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No olviden a los
compañeros
por El Perro Gil
elperrogil@gmail.com
A
tres años y medio del gobierno progresista asistimos
a situaciones que nos parecían imposibles de
imaginar. La realidad impuso que en muchos lugares
de gobierno no haya espacio para compañeros. Esos
militantes de todas las horas que son garantía
ineludible de la continuidad de los cambios que se
van dando en el país a partir del gobierno
frenteamplista. Lectura que no hacen los encargados
de asignar los puestos estratégicos de un gobierno
de cambio.
Asistimos en los
últimos tiempos a la confirmación de cierta
inexperiencia en el arte de gobernar, derecho de
piso que hubo y que se está pagando pero del cual se
impone un giro sustancial en aras de preservar lo
que se ha logrado. Resulta inexplicable para muchos
el hecho de observar cómo se encarama en puestos de
trascendencia política a gente -que se sabe- no
comulgan con la idea progresista. Quizás la visión
estratégica de quienes los promueven se justifique
plenamente pero nos surge la ineludible pregunta de
saber si no hay compañeros que pudieran ejercer
tales responsabilidades. Seguramente los hay y la
desazón les ganó al momento de saberse desplazados
por quienes –atornillados en las esferas del poder-
balconean con el gobierno de turno y acomodan sus
puestos según el color de quien ganó las elecciones.
En todos los estratos
de gobierno –más altos o más bajos- ocurren
situaciones parecidas y los compañeros de siempre
asisten incrédulos a contemplar a los acomodados de
todos los tiempos que hacen como el camaleón y se
visten de rojo, azul y blanco para seguir detentando
su parcela de poder. ¿O acaso nadie tiene un ejemplo
en su lugar de trabajo? Al otro día de las
elecciones, eran todos frenteamplistas. Hoy, muchos
empiezan a tomar distancia acomodando el cuerpo, y
eso es lo que nos jode.
Tres años y medio de
gobierno son demasiados para seguir comiéndonos esa
pastilla –al decir de cierto comentarista deportivo.
Los cambios, a los que contribuyeron los compañeros
de todas las horas, solo se garantizan generando
estructuras que permitan trascenderlos más allá de
un período de gobierno. La prueba está dada en la
misma realidad que nos evoca a escribir este
artículo no sin bronca y sí con mucha pena. Durante
décadas, el clientelismo tradicional de los
gobiernos de turno dedicó su actividad a construir
esas estructuras que hoy nos confunden y generan
situaciones inverosímiles que desplazan de los
centros de decisión a los gestores del cambio, para
seguir siendo los mismos de siempre. Aún simulando y
haciéndoles creer que obedecen sus decisiones,
cuando en puridad mantienen latente sus fueros para
pegar el zarpazo llegado el momento.
Salvo honrosas
excepciones, conocemos muchos lugares estratégicos
donde no hay figuras de izquierda que garanticen la
efectiva concreción de los cambios, porque son
gestores que donaron años de lucha por conseguirlos.
Solo el calor compañero puede lograr el objetivo de
un país de cambios sustanciales como los que se
vienen gestando. Porque solo quien los siente como
propios puede promoverlos y no ser simples pantallas
que esperan el momento oportuno para clavar el puñal
traicionero.
Seguramente ese
desplazamiento que han sufrido muchos sea una de las
causas de tanto resentimiento a esta altura del
mandato del primer gobierno progresista. Claro está
que no alcanza con ser un compañero, deben existir
otros aditamentos que justifiquen las designaciones
y la capacidad y competencia es fundamental a la
hora de la elección. Podrá decirse que la novel
fuerza gobernante adoleció de esos cuadros y debió
resignar posiciones de privilegio ante la carencia.
Pero entonces pongámosles al lado, cual tutores, a
quienes están dispuestos a aprender porque eso nos
dará entonces el conocimiento necesario a la hora de
tomar el timón.
Será que uno
desconfía demasiado pero asistimos últimamente a
muchos acontecimientos que no por pequeños deben ser
desatendidos. Los lugares de decisión fundamental
para el futuro del Uruguay deben ser ocupados por
gente que crea fehacientemente en el proyecto
progresista. De ello depende la continuidad de un
proyecto de país que no puede sostenerse
exclusivamente en la decisión de un dirigente para
que acepte su reelección ni tampoco en la aprobación
por consenso de una fórmula salvadora.
El tiempo de gobierno
transcurrido y lo expuesto en esta nota confirman la
expresión que escuché decir más de una vez que reza
que tenemos el gobierno pero nos falta aún contar
con el poder. Ese poder que estamos construyendo y
debemos cimentar con los cuadros militantes en el
lugar que toque estar para dar la más ardua tarea de
consolidar el proceso de cambio.
El verdadero proyecto
de país se construye cada día y codo con codo entre
quienes creen y trabajan por ese proyecto. Y que
quiere que le diga, llegado el momento, yo, prefiero
tener al lado a un compañero.
El perro ladró y se le puso al lado.
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