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Un film
Vacío, vacío
por José Luis Olascuaga

El programa de la
película Nido vacío, dice que se trata
de la reconstrucción de un matrimonio entre un
exitoso escritor (Oscar Martínez) y una mujer
estudiante e hiperactiva (Cecilia Roth), una vez
que sus hijos emprenden su propio camino fuera de su
hogar. Pero en realidad es una crónica soterrada de
la separación de una pareja, del abandono del amor y
de los avatares de la memoria y la imaginación en
el intento por recuperarlo.
Cecilia Roth es ella
misma y con eso llena un papel que no sostiene la
centralidad de la historia. Esta pasa por los
sentimientos del auténtico narrador en primera
persona, Oscar Martínez, que llena de matices los
paisajes interiores del autor.
La película, con
ritmo de jazz, muestra, a través de sugerentes
primeros planos, miradas, gestos, detalles de la
intimidad de un desencuentro, el entorno cotidiano
de una Buenos Aires generalmente agobiante. Luego el
paisaje es Israel, el Mar Muerto, la calma, la roca
y el desierto, a veces la bruma y la notable actriz
de XXY, Inés Efrón, que en Nido vacío
no aporta nada, lo que subraya la pericia de Lucía
Puenzo en aquella película.
Daniel Burman es fiel
a sus antecedentes como directo, Derecho de
familia y El abrazo partido. Es un
verdadero autor que intenta con Nido vacío
dirigirse a la vez al público y a alguna persona en
particular. Lo hace con inteligencia, con picardía,
con humor, con sensibilidad. Los rubros técnicos
están bien cuidados y especialmente la música
resulta regocijante.
Un film en tono
menor que abreva en lugares comunes y medra de
las expectativas que un poco tramposamente crea su
programa para un sector interesante del mercado, las
parejas con hijos veinteañeros, una franja de
público con poder adquisitivo.
Si uno repara con
atención en el trasfondo de la película, la
evocación del pasado y los recuerdos de errores con
su carga de angustia, puede ver en el intento de
Martínez por entregarse a una imaginación inútil, el
drama existencial de lo irremediable. Pero la
narración está construida con tanta preocupación por
la ligereza y la liviandad que hacen digerible la
historia, que lo que queda es una sensación de
comodidad y el recuerdo de los mejores toques de
humor.
LA
ONDA®
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