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EEUU: crisis financiera y la
“memorable alianza”
por José Luís Fiori
“Todas las monedas
son símbolos,
y su peso o
composición no
tienen mayor
importancia.
Lo que de hecho
importa
es el nombre o el
poder
de quien la emite”.
Mitchell Innes
Para
sorpresa de los ideólogos, los Estados Unidos acaban
de dar una clase, corta, sintética y brillante,
sobre la naturaleza del capitalismo, y sobre el
funcionamiento de sus mercados. Con pocas palabras,
el gobierno americano anunció, en esta última
semana, la estatización de las dos mayores empresas
de financiamiento hipotecario de los EE.UU. - la
Fannie Mae, y la Freddie Mac – creadas por el estado
americano, en 1938 y 1970, y después privatizadas,
con el objetivo de disminuir los gastos públicos y
aumentar la competencia sectorial. Al anunciar su
decisión, el secretario del Tesoro americano
prometió inyectar hasta U$S 200 mil millones de los
contribuyentes, en las dos empresas que controlan la
mitad del mercado de hipotecas de los EE.UU.,
estimado en 12 trillones de dólares.
Pero no sólo esto: en los últimos meses, el Fed
financió la adquisición del Bear Stearns por parte
de J.P. Morgan; creó una nueva línea de
financiamiento para firmas externas al sector
bancario; y ubicó a sus “inspectores” para controlar
los bancos de inversión. Mientras el Congreso
americano aprobaba, el pasado día 30 de julio, la
Ley para la Recuperación de la Economía y del Sector
Inmobiliario”, y discutía una nueva reglamentación
rigurosa y detallada del mercado financiero
americano. Y ahora, más recientemente, el
ex-presidente del Fed, Alan Greenspan, propuso
directamente la creación de una nueva Agencia
Estatal de análisis de riesgo de las empresas
privadas. O sea, de todos lados está viniendo la
misma señal: como dice el diario Financial Times,
“en el conflicto perenne entre la política y el
mercado, no hay duda, que en este momento, la
política está por encima”[i].
Mientras
tanto, los analistas económicos se golpean la
cabeza, hace más de un año, sin conseguir explicar
la naturaleza, la extensión y el futuro de la crisis
hipotecaria americana. Tal vez, porque todos
comparten, de una forma u otra, la misma tesis del
Financial Times: la idea equivocada de que existe un
“conflicto perenne”, entre la Política y el
Mercado. A pesar de que la historia de la formación
de los mercados y del capitalismo, apunte en
dirección opuesta, a una solidaridad esencial y
originaria entre el poder, el mercado y los
capitales privados. Una historia que comienza,
alrededor del siglo XIV, con el poder arbitrario de
los príncipes que definían de forma soberana, el
valor de los tributos que debían ser pagados por sus
súbditos, y al mismo tiempo, definían el valor de la
moneda que acuñaban para el pago de sus propios
tributos. E incluso, cuando circulaban otras monedas
y títulos privados, dentro de su “principado”, ellos
siempre eran referidos, en última instancia, al
valor de la moneda soberana. Este “circuito” inicial
se complicó con la expansión de las guerras y la
necesidad de los príncipes de recurrir al
endeudamiento, creando la deuda publica negociada
por parte de los comerciantes-banqueros, en un
mercado cada vez más extenso de títulos y monedas.
Fue así que nació el capital financiero a través del
señorío entre las monedas y títulos de las unidades
soberanas del mundo Medieval.
El paso
siguiente de esta historia se dio en los siglos XVII
y XVIII, con el nacimiento de los primeros
estados nacionales, y con la “revolución financiera”
que le cambió la cara al capitalismo europeo.
Esta revolución comenzó en Holanda, en el siglo XVII
y se completó en Inglaterra, en el siglo XVIII. Los
dos países centralizaron sus sistemas de tributación
y crearon bancos públicos responsables por la
administración conjunta, de la deuda soberana, bajo
la forma de bonos del estado, y de la deuda privada,
en la forma de letras de cambio, que se transforman
en la base de un sistema de crédito cada vez más
elástico, creativo y diversificado, pero siempre
referido, en última instancia, a la moneda de cuenta
nacional. Y no hay duda que la fusión entre estas
nuevas finanzas holandesa e inglesa, a partir de
1689, tuvo un papel decisivo en el fortalecimiento y
en la victoria colonial de Inglaterra, y en la
proyección internacional de la moneda inglesa, la
Libra, que fue hegemónica en todo el mundo hasta su
“casi-fusión’ con el Dólar norteamericano, durante
el siglo XX. En una especie de sucesión
“hereditaria”, que partió de Holanda y de
Inglaterra, y se prolongó en los Estados Unidos,
manteniendo la supremacía monetario-financiera
anglosajona, incuestionable durante los cuatro
siglos de historia de este sistema mundial que fue
creado a partir de la expansión política y económica
de Europa.
Durante
el período en que la “moneda internacional” tuvo una
base metálica, la Libra y el Dólar también tuvieron
una restricción financiera intransferible, impuesta
por la necesidad de equilibrio de la Balanza de
Pagos del país emisor de la moneda de referencia.
Pero después del fin del Sistema de Bretton
Woods, en 1973, esta restricción desapareció,
con el nuevo sistema monetario internacional
“dólar-flexible” que no tiene ningún tipo de patrón
metálico de referencia. En este sentido, se puede
decir que hubo una nueva “revolución financiera”- en
la década de 1980 -, que provocó una especie de
retorno a los orígenes de la relación entre el
poder, la moneda y el crédito.
Los EEUU
volvieron a definir, de forma soberana y aislada, el
valor de su moneda, a pesar de que ella ya fuese la
moneda internacional, y también el valor de sus
títulos de deuda pública, a pesar de que ellos se
hayan transformado en una base de referencia de la
propia moneda.
Además
de esto, el gobierno americano desreguló sus
mercados financieros, y con esto liberó la expansión
casi infinitamente elástica del crédito, lejos del
mundo de las mercaderías y del “valor-trabajo’, y
limitado apenas por la capacidad de tributación y
endeudamiento del propio estado americano, que
todavía es un poder en expansión, y que gana más
poder, con el fortalecimiento de su crédito
internacional, y de su capital financiero. En este
sistema, por lo tanto, no existe un “conflicto
perenne” entre la política y el mercado, como
piensa la teoría económica convencional.
Lo
que existe y siempre existió, es una “memorable
alianza”, entre el poder y las finanzas, que
estuvo en el origen del capitalismo, y del “milagro
europeo”, según Max Weber, y que sigue moviendo la
frontera expansiva del sistema interestatal
capitalista, en este comienzo del siglo XXI.
Traducido para LA ONDA
digital
por Cristina Iriarte
[i]
Plender, J., in Financial Times, 21 de
Agosto de 2008
LA
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