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Berlusconi y el derecho
penal del “muy amigo”
por Luiz Flavio Gomes
La
tesis central defendida por Zaffaroni (“El enemigo
en el derecho penal”, Bogotá: Ibáñez, 2006,p.19 y
ss.) es la siguiente: el derecho penal siempre
discriminó personas, luego, siempre existió derecho
penal del enemigo, que divide a los seres humanos en
personas y no-personas (ciudadano y enemigo).
Los ciudadanos
cuentan con garantías y se someten al poder punitivo
interno legítimo (el que observa el debido proceso
legal). Los enemigos (que son “entes dañinos o
peligrosos”) están sujetos al PPBI, o sea, poder
punitivo interno bruto (sospechosos o reos sin
derechos o garantías), que es típico del estado
policial.
El derecho penal del
enemigo es alimentado por la ideología del enemigo,
que es la fuente más devastadora de la concepción
humanista de la historia y de la cultura, esto es,
de las democracias liberales y sociales
(republicanas). Todas las ideas de progreso, de
dignidad humana, de autonomía del ser humano (frente
a Dios y frente al Poder), de libertad, igualdad y
fraternidad, que giran en torno de otra idea
superior que consiste en admitir al hombre como
centro del mundo (visión antropocéntrica, no
geocéntrica ni tecnocéntrica), encuentran en la
ideología del enemigo su hostilidad más destructiva
y disolvente (cf. Gregório Peces-Barba, en El País
del 1° de julio de 2008, p.29).
De esta visión
humanista e integradora, o sea: incluyente, se está
apartando, en este momento, la Unión Europea, que
acaba de aprobar una resolución que no sólo conduce
a la expulsión de los inmigrantes ilegales, sino
también que permite la prisión de ellos por un largo
período (de seis meses hasta cuatro años, en algunos
países). La Italia, de Berlusconi y sus lacayos y
partidarios déspotas, fue el primer país en aprobar
el crimen de “ser inmigrante ilegal”. Se trata,
como se ve, de un nuevo ejemplo del derecho de autor
penal nazi que castiga al sujeto por lo que “es”, no
por lo que “hace”.
Los legisladores,
jueces, gobernantes y agentes públicos más
autoritarios son, en general, los que más se corroen
internamente y se sacan sus frustraciones castigando
duramente en los otros las culpas propias (es una
especie de purgación al revés). Los más corruptos y
violentos tienden a ser también los más verdugos
contra los otros.
En este perfil se
encuadra seguramente el primer ministro Silvio
Berlusconi que acaba de revelar al mundo, una vez
más, las dos caras de todos los que gobiernan
dictatorialmente: para los enemigos la ley (dura lex,
sed lex); para los amigos o para el propio
gobernante el vale-todo.
Berlusconi, que es
reo en varios procesos, acaba de hacer aprobar una
ley que le asegura impunidad en todos ellos (en
general, pesa contra el II Cavalieri la acusación de
corrupción, siendo expresivo el caso Mills, en el
cual él habría pagado 580 mil euros de corrupción).
Por medio del
Parlamento, que le es favorable, buscó el privilegio
de no poder ser procesado criminalmente mientras sea
primer-ministro. Primero quiso suspender el
andamiento de los procesos criminales iniciados
hasta el 30 de junio de 2002 (justamente los de él
se ubicaban en este período). Después consiguió una
ley (sancionada el 23/7/08) que garantiza el no
proceso de los gobernantes italianos. Berlusconi,
agradeciendo a los senadores, dijo: “finalmente los
jueces no pueden perseguirme más”. Este es el
derecho penal del “muy amigo”.
En las democracias
formales mandaba la voluntad de las mayorías.
Decían: ¡la mayoría aprobó, está aprobado! Esta
concepción de democracia está muerta. Hoy vale la
democracia material, que exige del Parlamento la
aprobación de leyes coherentes con el Estado de
derecho constitucional. Por medio de una ley,
Berlusconi está afrontando el derecho y la Justicia.
Italia se convirtió
(como dice Perrajoli) en el reino de la anti-política.
La política (que representaría los intereses
públicos y generales) pasó a estar subordinada a los
intereses económicos particulares de su gobernante.
Toda concentración brutal de poder conduce a abusos
y arbitrariedades (dice Perfecto Andrés Ibáñez, El
País.es del 20 de julio de 2008, p.21).
En la Italia del
señor Berlusconi son incontables las leyes ad
personam (leyes hechas para él o para los intereses
de su grupo: ley de importación de capitales
exportados, disminución de la pena en el delito de
falsa balanza, disminución de plazos de
prescripción, etc.). Este imputado nobilísimo (II
Cavalieri) goza de todos los beneficios imaginarios,
con una total violación al principio de igualdad y a
todos los otros principios republicanos. Una de sus
últimas pretensiones atendidas consiste en
imposibilitar la interceptación telefónica en los
crímenes de cuello blanco.
Los italianos, que a
fines del siglo XIX y principios del siglo XX se
hicieron la América, o sea, que invadieron las
Américas y se tornaron ricos y afortunados, ahora (y
esto es lo que dicen los adeptos a la Lega Nord, que
apoya a Berlusconi) en un reciente letrero estampan
la imagen de un indio norteamericano y en él se
dice: “Ellos sufrieron la inmigración. Ahora viven
en reservas. Piense en eso”.
Cuando los italianos
invadieron el mundo evidentemente no fueron
rechazados. Les interesaba el discurso del
humanismo, de la inclusión. Ahora la moneda es
otra: ideología del enemigo (expulsión, prisión,
segregación, exclusión del inmigrante).
La pregunta que no se
puede dejar de hacer: ¿la Corte Constitucional
italiana va a estar de acuerdo con todas estas leyes
ad hoc? ¿Habrá control de constitucionalidad sobre
ellas? Ya en 2004 este Tribunal supremo decía que
el Parlamento no tiene libertad de escribir todo a
su saber y entender, sobre todo cuando se trata del
poder punitivo del Estado. No se puede transformar
en ley un privilegio odioso.
En el tiempo del
Estado de derecho legal (legalista), no se ponía en
discusión la validez de la ley disparatada, absurda,
injusta (además, se confundía vigencia con validez).
En el Estado de derecho constitucional todo es
distinto. No toda ley vigente es válida (como nos
enseña Ferrajoli).
El juicio de
Nuremberg (que condenó a varios nazis) fue el
símbolo de ruptura del viejo Estado de derecho
legalista. Los nazis cumplieron la ley, pero
violaron el derecho. La ley de injusticia extrema no
pertenece al derecho (Radbruch, Aley, etc.). ¿Será
ésta la conclusión de la Corte Constitucional
italiana con relación a todas las recientes leyes ad
personam aprobadas a medida para Berlusconi?
* Traducido para LA ONDA digital por
Cristina Iriarte
LA
ONDA®
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