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En homenaje y gratitud
a Mario Benedetti
por Eduardo Galeano
Con motivo de la presentación de un
nuevo libro de Mario Benedetti, "Testigo de uno
mismo", editado por Planeta, se ha realizado un
homenaje al escritor en el Centro Cultural de
España, que pretende subrayar "la importancia y el
influjo" de la figura del poeta y novelista de 87
años, dijo uno de los organizadores.
Benedetti, quien, con más de 80
obras, se ha convertido en uno de los escritores más
prolíficos de este país, dice en uno de sus poemas
de este nuevo libro: "La vida es una máquina/que nos
arrastra nos guía lentamente/hasta que un día o una
noche/llegamos sin corazón ni pasaporte/a la aduana
inflexible del ocaso".
Lo que se puede leer a continuación
son las palabra del escritor Eduardo Galeano dichas
en el homenaje que en su oportunidad realizara la
Facultada de Humanidades a Benedetti.
(Versión tomada del audio por La ONDA
digital)
“Este
es mi testimonio en homenaje y gratitud a Mario
Benedetti, el escritor y el amigo, que es un hombre
que reúne unas cuantas virtudes muy poco frecuentes
en el sindicato nuestro, el de los “creadores de
literatura”.
No voy a referirme a
las virtudes que tienen que ver con su talento
creador porque de eso hablarán largo y tendido las
diversas ponencias que van a ser material de debate
y trabajo en este par de días aquí en la Facultad.
Pero sí quiero referirme a tres virtudes
de Mario que me parecen absolutamente
excepcionales y que creo que merecen una mención muy
especial.
En
primer lugar:
la honestidad. Yo creo que Mario ha
hecho una literatura que es huella digital de todos
nosotros y, muy particularmente, de los
montevideanos. Algo así como una “señal nuestra de
identidad”. Y lo ha hecho a partir de un principio
de honestidad que es el que también rige cada uno de
los actos grandes y pequeños de su vida. Y esa
honestidad paga un precio. No es gratuita. Mario
podría ser, obviamente - hoy por hoy - la flor más
alta de los jardines de la cultura oficial de este
país y como ustedes saben, no lo es. Y no lo es y
eso lo honra. Es una prueba más de que Mario está
muy contento de ser de carne y hueso y no tiene el
menor interés en convertirse en escritor de bronce o
mármol y que él encuentra reconocimiento en
el acto de comunión que se produce cada vez que sus
lectores encuentran las palabras que él nos ofrece.
Y que ese es el gran acto de reconocimiento, que no
hay nada más hondo ni más importante que eso.
La
segunda cosa que quería destacar es: la generosidad.
Es una rara “avis”, realmente rara, este amigo que
tengo aquí al lado. No sé si habrá otros en un
gremio tan difícil como el nuestro. Y no sólo en el
nuestro, porque me han dicho que también los
dentistas están locos de envidia unos contra otros y
que no es claro el panorama entre los plomeros ni
entre los ingenieros agrónomos. Pero el sindicato
nuestro, el sindicato de escritores, es muy
“navajero”.
Es un sindicato donde
uno encuentra, lamentablemente, en el Uruguay y en
los demás países – por lo menos esa ha sido mi
experiencia personal de contacto con los colegas –
en general uno encuentra una atmósfera muy cargada
por las envidias, los rencores, los resentimientos,
las ambiciones personales. En medio de ese panorama
triste, Mario ha dado siempre un ejemplo formidable
de generosidad. Es una de esas rarísimas personas
que se alegra cuando a los demás les va bien. ¡Es un
milagro! bíblico. Yo creo que esta no es la prueba
de la existencia de Dios, pero es la prueba de la
existencia de los buenos tipos, sin los cuáles ¿qué
haría Dios? ¿Qué haría Dios sino jubilarse
avergonzado si no hubiera buenos tipos? Y Mario es
una de esas pruebas vivas. Es un hombre muy
ofrecido, muy abierto a los demás que celebra,
celebra la buena suerte ajena en un medio como el
nuestro, muy difícil, muy mezquino. El Uruguay es un
país con muchas virtudes pero, lamentablemente, el
medio intelectual en el Uruguay es un medio muy
mezquino, muy gobernado por la mezquindad, donde,
cuando a uno le va bien, hay que disimularlo para
evitar ataques al hígado en los demás. Esa es la
verdad. Y en ese panorama general, más bien
deprimente, Mario brilla como una excepción bien
luminosa.
Y el
tercer rasgo – en esta cosa brevísima muy a “vuelo
de pájaro” - que
yo quería destacar - es: la modestia.
Mario es uno de los escritores más famosos del
mundo, sin duda uno de los más exitosos de la lengua
castellana y, sin ninguna duda, el escritor uruguayo
más conocido y reconocido dentro y fuera de
fronteras. Sobre todo fuera de fronteras, donde
Mario Benedetti se ha convertido en algo así como
un “pasaporte” de todos los uruguayos que andamos
por ahí. Y, sin embargo, ocurre con Mario lo
mismo que ocurre con otro uruguayo muy famoso, muy
justamente famoso en el mundo que es Enzo
Francescoli, que el otro día yo decía: lo mejor que
tiene Franchéscoli es que no se cree Francescoli.
Bueno, lo mejor que tiene Mario Benedetti es que no
se cree Mario Benedetti. No es un creído. Mario ha
conseguido ese tercer milagro que consiste en seguir
siendo un hombre sencillo, modesto, por completo
ajeno a la fama enorme que su obra, en buena ley, le
ha ganado en el mundo. Y eso hace que uno pueda
tener con él una relación tan sin ninguna defensa,
¿verdad? Que no hay que defenderse de nada. Se
puede con él conversar y compartir de la manera más
abierta y cariñosa sin tener que cuidarse de rendir
pleitesía al prócer y sin tener que defenderse – por
supuesto que no, jamás – sin tener que defenderse de
ninguna posible agresión o acto de rencor.
Yo quería decir nada
más que estas tres cosas. Son muy simples, muy
sencillas, pero son palabras sinceras que vienen
muy del fondo de mi corazón.
LA
ONDA®
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