Pensar nuestra América
Del juego y sus jugadores
por Héctor Valle
hectorvalle@adinet.com.uy

“Todo ser pensante puede imaginarse la realidad del juego, el jugar, como algo independiente, peculiar, aunque su lenguaje no disponga para designarlo de ningún vocablo general. No es posible ignorar el juego. Casi todo lo abstracto, se puede negar: derecho, belleza, verdad, bondad, espíritu, Dios. Lo serio se puede negar; el juego, no. Pero, quiérase o no, al conocer al juego se conoce el espíritu. Porque el juego, cualquiera que sea su naturaleza, en modo alguno es materia. (…) Sólo la irrupción del espíritu, que cancela la determinabilidad absoluta, hace posible la existencia del juego, lo hace pensable y comprensible. La existencia del juego corrobora constantemente, y en el sentido más alto, el carácter supralógico de nuestra situación en el cosmos.”

 

Johan Huizinga, “Homo Ludens”[i]

 

Dos falacias y una certidumbre

Nuestra América es una.; una e indivisible: la América del Sur. Descreemos, pues, de dos grandes falacias:

 

1 - la latinidad de América, esto es, comprendiéndola con su parte central y con el sur del norte: México;

 

2 – lo ibero de América que la traduciría, al estar de la expresión utilizada -“Ibero América”- , en una construcción ageográfica y ciertamente virtual, desde una virtualidad colonizadora.

 

Nada obsta, sin embargo, a que vayamos, desde nuestra circunstancia – la América del Sur – hacia una convergencia con las naciones caribeñas bien como con México.

 

Asimismo, poco venturoso sería nuestro futuro si renegamos de un aspecto de nuestro pasado: la relación con el Reino de España, por ejemplo. Pero mala cosa sería, en igual plano de importancia, si nos consideráramos hijos de una madre inexistente.

 

Nosotros somos los americanos del Sur y no somos otra cosa que eso: pueblos emancipados que han luchado y siguen luchando durante siglos por erguirse por sí mismos y ante el mundo, desde su condición geohistórica primera: la regional y vasta comarca de nuestra América.

 

 

Los juegos de los americanos del Sur

El hombre juega y jugando crea y recrea. Y esto también ocurre –y vaya si sucede- en la integración de pueblos y regiones. Por ejemplo, en la América del Sur.

 

El nombrar no sólo da idea de una condición sino que, visto en sí mismo, analizando el uso de los términos que se emplean, uno puede pretender vislumbrar de dónde y hasta dónde alcanza la visión del que nombra.

 

Signar, por tanto, es también mostrarse.

 

Las estructuras que, en materia de integración regional, han tenido cabida y siguen operando en nuestra región son modos y sistemas de una única y central búsqueda de emancipación: lograr converger en una América del Sur que se permita a sí misma presentarse ante el mundo y, creando, en el sentido de dar forma a lo ya dado por la geografía y la historia, su propio sistema histórico que busque armonizar con los otros de este mundo crecientemente multipolar.

 

La geografía muestra, por ejemplo, las dos grandes cuencas de nuestra América: la Amazónica y la del Plata.

 

La historia o, si ustedes lo prefieren –como yo, me permito apuntarlo- hablar de “geohistoria”, va en busca de una acción conjunta que las encuentre y convierta en ejes de una dinamizada vida en común: el MERCOSUR ampliado, de momento hacia Venezuela y luego para con las otras naciones, Bolivia, etcétera.

 

Por lo tanto, hablar de movimientos inconducentes, de creaciones de instancias integracionistas faltas de sustento es no saber (o no atreverse) a reconocer el arte del juego en la vida de los hombres y de los pueblos.

 

Los diferentes ensayos que van dándose lugar en materia de integración regional y extrarregional tienen, como protagonistas principales 3 grandes y notables articuladores: el MERCOSUR, la IIRSA y la ALADI. Luego vienen los diferentes esquemas que, con mayor o menor suerte, van dándose cita.

 

El MERCOSUR es el verdadero foro político de la integración sudamericana y eje articulador entre las dos cuencas mencionadas.

 

La Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana (IIRSA) es el gran megaproyecto de la región que va dando sentido a las venas de nuestra América, al facilitarnos su articulación, sea por las diferentes vías fluviales como terrestres.

 

Proyectos que encuentran hermanados, emparentados en un gran y complejo entramados de proyectos a todos nuestros países y que vuelven hueca toda afirmación que diga de la inviabilidad de que América del Sur surja al mundo con la potencia que los hechos van demostrando día a día, proyecto a proyecto concluidos en bien de un mapa vivo y articulado de la región.

 

La Asociación Latino Americana de Integración (ALADI) como el gran foro de las naciones de la América del Sur a las que continúan sumados tanto México como la propia Cuba. Este Casa de la Integración es, en el día a día de sus innumerables gestiones, el epicentro de intentos y encuentros aproximativos entre las naciones que la componen.

 

Los ejes de la integración sudamericana

Así, pues, es dable destacar aquellas naciones que, por su peso específico neohistórico, son centrales a la región, sin que por ello el resto deba sentirse o verse relegado. Tan sólo es constatar algo que adensa y posibilita que todas nuestras comunidades, nuestros países, respetando sus culturas y Estados, converjan en un espacio común sudamericano.

 

Estas naciones centrales son, en orden alfabético, tres: la Argentina, el Brasil y Venezuela.

 

Buenos Aires – Brasilia – Caracas comprenden, por consiguiente, el eje de América del Sur.

 

Sea por lo geográfico (la armonización de las dos grandes cuencas), sea por lo cultural e histórico, nuestras dos lenguas y dos culturas que se suman a las ya existentes en nuestros suelos, así como también el acceso a ambos océanos, contabilizando también las naciones sudamericanas que habrán de sumarse al MERCOSUR, nos dice de una realidad y vitalidad a todas luces insoslayable y que da por tierra con tanta mala tinta que suelen poblar hojas y hojas en la actualidad.

 

Como bien dice el economista brasileño Paulo Nogueira Batista Júnior: “El ingreso de Venezuela es un hito en la historia del MERCOSUR. Constituye, también, un hecho auspicioso para la integración de América del Sur. En gran medida, la integración del continente, como proyecto al mismo tiempo económico y político, se está haciendo y continuará haciéndose por medio del MERCOSUR – sea por incorporación de nuevos países sudamericanos al bloque, sea por la implementación de los acuerdos de libre comercio entre el MERCOSUR y otras naciones, como los que fueran firmados con Bolivia, Chile, Perú y Colombia y Ecuador.”

 

Y agrega, Nogueira Batista Júnior, algo que merece ser leído con suma atención: “Al tratarse de un país importante en términos económicos, comerciales y energéticos, la adhesión de Venezuela aumenta el peso del MERCOSUR y fortalece también su potencial económico, representando, ante todo, una ampliación considerable del mercado.”

 

Dice algo por cierto de recibo, un poco más adelante en su ensayo que recomendamos sea leído en su totalidad: “Como no podría dejar de ser, el ingreso de Venezuela provoca controversias. Se teme la agresividad y la influencia política e ideológica del presidente Chávez. Pero esos temores parecen exagerados. La influencia conjunta de los demás miembros del bloque no permitirá que la agenda o retórica del MERCOSUR sea conducida por Venezuela o cualquier otro país individualmente. El Brasil, en especial, podrá ejercer un papel moderador, como ya lo hizo anteriormente en ocasión de conflictos entre Venezuela y otros países.[i]

 

En definitiva, se trata de pensar en libertad, sin condicionamientos, es decir, sin permitirnos hacerlo desde mentes colonizadas.

 

Debemos ir en busca de una razón descolonizada, porque primero que todo, pensar en libertad conlleva el asumir nuestra maduración como personas, como pueblos y así, mancomunadamente como región que va en procura de crear su propio sistema histórico o crearlo en unidad con el otro lado del Sur, en una complejidad Sur-Sur que supere nuestras ancestrales debilidades. Pero para posibilitarlo debemos desprendernos de los grilletes de la época colonial, la histórica e hispánica, como la presente y pronorteamericana que ha llevado y sigue llevando a seres inteligentes, a dejar caer su rodilla derecha al suelo y bajar la mirada ante los parias que el imperio envía con sus cuentas de colores.

 

Mirar el cielo en lo abierto de la padrera y con los brazos en jarra, nos permitirá sopesar cuestiones centrales a nuestras vidas, que son las de nuestros pueblos y sus culturas, complementarias y dadoras de sentido.

 

Cuando leamos, pues, busquemos antes que la retórica, la intención primera del que escribe y para quién y por qué lo hace. Esto es, busquemos además del sentido del texto, aproximarnos al sentido del por qué fue producido.

 

En fin, que estamos en obra: la América del Sur va por más.

 

Va por sí misma y en armonía con el mundo. De eso se trata. Lo otro, lo genuflexo es harina de otro costal. De un costal que está poblado de mineros, esos pequeños roedores, y algunos pocos granos.

 

Ocupemos nuestro hacer en lo creativo:

 

Hundamos nuestras manos en garra en la tierra negra y vital de nuestros suelos.

 

Coloquemos la simiente y luego miremos al cielo, no buscando una respuesta sino mostrando nuestra sonrisa. Un futuro está siendo parido.

 

La América del Sur tiene sentido.

 

Debemos continuar. Vamos bien rumbeados.

 

[i] Nogueira Batista Júnior, Paulo, “A América do Sul em movimento”, Revista de Economia Política, Brasil, vol. 28, nº 2 abril-junho/2008, págs. 232-233. Los subrayados son de mi responsabilidad.

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