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La idiotez del FA: el
sueño como dato político
por Raúl
Legnani
Fue
terrible. Primero se me congelaron los pies. Después
las manos, más tarde todo el cuerpo. Mientras, mi
cabeza detectaba luces y sonidos diversos. Por
momentos plácidos, por instantes agresivos.
No entendía lo que
pasaba. Hubo momentos que creí estar despierto y en
otros que estaba dormido. Pero estaba dormido, en
plena pesadilla.
En ese extraño
momento en que uno cree que comienza a dominar las
sensaciones, apareció en el imaginario una pantalla
de televisión, donde el presidente Luis Alberto
Lacalle, eufórico, anunciaba su nuevo gabinete.
"A mi derecha,
Ignacio de Posadas, ministro de Economía", dijo, en
tanto las cámaras de televisión tomaban al embajador
norteamericano sonriente a pesar de que no entendía
nada.
La Cancillería era
para Sergio Abreu, quien en su agradecimiento volvió
a señalar que "Brasil tiene una política colonial",
lo que generó de inmediato la reacción de Felicio,
el embajador de ese país, quien se retiró de la sala
a pesar de ser un invitado especial.
El ministerio del
Interior, dijo Lacalle, "será para alguien que tiene
una mano firme". Hizo una pausa y el silencio fue
total. "Pedro Bordaberry y como subsecretario Angel
María Gianola", agregó mientras se acomodaba el
jopo.
En ese momento se
produjo un corte, para pasar un informativo de 30
minutos sobre la violencia en Uruguay y en el mundo,
donde se incluyó la muerte de la jirafa Lucerito,
junto a un atentado en Irak y una rapiña en 18 de
Julio.
Creo que fue ahí que
me desperté y me sequé la frente con la mano
derecha, pero el sueño me volvió a ganar. Otra vez
los ruidos, las luces y la pantalla del televisor...
Lacalle seguía ahí,
con su mueca de alegría.
"Anuncio que Juan
Carlos Raffo retorna al ministerio de Transporte y
Obras Públicas y que se vuelve a crear el Ministerio
de Deportes, quien estará al frente es el experiente
Jaime Trobo". Esta vez no se escuchan aplausos.
En el Banco Central
"estará Isaac Alfie, acompañado de Ramón Díaz", dice
Lacalle mientras los saluda con un delicado
movimiento de cabeza y caída de ojos, que no recibe
respuesta porque el colorado estaba distraído.
La mayor sorpresa de
la noche durante ese sueño, claro es que el nuevo
presidente anuncia que en el plan de ahorros se
incluye la desaparición de los ministerios de Salud
Pública, Industria y Trabajo. "Han quedado atrás las
visiones populistas, ahora el mercado resolverá la
vida de los uruguayos", dice elevando su voz.
Si bien hubo una
nueva tanda, como no podía ser de otra manera con el
contenido de la violencia social, pero esta vez con
la imagen de Bordaberry y Gianola superpuesta, la
trasmisión se cortó.
Segundos después,
porque los sueños son sólo segundos, una pareja de
informativistas se sale de la pantalla, se sienta al
borde de mi cama, y con la mismas cara de plástico
de siempre me dicen que Lacalle designó a Martín
Pintos como director del Canal 5, que la Ursec
autorizó un nuevo canal privado a un periodista
nacionalista que se salió de la pantalla por nabo y
que a Julio María Sanguinetti lo designaron
representante ante la Unesco.
Me dicen que Jorge
Batlle será el jefe de Dinamiteros del Hospital de
Clínicas, que Jorge Larrañaga seguirá en el Senado
preparando la próxima elección, donde seguramente
gana, y que Gustavo Borsari será el jefe de
Inteligencia, con la idea de combatir al delito
"hasta las últimas consecuencias". "Gandini va a
Casinos y Javier García a Defensa", agregó el novel
presidente.
Esos dos locutores me
preguntan a esa altura ya estoy bañado en sudor-
por qué creo que perdió la izquierda las elecciones
nacionales. En ese momento me vuelven los calambres,
pero a pesar de todo respondo, con cierta
dificultad: "Porque no eligieron bien la fórmula
con reelección o sin ella- , porque cuando un grupo
de ministros se reúne con el Presidente a cenar se
filtra todo (hasta las naranjas de postre), porque
no existe la vacuna contra la idiotez"·.
Allí, con lo de la
"idiotez" de los demás y la mía que no es poca
cosa- me despierto. Siento la sirena de una
ambulancia que penetra por la ventana del cuarto.
"Me vienen a buscar, ¡qué me pasa!", grito
desesperado. Respiro. La sirena era de una película
que estaban pasando en el televisor que había
quedado prendido. "Sala de urgencia", es el nombre
de la serial.
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