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Georgia y Rusia:
una guerra corta con
consecuencias prolongadas
por Jos Boonstra

Lo que comenzó como un asalto
encabezado por Georgia en contra del régimen
separatista de Osetia del Sur, rápidamente se
convirtió en un conflicto armado entre Rusia y
Georgia. Los georgianos han cometido un error de
cálculo cuando atacaron la capital de Osetia del
Sur, Tsjinvali, mientras que Rusia llevó el
conflicto a un nivel superior cuando bombardeó e
invadió parte del territorio donde la soberanía
georgiana no está en discusión, más allá de Osetia
del Sur. Transcurrida una semana, una iniciativa
conjunta de la UE, EE UU y la OSCE (Organización
para la Seguridad y Cooperación en Europa) delineó
un plan de paz de seis puntos que fue acordado por
el Presidente Mikhail Saakashvili de Georgia y su
contraparte rusa Dmitry Médvedev.
Los puntos principales del
acuerdo establecían el cese del fuego, el acceso a
ayuda humanitaria, el retorno de las tropas
georgianas a sus cuarteles y el de las tropas rusas
a sus posiciones iniciales antes del conflicto, así
como el desarrollo de un diálogo internacional sobre
cuestiones de seguridad relacionadas con Osetia del
Sur y Abjazia. Mientras los procesos continúan en
cuanto a la implementación del plan de paz, hay un
conjunto de consecuencias que deben ser discernidas
de este brutal despertar de la guerra en Europa;
esto incluye consecuencias para Georgia y Rusia,
pero también para la región del Cáucaso en su
conjunto, y en un contexto más general para los
actores internacionales – sobre todo UE y EE UU- y
las organizaciones multilaterales, especialmente
OTAN y la OSCE.
Las pérdidas georgianas
Desde que Saakashvili llegó al
poder en Georgia ha buscado cambiar el status quo
del congelado conflicto – alterando las formas de la
mediación y la negociación – en Osetia del Sur y
Abjazia. Para los georgianos, el único resultado
exitoso de la guerra es que Rusia ya no podrá ser
más vista como un mediador imparcial en el confl
icto. Aunque Rusia proteja a los osetios del sur y a
los abjazios, a los cuales se les ha entregado
pasaportes rusos en los últimos años, es improbable
que su actitud obtenga reconocimiento internacional.
Por su parte, las consecuencias
negativas para Georgia, principalmente de la jugada
del Presidente Saakashvili, son numerosas. El futuro
del Presidente es altamente incierto.
El principal motivo del lento
retiro de las tropas rusas ha sido la esperanza de
que se desatara una revuelta interna y el
consecuente derrumbe de su liderazgo. Mientras que
la gente al comienzo se sintió atacada por los rusos
y apoyó al Presidente, posteriormente lo identifi
caron como el instigador del desastre. La primera
pérdida de Georgia es su reputación internacional.
Aunque Georgia recibió fuerte apoyo de Occidente,
principalmente de EE UU, el Presidente Saakashvili
se expuso sobremanera durante el conflicto a través
de los medios internacionales. Las entrevistas
fueron desarticuladas y confusas, y el líder
georgiano sobreactuó la posición de Georgia como
víctima y exageró acusaciones sobre una supuesta
limpieza étnica. Sin embargo, su joven equipo de
ministros no fue visto en la TV. Occidente prefirió
en gran parte ignorar que Georgia comenzó el
conflicto. Un ataque con cohetes en una región
considerada parte del país, que contiene una
considerable población georgiana mezclada con
osetios, no es la mejor manera de ganarse las mentes
y los corazones de los habitantes.
Después que el polvo del
conflicto se haya asentado, es probable que los
aliados occidentales de Georgia concluyan que el
apoyo al país representa un interés estratégico,
aunque no estén satisfechos con el comportamiento
descontrolado de Saakashvili. En este sentido,
debería prevalecer un apoyo consistente de Occidente
de las prácticas e instituciones democráticas en el
país, mientras se evita un apoyo ciego al líder
democráticamente elegido.
En segundo lugar, Georgia ha
perdido Abjazia y Osetia del Sur. Los rusos tienen
razón cuando argumentan que ahora estas regiones
están menos preparadas para unirse a Georgia. Rusia
ha apoyado a ambas regiones por más de 15 años y es
responsable de lo que ellas son ahora: Estados de
facto económicamente dependientes de Rusia y que
reciben de este país un apoyo completo.
Es significativo observar que
Rusia argumenta que no pude reconocer la soberanía
completa de Georgia debido a la guerra reciente. A
una conclusión similar arribó la mayoría de los
Estados miembros de la UE, así como EE UU, en el
caso del conflicto entre los albano- kosovares y
serbios. Mientras que la comunidad internacional
(con la exclusión de Rusia principalmente) invirtió
cuantiosos fondos y esfuerzos durante ocho años para
unir a ambas partes en los Balcanes, antes de
abandonar la idea de una reunificación, los rusos
han concluido rápidamente que los abjazios y los
osetios no pueden vivir unidos a los georgianos
después de este conflicto. Esto vuelve más incómoda
la posición rusa en cuanto a las objeciones
realizadas a la independencia de Kosovo a partir del
“derecho internacional”.
Tercero, la infraestructura de
Georgia ha sido seriamente dañada y requerirá ayuda
internacional para ser reparada. El saqueo ruso ha
agravado las cosas. Los niveles de sufrimiento
humano son elevados; se calcula que 150.000
georgianos se han visto desplazados de sus hogares y
pueblos. La pérdida sicológica será también
sustantiva. El ejército georgiano sufrió una rápida
derrota que tendrá consecuencias negativas en la
moral en los próximos años. La población georgiana
se siente humillada por la invasión rusa y la
relación entre ambos pueblos ser tensa por décadas.
Las credenciales democráticas
de Georgia se han visto debilitadas. Los georgianos
han dado pasos importantes hacia la democracia desde
la Revolución Rosa de diciembre de 2003, pero este
proceso perdió parte de su fuerza a partir de 2006
cuando fue manifiesto que Saakashvili prefería los
frutos del Estado de derecho a la profundización del
proceso democrático. La oposición ha permanecido
débil y el parlamento mayoritariamente ha tenido un
rol pasivo. En noviembre de 2007 Saakashvili se vio
en aprietos por denuncias de corrupción y
conspiración de asesinato realizadas por su antiguo
colaborador cercano y ex ministro de Defensa
Okruashvili. La protesta de la oposición fue
ignorada y Saakaschvili obtuvo un poco más de la
mitad de los votos en la primera vuelta de las
elecciones de principios de enero. Los resultados
fueron vistos con sospecha por el público y
renuentemente aceptados como libres y justos por los
observadores internacionales.
El hecho de que demasiado poder
ha sido investido en la figura presidencial podría
provocar la caída de Saakashvili y también el
debilitamiento del desarrollo democrático de
Georgia. Ello se debe a que simplemente no hay
demasiadas experiencias conocidas de alternativas
democráticas en la región. El futuro de la
democracia en Georgia es tan incierto que un líder
inclinado a buscar lazos con Rusia no puede ser
descartado a esta altura de los acontecimientos. Con
la excepción de esta última alternativa, será
crucial para Occidente redoblar sus esfuerzos en
Georgia.
La posición de Rusia
La acción militar rusa en el
Cáucaso no es una novedad. Los rusos pelearon dos
guerras recientes en Chechenia y participaron
activamente en la guerra civil de Georgia y en el
conflicto de Nagorno-Karabaj entre armenios y
azeríes en los 1990.
El espectador ruso es el menos
sorprendido por estos acontecimientos porque Rusia
ha estado combatiendo en el Cáucaso casi
continuamente desde los tiempos de Iván el Terrible
hasta Catalina la Grande, estandartes de los
intentos de dominar la región y luchar por la
supremacía en contra de las ambiciones de otros
imperios como el Otomano.
Las pérdidas y ganancias rusas
son difíciles de sopesar en este estadio de los
acontecimientos y deben ser vistas en una
perspectiva de largo plazo. La política del Kremlin
en el “exterior cercano” ha procurado mantener el
estatus quo, debilitando a sus vecinos y sosteniendo
a las fuerzas separatistas. Ahora que este estatus
quo se ha perdido y el conflicto que estaba
congelado se ha vuelto caliente, Moscú estima que
ha llegado el momento para un cambio permanente del
panorama político.
El Presidente Saakashvili no se
ajusta bien a la visión de Georgia y el sur del
Cáucaso que tienen los rusos. El dinámico y pro
occidental Presidente georgiano ha rivalizado con
los rusos desde que asumió el poder.
Mientras que el conflicto entre
Georgia, por un lado, y Osetia del Sur y Rusia, por
otro, rápidamente se derramó hacia Abjazia (el
otro Estado de facto no reconocido que se
encuentra en el territorio georgiano) en la forma de
un conflicto de baja intensidad, no ha habido una
escalada a otras regiones. Si ello ocurriera,
traería nuevos elementos al conflicto, produciéndose
un encadenamiento entre los hechos ocurridos en
Georgia y otras situaciones de malestar y conflicto
potencial en el Cáucaso norte.
Combatientes de la libertad e
islamistas fundamentalista provenientes de
Chechenia, Daguestán e Ingushetia podrían estar
tentados de asistir a los combatientes osetios y
abajzios, como ocurrió en los tempranos noventa. La
amenaza de futuras hostilidades y hasta de un
conflicto abierto en el Cáucaso están aún presentes.
Aún pervive un pequeño riesgo que este conflicto
pueda desbordar eventualmente en otras dos disputas
congeladas como el caso de la Transnistria en
Moldavia y el de Nagorno- Karabaj en Azerbaijan. La
decisión rusa de asumir un rol de liderazgo en este
conflicto evitó una escalada y un derrame a otras
partes del Cáucaso y aún más allá.
Rusia ha logrado sus objetivos
con el despliegue de su capacidad militar y la
decisión contundente de su liderazgo de reaccionar
rápidamente. El precio que deberán pagar por este
despliegue será probablemente mayor a los
beneficios Primero, - un aspecto benefi cioso para
Georgia – Rusia ya no será vista como un facilitador
imparcial por los países vecinos. Será difícil para
Rusia conformar un cuerpo de paz para Osetia del
Sura; en una situación ideal, las UN podrían enviar
fuerzas de paz y la UE fuerzas policiales a Abjazia.
Pero es más probable, sin embargo, que Rusia
permanezca en Osetia del Sur indefinidamente
mientras que Georgia convocará a la mayor cantidad
posible de observadores occidentales. La pérdida
rusa del status de negociador neutral podría tener
consecuencias en el rol similar que lleva a cabo en
Moldavia y Azerbaijan.
Las fuerzas de paz rusas en
Moldavia no pueden ser reconocidas como imparciales
en la disputa entre los lideres separatistas de
Transnistria (todos con pasaportes rusos) y
Moldavia, mientras que su papel mediador entre la
OSCE y Ucrania deberá ser revisado. También, el rol
ruso en el apoyo a Armenia en su disputa en el
Nagorno Karabaj podría ser visto con mayores
sospechas por otros participantes.
En segundo término, mientras
que Rusia buscó demostrar que poseía la supremacía
en el Cáucaso, es probable que los resultados sean
opuestos a los esperados. Si el liderazgo georgiano
sobrevive a esta crisis, es probable que reciba un
renovado apoyo por parte de EE UU y la UE, en tanto
que ambos se encuentran interesados en evitar
mayores interferencias rusas en Georgia. Más
temprano que tarde, podría estar próxima la
incorporación de Georgia a la OTAN. Aun más, como
resultado de la agresión rusa, Ucrania tendrá mayor
determinación para acceder a la OTAN, mientras que
Azerbaijan y Moldavia podrían buscar lazos más
estrechos con ésta. Mientras tanto, Georgia
abandonará las Comunidad de Estados Independientes
(CEI) patrocinada por Rusia, seguida quizás por
Ucrania. Aunque la CEI no es una organización fuerte
o influyente, es el mecanismo más usado por Moscú
para encontrar consensos con las antiguas repúblicas
soviéticas.
La CEI estará muerta sin la
presencia de Ucrania y Georgia. En el futuro, el
“exterior cercano” ruso podría sentirse más seguro
en el vecindario de la Unión
Europea y bajo el paraguas de
la OTAN
Tercero, la reputación
internacional de Rusia ha sido severamente dañada.
El despliegue de poder del Kremlin reciente será
relacionado con comportamientos anteriores de la
potencia rusa, tales como la interrupción en la
entrega de combustible a Belarús y Ucrania, el
bloqueo de los desarrollos políticos en los Balcanes
o la agresiva retórica antioccidental. Rusia podría
haber cruzado la línea de aquello que es aceptable;
su agresividad deteriorará sus intenciones de largo
plazo de ser reconocido como un poder
internacionalmente respetado, con una economía
moderna exitosa. Sólo el tiempo dirá con qué
intensidad las potencias occidentales culparán y
pondrán en tela de juicio el rol de Rusia.
Mientras que Georgia – o, mejor
dicho, Saakashvili – no tuvo una buena imagen en los
medios, los rusos tampoco han sido muy convincentes.
La guerra provoca atrocidades, perdidas de vidas y
flujo de refugiados de ambas partes – osetios hacia
el norte y georgianos hacia el sur. Pero las
declaraciones de Vladimir Putin sobre genocidio no
fueron más que propaganda y poco creíbles para
georgianos u osetios que han vivido juntos por
siglos. Las agresivas acusaciones del Primer
Ministro ruso hacia EE UU (con el antecedente de la
crítica estadounidense a la invasión)
responsabilizando a Washington por estimular el
conflicto y por su interferencia en los
acontecimientos fueron inapropiadas y poco útiles.
Pareciera haber una división de
papeles: Putin desempeña el papel del “policía
malo”, mientras que el Presidente Médvedev, con sus
declaraciones sobre la finalización de las
operaciones en una fase temprana del despliegue y un
rápido retiro de las tropas, pareciera desempeñar el
rol de “policía bueno”.
Desafortunadamente, el nuevo
Presidente ha estado sometido a la figura de Putin,
dado que sus declaraciones sobre el retiro de las
tropas de los territorios georgianos ya sin Abjazia
y Osetia del Sur fueron ignoradas en repetidas
ocasiones.
La comunidad internacional y
las instituciones occidentales
Mas allá de la cuestión
sobre si este conflicto pudiera haber sido
evitado, dadas las advertencias georgianas sobre
las provocaciones rusas y la alerta del
International Crisis Group, la reacción frente a la
guerra fue razonablemente rápida. Esto es
particularmente notable teniendo en cuenta que los
hechos sucedieron durante el periodo de verano y
comenzaron el día de la jornada inaugural de los
Juegos Olímpicos. Los principales Estados y
organizaciones con intereses en Georgia y
preocupadas por sus relaciones con Rusia,
reaccionaron en una forma razonablemente bien
coordinada.
El Primer Ministro francés
Bernard Koucher (Presidente del Consejo de la UE) y
su colega finés Alexander Stubb, quien preside la
OSCE, adoptaron una posición común en sus viajes
entre Tbilisi y Moscú, que fueron rápidamente
seguidas por el Presidente francés Nicolas Sarkozy y
los representantes estadounidenses. Ahora que un
cese del fuego ha sido acordado pero persisten las
dudas sobre si los rusos respetan los seis puntos
del acuerdo de paz debido a su remisa actitud para
abandonar el territorio georgiano sin Abjazia y
Osetia del Sur, (y establecer así una zona tapón
reconocida de manera informal dentro del país) es
importante lograr una fuerte unidad. El conflicto
tendrá consecuencias de largo plazo en los Estados y
organizaciones involucradas.
En primera instancia, las
Naciones Unidas, que es el principal
mecanismo internacional establecido en Abjazia, ha
sido de poca utilidad en este conflicto. El Consejo
de Seguridad no pudo lograr una resolución, y ni
siquiera una declaración en las dos primeras semanas
de la guerra. Esto ya ha ocurrido en el pasado
cuando una de las naciones con poder de veto se
encuentra involucrada. Más preocupante es la
retórica de Guerra Fía entre Rusia y los miembros
occidentales. Las habituales conversaciones llevadas
a cabo en la organización respecto de la
reestructuración del Consejo de Seguridad deberán
ser profundizadas con carácter urgente.
La OSCE, que ha ocupado el
mecanismo internacional principal en Osetia del Sur,
falló en dos de sus tareas principales - la de
prevención del conflicto y en el aviso temprano. Los
miembros de la OSCE necesitarán repensar
drásticamente los objetivos y modus operandi de la
organización, que se ha visto dificultado por la
negación rusa de la crisis humanitaria y la
despreocupación occidental por los aspectos de
seguridad relevantes para Moscú. La guerra
Georgia y Rusia: Una guerra
corta con consecuencias prolongadas
de Georgia posiblemente afecte
de forma severa a la OSCE.
El momento de la verdad parece
haber llegado para la organización en este año.
Junto con los conflictos entre Rusia y las antiguas
repúblicas soviéticas por un lado y el resto de los
miembros por la otra, la OSCE es el principal
jugador internacional en tres de las cuatro zonas
con conflictos congelados en Europa oriental y el
Cáucaso. La presidencia finesa podría pretender
convocar este año a una cumbre en Helsinki para
tratar varios grandes temas.
En primera instancia, los
conflictos congelados necesitan ser encarados de
forma urgente. La OSCE aún tiene la ventaja de su
amplia membresía que incluye a EE UU, Canadá y a los
países europeos y euroasiáticos. En segundo lugar,
la guerra ha llevado a la OSCE a un punto donde
tendrá que decidir sobre su futuro si desea ser una
organización relevante. Quizás deba realizarse una
clara ruptura con el pasado y establecer un amplio
foro de seguridad basado en los miembros actuales y
sus compromisos previos (algo a lo que los rusos
también aspiran) mientras que se establece otra
organización que se enfoque en las cuestiones
humanitarias, tales como control de procesos
eleccionarios o cuestiones relacionados con los
derechos humanos (perspectiva más cercana a los
Estados occidentales). En este aspecto, los
compromisos políticos también deberían ser
mantenidos. Las experiencias desarrolladas en la
OSCE desde el 2000 y el actual conflicto en Georgia
parecen conspirar en contra de un enfoque global a
la seguridad que incorpore las cuestiones
humanitarias y las dimensiones económicas.
La UE deberá actuar como cuerpo
unificado y decidir si el sur del Cáucaso es parte
de Europa o si debería ser considerado el patrio
trasero ruso. Bajo esta perspectiva, cuál es el
valor de la diplomacia canalizada a través de la
Política Europea de Vecindad (PEV). La Canciller
alemana Angela Merkel argumentó pocos días después
del inicio de la guerra que la PEV debe ser
reconsiderada, pero también ampliada a los países de
Asia Central. Mientras tanto, los intereses
energéticos de la UE en Georgia son sustantivos; el
oleoducto que une Baku- Tbilisi- Ceyhan y el
gasoducto Baku- Tbilisi- Erzurum, que nacen en
Azerbaijan, atraviesa Georgia y se prolonga hacia
Turquía son fundamentales para la seguridad
energética europea. En este sentido, ni la UE ni EE
UU pueden abandonar a Georgia a su suerte.
Probablemente, las diferentes perspectivas de los
miembros de la UE se vuelvan más evidentes.
El Reino Unido y los nuevos
miembros de Europa central y oriental optarán por
una posición dura basados en la idea de que los
rusos se han pasado de la raya. La confianza se ha
evaporado y Rusia debe elegir entre una política
agresiva o una asociación real con la UE basada en
la interdependencia Otros miembros liderados por
Alemania y Francia consideran que la exclusión
aumentará las distancias con Rusia y como resultado
provocará más inseguridad para ambas partes. Las
discusiones internas debilitarán el rol de Bruselas,
fácilmente influenciable por la política rusa. La
primera controversia en el seno del Consejo de la
UE será sobre si Bruselas puede continuar su diálogo
con Moscú en el contexto del acuerdo de cooperación
iniciado en julio pasado. Un punto más urgente será
lograr que la Política Europea de Seguridad y
Defensa (PESD) pueda tener una presencia concreta en
Georgia y en otras zonas con conflictos congelados.
Esta presencia será probablemente de carácter
policial más que de tipo militar
Tales divisiones sobre cómo
enfrentar las relaciones con Rusia también amenazan
a la OTAN, aunque por ahora se han evitado las
ramificaciones al interior de la organización.
Durante el encuentro de Budapest en abril de este
año el Plan de Acción para la Adhesión no tuvo en
consideración los casos de Georgia y Ucrania debido
a que varios miembros estimaron necesarios observar
pruebas más claras de reforma o no desearon
incomodar a Rusia. Para lograr el acuerdo, se le
dijo a ambos países deberán esperar, pero que la
incorporación es un hecho eventualmente posible.
Esta posición permanecerá
inalterable y podría volverse una prioridad para la
Alianza. Los efectos de la guerra en las relaciones
OTAN-Rusia serán severos, dado que la Alianza ha
afirmado que “las cosas ya no pueden seguir como
eran”; lo más probable es la suspensión de la
cooperación en el marco del Consejo OTAN-Rusia. Si
bien la OTAN inteligentemente optó por mantener un
bajo perfil en los primeros días del conflicto, y
dejó paso al protagonismo de la UE y la OSCE, la
Alianza podría ocupar un papel relevante en este
escenario. Sin embargo, cuando la OTAN ha intentado
ampliar su campo de acción y sus objetivos de
mantenimiento de la seguridad colectiva de las
democracias transatlánticas hacia el norte de África
y Oriente Medio, no ha tenido mucho éxito.
Ni siquiera las operaciones en
Afganistán han modificado el principal punto de
atención de la Alianza: los antiguos países del
bloque soviético, principalmente, y los Balcanes en
segundo término. La Guerra Fría no retornará, pero
la OTAN renovará sus esfuerzos por vigorizar y
reinventar sus exitoso programa Asociación para la
Paz, que busca la cooperación militar y política con
los países no miembros en el contexto Euroatlántico,
incluyendo Euroasia.
La relación entre EEUU y
Rusia también ha sido dañada. Fueron
principalmente los estadounidenses quienes
reaccionaron contundentemente y tuvieron un papel de
liderazgo en sus exigencias para que los rusos
detuvieran su ofensiva en Georgia. EEUU no aceptará
comprometer la soberanía de Georgia o su integridad
territorial y Washington ha prometido ayudar a que
el país recupere su ritmo habitual. El esfuerzo será
dirigido principalmente a la promoción de la
democracia, dado que EE UU ha enfatizado con
insistencia el carácter “del gobierno
democráticamente electo”.
No está claro si EE UU seguirá
sosteniendo la posición sobre que la incorporación a
la OTAN (y a la UE) debe preceder a los procesos
democráticos, o al contrario (tal como lo
sostienen la mayoría de los países europeos). EE UU
parece resuelto a que Rusia no se salga fácilmente
con la suya con su invasión unilateral. Una primer
medida para demostrar que los intereses rusos pueden
ser ignorados fue la rápida reunión realizada en
Polonia para la firma del acuerdo del escudo
antimisiles. Es improbable que esta sea la última
medida estadounidense que exaspere a Moscú.
Conclusión
La breve pero devastadora
guerra entre Georgia y Rusia tendrá diversas
consecuencias para las partes involucradas y para
las relaciones internacionales en general. El camino
de Georgia a la democracia (incluyendo su
incorporación a la OTAN y la intensificación de sus
lazos con EE UU) ha sido severamente perturbado y el
futuro de los pequeños países del sur del Cáucaso es
incierto. Aunque todavía está pendiente el retiro
completo de las tropas rusas de la “zona de
separación” y con la ausencia de hostilidades, serán
centrales dos cuestiones relevantes en los meses
venideros. La primera cuestión que deberá ser
enfrentada decisivamente es quién ayudará a
reconstruir Osetia del Sur y Georgia. ¿Los rusos se
ocuparán de Osetia del Sur y los países occidentales
del resto de Georgia, o habrá un esfuerzo común? La
reconstrucción de la infraestructura destruida será
sólo una parte de un involucramiento mayor en el sur
del Cáucaso que requerirá una amplia coordinación
internacional y miles de millones de euros y rublos.
En segundo término, se deberá
dilucidar cómo estructurar un esquema internacional
de diálogo para resolver el conflicto de Osetia del
Sur y Abjazia. Georgia, Osetia del Sur, Rusia y la
OSCE no han logrado en el curso de los últimos 15
años ponerse de acuerdo y ahora la situación se ha
vuelto más urgente y compleja. Un callejón sin
salida entre Rusia y Occidente podría evitarse si
ambas partes buscaran una solución en Abjazia y
Osetia del Sur que contemple creativamente las
cuestiones relacionadas con la constitución de un
Estado y sea aceptada por las poblaciones afectadas.
Una solución que mantenga la integridad territorial
georgiana pero que a la vez contemple el
reconocimiento internacional de la soberanía de
ambas regiones (que no tendrán continuidad
territorial con Rusia) podría ser un camino
aceptable para resolver el conflicto.
El desarrollo de las sociedades
democráticas y liberales en el espacio de los países
del ex bloque soviético ahora parece más incierto
que nunca. Aun su desarrollo como países
independientes parecen estar en riesgo y la amenaza
de guerra no ha sido superada. En las próximas
décadas la inversión en el desarrollo de Europa del
este, el Cáucaso y Asia Central seguirá siendo una
prioridad para muchas organizaciones y países.
Fuente: FRIDE
Jos
Boonstra;
MA en
Relaciones Internacionales (2000) y MA en Historia
(1997) de la Universidad de Groningen, Holanda.
Antes de incorporarse a FRIDE, Jos Boonstra fue
desde 2001 Director de Programas en el Centro de
Estudios de Seguridad Europea (CESS), Groningen,
Holanda. Su investigación se centra particularmente
en la ampliación euro-atlántica, la reforma del
sector de seguridad y las relaciones civil-militares
en Europa del Este, los Balcanes, el Cáucaso y
Turquía.
LA
ONDA®
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