¿Se acabará el mundo?
Con el acelerador de partículas
por Merthil Manginni

“Son máquinas inofensivas, su potencial

 destructivo es el mismo que el de un

mosquito contra el cristal de un coche”.

 

Una vez más ante junto a las evidencias del avance científico aparecen los miedos del ser humano sobre sus propios inventos o productos finales de su trabajo científico. Este proceso no es nuevo, si se examina la historia de la humanidad y la ciencia en particular los casos de tremendismo que llevaron incluso a la muerte a muchos son centenares o miles. La paradoja es que la historia no registra  sanciones o condena a quienes han anunciado catástrofes o apoacalisis a partir de los avances científicos, pero si registra condenas incluida la de la muerte de quienes han realizado los inventos o las investigaciones científicas exitosas.

 

El tema parece volver a actualizarce nuevamente con el anuncio de las primeras pruebas del acelerador de partículas en Ginebra. Según las denuncias hechas por los científicos de EEUU Walter Wagner y de España E. Sancho al Centro Europeo de Investigaciones Nucleares (CERN), que gestiona el LHC, y al Gobierno de Estados Unidos, que aporta la financiación, este proyecto es un peligro para la integridad del mundo.

 

Sancho expone dos grandes riesgos en la puesta en marcha del acelerador de partículas: cuando el LHC entre en funcionamiento, podría crear un agujero negro que literalmente se tragará al planeta y podría originar una "materia extraña" que convertiría la tierra en una estrella de neutrones sin vida tal. Según Wagner y Sancho, la combinación de ambos peligros genera una probabilidad del 75% de que el LHC acabe con la Tierra. O, cómo explicó Sancho a la justicia estadounidense, "el CERN quiere que juguemos a la ruleta rusa con dos balas".

 

Pese a esta denuncia, el punto de vista de Wagner y Sancho es minoritario en la comunidad científica y minimizan casi al 100% las posibilidades de que se cumplan los supuestos previstos en las hipótesis de ambos científicos.

 

Según recoge la BBC “La corriente principal del cristianismo se alejó de este tipo de ideas, pero grandes grupos de creyentes las adoptaron nuevamente en varias ocasiones.

 

"No es sólo un grupo marginal de lunáticos, es una parte integrante de toda la cristiandad. Pero en la rama más general de la cristiandad esto se pone en perspectiva como algo que podría ocurrir algún día", dice Stephen J. Hunt, sociólogo religioso y autor de "El Milenarismo cristiano: Desde la iglesia temprana hasta Waco".

 

"Pero ciertos grupos y movimientos creen que esto le pasará a su generación", agrega. (…) Los Testigos de Jehová han hecho interminables predicciones sobre posibles cataclismos que nunca sucedieron, y tan sólo en los últimos años han decidido abandonar tales profecías. Sin embargo, estos augurios fallidos no han desanimado a los más creyentes”.  Pero el medio ingles alerta que seria “erróneo decir tan sólo la gente religiosa cree en el fin del mundo.

 

En tiempos de la Guerra Fría el fin del mundo cobró la forma de armas nucleares, y hoy en día se habla de una catástrofe climática que daría paso a un mundo intacto pero sin seres humanos”.

 

Pero la sensatez ante las especulaciones irracionales y sin sentido las acaba de dar en un reportaje Juan José Gómez Cadenas, en su doble carácter de científico y novelista. Gómez Cadenas en la actualidad es profesor de investigación del CSIC y dirige el grupo de Física de Neutrinos del Instituto de Física Corpuscular en las Universidades de Harvard y Massachussets.

 

Al ser entrevistado como autor de una novela “catastrofista” editada por Espasa Calpe, y definida por la critica como una apasionante trama en la que convergen rivalidades científicas, arriesgadas operaciones de espionaje, sobre los que ahora están obsesionados con la posibilidad de un Apocalipsis a partir de la puesta en marcha del gigantesco acelerador de partículas en Suiza:

-¿Puede un acelerador de partículas destruir el mundo?

-No, si hubiera pensado que podría ser así, no habría escrito un libro, lo hubiera denunciado. Son máquinas inofensivas, su potencial destructivo es el mismo que el de un mosquito contra el cristal de un coche.

 

-¿Qué beneficios tiene?

-He intentado mantener una tensión narrativa, pero a la vez explicar la ciencia. Si hace dos siglos se descubrieron los Rayos X hoy podemos decir que han salvado miles de vidas, que estamos creando la futura red eléctrica mundial, cuanto menos continental.

 

-¿Y riesgos?

-Para el público ninguno, hay que tener cuidado en la manipulación de la maquinaria, pero no más que en las industrias al uso. Contiene energía con gran concentración, pero fuera del circuito no tiene ninguna fuerza. Por lo tanto no tiene casi peligros reales.

 

-¿Hasta dónde podemos llegar?

-Estamos llegando a la alta energía. Podemos conseguir la energía equivalente al microsegundo siguiente al Big Bang.

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