No me asusta el acertijo
por El Perro Gil
elperrogil@gmail.com

Frase inmortalizada por Rabinovich,

de Les Luthiers, en su cuadro

Payada de la Vaca.

 

Se ha instalada la puja electoral y como se dice en la jerga futbolística, la previa está que arde. En todas las tiendas políticas la lucha intestina por el protagonismo de las candidaturas presidenciales es noticia últimamente. Y no se escapa ningún partido.

 

En tiendas coloradas, la sangría por la partida del último, (o único), soldado en el Foro Batllista hizo recordar a Jorge Batlle cuando se sintió como si le hubieran arrancado un brazo al sentirse traicionado por… Caramba, qué coincidencia!

 

En el Partido Nacional, para no ser menos, acuerdos mediante dejan por el camino a correligionarios que esgrimen su representatividad al frente de la República de San José y no se trata de Omar Gutiérrez precisamente. Mientras tanto y en el mismo partido pero en otro sector, no hay tales luchas manifiestas y al tiempo lo matan respondiendo a consultoras internacionales que ya vaticinan la renovación frentista en el 2009.

 

Mientras tanto –y para no ser menos- por tiendas frenteamplistas se ofende la capacidad de entendimiento de los militantes por partida doble. A la reiterada –a esta altura de mal gusto- persistencia por la reelección de Tabaré, se difundió una encuesta que esbozaba la preferencia interna por Astori antes que Mujica, con lo cual no solo se calentó más de uno sino que también se obtuvo el efecto contrario. Es que ni el más desmovilizado –simpatizante o no de la fuerza política- se la creyó. Es un hecho incontrastable, medible a simple vista (no era necesario pagar a una consultora, che!) que al Pepe no le gana nadie en la interna. Basta con asistir a cuanto acto o evento esté presente para ver cómo, propios y extraños, son seducidos por la figura simple y popular del Pepe. Y si lo dejan hablar un ratito, ni les digo (por más datos pregunten cruzando el charco).

 

Entonces surge toda una movida donde hasta el propio Presidente inclina la balanza por la candidatura de Astori –seguramente dando cumplimiento a una palabra o compromiso asumido previamente- pero del cual los frenteamplistas toman distancia. En cambio hay ciertos iluminados que pretenden fortalecer la figura del Presidente –avísenles que no precisa que se gasten insumos en eso porque el hombre tiene bien ganada su popularidad y apoyo- para que, llegado el momento, laude el diferendo sin que la sangre llegue al río, léase: sin llegar a una elección interna.

 

Pero los uruguayos somos rebeldes por naturaleza, y si bien es cierto que nuestra independencia se debe en gran medida a un acuerdo entre las potencias imperiales de entonces, también es cierto que los orientales querían ser independientes y derramaron mucha sangre para conseguirlo, con lo cual los imperios mataron dos pájaros de un tiro: un Estado tapón y el sosiego para indómitos y rebeldes gauchos que los tenían como locos. Pues bien, los frenteamplistas también somos así de rebeldes, y cuando se nos quiere imponer algo que no viene trabajado desde las bases, nos rebelamos y apelamos a que la voz del pueblo termine laudando.

 

Por aquello de “vox populi, vox dei”. Tan equivocados no podremos estar los uruguayos que hicimos posible un gobierno progresista en este país, ¿no?

 

Que quede bien claro por las dudas: yo lo quiero a Tabaré de nuevo, pero no solo dijo que no (y tiraron cuetes blancos y colorados), sino también que los tiempos se agotan o agotaron para cambiar el régimen que impide la reelección presidencial en nuestro país.

 

También lo quiero a Astori o a Mujica, pero el que sea debe ganarse el derecho o la simpatía de los frenteamplistas y no venir impuesto o barajado desde una cúpula. Esa práctica de definir candidatos desde arriba, la criticamos siempre de los partidos tradicionales y no queremos que un período de gobierno nos mimetice tanto hasta llegar a esos extremos. Los cambios hay que profundizarlos y para ello es vital un nuevo período, pero a los militantes y simpatizantes que comulgan con esta nueva forma de gobernar, no nos asustan acertijos, ni nos atemorizan con presagios derrotistas autoproclamados, ¿ta?

 

El perro se sentó y le tendió su pata como aprobando lo dicho.

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