en debida cuenta las asimetrías entre los países de la región. La comprensión brasileña para con las necesidades de recuperación y fortalecimiento industrial de sus vecinos no los llevó a la negociación del Mecanismo de Adaptación Competitiva con Argentina, a los esfuerzos de establecimiento de cadenas productivas regionales y a la ejecución del Programa de Sustitución Competitiva de Importaciones, cuyo objetivo es intentar contribuir para la reducción de los extremos y crónicos déficits comerciales bilaterales, casi todos favorables a Brasil.

En el campo externo, la estrategia brasileña tiende a ampliar los mercados para las  exportaciones del Mercosur a través de la negociación de acuerdos de libre comercio o  de preferencias comerciales con países desarrollados, como en el caso de la Unión Europea; y con países en desarrollo como India y África del Sur, en busca de la apertura de mercados y apunta a prestigiar y fortalecer el proceso de negociación en conjunto, que no sólo favorece a los socios mayores, sino también a los socios menores del Mercosur, en la medida en que obtienen condiciones de acceso que posiblemente no alcanzarían en el caso de que negociasen aisladamente.
 

La articulación de alianzas
En un sistema mundial cuyo centro acumula cada vez más poder económico, político, militar, tecnológico e ideológico; en que cada vez más aumenta la brecha entre los países desarrollados y subdesarrollados; en que el riesgo ambiental y energético se agrava; y en que este centro procura tejer una red de acuerdos y de normas internacionales que aseguren el goce de los privilegios que los países centrales adquirieron en el proceso histórico y en que de estas negociaciones participan grandes bloques de países, la actuación individual, aislada, en estas negociaciones no es ventajosa, ni siquiera para un país con las  dimensiones de territorio, población y PBI que tiene Brasil. Así, para Brasil es de primordial importancia poder contar con los Estados vecinos de América del Sur en las complejas negociaciones internacionales de que participa. Pero tal vez sea aún de fundamental importancia para los Estados vecinos la articulación de alianzas entre sí y con Brasil para actuar con la mayor eficiencia en defensa de sus intereses en estas negociaciones.
 

El combate al hambre
A pesar de las asimetrías de todo tipo que caracterizan a los países de la región, somos todos subdesarrollados y las  características centrales del subdesarrollo son las disparidades sociales, las vulnerabilidades externas y el potencial no-explotado de nuestras sociedades. En el caso de las desigualdades sociales, América del Sur se caracteriza como una de las regiones del mundo donde está la mayor concentración de renta y de riqueza y donde hay activos enormes aplicados en el exterior, resultado de “fugas” históricas de capital. Por otro lado, Brasil ha procurado establecer programas de combate al hambre y a la pobreza, y de naturaleza social en general, que pueden ser objeto de un útil intercambio de experiencias. Una de las características de la región es el creciente número de inmigrantes (legales e ilegales) de refugiados y de desplazados cuya situación necesita ser regularizada de forma solidaria y humanitaria, a ejemplo de lo que han hecho Argentina y Venezuela.

Brasil tiene como prioridad la cooperación en las áreas de frontera, cada vez más vivas, la promoción de eliminación de visas y de exigencias burocráticas que dificultan la circulación de mano de obra y la negociación de la concesión de derechos políticos a los ciudadanos sudamericanos en todos los países de la región, comenzando por Brasil. La decisión brasileña de tornar obligatorio el español en la enseñanza media en Brasil contribuirá para el proceso de integración social y cultural de América del Sur.

La cooperación

En el campo de la política, los mecanismos de integración deben propiciar y estimular la cooperación entre los Estados sudamericanos en los foros, en las disputas y en las negociaciones internacionales, estimular la solución pacífica de controversias, sin interferencia de potencias extra-regionales, el respeto absoluto y estricto a los principios de no-intervención y de autodeterminación, i.e. no debe ningún Estado y mucho menos Brasil inmiscuirse en los procesos domésticos de los países vecinos ni procurar exportar modelos políticos por más que los apreciemos para uso interno.

Brasil tiene, como principio, mantenerse siempre imparcial frente a las disputas que surgen periódicamente entre países vecinos, bastando recordar la resurrección de la cuestión de la mediterraneidad entre Bolivia, Chile y Perú; de la fumigación en la frontera entre Ecuador y Colombia; de las divergencias ocasionales entre Colombia y Venezuela; de la cuestión de las papeleras entre Argentina y Uruguay. Y Brasil ha procurado tratar con generosidad y lucidez política, y no con el rigor del economicismo miope, a pesar de las resistencias internas y de los preconceptos de sectores conservadores de la sociedad brasileña, las reivindicaciones económicas, en relación a Brasil, que hacen a veces Bolivia, Paraguay y Uruguay. El Parlamento del Mercosur será el foro para el conocimiento más íntimo de los políticos y de los estadistas de los países de América del Sur, contribuyendo hacia un indispensable ambiente político para un proceso de integración.
 

Objetivos comunes
En el proceso de integración del Mercosur y de América del Sur y en las relaciones políticas con el mundo multipolar violento y “absorbente” en que vivimos, Brasil y Argentina se encuentran unidos por los objetivos comunes de transformar el sistema internacional en el sentido de que las  normas que rigen las relaciones entre los Estados y las economías sean de tal naturaleza que los países en desarrollo como Brasil y Argentina preserven el espacio necesario para la elaboración y la ejecución de políticas de desarrollo que permitan superar las desigualdades, vencer las vulnerabilidades y realizar el potencial de sus sociedades.
 

Intercambio militar
En el mundo arbitrario y violento en que viven Brasil, y América del Sur, es indispensable tener fuerzas armadas proporcionales a su territorio y a su población. La estrategia brasileña de defensa ve al continente Sudamericano de forma integrada y considera la cooperación militar entre las  Fuerzas Armadas, inclusive en términos de industria bélica, como un factor de estabilidad y de equilibrio regional a través de la construcción de confianza. La inexistencia de bases extranjeras en el continente sudamericano, a excepción de Manta, es un importante factor político y militar para el desarrollo y la autonomía regional. Por otro lado, Brasil rechaza toda intervención política, y aún más militar, de origen extra-regional en los asuntos de América del Sur. Los programas de intercambio militar ejercen un importante papel en el proceso de construcción de la confianza, así como la participación de efectivos militares de países de la región en operaciones de paz de las Naciones Unidas, en especial en Minustah.

Antes que el narcotráfico

Finalmente, como mencionó el Ministro Celso Amorim, es necesario promover la integración y el desarrollo económico y social de nuestros países antes que el crimen organizado lo haga en sus diversas facetas: el narcotráfico, el contrabando, el tráfico de armas.

Los dos grandes

La integración entre Brasil y Argentina y su papel decisivo en América del Sur debe ser el objetivo más claro, más constante, más vigoroso de las estrategias políticas y económicas tanto de Brasil como de Argentina. Fueron nuestros dos países aquellos que, en la región, lograron alcanzar el más elevado nivel de desarrollo industrial, agrícola, de servicios, científico y tecnológico; aquellos que, considerados como un conjunto, detentan las tierras más fértiles y el subsuelo más rico de la región; aquellos cuya población permite el desarrollo de mercados internos significativos, base necesaria para la actuación firme en el mercado externo siempre sujeto a las medidas arbitrarias del proteccionismo agrícola e industrial; somos aquellos países que, por su gran potencial e intereses comunes, son los más capaces de resistir a la vorágine absorbente de los intereses comerciales, económicos, financieros y políticos de los países más desarrollados, siempre más preocupados en concentrar poder y preservar privilegios económicos y políticos, aunque por la fuerza, que de contribuir para la construcción de un orden económico, ambiental y político necesario al desarrollo de la comunidad internacional como un todo y a la preservación del planeta.

La coordinación política que se da entre Argentina y Brasil en defensa de sus intereses en los foros, en las negociaciones, en los conflictos y en las crisis internacionales alcanzó una extraordinaria intensidad y eficiencia y fue esto que no les permitió actuar en el ámbito del Consejo de Seguridad, de las negociaciones ambientales, de las negociaciones hemisféricas desiguales y de las negociaciones multilaterales económicas de la Ronda Doha, a través del G-20, de modo de impedir el desequilibrio de sus resultados y de garantizar el espacio necesario a nuestras políticas de desarrollo económico.
 

Unidos o dominados
Falta mucho por hacer, en especial en los campos avanzados del desarrollo científico y tecnológico que plasmarán la sociedad del futuro, tales como las actividades espaciales, aeronáuticas, nucleares, de defensa, de informática y de biotecnología. Es necesario e indispensable que todos los organismos de la estructura burocrática de los Estados brasileño y argentino, incluso muchas veces envueltos en rivalidades, resentimientos y desconfianzas históricas, comprendan el desafío que la Nación argentina y la Nación brasileña enfrentan en este inicio del Siglo XXI, comprendan la visión estratégica de los presidentes Néstor Kirchner y Luiz Inácio Lula da Silva y contribuyan, así, para que se realice la faceta gloriosa de la profecía de Juan Domingo Perón: “El Siglo XXI los encontrará unidos o  dominados”.

Traducido para LA ONDA digital por Cristina Iriarte

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