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La Cuba de Raúl
mira a la región
por: Luiz Alberto Moniz
Bandeira
Como parte de la apertura y los cambios graduales
que está introduciendo el régimen cubano, el
acercamiento a Brasil y el Mercosur parece ser la
mejor alternativa para evitar caer dentro
de la órbita económica estadounidense.
Raúl
Castro ha comenzado un proceso gradual de cambio en
la economía y las relaciones internacionales de
Cuba. En el interior de Cuba, espera legitimar su
gobierno con la mejora de niveles de vida. Fuera de
Cuba, no desea quedar cautivo del único respaldo
internacional del régimen cubano: el presidente
venezolano Chávez. Castro cree en dar mayores
incentivos a los trabajadores agrícolas.
Ha autorizado la venta de
maquinaria y herramientas agrícolas -centralizada
hasta ahora- directamente a los agricultores, así
como la entrega de tierras en desuso a cooperativas
privadas y otras organizaciones que las soliciten.
También canceló las deudas de algunos pequeños
productores y elevó los precios que paga el Estado
por la leche y la carne.
En otra medida destinada a
mejorar la vida del común de los cubanos, ha
eliminado restricciones para adquirir computadoras,
hornos microondas y otros aparatos. Las autoridades
cubanas recalcan que el propósito de estos cambios
es mejorar la eficiencia, "no alterar el modelo
socialista". Sin embargo, igual que China y Vietnam,
el gobierno tendrá que abrazar el mercado más
abiertamente si es que en verdad desea mejorar las
condiciones de vida. Sólo con inversión extranjera y
liberalización económica -un proceso que en cierta
medida ya ha comenzado- puede Cuba esperar ofrecer a
sus 11,2 millones de habitantes más bienes de
consumo y comodidad, mejorar el sistema de bienestar
social y rehabilitar la infraestructura del país.
Esto es esencial no sólo para
construir un "mejor socialismo", como ha prometido
Castro, sino especialmente para legitimar la
continuidad del régimen creado por la revolución de
su hermano Fidel.
Por ahora, Cuba es
políticamente estable. La evolución de su situación
interna no deja dudas acerca de la consolidación de
la autoridad de Raúl Castro. Hay un poco más de
libertad de expresión, con debates y críticas de
varios aspectos del modelo socialista de Cuba, como
los bajos salarios y el sistema monetario doble, que
ha generado desigualdad del ingreso al favorecer a
quienes trabajan en el turismo y para compañías
extranjeras.
Sin embargo, es poco probable
que se produzca una mayor liberalización política a
corto o medio plazo. Cuba argumenta que el apoyo
financiero y político de Estados Unidos a la
oposición lo impide. En todo caso, con Felipe Pérez
Roque como ministro de Asuntos Exteriores, Cuba
sigue impulsando una política exterior pragmática.
Venezuela y China se han convertido en los
principales socios económicos y comerciales y es
posible que lo sigan siendo. Sin embargo, Raúl
Castro desea evitar la dependencia en sólo uno o dos
países. Su objetivo es diversificar las relaciones
exteriores de Cuba y prevenir los problemas que
podrían causar a su régimen los cambios en
cualquiera de estos países, lo cual es un imperativo
constante desde el colapso de la Unión Soviética.
Como resultado, se está dando
una mayor normalidad a las relaciones con los
gigantes de América latina, Brasil y México, y
también están mejorando las relaciones con España.
Más aún, se han reanudado las conversaciones con la
Unión Europea, se está promoviendo un mejor
entendimiento con el Vaticano, y Castro mismo ha
sugerido públicamente la posibilidad de un diálogo
con Estados Unidos.
“Aunque mantenga excelentes
relaciones con Venezuela, que suministra a Cuba
entre de US$ 1.500 millones y US$ 2.000 millones
anuales, el gobierno de el gobierno de Raúl Castro
percibe que el presidente Hugo Chávez, por su
retórica y sus actitudes conflictivas con diversos
países, no es la persona adecuada, que pueda
contribuir para la normalización de las relaciones
internacionales de Cuba”. Más aún, Venezuela tiene
sus propios problemas económicos, a pesar de sus
enormes reservas de dólares. Como consecuencia de
los controles de precios y la creciente inflación,
hay escasez de medicinas y alimentos básicos, como
leche, azúcar, huevos, carne y pollo. Esto recuerda
a Castro las distorsiones económicas que hicieron
que la Unión Soviética recortara su ayuda a Cuba en
los años previos a su colapso.
Los problemas de Venezuela
hacen aún más importante la colaboración con Brasil
y la obtención de su apoyo, ya que es la mayor
potencia industrial del hemisferio sur. Durante la
visita del presidente Lula a La Habana en enero del
2008, Brasil y Cuba firmaron varios acuerdos
comerciales y económicos. Brasil duplicó su préstamo
a Cuba para la compra de alimentos y medicinas, a
200 millones de dólares y ha dispuesto proyectos
para rehabilitar su infraestructura. Otros acuerdos
prevén un proyecto en el que la compañía energética
de Brasil, Petrobrás, y Cupet, de Cuba, extraerán
petróleo del golfo de México, y otro que incluye
ayuda tecnológica para el desarrollo de la
producción de soja en Cuba. Como lo sugieren estas
iniciativas, el reacercamiento con Brasil y el
Mercosur parece ser la mejor alternativa
internacional de Cuba en su afán de evitar caer
dentro de la órbita económica estadounidense.
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