¿Es tan difícil hacer
lo que hay que hacer?
por Alfredo E. Allende

La mera distribución tiene límites en una sociedad capitalista, aquéllos trazados por la necesaria acumulación a fin de dar impulsos a nuevos crecimientos que permitan la absorción de mano de obra y la propia evolución positiva de los ingresos populares. Esos límites son “virtuosos” si se pone el excedente de los beneficios al servicio de las inversiones y reinversiones.

 

Para alcanzar ello se precisa un marco comprensivo elemental conformado fundamentalmente por tres factores:

 

1°.- Seguridad jurídica, o sea que no hayan modificaciones de las reglas de juego básicas o que, al menos, no surjan de improviso.

 

2°.- Dar beneficios o privilegios durante lapsos determinados y razonables para exenciones impositivas, y/o crediticias y/o de giros de las ganancias.

 

3°.- Un programa para estas excepciones a fin de que estén dirigidas a dos clases de producciones: las multiplicadoras (como ser el de construcciones, en general las rurales -atenuación drástica de las inundaciones y sequías, con lo que se puede lograr duplicar la extensión de la pampa húmeda- educaciones tecnológicas y científicas); y a rubros fundamentales: químicos, metalúrgicos, de máquinas herramientas, astilleros, de industrias de punta, construcción de redes viales y, por supuesto, las construcciones energéticas que deben tener calendario abierto continuamente con planes como se hace en Europa renovados y continuados cada década.

 

Nada de esto es misterioso o imposible: ni siquiera difícil. Por ejemplo, en dos-tres años y con una inversión recobrada de inmediato las inundaciones que sufre el campo, son controlables mediante trabajos ya estudiados hasta el cansancio, sin contar con el agregado de nuevas riquezas logrables en menos de un lustro para no hablar de plazos más largos con réditos espectaculares. Y gran parte de las sequías y de las zonas desérticas podrían reducirse drásticamente con planes serios a mediano plazo.

 

Hay situaciones de coyuntura que superar: el del Club de París es una de ellas y tal vez la principal. No es verdad que el capital extranjero sirva poco para el desarrollo nacional -como incluso economistas serios desgraciadamente lo repiten- porque si se apunta a producciones sofisticadas o complejas, como algunas de las mencionadas, su participación es necesaria para acelerar el desenvolvimiento y porque ese capital arrastra al local a nuevos emprendimientos con asociaciones multiplicadas por sinergia.

 

La prospección del subsuelo marítimo, por ejemplo, no la puede hacer la Argentina por su cuenta. A su vez, la introducción de empresas externas debe estar acompañada de normas que aseguren el procesamiento local de los frutos de los yacimientos minerales a los efectos de desarrollar valores agregados y ocupación.

 

En fin, si queremos jugar el juego del capitalismo debemos ser…respetuosas del capital inducido a la producción beneficiosa para la comunidad. ¡El 50% de los menores de 14 años es pobre, el 20% es indigente y nosotros continuamos apostando al crecimiento capitalista sin reglas para ese tipo de crecimiento!

 

No es verdad que la escuela esté antes de la fábrica. Es ésta la que promueve a aquella y la mantiene. En definitiva, se promueven de manera recíproca, con políticas nacionales de sólo buen sentido. ¡Primero está el trabajo para hacer posible la existencia de maestros/as calificados y alumnos con vocación de aprender -y bien alimentados- deseosos de calificarse a fin de obtener salidas laborales! Si esto suena a escandaloso pongámoslo así: al crearse la fábrica se puede levantar simultáneamente la escuela. Se hace necesario alentar las escuelas técnicas, las carreras universitarias de ciclos de duración medianos con desemboque en actividades productivas, para conformar una red educacional al servicio del desarrollo nacional efectivo.

 

En Uruguay se realizó la gran reforma agraria productiva a partir de 1876, también se dispuso la creación de escuelas, la formación de maestros, y, por otro lado la erección de instituciones de Artes y Oficios, la organización universitaria y se dieron las bases de las facultades de agronomía, de agrimensura y la de estudios de perito mercantil.

 

¿Hubiera sido posible hacer sobrevivir establecimientos de estudio sin producción de riquezas? ¿Hubiera sido posible el rápido desenvolvimiento del agro uruguayo sin la participación de gente con mediana y elevada formación? He aquí un ejemplo de lo que se debe hacer, que en parte se reiteró en la Argentina dejando a mitad de camino el proceso hacia la industrialización integral de su vasto territorio.

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