“Es para algunos que
lo miran por TV!!”
por El Perro Gil

…Grises que pocas veces deja

 entrever el celeste…

 

Uruguay, la celeste, el equipo de todos… distintas maneras de nombrar al combinado compatriota, responsable de alegrías y tristezas en tan solo una semana. Es lamentable pero cierto, que nos acostumbramos a sentir el deporte que más nos apasiona en sintonía de grises que pocas veces deja entrever el celeste feliz de su camiseta. Pero más allá de resultados deportivos, el tenor de esta nota busca recalar en un aspecto que no hemos asumido todavía, cumplido más de la mitad del período de gobierno. Por estos días se cumplió una fecha FIFA y el ambiente se llenó de fútbol, pero un fútbol al que solo acceden quienes son abonados de señales codificadas. ¿No era que cuando juega Uruguay jugamos todos? Yo no puedo menos que pensar en los cientos de miles que no acceden a ver el equipo de todos en vivo y en directo por la TV, y terminan escuchando la Spica resignados.

 

En un mundo globalizado y mercantilizado, todavía quedan espacios por cubrir donde los intereses generales priman sobre los de los particulares y este no deja de ser uno de esos. Debiera legislarse para que cuando juegue Uruguay, el canal oficial emita la señal abierta para que de ese modo no haya ningún uruguayo que quede afuera de la fiesta o de la tristeza, pero que viva y sufra en tiempo real, disfrutando de las imágenes como cualquier otro. Es cierto que hay una actividad comercial, pero también es cierto que las ondas son de todos, y bien podemos ceder alguna de las exclusividades en beneficio de todos sin exclusiones. Eso nos haría un poco más hermanos ¿no les parece?

 

Tenemos que apostar de una buena vez a encontrar esos espacios comunes que nos identifican y de los cuales debemos asirnos para construir sólidamente los lazos de una sociedad más comprometida y unida, dejando definitivamente los años del “hacé la tuya” que tanto mal nos hicieron.

 

Por eso es necesario reivindicar esas cosas que nos aglutinan para compartirlas y disfrutarlas sin privilegios, generando con ello igualdades de posibilidades y accesos, sin barreras ni limitaciones. El fútbol es uno de esos espacios que debemos recuperar no solo de manos de los dueños de los derechos –que está muy bien que hagan su negocio, pero también que cedan parte de su lucro en beneficio de la gente- y también de manos de los violentos, que se nos han adueñado de las tribunas, desplazando a las familias.

 

El fútbol sirve de ejemplo para demostrar parte de lo que perdimos y es necesario recuperar más temprano que tarde. Porque se hace urgente recuperar el conocimiento de mi vecino, de mi barrio, de mi ciudad, de mi país. No podemos estar ajenos a aquello que nos identifica como uruguayos y que compartimos cada día, y que perdemos cada día, porque sí o porque nos fuimos acostumbrando a no tenerlo. Aspiro a recuperar de nuevo la confianza en mi gente, a recuperar esas viejas costumbres que nos fueron robando porque un día nos impusieron que no podíamos reunirnos, y pasaron años sin practicar aquello tan simple y de todos los días. Así fuimos perdiendo los clubes de barrio, las comisiones de vecinos, por citar algunos casos. La modernidad llevó a que las grandes superficies desplazaran poco a poco a los minoristas, esos depositarios de nuestra confianza con sus libretas de fiados.

 

 En andas de la viveza criolla perdimos muchas cosas, pero principalmente dejamos de conocernos, de practicar la solidaridad cada día desde el rincón mismo de nuestros barrios, en nuestras veredas, en las esquinas.

 

Hoy es la pasta base el común denominador que identifica a muchos sectores que se han ido marginando envueltos en ese círculo vicioso del que no es fácil salirse. Nos invadieron con usos y costumbres nuevas, nos llenaron de ansiedad por tener lo innecesario en un afán consumista que antes no teníamos. Y si al deseo insatisfecho se le suma la crisis soportada ni bien iniciado el siglo, el resultado no puede ser otro que un aumento de la delincuencia, de la violencia, de la desconfianza, del sectarismo, de la discriminación social.

 

Por eso que perdimos y que tenemos por derecho que recuperar, se hace indispensable contemplar desde los ámbitos de decisión –esos que ayudamos a cambiar con nuestro voto- para que gestionen a favor de las mayorías, por no decir de las unanimidades. Porque en esto no puede haber dos posiciones, estamos todos dentro.

Si ello no ocurre, es posible pensar que pronto tendremos también parcelado hasta nuestros derechos fundamentales como el voto, por ejemplo. ¿Se imaginan ustedes ejercer ese sagrado derecho siempre y cuando esté abonado? Pues si eso le parece imposible, años atrás ni se nos ocurría pensar que cuando jugara Uruguay solo se pudiera ver por señal codificada para algunos que –por estar abonados- parecen ser más uruguayos que otros.

 

En fin, que al final de cuentas, empatamos con Ecuador y usted como yo de la calentura que tiene dirá que poco importa, pero igual derecho tenemos todos a sufrir, a calentarnos y/o alegrarnos viendo a la casaca celeste por la caja boba.

 

Mientras tanto el perro mordisqueaba el cable del que se había “colgado” el dueño…

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