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Dudas e interrogantes,
de un segundo gobierno del FA
por Raúl Legnani*
La izquierda necesita
debatir y decirse las cosas. En una primera
instancia pensé en un libro, luego en un librito,
pero me di cuenta que no tengo tiempo ni capacidad.
Pude haber inventado
un entrevistador que me reporteara. Me pareció una
actitud poco valiente. Por eso resolví que Raúl
entrevistara a Raúl y hacerlo público. Este
autorreportaje es una forma de pensar conmigo mismo
– cosa que hago a diario-, de entretenerme y por
momentos divertirme, al leer los diálogos y las
respuestas muchas veces contradictorias.
Va, gracias a La ONDA
digital, esta primera parte.
Si los lectores
quieren pueden hacer llegar sus preguntas y
opiniones que serán utilizadas por Raúl- el otro: el
entrevistador- , en la próxima semana.
RL.
-
Todo indica que el Uruguay va a una gran
confrontación electoral. ¿Cómo está viviendo usted
estos meses previos a la campaña electoral?
- Como
muchos uruguayos que están interesados en la
política, lo vivo con intensidad y con mucha
expectativa. En mi opinión en 2009 se cierra el
ciclo que comenzó en 1971, con el nacimiento del
Frente Amplio. Si recordamos en ese año ya se veía
venir la debacle del Partido Colorado, a pesar del
triunfo de Juan María Bordaberry. Y el país
comenzaba a transitar por el camino del
bipartidismo, conformado por el Partido Nacional y
el Frente Amplio.
-
Pero después de la dictadura, con el retorno a la
democracia, el Partido Colorado gana tres veces las
elecciones nacionales, lo que estaría negando esa
imagen suya de que los colorados comenzaban su
decadencia. ¿No es así?
- Es y
no es. Como te digo una cosa, te digo la otra
(risas). Lo que pasó fue que la dictadura terminó
favoreciendo al Partido Colorado, al interrumpir la
democracia y esa crisis anunciada, para dejar un
escenario distinto con el retorno de la nueva
democracia. No hay que olvidarse que los colorados
fueron los que menos sufrieron la represión, lo que
no quiere decir que hayan apoyado, como partido, al
golpe de Estado, aunque sí lo hizo Pacheco Areco
–que fue el sector mayoritario- y también otros. No
tuvieron un solo muerto, un solo procesado. Mientras
que sobre el Frente Amplio cayó toda la represión –
presos, muertos, desaparecidos, exiliados,
destituidos - , en tanto el Partido Nacional tuvo
algunos presos y también muertos, como fue el caso
del envenenamiento de la señora de Heber y el
asesinato de Héctor Gutiérrez Ruiz. También
sufrieron el exilio de Wilson y Juan Raúl, que no
fue poca cosa.
Lo nuevo
en el país, en 1971, fue el surgimiento del FA, la
unidad de la izquierda, pero también tuvo su
significación el wilsonismo, que implicó un
corrimiento de los nacionalistas hacia el centro. En
2009 aquellas “novedades” van a volver a enfrentarse
en las urnas, mientras los colorados seguramente no
superen el 10% de electorado.
-
¿Entonces para usted las próximas elecciones se
definen entre la izquierda y el wilsonismo?
- Yo no
dije exactamente eso. En primer lugar porque no está
Wilson y no ha surgido entre los blancos un líder
con esa capacidad de arrastre y de generar ideas.
-
Tampoco está Seregni...
- Es
cierto y su ausencia se siente, pero está Tabaré
Vázquez que transita con gran éxito el ejercicio del
primer gobierno de izquierda. Pero también están
Danilo Astori y José Mujica, dos personalidades muy
distintas, pero a la vez muy fuertes. Por esto, pero
también por otras cosas, el Frente Amplio tiene un
piso de arranque muy por encima de 1971, donde el
país olía a pólvora y a sangre en las calles. Donde
la gente se definía entre el orden y el caos,
contradicción que era fomentada por la derecha y por
errores graves de ciertos sectores de izquierda.
- ¿La
gran competencia será entre el FA y Jorge Larrañaga?
- Yo no
soy un “encuestador” – lo que considero una
carencia- , pero estoy atento a las encuestas. Las
respeto, aunque no a todas. Pero en Uruguay hay
gente muy seria que dice que la competencia será muy
fuerte entre Lacalle y Larrañaga. Y creo que eso va
a ser así.
Prefiero
señalar que la gran competencia va a ser entre el FA
y el PN, porque gane quien gane en la interna
nacionalista, la presencia de Lacalle es
indiscutible. Si gana va a ser la locomotora de la
restauración de las políticas neoliberales, si
pierde va a empujar a Larrañaga a la derecha. En el
caso del Frente Amplio, este problema no existe. No
hay neoliberales en las filas de la izquierda, no
hay restauradores de las políticas de la década del
90 que practicaron los presidentes Lacalle,
Sanguinetti y Batlle.
-
¿Estas elecciones de 2009 son más importantes que
las de 2004?
- No
creo que se deban comparar situaciones y momentos
históricos distintos. En 2004 se ganó (por suerte) y
empezó una nueva historia en el Uruguay, de
progreso, reformas y realizaciones, de las manos de
Tabaré. Si el FA no hubiera ganado los pasados
comicios hoy estaríamos, en la izquierda, como la
selección de fútbol, que antes de participar de un
campeonato ya sabemos que Argentina y Brasil están
arriba nuestro. Fue un triunfo histórico y radical
en el sistema político. Además hoy Uruguay es más
democrático y más equitativo, aunque falta mucho por
caminar.
Hoy
sabemos que pudimos gobernar – como vez me
identifico totalmente con la izquierda- , pero
necesitamos volver a ganar para confirmar que los
cambios llegaron para quedarse. Si no ganamos el
país va a sufrir mucho, la gente va a sufrir mucho,
pero además la izquierda puede terminar en una
canibalización generalizada, porque la caída del
Muro de Berlín aún no fue procesada por toda la
izquierda y no solo por los de cuna comunista. Si
perdemos, además, el Partido Colorado va a recuperar
el ánimo y puede comenzar a reconstruirse el viejo
bipartidismo tradicional. Y si eso pasa hay derecha
para rato.
-
Usted habla de un gobierno exitoso el del FA.
¿Porqué no son tan fáciles las elecciones de 2009?
- Hay
varios factores. Tabaré Vázquez fue flor de
candidato, que venía con la imagen de un gran
gobernante en Montevideo, y la jugada de anunciar
antes de las elecciones que Danilo Astori iba a ser
ministro de Economía, fue redondita.
Recuerdo
como si fuera hoy una cena en un restaurante de
Madrid en la que Vázquez y Astori invitaron a los
periodistas que lo acompañamos, donde todo el mundo
hablaba de que Enrique Iglesias iba a ser el
ministro de Economía. En esa noche dije que no
entendía por qué iban a buscar a Iglesias, cuando
tenían a Astori. Unos días después, ante la negativa
de Iglesias, se designó a Astori.
-
¿Usted fue el gran elector?
-
(Risas). No, fue solo una casualidad. De esto tengo
de testigo, entre otrros, a Hugo Abelando, de
Brecha. Cuando volví de Madrid, unos días antes del
anuncio que fue en un viaje entre Alemania y Estados
Unidos, del que no participé, dije medio en broma,
medio en serio, en la redacción de La República y AM
LIBRE, que “había visto un nueva pareja”, porque era
notorio que Danilo y Tabaré habían superado sus
diferencias. La vida confirmó esa apreciación.
Muchos amigos, que no querían nada a Danilo, me
querían matar porque yo andaba diciendo eso.
- ¿El
triunfo electoral fue solo producto de haber
trabajado bien los roles de Tabaré y Danilo?
- No nos
podemos olvidar que Rodolfo Nin Novoa, un wilsonista
de origen, que dio el gran paso hacia la izquierda
en 1994, jugó un gran papel junto a Tabaré y
también influyó mucho y bien, pero hubo otros
factores. Por ejemplo una excelente campaña
publicitaria y una gran disciplina interna, donde
todos los actores de izquierda rodearon a Tabaré y
no salieron a disputarle espacios. La dirigencia de
2004 era menos lenguaraz que la de hoy, aunque los
actores sean los mismos. Creo que en esto el cambio
fue para mal.
En estos
años de gobierno faltó también aquella capacidad de
Rodney Arismendi para hacer, después de cada batalla
– con resultado bueno o malo, lo que los comunistas
decían que era la síntesis política de lo vivido.
Ahora estamos a tiempo de hacer esa síntesis, si el
Frente Amplio no lo logra corre peligro de perder
las elecciones. Esta es mi alerta.
- En
2004 se comenzaba a salir de la crisis, en 2009 se
estará en pleno desarrollo. ¿No es esto favorable
electoralmente?
- En
principio es favorable, pero bajo determinadas
condiciones. Antes de las elecciones de 2004 hubo la
crisis de 2002, que fue dramática para la gente.
Hasta yo saqué la ciudadanía italiana, junto a mis
dos hijos. El país parecía que se desintegraba,
mientras la gente perdía sus ahorros, perdía sus
trabajos, la angustia se generalizó a niveles
alarmantes. ¿Nos olvidamos que un hombre se suicidó
en el Palacio Legislativo? ¿Nos olvidamos del fraude
de los Peirano?
Miren
que no creo que la culpa de todo esto haya sido de
Jorge Batlle – que la tuvo y mucho- , sino que la
culpa hay que ir a buscarla a un modelo de país
extremadamente entrelazado con el mundo financiero
mundial y por ello condicionado por los intereses
del gran capital
Modelo
que construyeron las dirigencias blancas y
coloradas, solo separadas por matices o intereses
políticos menores. Argentina se fue a la mierda y
nosotros también. Pero los uruguayos se la agarraron
con Jorge, por eso también con el Partido Colorado y
en menor medida con los blancos. El FA, no siempre
prolijo, supo canalizar ese descontento sin prender
fuego la pradera. Y eso la gente lo comprendió a
cabalidad. Muchos se fueron del país, pero unos
cuantos prestaron el voto a la izquierda, sin ser de
izquierda.
La
diferencia con Argentina fue que aquí, por la
existencia del Frente Amplio, no prosperó el “que se
vayan todos”. Acá fue que se vayan los que
gobernaron hasta ahora, porque vamos a votar a otro
que está en la lista de espera. Así ganamos, por la
confluencia de diversos factores donde la presencia
de Tabaré fue fundamental.
- ¿
La falta de Tabaré es un problema?
- ¿Por
qué se creen que soy reeleccionista?
-
Pero Tabaré dijo que no...
- Ese es
nuestro problema, por ahora. Hoy me pasa como a los
comensales que dicen que su plato favorito son los
tallarines con tuco. Tienen el tuco y les falta los
tallarines. A los reeleccionistas nos falta Tabaré.
Pequeño problema ¿no?
- ¿Y
entonces qué va a hacer?
- Yo no
milito orgánicamente por la reelección, pero si
puedo le doy una mano a los reeleccionistas que
están organizados, donde tengo muchos amigos, gente
que dedica parte de su tiempo a tratar de convencer
a Tabaré, una tarea que es extremadamente difícil.
-
¿Quién es Tabaré Vázquez?
- Hace
tiempo que no lo veo. Por razones que no vienen el
caso y que fueron de orden personal, hablé por
teléfono con él a mediados de año. Le he perdido un
poco la pista, aunque soy de los atrevidos que me
animo adelantarme a sus jugadas, porque sospecho que
lo conozco bastante, entre otras cosas porque
tuvimos tiempos atrás experiencias comunes.
Tiene
alguna cualidades que lo hacen distinto. Es
inteligente, aprende enseguida de todo, es valiente
y además es una síntesis de dos culturas, ideales
para la política: La Teja y la academia médica. En
una época, en 1969, fui algunas veces al Consejo de
la Facultad de Medicina por razones de planes de
estudio y allí vi como los popes médicos se
arrancaban la cabeza sin levantar la voz. Eran
máquinas de tirar ironías, no muy distintas a las
que se escuchan en el mostrador de una bar, pero
mejor dichas. Tabaré no pasa vergüenza en un
cumpleaños de 15, ni en un quilombo, como decía el
Corto Buscaglia. Le sobra boliche y voluntad de
mando, condición indispensable para ser Presidente y
líder.
-
¿Alguna anécdota sobre la personalidad de Vázquez?
- Si, fue en 1994
en el estadio de la Federación de Box, durante un
acto con uruguayos residentes en Buenos Aires. Hacía
pocos días que se había creado el Encuentro
Progresista, cosa que al público presente no le
gustaba nada. Primero subió al estrado Nin y después
Tabaré. En ese momento se nos ocurrió, con Renato
Moserle – que habíamos ido a ese acto por CX30-
poner el jingle del Encuentro, que nadie conocía. La
respuesta fue que desde la tribuna cayó una lluvia
de puteadas, mientras desplegaban carteles contra
Nin y el Encuentro.
Tabaré tomó el
micrófono, los miró hasta con cara de hasta cariño,
esa mezcla de sorete con amor que algunas veces
pone, y trazó con su mano izquierda una línea
imaginaria sobre el piso. “De este lado están mis
amigos – era el lado de Nin -, ustedes deciden de
qué lado están”, dijo sin levantar la voz y
colocándose a pocos pasos de él.
De inmediato el
estadio quedó por algunos segundos en silencio, lo
que permitió que Tabaré siguiera tranquilamente su
discurso. El asunto terminó con la gente aplaudiendo
de pie, abrazados, con lágrimas en los ojos. De eso
no me olvido más. En ese acto mostró toda su estirpe
de dirigente, que ahora la expresa como Presidente.
-
¿Los uruguayos reconocen los cambios que se han
producido en estos casi cuatro años?
- Lo reconocen,
pero no tengo claro si con eso alcanza para ganar
una elección y en primera vuela. Estoy convencido
que este gobierno no supo vender su producto. Le
faltó una política comunicacional, cuya carencia no
es culpa de Sepredi, entre otras muchas cosas porque
creo que el tema comunicacional tiene un trasfondo
político y presenta algunos aspectos sicológicos que
tienen que ver con la aparición de cierto grado de
soberbia de los integrantes del Poder Ejecutivo.
Durante casi dos
años el país entero discutió el IRPF. Astori se
comprometió a evaluar al año sus resultados y dijo
que si era necesario iba a mejorar la propuesta,
para que la carga impositiva fuera menor para la
población. En esto comprometió su palabra y cumplió.
Eso no fue poca cosa, pero el 1º de setiembre cuando
se anunció desde el gobierno que se elevaba el monto
no imponible no hubo una fuerte política de impacto
comunicacional. El tema, que para el bolsillo de la
gente era fundamental, quedó perdido entre la
pedrada a Alberto Kessman y los problemas en Pluna.
Una verdadera chotada política, aunque reconozco que
en ese momento no estaba Astori en el país y que la
cosa pudo haber sido otra con su presencia.
A la vez soy de la
idea de que cuando los cambios son reformistas,
propios para esta etapa de la humanidad, la gente
los procesa más lentamente que cuando son de
ruptura, revolucionarios. Hoy todos hablamos del
Uruguay de José Batlle y Ordóñez y hablamos bien.
Hasta los blancos wilsonistas muestran respeto. Yo
soy batllista de origen y por eso me molesta que
algunos burros de la izquierda digan que el gobierno
de Tabaré es el mejor en los últimos 170 años. Eso
es un disparate. En el siglo XX el mejor gobierno
fue el de Batlle y Ordóñez y este gobierno del
Frente Amplio, que es del comienzo del Siglo XXI es
heredero de aquel batllismo, pero también de las
corrientes marxistas y de las ideas
latinoamercanistas de los próceres de la primera
independencia.
Tengo la
impresión, no es una constatación científica, que
Batlle y Ordóñez fue reconocido por la sociedad y la
historiografía muchos años después de su período de
gobierno. El peligro de la izquierda, por sus
errores políticos y comunicacionales, es que recién
sea reconocido el gobierno de Tabaré unos años
después. Ya sea para continuarlo o para revisarlo,
pero reconocido al fin.
- Si
no hay reelección ¿qué?
- Lo mejor es una
fórmula de consenso, porque así disminuyen las
posibilidades de que queden heridas. Me inclino por
la fórmula Astori-Mujica, sabiendo que ninguno de
ellos cuenta con unanimidades. Tampoco cuentan con
“mis unanimidades” (risas). Solo el consenso puede
ayudar a que se desarrolle la fraternidad en las
bases y en el electorado, para tener un proyecto de
futuro.
-
¿Por qué primero Astori y después Mujica?
- Invierto los
términos. ¿Por qué Mujica no va primero? Pepe sabe,
lo ha dicho, que la mochila de la lucha armada pesa
y mucho. La década del 60 y los dos primeros años de
los 70 siguen culturalmente influyendo en nuestra
sociedad. Es como entrar en un partido con el
“centrojá” lesionado y rezando para que los
contrarios no vayan a castigarlo de entrada, con una
patada en la pierna lastimada.
Esto que digo no
va contra Pepe, quien no puede poner replay y
corregir sus andanzas. Las mujeres y hombres somos
lo que somos, lo que está determinado por nuestras
conductas.
Entiendo a la
gente del MPP, particularmente del MLN que son los
que pusieron el pellejo detrás de las ideas-, que
quiere terminar su peregrinar por la vida con un
Presidente de su carne. Lo comprendo humanamente,
pero no políticamente. La mejor mano que uno le
puede dar a Pepe, alguien que respeto profundamente
y con quien tengo una muy buena relación, es decirle
lo que uno piensa. Esto es lo que estoy haciendo:
entiendo que Mujica puede terminar con un gran acto
de generosidad política y por qué no humana,
cediendo el paso a otro candidato.
Pepe, al que
muchos le critican porque se ha vuelo un demonio
(risas), con su forma de leer la vida salvó muchas
veces a este gobierno, con sus reflexiones
contradictorias, que son las mismas contradicciones
que encontrás en el seno de una boliche. Son las
mismas que yo estoy manifestando en esta entrevista.
¿Me entendés Raúl?
-
¿Necesariamente Mujica tiene que proponer a Astori?
- No
necesariamente, pero tenemos que ser objetivos: ¿hay
otro que no sea Astori? No lo hay, quizás pudo
haberlo hace dos años si se hubiera trabajado para
ello. Pero hoy es muy tarde, dicho con todo respeto
por Marcos Carámbula, Daniel Martínez y Enrique
Rubio que están haciendo fila. Demasiado tarde. Por
todo esto Mujica debería tener un gesto de inmensa
grandeza, aceptando acompañar a Astrori en la
fórmula presidencial. Si hace esto el MPP gana en
prestigio y gana votos.
-
¿Por qué primero Astori?
- Astori ha sido,
después de Vázquez, la figura central y fundamental
de este gobierno y tiene una virtud: quiere ser
Presidente y lo deja traslucir. Eso no es poca cosa,
porque eso da seguridad. La idea de crecer y
distribuir la riqueza a la vez, se pudo hacer porque
Astori logró posponer con inteligencia el pago de la
deuda externa y, a la vez, tuvo la voluntad política
necesaria para que las acciones fundamentales del
gobierno tuvieran siempre recursos.
Astori fue un
disciplinado gobernante en el momento de aplicar el
programa del Frente Amplio, donde muchos creen que
era el de 1971, pero no lo fue. El programa de este
gobierno es el de 2004, con un fuerte contenido
centristas.
Astori aplicó el
programa que se impuso el Encuentro Progresista –
Frente Amplio – Nueva Mayoría, de forma estricta.
Diría más: si hubiera pospuesto la aplicación del
IRPF, cosa que nunca se propuso, ya estaba despegado
en las encuestas. Es que la reforma tributaria ha
sido todo un golpe cultural y sicoiógico para los
uruguayos.
Conozco gente que
tiene varios ingresos, que ahora con el IRPF paga lo
mismo o menos que antes, pero igual sufre y se
angustia porque eso de llevar nuestras cuentas y
hacer declaraciones juradas no es del agrado de los
uruguayos.
También es cierto
que hay capas medias que están atadas con un piolín
y que sintieron en el bolsillo el pago del IRPF.
Todo esto hay que tenerlo en cuenta, en el momento
de elaborar una estrategia electoral. Si aflora la
soberbia y nos quedamos con la idea de que todo el
mundo salió favorecido, marchamos.
-
¿Seguimos en la próxima semana?
- Seguimos. Me
gustaría hablar de lo que no discute el FA: cómo se
acumulan fuerzas.
-
Veremos...
* Raúl
Legnani es cofundador de La ONDA digital y actual
jefe de prensa de 1410 AM LIBRE, TV LIBRE y analista
del diario La Republica.
LA
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