Globalización: la mejor
situación convertida
en el peor problema

La globalización preocupa a los activistas de diferentes clases, pero los economistas son habitualmente grandes fans. La mayoría está de acuerdo que los avances en la tecnología de información y la integración de los mercados emergentes en la economía mundial contribuyeron bastante para el período sin precedentes de 10 años de alto crecimiento y baja inflación.

 

Pero en una conferencia de dos días en Buenos Aires la semana pasada, las autoridades de los bancos centrales ubicaron en el debate una serie de crisis de mercado en andamiento que parecen exponer el lado negro de la globalización.  ¿La integración global es igualmente capaz de convertir la mejor situación de los dos mundos en el peor problema de los dos mundos?

 

Resultado directo

Entre las fuentes de tensión, la escasez de alimentos y la inflación de los precios de las commodities, son claramente el resultado de la globalización; ellas son estimuladas por el aumento de la demanda de países como China e India, que crecieron rápidamente en función de la globalización.  En su presentación, StephenCecchetti, director del departamento económico y monetario del Banco de Compensaciones Internacionales (BIS, en la sigla en inglés), observó que las economías emergentes contribuyen cuatro veces más que los países industrializados para la inflación alimenticia global.

 

Quien estuvo presente en la conferencia aprendió también como el know-how financiero, generado por la revolución de la tecnología de la información (TI), fue el de mejorar la eficiencia y la liquidez del mercado a hacer lo opuesto.  El mercado de obligaciones de deuda garantizadas y producto del lastre de hipotecas era tan complejo, tan difícil de monitorear y evaluar, argumentó el vice-presidente del Banco Central Europeo (BCE), Lucas Papademos, que las insolvencias, en el de otro modo mercado marginal americano, desencadenaron una cadena de eventos que produjo una gigantesca crisis de crédito global.

 

Mientras esto sucedía, varios oradores entendieron el reciente fracaso en disminuir la protección de la agricultura en las conversaciones de la Ronda de Doha, de la Organización Mundial de Comercio (OMC), como un revés en la tendencia de integración. “Dada la necesidad urgente de expandir el suministro global de alimentos para atender la creciente demanda mundial, es particularmente infeliz que estas negociaciones fuesen incapaces de progresar”, dijo el director del Federal Reserve, Randall Kroszner.

 

Con una perturbadora serie de slides, Jacob Frenkel, vice-presidente de la AIG y presidente del grupo de lobby industrial global G-30, mostró cuantos indicadores negativos económicos y del mercado accionario están más o menos acabando con la tesis del “desacoplamiento”, que mantenía que el resto del mundo, en la mayor parte, evitaría el contagio de la crisis de crédito americana.  Más grave, las señales de recesión están coincidiendo con las señales de que los costos más altos de alimentos y energía están convirtiéndose en una más amplia de precios al consumidor.

 

Bancos centrales “estropeados” están “en un estado de terror”, dijo, pesimista, Allen Sinai, de la Decisión Economics. “Hay tanto recesión como inflación alta, o stagflación, (y ellos no) tienen certeza si lidian con la “stag” o con la “flación”. 

 

El vice-presidente del Banco de España, José Vinals, dijo en la conferencia que la “gran moderación” de los últimos 15 años ha sido contestada por la reversión en sus tres pilares: innovación financiera, libre comercio y estabilidad de precios.

 

Incluso así, Vinals estaba confiado de que lo más importante de estos pilares – la estabilidad de precios – está sólo temporalmente debilitado.  Los formuladotes de las políticas públicas de todos los países aprendieron con el pasado y están comprometidos con detener la inflación, declaró.

 

Seguramente, los bancos centrales de muchos mercados emergentes anteriormente propensos a crisis se mantuvieron fieles a sus misiones de mantener la estabilidad de precios, inclusive endureciendo la línea frente a las amenazas al crecimiento representadas por el alto índice de precios.

 

Turquía defiende la línea dura

Este argumento fue enfatizado por la presencia de Durmus Yilmaz, presidente del banco central de Turquía, cuya tasa referencial del 16,75% - casi cinco puntos por encima de la inflación – es una de las tasas reales más altas del mundo.  Citando el efecto adverso de los precios de los alimentos sobre las expectativas de inflación, Yilmaz glorificó sus credenciales de línea dura al prever una “postura política cautelosa para el futuro previsible”.  Esto a pesar de las señales de tensión en algunos sectores de la economía y moderación en el IPC que fue revelado dos días después.

 

El elefante en el living

Sin embargo, políticas restrictivas generan presiones políticas y serán más difíciles de soportar a medida que crezcan los riesgos de recesión.  De hecho, no todos los presidentes de bancos centrales presentes en Buenos Aires, pueden ostentar un histórico seguro de combate a la inflación.

 

En sus discursos, el presidente del banco central de Argentina, Martín Redrado, prefirió ignorar lo que algunos describen como “elefante en el living” – la alarmante y acaloradamente contestada tasa de inflación de Argentina.  Con los precios al consumidor subiendo 25% al año – según los economistas del sector privado que desconfían profundamente de la tasa oficial del IPC del 9,1% - y los certificados de tasas de depósito de 30 días al 12%, los ahorristas argentinos están sufriendo mucho con los retornos reales negativos.  En la práctica, es un incentivo para gastar.

 

El anuncio sorpresa de la presidenta de Argentina, Cristina Fernández, en esta semana de su plan de pagar la deuda de U$S 6,7 mil millones que el país tiene con los acreedores del Club de París, usando las reservas extranjeras, suscitó más dudas en cuanto a la independencia del banco central. 

Fuente: Gazeta Mercantil- Michael Casey/Dow Jones Newswires)

Traducido para LA ONDA digital por Cristina Iriarte

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