Argentina: después
del terremoto ¿qué?
por Pablo Broder*

A pocos días de la histórica sesión del Senado Argentino donde culminó  una conmoción política de magnitud, junto con un relajamiento del clima enrarecido y tenso en la sociedad, aparentemente se produjo un reacomodamiento a nuevas circunstancias.

 

No obstante, la realidad indica que muchas de los aspectos más significativos distan de ser nuevos.

 

El conflicto con el campo condujo  a olvidar, en muchos casos,  la situación de base que tanto en el orden político-social como en el económico, - una vez suavizados los ruidos del conflicto, resuelto en su orden institucional, - reaparece en sus  ejes centrales.

 

En reiteradas oportunidades nos  hemos ocupado  del múltiple frente de amenazas que acechaban a la economía argentina, aun en los períodos donde desde el Gobierno y sus comunicadores,  destilaban optimismo intentando transmitir la sensación que el país transitaba por el mejor de los mundos.

 

Ese múltiple frente amenazador caracterizado  por una insoportable inseguridad juridica, estrangulamiento de la oferta de bienes en general, restricciones energéticas y pulsiones inflacionarias, no sólo continúan  plenamente vigentes, sino que han acusado un gran fortalecimiento.

 

Habíamos señalado también  que para trascender de la etapa de reactivación de los primeros años K hacia un proceso de desarrollo sustentable se constituía en  factor fundamental la INVERSION, dicha con mayúsculas, nacional y externa, que universalmente requiere en sus condiciones para hacerse presente ( seguridad jurídica, posibilidades de rentabilidad, perspectivas de estabilidad en los regímenes que parametran la actividad de las empresas, cambiario, fiscal, provisional, social, etc.), de un escenario diferente al descripto más arriba.

 

Y las inversiones se constituyen en el elemento básico  para levantar las restricciones de oferta, tanto de  bienes como de  energía, así como para dotar de competitividad genuina a nuestra actividad económica.

Aún en el marco  precrisis con el agro, el clima de los inversores en la Argentina y en el mundo, no era el ideal  para sumarse a la Argentina.

En la actualidad, deberían producirse cambios casi como de una vuelta de campana para revertir esa sensación.

 

El escenario actual

La situación luego de más de cuatro meses de conflicto no es demasiado optimista (1)

 

Exodo de capitales (la acumulación de activos financieros en el exterior

monedas, bonos, depósitos, acciones- por parte del sector privado alcanzó un total de entre US$ 9000 millones y US$ 10.000 millones de abril a junio, con lo cual en el último año se acumula una fuga de capitales de alrededor de US$ 19.000 a 20,000 millones) Importante pérdida de reservas del BCRA (US$ 2900 millones en el último trimestre). - Contracción de los depósitos en pesos del sector privado (que alcanzó $ 5445 millones en mayo).   (1)                                                                                                                         

 

Ascenso de las tasas de interés con el consiguiente  incremento del costo de financiamiento

 

Profunda caída en la confianza del consumidor, destacándose la pérdida de confianza en la situación macroeconómica a un año, que se desplomó 43% en igual lapso.                                                                  

 

Descenso  en la imagen positiva de la Presidenta (según la consultora Poliarquía, cayó del 56% en enero2008 a apenas el 20% en junio).                                                             

 

Alarmas por los déficit fiscales, la paralización de la obra pública, y  reticencia de operadores de esta área ante la incertidumbre de cobro de sus certificados. Los  subsidios de todo tipo para ocultar la inflación, igualan ya el superávit fiscal, (cuando ese monto sería tanto más útil canalizado hacia las inversiones).

 

 Estudios privados dan cuenta que en seis meses cayeron en la pobreza 420.000 personas, afectando este problema al 31,6% de la población.(2) Las provincias y las comunas mientras tanto, se encuentran cada vez más en dificultades para hacer frente a sus compromisos financieros.

 

En muchas provincias y en el conurbano, están reapareciendo los clubes de trueque, creados al amparo de la crisis del 2000/2001, como expresión inequívoca de los fenómenos de desocupación y carencia de recursos.

 

¿Qué se debería  hacer?

Por de pronto volver a un camino de racionalidad económica, destejiendo la maraña de distorsiones en el sistema general de precios, vía subsidios cruzados, prohibiciones, regulaciones de todo tipo, intervencionismo inútil en cuanto sector se le apetecía al Gobierno, que llevaron a un marco de carencia de bases serias para cualquier análisis económico que intentara viabilizar alguna inversión. Ejemplo paradigmático, la destrucción del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) para intentar disfrazar, distorsionar u ocultar, inútilmente, la inflación que se siente en el bolsillo antes que en las estadísticas.

 

Dar marcha atrás. Reconocer los errores cometidos a lo largo de los últimos casi cinco años. Se  requiere, no continuar “cebando la bomba” de la demanda, ante la restricción de oferta de bienes,  para converger a una tasa de crecimiento sustentable y razonable. Y, fundamentalmente, alentar la inversión en sectores claves de la economía. Reducir y/o eliminar subsidios, para liberar recursos públicos y financiar, de esa manera, los obligados aumentos en las jubilaciones y pagos de la deuda. Y, otorgarle realidad económica al sistema de precios de los servicios públicos, para alentar la inversión en energía y combustibles, y en la infraestructura de prestación de los mismos.

 

Descontado queda que ante estas medidas se producirán aumentos de los precios de los productos y servicios, antes reprimidos y  subsidiados. Por lo tanto, se hará menester una política de  subsidios dirigidos  a los sectores más humildes, y una política social acorde a esa circunstancia.

 

La prudencia en las negociaciones salariales a los efectos de evitar una explosión inflacionaria, reformas institucionales de fondo, y la vuelta a la racionalidad y a la realidad del INDEC, constituyen elementos adicionales imprescindibles.

 

Y por afuera, ¿cómo nos ven? (Por aquello de atraer inversores)

Las informaciones no son más optimistas: “En Wall  Street  miran  con preocupación a la Argentina”; “Desde el exterior, los economistas miran con preocupación al país”; “Las expectativas económicas en picada” “The Economist, en un durísimo editorial contra Cristina Kirchner”. “Duro editorial de EL PAIS de España contra el gobierno argentino”

 

Mientras tanto…

No existen señales claras que la máxima responsable del Poder Ejecutivo esté en disposición de asumir una realidad que obliga a acciones enérgicas y transformadoras.

 

El silencio sobre todo el proceso, en cuanto a sus aspectos sustantivos, se ha adueñado de los principales titulares del poder en la Argentina. Sólo en segundas líneas se están escuchando reclamos de autocrítica y cambios, al menos hasta el momento de redactar estas páginas, donde sólo el reemplazo del Secretario de Agricultura, de presencia poco menos que intrascendente, se evidencia como medida de gobierno.

 

Perspectiva

Finalmente cabe formularse algunas simples preguntas, respecto de la actitud que podrá asumir el Gobierno en la actual coyuntura.

¿Querrá cambiar? Por lo que se conoce hasta ahora del matrimonio Kirchner nunca fueron muy propensos a modificar su estilo de conducción.

 

¿Sabrán cambiar? ¿Sabrán gobernar en otro escenario  que no sea a partir de la acumulación de poder y dinero?. ¿Podrán cambiar? ¿No será que  su naturaleza, tal como la conocida fábula del escorpión en el lomo de la rana, les impida actuar ante la necesidad del cambio?

 

El tiempo, ese sabio consejero, podrá responder estas cuestiones.

En lo personal, tal como lo expresó el Vicepresidente Julio Cobos en el Senado de la Nación, mi respuesta ( presunción) no es positiva.

 

1)                 La Nación . 13-7-08

(2)                 La Nación. 23-7-08

 

* Economista argentino. Su último libro: “Mitos y realidades en la era K”. Ediciones Macchi. Buenos Aires. 2007

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