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Lo que mata…
es la ansiedad!
por El Perro Gil
elperrogil@gmail.com
“Lo
que mata es la humedad” – decía mi abuela cada vez
que llegaba esta época y la persistencia de una
atmósfera pesada y húmeda, junto al frío, hacían
estragos en su añosa figura. Algo similar parece
estar ocurriendo en estos momentos a los uruguayos,
y la licencia gramatical permite parafrasear a mi
extinta Nona. Es que nos pusimos ansiosos y eso nos
pesa al momento de evaluar los cambios -o las
intenciones de cambios- que se han o están gestando
en el país.
Es cierto, innegable
y pesado para el bolsillo, que la madre de todas las
reformas de este gobierno –la reforma tributaria- ha
pegado en las economías familiares de una clase
media que tenía un equilibrio más o menos controlado
y a partir de la puesta en práctica de este nuevo
sistema, debió acomodarse para seguir remando el día
a día. Decir que los uruguayos no tenemos cultura de
pagar impuestos es una perogrullada, pero, también
es cierto. Como también lo es que siendo mejor esta
reforma –por lo menos en intención- se queda a mitad
de camino y es perfectible, lo cual queda demostrado
con los correctivos que se le van aplicando sobre la
marcha.
¿Quien no quiere
vivir de su ingreso?, yo por lo menos eso pretendo.
Pero debo reconocer que la asistencia a una
emergencia como la que vivió el país -y debió asumir
el nuevo gobierno- necesitaba de ingresos para
sobrellevarla. Solidariamente debía venir la ayuda
de lo que cada uno podía o debía aportar. Sí, ya lo
sé, gravar el sueldo más que al capital no estaba en
la idea de los votantes frenteamplistas. Eso es lo
criticable y aspiramos a que se corrija pronto, o
por lo menos en el mediano plazo. Esta ingeniería
económica que debió aplicar el nuevo gobierno para
no ahuyentar inversiones –que no hubieran venido si
de pique se les imponía impuestos- es lo que no
terminamos de entender algunos cuando esas
gigantescas inversiones que se promovieron y se
instalaron en el país, dejan menos de lo que se
pensó, y en cambio el peso fiscal lo soportan
quienes trabajan y ven disminuidos sus ingresos por
razón de la reforma. Pero no todo es blanco o negro,
y esa ansiedad original debe conjugarse con otros
factores que poco a poco terminan de armar la
complicada estructura.
Los números
macroeconómicos indican un tiempo de bonanza, y los
uruguayos de a pie seguimos esperando –con la
ansiedad, que atenta lentamente como la humedad- esa
cascada de regreso a tanto esfuerzo vertido. No
obstante esa vigilia, en espera de los resultados,
justo es decir que:
•
Contrariamente a lo que vivimos con experiencias
anteriores, este gobierno tiene marcha atrás.
• Antes, los
ajustes fiscales nos imponían agregar más agujeros
al cinturón sin otra expectativa que esperar más y
más impuestos para enjugar el déficit fiscal de
entonces.
• La
educación pedía y los gobiernos de turno negaban;
hasta hicieron campaña para que no saliera la
reforma constitucional que abrochaba un porcentaje
del PIB para ésta, ¿se acuerdan? Si bien se discute
el porcentaje, es histórica la cifra de recursos
asignados.
• Los
gobiernos de turno ganaban huelgas por cansancio,
jactándose de “no haber perdido ninguna huelga”; hoy
se negocia en los Consejos de Salarios.
• Los
precios subían y subían, hoy se logran acuerdos de
compromiso social con los empresarios para
contenerlos y evitar el peor de los impuestos, ese
que grava más a los más pobres: la inflación.
• Los
combustibles subían aún cuando el petróleo bajaba,
hoy en cambio si bien suben, registramos también
bajas y se lo ata al precio internacional del crudo
–del que somos dependientes- y no a las cuentas
fiscales que había que equilibrar.
• Antes
soñábamos con la existencia de hidrocarburos en
nuestro territorio, hoy nos pellizcamos porque el
sueño puede hacerse realidad.
• Las
empresas –algunas emblemáticas- cerraban
inexorablemente, hoy son una feliz realidad
recuperada (FUNSA, ENVIDRIO).
Claro que quedan
cosas en el debe, y hay que ser críticos para no ser
solamente oficialistas porque sí no más. La reforma
trajo consigo rebajas como la del punto del IVA que
no tuvo tanto efecto porque los vivos de siempre
hicieron mutis y trasladaron rápidamente esa quita
al precio final (ya se habla de otra quita más para
el 2009). Allí es donde debemos jugar los
consumidores para que efectivamente se vean los
resultados proyectados. Porque ni el mejor de los
sistemas triunfa sin el apoyo de la gente que lo
haga posible. Ese cambio en la manera de actuar y de
pensar, es fermental para el éxito de cualquier
emprendimiento. Para ello, no precisamos de ningún
gobierno, está en todos y cada uno de nosotros desde
el lugar que nos toque estar. A nadie le gusta pagar
impuestos y el suscrito no es la excepción, que
conste, pero si ello permite -en un tiempo
razonablemente corto- vislumbrar mejoras para todos,
la cosa cambia. Y como decía Wimpi, que todo sea
para bien.
Mientras tanto, el
perro miraba ansioso la puerta...
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