|
Paradojas uruguayas
por El Perro Gil
elperrogil@gmail.com
Cambia,
todo cambia. Y el Uruguay no es ajeno a los cambios.
Cambió el gobierno luego de una tradición colorada,
blanca y rosada. Cambia hasta el discurso de los que
llegaron para cambiar porque la fuerza de los
cambios se impone antes que caer por el despeñadero.
Los cambios se dan por sí mismos porque el mundo
mismo es cambiante y mientras la Tierra gire, habrán
cambios. Por inercia, vio?
Pero en la dinámica
de esos cambios se dan las paradojas, es decir esas
afirmaciones inverosímiles o absurdas que se
presentan con apariencia de verdaderas. En una
palabra, esas cosas de no creer pero que se dan en
este mundo tan cambiante. Así resultó extraño que
los gobernantes de ayer sean la oposición de hoy;
los guerrilleros de hace poco, sean los gobernantes
de ahora; los discursos de anteayer, sean historia
enterrada y los discursos que negábamos, sean los
que se impongan irremediablemente. Locuras de los
tiempos que corren y que en este mundo tan
globalizado se anteponen a lo que antes llamábamos
cordura y hoy muta para vestirse con viejos ropajes
aggiornados. Repasemos la cotidiana realidad
uruguaya, a muy corto plazo, porque los cambios son
tan vertiginosos que hacerlo con mayor amplitud nos
arriesgaría a escribir algo que haya cambiado hasta
sin avisarnos.
Entre tanto cambio,
un incremento en sus consultas sufrirán los
psicólogos a partir del primer paro general contra
el gobierno del FA. Más de uno no supo bien qué
postura tomar o mejor dicho: cómo justificar su
adhesión. Unos pararon contra el gobierno, otros
contra la política económica o sea contra Astori;
otros porque no son carneros (pero seguro que fueron
de compras ese día y lo tomaron como un feriado que
ellos mismos se pagaron); otros porque Rusia no
termina de retirarse de Georgia; otros porque
Wynants no ganó una medalla; y la gran mayoría
porque hacía un frío bárbaro y todavía, con lluvia.
Pero hay algo que no
me cierra. Los gobernantes anteriores denunciaban
los paros como medidas estériles que poco o nada
aportaban a la lucha obrera; los gobernantes de hoy
–promotores de los paros de ayer- declaran que los
paros no aportan a la lucha obrera… en fin que como
sigan con estas paradojas que se confunden hasta
desaparecer, no va a quedar ningún cuerdo en el
país. Pero en esto de locuras no hay tiempo para
nada.
Si hasta el Pepe
Mujica se funde en un abrazo -no muy convincente
convengamos- con el Guapo Larrañaga, dejando a más
de uno confundido entre una pose de estadista o una
culebra más para la colección del chacarero.
Mientras tanto, los promotores de la reelección o
segundo período insisten y persisten en convocar a
las masas detrás de la figura de quien no se cansa
de decir que no. Acá la paradoja es pretender torcer
a un porfiado como vasco que ya dijo que no para que
diga que sí, en un intento por convencernos de que
quiso decir que “en una de esas, si me insisten”.
Por otras tiendas,
con votos colorados se promueve el primer desafuero
de un diputado en tiempos de democracia, momentos
impensables hasta hace muy poco tiempo nada más. Los
blancos asisten al bochorno de los insultos en un
Parlasur que estuvo movidito y donde una sosias de
Glenda los tildó de corruptos y algo más, mientras
la diputada que inició todo pasaba desapercibida. En
tanto, Montevideo seguía movilizada con su
emblemático y querido gremio de ADEOM preocupado en
embellecer a la ciudad con bolsas multicolores y la
proliferación de focos de inmundicia constituidos en
apetecible manjar de roedores y canes compañeros.
Los policías ahora tienen sindicato; EEUU ya no es
un enemigo sino un mercado más; los puentes que
antes unían, ahora nos separan.
El Guapo firma un
acuerdo con Lamorte, haciendo cruces para que no sea
una premonición de su futuro inmediato, mientras el
Cuqui le pisa los talones como festejando el
entierro. A la coima ahora se le llama “propina”;
los Casinos de Montevideo ya no dan más “pérdidas”;
y de un tal Chino Recoba se dice que viene a
reforzar a Peñarol.
Entre tanta paradoja
hay cosas que se van consolidando y a las que nos
vamos acostumbrando afortunadamente. La democracia
es una de ellas, constituyendo el mayor tesoro a
preservar.
Mientras tanto, el
perro seguía meando el mismo árbol de siempre… de
porfiado no más.
LA
ONDA®
DIGITAL |