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Jorge Semprún: "La
desmemoria es una necesidad
vital para España"
por David Lerma
Escritor. Afincado en
París, dudó si era español o francés hasta entender
que lo más importante es no olvidar el pasado.
Piensa que España está preparada para una "memoria
verídica". Ex ministro de Cultura, superviviente del
campo de concentración de Buchenwald –donde se hizo
comunista–, participó en Gijón en la Semana Negra. A
sus 85 años, en su rostro no asoma ni un ápice de
decepción por lo vivido, si acaso una concentrada
lucidez por lo que está pasando en Europa, cuestión
que, por otra parte, atraviesa toda su obra. Semprún,
que reside en París, tiene un rostro grave que aún
se ilumina cuando se lo desafía intelectualmente.
- Reconoce en La
escritura o la vida que tardó mucho en leer a
Proust, aunque su literatura trate de la memoria.
- No es por broma o
por hacer un chiste intelectual. Es verdad que tardé
en leerlo. En la adolescencia no me interesaba
mucho. La frase proustiana es extraña en la
tradición literaria francesa, aunque está muy
próxima a la tradición española. No sé si alguien ha
indagado sobre el asunto, y si no que me perdonen
–es mi ignorancia–, pero esa frase llena de
subordinadas, incisos y derivadas es típicamente
española.
- "La República tuvo
actos reprobables, pero el franquismo duró más" ¿Es
quizá un problema de identidad?
- En mi literatura,
la memoria tiene un papel fundamental, porque la
memoria es identidad. Para alguien que ha tenido
identidades tan diferentes, que ha estado dudando
sobre si es español o francés, si es escritor o
político, la única forma de permanencia es la propia
memoria. Puedo ser español o francés, pero sé que
soy aquel que, en 1936, sabe que pasó ésto. Me
aferro a la memoria.
- ¿Qué piensa de la
recuperación de la memoria histórica en España?
- A veces, lo mejor
de la memoria es horrible, como un recuerdo del
campo de concentración. La memoria histórica es otra
cosa, incluso la desmemoria personal. Prácticamente
todos los países de Europa tienen un problema con
sus recuerdos. La historia del siglo XX en el
continente es trágica y, por consiguiente, de
necesidad de olvido, de desmemoria programada o
espontánea. Francia no ha asumido aún el
parafascismo de Vichy ni las guerras coloniales. En
Estados Unidos no hay problemas, no hay recelo.
Piense en la cantidad de películas y libros sobre
Vietnam, o los que hay y habrá sobre la guerra de
Irak. Allí no tienen ese problema de autocensura. En
España, hemos tenido una necesidad vital de
desmemoria porque teníamos que reconstruir algo
entre todos, entre los hijos de unos y los hijos de
otros. Ahora necesitamos reconquistar esa memoria.
Estamos preparados para una memoria verídica. No
trata de resucitar los odios, sino la verdad del
pasado. Y hay que hacerlo desde el punto de vista de
la verdad. La República tuvo actos reprobables, sí,
pero el franquismo duró más.
- "EEUU no tiene el
problema de autocensura para recordar la guerra"
¿Es usted, como se ha dicho, el Malraux español?
- Es una referencia
bastante gratuita, quizá porque soy escritor y fui
combatiente, y porque, en parte, tocamos los mismos
temas. Pero no tengo a un De Gaulle. Malraux sin De
Gaulle sólo es una parte de Malraux. No tengo ningún
personaje histórico al cual dedicar mi devoción
incondicional. Lo suyo fue un flechazo intelectual.
De Malraux, aparte de su tarea de escritor, me
interesan sus escritos sobre el arte o su visión
dialéctica de la realidad, sin maniqueísmos, como
hizo en el libro La esperanza.
- ¿Cree que su tarea
de escritor, a diferencia de en Francia o Alemania,
es más ambigua en nuestro país?
- Se debe a que en
Francia y en Alemania se me conoce sólo como
escritor. En Francia nunca he cumplido un papel
político, aunque participé en la resistencia de
forma episódica. En Alemania, hago lecturas
sistemáticas de mi obra. Allí la gente paga por
escuchar un capítulo de un escritor al que ya han
leído.
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