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Cuba: ¿una
segunda revolución?
por el Ing- Federico Picado
Gómez
Ya
Fidel lo advirtió en su memorable discurso del 17 de
noviembre del 2005 en la Universidad de La Habana,
que la revolución cubana puede ser reversible no
solamente por las agresiones del enemigo externo
sino también por circunstancias políticas internas
derivadas de los problemas que enfrenta Cuba. Esta
llamada de atención no generó el suficiente eco, las
suficientes reacciones, en el interior y exterior de
Cuba, como para producir alarma. El 26 de julio del
2007, transcurridos 20 meses de la advertencia
dramática de Fidel, su hermano Raúl reconoció que la
revolución cubana transcurría en medio de serias
dificultades económicas y sociales y anunció la
introducción de reformas aunque no definió su
alcance. En una sociedad poco acostumbrada al debate
público y abierto, el discurso de Raúl despertó un
profundo interés y estimuló la discusión sobre el
estado de la economía de la isla y la manifestación
de problemas sociales derivados, que ha producido
expectativas de cambios en la isla, no solamente en
el seno de la población cubana, sino también en el
exterior.
En Cuba predominan las
posiciones que apoyan un proceso de reforma y que el
mismo debe trascender más allá de lo administrativo
y económico, pero dentro de las estrechas holguras
que permite el sistema político, los alcances de la
misma no están bien definidos. Por versiones que
vienen y van, se puede decir que en el seno de la
dirigencia cubana, no obstante la unanimidad
aparente sobre los temas esenciales, camina un lento
proceso de discusión en la búsqueda de un consenso
que permita definir los detalles y alcances del
proceso de reformas, que en forma tímida ha
emprendido Cuba desde la primera mitad de la década
de los 90. Las opiniones predominantes en el seno de
la intelectualidad cubana indican que hay un amplio
espectro de criterios y respuestas a la situación
crítica por la cual transita la isla, que excluyen
por ahora, un sistema con predominio del mercado y
escasa regulación estatal.
Ante la coyuntura por la que
transita Cuba, es necesario con carácter de
urgencia, romper la inercia que se manifiesta en las
dependencias públicas en la atención de los reclamos
de los ciudadanos y la falta de participación de
aquellos que, teniendo poder y representatividad,
eluden la discusión de los asuntos más importantes a
los cuales debe hacer frente la sociedad cubana.
En las circunstancias que vive
el país, llama la atención, según los seguidores
cercanos de la situación interna, la indolencia y
poca eficiencia de los diputados de la Asamblea
Nacional del Poder Popular, donde parece existir
una unanimidad abrumadora y son escasos los
debates en los cuales se confrontan posiciones,
cuando el debate resulta ser imprescindible para
tomar decisiones en las condiciones tan complejas
por las que transita el país. Los cubanos en su
mayoría, quieren tener una sociedad en la cual los
ciudadanos sean los verdaderos protagonistas, en
donde la manifestación del pueblo no se limite
solamente a la movilización de masas, sino que la
misma se extienda de manera formal a los procesos de
toma de decisiones y de control de las políticas
públicas, donde los trabajadores organizados tengan
realmente la capacidad de decidir y buscar
soluciones a los problemas que los afectan
directamente, que tienen que ver directamente con la
calidad de vida.
Sectores de la intelectualidad
cubana ven con interés las experiencias china y
vietnamita, no con el afán de copiar, sino de
aprender, sobre todo porque son países que tuvieron
problemas similares a los cubanos, sobre todo en el
campo de la política agraria y agrícola, que sin
duda están atendiendo con bastante éxito. La
economía cubana necesita de una flexible
transformación de su estado actual, que la lleve a
transitar por nuevas rutas, no perdiendo de ninguna
manera lo esencial de su sistema político. Sin lugar
a dudas, así piensan algunos, Cuba necesita, en ese
amplio espectro de la producción agrícola, de la
implantación de criterios de mercado, para enfrentar
los problemas derivados de motivación e innovación
deficientes, que el mercado determine los precios,
que genere incentivos a las empresas y las impulse a
tomar riesgos de inversión. El éxito de Vietnam en
la introducción de criterios de mercado resulta
estimulante, lo que ha derivado en tasas de
crecimiento nunca antes vistas de su economía
agrícola y total, marcando incluso la pauta en el
comercio internacional especialmente de granos.
China y Vietnam dejaron atrás
la agricultura colectivizada y en respuesta le
dieron importancia a las iniciativas familiares,
transfirieron propiedad estatal a manos de pequeños
y medianos empresarios e implantaron mercados libres
agrícolas. Cuba convirtió una parte importante de
las granjas estatales en Unidades Básicas de
Producción Cooperativa, sin autonomía y dependientes
del Estado que compra sus cosechas a precios menores
a las posibilidades del mercado y limita su
participación en los mercados agropecuarios, que son
dominados por empresarios privados, pequeños y
medianos que producen en tierras estatales otorgadas
en usufructo, y lo hacen conforme a las demandas del
consumo, con producto fresco y de calidad.
En China, la mayoría de las
empresas industriales del estado fueron
transformadas en empresas de capital compartido, con
la participación de inversión extranjera directa, en
Vietnam el mayor volumen de las exportaciones se
genera en empresas del mismo orden. Mientras que
para el 2004, algo menos del 30% de la planta
industrial china y vietnamita era propiedad del
estado, en Cuba, la industria es propiedad del
estado, con efectos negativos en la producción,
salvo en aquellos sectores con presencia de
inversión extranjera en forma compartida con
esfuerzos del estado cubano.
Estimulada por un marco
jurídico confiable Vietnam se convirtió en un
receptor de inversión extranjera directa, mientras
que en Cuba se impusieron las restricciones internas
que desembocaron en la revocatoria de muchos
contratos con empresas extranjeras, lo que limitó el
interés de iniciativas externas. El crecimiento
rápido de las importaciones de China y Vietnam fue
financiado por las exportaciones estimuladas por la
inversión extranjera y por los esfuerzos propios en
áreas vitales. Vietnam hizo presencia en el mercado
internacional del arroz, al pasar de importador a
exportador y China devaluó su moneda para hacer más
competitivas sus exportaciones, mientras que Vietnam
por su parte, en otras condiciones, liberó su tasa
de cambio y dejó su moneda en régimen de flotación,
con resultados similares. Mientras que Cuba, en el
mismo período dio marcha atrás en la
descentralización limitada del comercio exterior
establecida en la última década del siglo pasado y
concentró nuevamente el poder en el Ministerio de
Comercio Exterior y el Banco Central.
Mientras que China aconseja a
Cuba, desde comienzos del presente siglo, establecer
los mecanismos de una economía socialista de mercado
y acabar con el igualitarismo, Raúl Castro de visita
en China en el 2005 expresó entre otras cosas las
siguientes, con relación a la experiencia china, es
realmente esperanzador todo lo que ustedes han hecho
aquí
.hay gente que está preocupada por la evolución
china, sin embargo yo estoy contento y tranquilo con
lo que he visto. Según versiones oficiales,
actualmente en Cuba funciona un grupo de estudios
ocupado de analizar el colapso de la Unión Soviética
y los países socialistas europeos, las experiencias
de China y Vietnam, y las conclusiones que se puedan
sacar para el proyecto socialismo del futuro.
Cuba está pagando todavía las
consecuencias de la pérdida de su principal mercado
y socio comercial. La caída de la URSS y de los
países socialistas europeos, pesa todavía en la
economía cubana. El camino por el cual transita Cuba
en el presente no ha logrado superar la brutal
contracción de los niveles de consumo y bienestar
individual y colectivo vigentes antes de 1989. Cuba
debe plantearse la modificación del actual sistema
productivo y tecnológico, con profundas reformas
económicas y financieras, la descentralización de
las decisiones y permitir un papel más relevante del
mercado, permitir la inversión de las remesas en
empresas familiares pequeñas y medianas y promover
la organización de empresas cooperativas de
servicios complementarias a las empresas estatales y
semi-estatales, surgidas a partir de la inversión
extranjera, y por esa vía ya ha iniciado los
primeros pasos, que tuvieron origen en la reforma
agraria de 1993. De alguna manera resulta evidente
que en algunos sectores se han dado consensos
respecto de la importancia de transformar el modelo
económico y productivo de manera tal que socialismo,
con todas las conquistas esenciales en el campo de
la salud, la educación y la cultura, sigan vigentes
en condiciones distintas que soporten su viabilidad
económica.
En Cuba las decisiones
fundamentales en las empresas son tomadas por el
Estado, dejando al margen a los colectivos de
trabajadores y administradores, pero como parte del
proceso de descentralización se ha iniciado un
proceso de transferencia, que a todas luces es una
forma de democratizar la toma decisiones en el
ámbito de producción de bienes y servicios, que
permita a las empresas estatales competir con otras
formas de propiedad que paulatinamente puedan ir
surgiendo en la isla. La propiedad socialista ha
sido sinónimo de propiedad del estado, lo que en
otros términos quiere decir que, todo es de todos,
pero nada es de nadie y por lo tanto nadie responde
por ella, por su buena conducción, por su buena
administración.
Existen corrientes de opinión
en Cuba que piensan que se deben buscar realmente
nuevas formas de gestión que permitan que las
empresas se conviertan en propiedad real de los
trabajadores, y otros sectores van más allá,
proponiendo que el Estado mantenga funciones
reguladoras e inversoras, que conserve la propiedad
sobre los recursos del subsuelo, la actividad
petrolera, gas y la minería, y mantenga dominio
sobre los servicios públicos vitales como
electricidad y agua., pero además legitime la
economía mixta no solamente con el capital
extranjero y que fomente un sector de economía
familiar, en pequeña y mediana escalas en
actividades productivas y de servicios, en donde
estas manifestaciones sean más eficaces para
resolver las demandas de la sociedad.
La organización cooperativa
debe ir más allá de la producción agrícola y
pecuaria mediante el estímulo financiero necesario
para incursionar en la industria textil y del
calzado. Cuba debe abrirse paulatinamente a una
economía en donde prive el cooperativismo, la
autogestión y la cogestión, en donde la presencia
del estado no castigue las capacidades creadoras de
los colectivos de trabajadores, donde existan
canales de comercialización adecuados de la
actividad productiva de todos los sectores, en donde
la intervención del capital privado internacional y
nacional no signifique la privatización de las
actividades en que participe y despliegue sus
capacidades productivas, en que el estado marque las
pautas, las orientaciones fundamentales y que
mantenga dominio de imperio sobre las actividades
esenciales, estratégicas por lo demás.
Contrario a lo que piensan
muchos sectores en Cuba, aún dentro de las
estructuras de poder, el Ministro de Economía y
Planificación José Luis Rodríguez declaró el año
pasado que Cuba no cambiará su modelo económico para
seguir los de China o Vietnam debido a
características diversas entre los países y que la
transmisión del poder a Raúl no ha resultado en
cambios significativos sino en continuidad en
algunos ajustes para hacer el modelo más eficiente.
También afirmó sobre la propiedad socialista que no
imagina otras formas de propiedad que puedan
contribuir al desarrollo cubano como la estatal
existente, por lo que la colectiva será mantenida y
reforzada. El trabajo por cuenta propia desaparecerá
gradualmente según aumente la eficiencia del Estado
y no se abrirá nuevos espacios a las empresas
pequeñas porque el desarrollo de la nación no puede
basarse en ellas. ¿Podrán sobrevivir las ideas del
Ministro Rodríguez?
¿Estará Cuba lista para
mantener un proceso de discusión pública de sus
limitaciones más importantes, que permita poner en
agenda temas relativos a criterios de propiedad,
modelos de producción, participación de inversión
extranjeras en áreas más allá de las consideradas
estratégicas?. Las últimas iniciativas dictadas por
Raúl Castro como nuevo número uno de la revolución
cubana son signos de aceptación de una realidad, que
ya no se puede ir postergando o poniendo de lado. No
obstante cuando han surgido voces del exterior que
aportan criterios sobre las dificultades económicas
que llaman la atención sobre algunos indicadores o
tendencias, son atacados con la misma severidad, con
la que se ataca al enemigo.
Fidel Castro criticó por
diferentes medios, opiniones expresadas por Petras y
otros al amparo del ambiente de apertura creado por
Raúl, para la discusión pública de los asuntos de
estado, por haber identificado, problemas económicos
e irracionalidades en la asignación de recursos y
sugirieron algunas iniciativas para enfrentarlos,
entre los que destacan las siguientes;
la gran inversión en turismo
extranjero, dependiente de insumos importados, no es
una solución a largo plazo, empeoró los problemas
estructurales y desvió recursos de la agricultura y
la industria provocando la caída en su producción y
un aumento de las importaciones de alimentos.
La compleja y costosa
universidad especializada en ciencias informáticas
podría haberse hecho a menor costo integrando
centros universitarios existentes, y debe generar
una base de datos y programas esenciales para
mejorar el rendimiento en la producción y los
servicios.
La inversión de más de 700
millones de euros en biotecnología, un sector de
alto riesgo, ha producido algunas importantes
vacunas, pero su rendimiento es disparejo pues por
cada descubrimiento exitoso han fracasado docenas de
costosos proyectos, hay que plantear prioridades y
reorientar esos recursos escasos hacia áreas
descuidadas como la alimentación, la vivienda, el
transporte y otras necesidades urgentes.
El sistema educacional
actualmente orientado al sector de servicios debe
formar técnicos que eficientemente gestionen las
actividades agrícolas e industriales a fin de que
estas produzcan los bienes para consumo popular debe
recuperarse la industria azucarera y parte de su
producción dedicarla al etanol a fin de reducir la
importación de petróleo, así como invertir en la
agricultura para lograr la autosuficiencia en
alimentos.
Hay que diversificar la
industria especialmente orientada a productos de
consumo interno y exportación, así como en productos
derivados del níquel que se exporta en crudo.
Habría que reconsiderar el
enorme gasto de ayuda médica al extranjero porque no
ha generado un beneficio práctico (salvo en
Venezuela) y provocado escasez, demoras y problemas
a los cubanos, así como su resentimiento.
Los trabajadores y consumidores
han de participar en la toma de decisiones, y debe
haber mayor transparencia publicando para escrutinio
público las cuentas, ingresos y gastos de todos los
ministerios, así como cuentas de gastos, transporte,
regalos, posesiones y compras en el extranjero de
todos los altos funcionarios.
En algunos círculos en Cuba,
las reacciones de Fidel ante las observaciones de
Petras y compañeros generó algún desconcierto, más
aún porque los medios oficiales, ignorando el
ambiente de discusión propiciado por Raúl, no
publicaron los análisis que motivaron la reacción de
Fidel. Según Petras, las opiniones vertidas se
hicieron en el espíritu de una crítica constructiva
y no habían ido tan lejos, según su opinión, más
allá de las que se expresan en los análisis de
economistas cubanos. Petras llamó la atención en el
sentido que cuando no se consulta a los
trabajadores ni a los agricultores para planificar
inversiones y prioridades, el apoyo al socialismo
disminuye y el neoliberalismo aumenta. Y esto
último agregaría de mi cosecha-, debe ser tomado
muy cuenta en Venezuela en las actuales
circunstancias por las que transita el país. Visto
de otra manera, no se puede planificar sin la
participación de los autores.
Antes y después de su
nombramiento como Presidente del Consejo de Estado,
Raúl ha logrado introducir cambios positivos, que se
consideran todavía marginales, dentro de la gravedad
de los problemas estructurales en la economía y en
el sistema institucional cubano, más aún, si tomamos
en cuenta los alcances y profundidad del debate que
se ha desarrollado en la isla, sobre aspectos
políticos y económicos, que el mismo Raúl impulsó. A
finales del 2006 Raúl atribuyó las dificultades
internas, a la pobre producción interna en la
agricultura y a las importaciones muy costosas de
alimentos, a procedimientos burocráticos y atrasos
estatales en el pago a cooperativas y productores
agrícolas privados, que para ese período ya
contribuían con el 65% de la producción agrícola.
Esta situación obligó a la dirigencia del país a la
aplicación durante el 2007, de continuos aumentos de
precios de acopio por parte del estado, como una
especie de poner los precios a la altura de los
costos reales de producción y a la vez se
establecieron mecanismos para descentralizar la
venta de agroquímicos, equipos y herramientas de
trabajo, que antes eran solo asignados por el
Estado.
Cuba toma la vía de soportar el
crecimiento de la producción agrícola, en manos de
la iniciativa privada. Es necesario aceptar que la
tierra con actitud agrícola, desde los orígenes del
proceso revolucionario cubano, no fue intervenida en
su totalidad por las medidas originales de la
reforma de agraria, para ponerla al servicio de los
planes de colectivización, pues alrededor del 30% de
la tierra con vocación agrícola, quedó en manos de
pequeños propietarios y el 70% restante fue
incorporada a los planes de producción como tierras
propiedad del estado. A partir de 1993, de
conformidad con la versión vigente de ley de reforma
agraria fueron introducidos nuevos conceptos de
propiedad, que permiten la presencia de actores
privados en el campo cubano, sean éstos pequeños y
medianos productores, empresarios nacionales, o en
su defecto inversión extranjera interesada en
promover proyectos productivos con fines de
exportación. Las iniciativas del gobierno cubano
fueron más allá, pues en abril recién pasado se
anunciaron dos disposiciones de singular
importancia, que significa no solamente un cambio de
carácter productivo, sino en el fondo de importancia
política.
Según estadísticas
responsables, alrededor del 50% de las tierras con
potencial agrícola de Cuba está ociosa o explotada
en forma deficiente. Como una iniciativa de abrir
nuevos espacios productivos, se anunció la entrega
en usufructo de tierras estatales ociosas a todo el
que quiera producir y por otro lado, con la
intención de combatir el centralismo, se anunció la
constitución de delegaciones de agricultura en todos
los municipios para trasladar la toma de decisiones
en donde realmente se encuentra el combate por el
aumento de la producción. Todo lo anterior aparejado
a programas de crédito y soporte tecnológico, con la
intención inmediata de crear impacto productivo.
Cuba está inmersa en la
atención de problemas muy diversos e importantes.
Todavía se sienten los efectos de la caída del
principal socio comercial, el origen y destino del
volumen principal de sus exportaciones e
importaciones y no se alcanzan los indicadores de
producción y consumo vigentes con anterioridad al
período especial. Sin embargo, sus dificultades no
solamente se derivan de tales condiciones. Si Raúl
Castro, en setiembre del 2007, atribuyó
responsabilidades a la corrupción e indisciplina
laboral por la mayoría de los problemas económicos,
la ineficiencia y la escasez de bienes, creo que se
queda corto en el diagnóstico, pues el juicio
resulta evidentemente muy limitado luego de haber
transcurridos, casi 50 años en el poder. Serán de
tal profundidad los fenómenos de la corrupción e
indisciplina laboral para poner en entredicho todas
las capacidades del sistema político, que las
capacidades de control administrativo del estado
sean rebasadas o que la visión política vigente en
la isla está perdiendo credibilidad en amplios
sectores de la población. ¿Será posible esto
último?.
Cuba todavía anda buscando el
camino que la pueda orientar hacia el desarrollo,
que le permita satisfacer las necesidades básicas de
la población por la única vía posible, por el
aumento de las capacidades productivas de su
economía, en especial del sector agropecuario. Están
en proceso de revisión y actualización todos los
mecanismos coadyuvantes, pasando por el
replanteamiento de los métodos y formas de
producción y propiedad, pasando también por la
revisión y actualización de los procedimientos de
manejo de insumos, transporte, distribución y
comercialización de la producción. Todo se reduce y
lo hace de manera certera Raúl Castro, al expresar a
finales del 2007 que, la tierra y los recursos
deben estar en manos de quienes sean capaces de
producir con eficiencia
y reciban la retribución que
merecen. La economía cubana ya no resiste los
servicios sociales gratis y los millonarios
subsidios a los precios de productos distribuidos en
forma igualitaria a toda la población. Como en
cualquier sociedad del mundo capitalista, los
sectores de mayores ingresos se están beneficiando
de servicios públicos gratis y de la compra de
productos, cuyo precio está por debajo del mercado.
Hay muchas distorsiones que tendrán que ser
focalizadas, para atender las necesidades de los
sectores de menor ingreso. No se puede vivir de
ninguna manera con los productos que asegura la
libreta de racionamiento, pero hay sectores,
segmentos de la población cubana, que no pueden
vivir sin ella.
Unos números de la economía
cubana referidos al 2007, según analistas que han
manejado información oficial, llaman la atención. No
obstante la espectacular expansión de la producción
minera, con presencia de inversión extranjera, en
términos globales se ha producido un fenómeno de
desindustrialización, y entre 1989 y 2007, la
participación en el PIB ha caído del 26% al 13%. En
el sector manufacturero, el azúcar se desplomó en el
85%, de 8 a 1 millón de toneladas entre 1989 y el
2007, lo que representa la última cosecha más baja
en 113 años. La producción de cemento, textiles,
fertilizantes, jabón y zapatos estaba entre el 50% y
el 96% inferior a 1989 y la de puros aumentó el 38%.
En el sector agropecuario, la producción de arroz,
huevos, cítricos, leche de vaca y tabaco rondaban
entre el 12% y el 57% por debajo de 1989, el número
de cabezas de ganado vacuno era 24% inferior, y la
pesca y mariscos entre 58% menor. Otros renglones
como tubérculos y hortalizas estaban por encima de
los volúmenes anteriores a 1989, aunque se manifestó
una declinación desde el 2003. Las exportaciones
cerrando el 2007 han experimentado cierta
recuperación, pero en comparación con 1989 era un
30% menor, y las importaciones han crecido mucho
más, pues cerrando el mismo período han crecido en
el 24%. A partir de 1989, disparado por la pérdida
de sus principales clientes comerciales, el déficit
comercial ha ascendido en forma sostenida,
situándose en el 155%. A partir de 1994 los términos
del intercambio mejoraron impulsados por el repunte
de los precios internacionales del níquel, que
representó para el 2006 el 30% de las exportaciones,
y los subsidios venezolanos al petróleo exportado.
La economía cubana ha
sobrevivido gracias a la inversión extranjera en
sectores vitales como el petróleo, gas, níquel y la
actividad turística, a la colaboración financiera e
inversiones venezolanas y en menor medida al
intercambio comercial con la República Popular
China. Esta combinación de factores externos que de
alguna manera provocaron un blindaje de la economía
cubana le dio espacios a la dirigencia política del
pais para frenar las modestas pero exitosas reformas
de mercado implementadas en 1991-1996 a las cuales
había accedido, casi que a la fuerza, por la
gravedad de la situación por la que transitaba la
isla, que podía provocar manifestaciones más allá de
lo razonable, dentro de la rigidez del sistema
político vigente. No obstante las dificultades que
ha tenido que enfrentar Cuba, buena parte de los
indicadores sociales se lograron recuperar y muchos
exceder los altos niveles que tenían en 1989, debido
a la considerable asignación de recursos a los
servicios sociales, que para el 2007 representaba
alrededor del 45 del gastos total, pero según
opinión de conocedores de la situación actual,
todavía hay indicadores rezagados.
El incremento del salario
nominal en el 2005 no compensó el alza de los
precios y el salario real en el 2007, representaba
el 24% del nivel de 1989. La mortalidad infantil
bajó en el 52%, pero la mortalidad materna aumentó
en el 43%. Para el 2007 la tasa de habitantes por
médico, no obstante que la mitad del personal médico
cubano presta servicios en el exterior, aumentó en
el 20% con relación a 1989. La matrícula en el nivel
secundario creció y la del nivel superior saltó 172%
pero concentrada en humanidades, ciencias sociales,
pedagogía y medicina, mientras que la matrícula en
carreras técnicas, agronomía y ciencias naturales y
matemáticas ha decrecido o progresado muy poco. La
tasa de viviendas edificadas por 1.000 habitantes
cayó de 6 a 4,6 en el período y el número
considerable construido en 2006-2007 apenas compensó
las viviendas destruidas y seriamente dañadas por
huracanes, por lo que aumentó el déficit
habitacional.
Las medidas aplicadas por Raúl
Castro en los últimos meses, aunque no llegan al
fondo de los problemas que afectan la economía de la
isla, que resultan un buen inicio en esa dirección,
han abierto canales de discusión sobre los asuntos
públicos, nunca antes vistos en Cuba. Hay variedad
en las propuestas de carácter económico y político,
sin embargo hay un amplio consenso que la
implantación de cualquier paquete de reformas y
rectificaciones tiene que darse dentro de los marcos
del sistema socialista, conservando sus contenidos
esenciales de justicia. Los procesos de cambio que
se han desarrollado en China y Vietnam son tomados
en cuenta como una referencia importante, y algunos
analistas políticos y científicos sociales se
apuntan a un modelo socialista cubano, pero sin
definirlo en sus contenidos esenciales.
Otros sectores, liberales
dentro del sistema, proponen una economía mixta, con
formas de propiedad y gestión diversas, dentro de la
visión de partido único desde el punto de vista
institucional, en que el Estado conserve la función
reguladora, inversora, estratégica y propietaria de
los sectores estratégicos y de grandes empresas. En
el plano externo sugieren lanzar al país por la vía
de la sustitución de importaciones, la promoción de
las exportaciones competitivas y el incremento de la
inversión internacional. Hay un marcado consenso en
cuanto a soltar amarras en la actividad
agropecuaria. Se debe liberar la iniciativa en
cuanto a qué sembrar, a quien vender, fijar precios
y mercado abierto como vía para aumentar la
producción y productividad, como única vía para
bajar los costos y precios del producto final al
consumidor y eventualmente lograr el
autoabastecimiento, como condición previa al aumento
de las exportaciones agrícolas.
Por diversos sectores en la
sociedad cubana se reclama la participación
ciudadana. Que no esté limitada al apoyo y la
movilización por la revolución, sino que ésta se
extienda y adquiera beligerancia real en la toma de
decisiones y en el control de las políticas
públicas.
A raíz del paquete de reformas
impulsadas por Raúl, en opinión de algunos, Cuba se
encuentra transitando por un período de
enfrentamiento entre los duros y reformistas,
según se deduce de la integración acordada del
Consejo de Estado en febrero pasado. Será un
enfrentamiento entre los aliados de Fidel,
representantes de la vieja guardia de la Sierra
Maestra y de los primeros años de la revolución, y
aquellos que propusieron, encabezados por Raúl, un
debate que ha escalado las expectativas de cambio y
reforma, como nunca antes en la historia reciente de
Cuba, que pueda poner en entredicho la
gobernabilidad. El proceso de consulta propiciado
por Raúl ha despertado esperanzas, pues se han dicho
cosas de mucha trascendencia, que de no ser
atendidas en forma efectiva puede ser en extremo
peligroso para el futuro de la isla.
Sin embargo otros sectores
indican que las medidas tomadas por Raúl fueron
largamente estudiadas y hubo además un largo período
de preparación que arrancó con la caída de la URSS y
de los países socialistas de Europa. No se puede
ligar de ninguna manera la voluntad de cambio e
iniciativas impulsadas por Raúl, de manera directa
con el alejamiento de Fidel. Cuba ya está lista para
asumir los cambios que se requieren por las nuevas
condiciones imperantes en la economía internacional,
no obstante las tensiones que se expresan en
diversas regiones del mundo. Se puede decir que si
la suma de factores internos y externos hubiese sido
tal, que pusiera en riesgo la estabilidad de la
revolución cubana, las medidas de cambio y reforma
que se están impulsando ya estarían en el archivo,
esperando una coyuntura propicia.
La
timidez de las reformas propuestas por Raúl
inicialmente, no le entran por ahora al fondo de los
problemas estructurales que padece Cuba, pero son un
buen inicio y de mantener el ritmo son un buen
estímulo para la imaginación. Todo apunta a un
incremento de la producción y del bienestar social,
pero no debemos olvidar que la reforma económica
debe llevar como consecuencia propia, a la apertura
política. Si se impone en pluralismo en lo económico
debe imponerse en lo político. Se han creado grandes
expectativas estimuladas por el debate promovido por
Raúl.
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