El búho y sus ratones
Crisis del sistema-mundo
por Héctor Valle
hectorvalle@adinet.com.uy

(…) Este es un peligro de la globalización: el conocimiento es local porque usted sabe más sobre su propia sociedad que otros. (…) La agenda de la globalización ha sido estrechamente vinculada a los fundamentalistas del mercado –la ideología del libre mercado y la liberalización financiera. En esta crisis, vemos a las instituciones más orientadas hacia el mercado, en la economía más orientada hacia el mercado, cayendo y corriendo hacia el gobierno en busca de auxilio. Cualquiera en el mundo podrá decir ahora que eso es el fin del fundamentalismo del mercado. En este sentido, la caída de Wall Street es al fundamentalismo del mercado lo que la caída del muro de Berlín fue para el comunismo – le cuenta al mundo que este camino de la organización de la economía resulta ser no sustentable. Al final, todos dicen, ese modelo no funciona. Este momento es un registro de que las reivindicaciones respecto de la liberalización del mercado financiero eran falsas. La hipocresía entre el modo en que el Tesoro norteamericano, el FMI  y el Banco Mundial manejaron la crisis asiática de 1997 y el modo en que está siendo manejada la actual crisis ha aumentado esta reacción intelectual. Los asiáticos dicen ahora, “Esperen un minuto, ustedes nos dijeron que debíamos imitarlos a ustedes en los EUA. Ustedes son el modelo. Si hubiéramos seguido vuestro ejemplo estaríamos en el mismo lío. Ustedes pueden permitírselo. Nosotros no podemos.”

 

                                   Joseph Stiglitz, entrevistado por Nathan Gardels,

 Huffington Post, www.huffingtonpost.com, 16/09/2008[i]

 

Mientras que en el Uruguay…

Las reglas suelen ser creadas por el interés del más poderoso. Su beneficio es el activo que para nosotros resulta ser nuestro pasivo. Es decir, se han financiado a lo largo de todo este tiempo social –hablamos de unos 60 años- crecientemente a través de la extracción de dividendos, puros o impuros, que nuestras naciones y regiones, las diversas periferias del mundo, les hemos ido entregando activa y pasivamente.

 

Así, era común que a la Nueva Roma, se fuera a entrevistar a sus economistas antes que a sus militares. Tal el poder que esta modalidad operativa tenía y tiene para el actual poderoso del sistema-mundo capitalista.

 

El imperio de luz azul, solía y suele ser llamado, pues como a los mosquitos, nos encendían luces a las que nos dirigíamos a costo nuestro, luego a costo cero para el imperio.

 

Hacia allí iban nuestros mandatarios y, especialmente, nuestros ministros de Economía o de Hacienda, dependiendo de la denominación en cada uno de nuestros países. Hombres que, en el caso del Uruguay el último en ir, de una larga lista, fue el señor Danilo Astori. Todos custodios de la clase dominante, pues nada estructural, fermental ha variado, por ejemplo en mi país.

 

Y no es que uno intente juzgarlos, no. Juzgar juzga la Justicia, en tanto que nosotros, los ciudadanos de repúblicas libres y democráticas, tenemos y asumimos el derecho de opinar, como la obligación de ser responsables y hacer por la ampliación de la libertad.

 

Es que era más fácil avenirse a los dictámenes directos o supuestos de los gerentes y administradores de los organismos internacionales de crédito, de las diversas autoridades centrales en la materia, norteamericanas como europeas, que intentar cambios estructurales en los modos de producción cuanto en los modos de distribución de la riqueza.

 

Es decir, reestructuraban, o creían hacerlo, los factores del trabajo pero nunca osaban tocar, antes como ahora en el Uruguay, los factores del capital. Es entendible.

 

Es más siempre  nivelar del centro hacia abajo que desde arriba al centro y, concomitantemente, por la vía de nuevos modos de producción –producción socializada y volcada a la exportación de productos con alto valor agregado- y así, aprovechar las mieles de la altísima composición de microempresas, elevando, entonces, a los más sumergidos hacia el piso y los del piso hacia el medio.

 

En el Uruguay, por citar un caso,  y luego de una meseta de decenios de inercia “administradora”, hemos perdido los tres últimos años en una inacción que ha terminado de cristalizar a un país sumido en su hora más gris.

 

Años perdidos, tanto en los pasados decenios anteriores cuanto más en estos últimos tres años, por el compromiso asumido por unos y soñados por mucho más. Años que fueron entregados a la soberbia de los buenos modos y la nula producción.

 

Todo esto sazonado con una oposición absolutamente acrítica pues, guste o no, representa, por comprenderla y obedecerla, a la clase dominante. Esa clase que, en el Uruguay, goza de excelente salud pero de nula capacidad para producir pensamiento crítico.

 

Por tanto, al señor Astori no se lo debe criticar pues él es, representa y actúa, como factor o producto de una sociedad que ha perdido la capacidad de crear, de ser audaz y así, pensar críticamente, orgánicamente. Es, en suma, el término medio de una sociedad esclerosada.

 

Además, digámoslo una vez más: él tiene frente a sí a figuras y figurines tanto más impersonales y faltos de condiciones estructurales para pasar a ser, lo que nos hemos olvidado todos de hacer y ser por estas latitudes: constructores de una nación seria para los suyos y no, o no tan sólo, para los poderosos del mundo.

 

Es más fácil -al menos a todos sin distinción nos ha resultado más fácil- jugar a Narciso hincado ante su imagen, que atrevernos a quebrar el espejo de agua con nuestras manos hundiéndose en la misma para refrescar nuestro rostro y, así, nuestro espíritu. Hablo de tener la capacidad de poder levantarnos para apoyarnos sobre nuestros pies y de cara al horizonte y no más, sobre nuestras rodillas mirando de reojo y al costado a ver qué se nos dicta debemos hacer.

 

Somos, y me refiero al Uruguay, una sociedad  que, en lo político y societario se ha ido apagando y banalizando. Y así, es dable percibir como desde la mañana a la noche, jugamos a saber quiénes serán los candidatos en una u otra de las opciones (¿?) en vez de armar un programa, un verdadero plan maestro y no tan sólo un librillo para presentar como adminículo para el escenario de la próxima elección nacional, en donde consten los sueños y los instrumentos críticos para concretarlos, planificadamente, de un país serio, con futuro en dignidad y vida democrática.

 

Por consiguiente, rizar el rizo es una tarea que, en el Uruguay, no sólo paga sino que hasta da posibilidades de elevación (¿?) social y política.  Algo que guarda relación directa con lo que en el mundo viene sucediendo de larga data pero que  recién ahora, al estar del crack sistémico del modelo neoliberal, nos venimos a enterar que fue erigido desde bases podridas, por falsas, luego engañosas a las que se les fue dotando de mayor estructura virtual para esconder las flaquezas sobre las que se construyó este castillo de naipes que hoy el viento comienza a deshacer.

 

En el centro del sistema comienza a perfilarse el Socialismo del siglo XXI

Se están produciendo las mayores nacionalizaciones en la historia de la humanidad. Y las lleva adelante la nación más poderosa, que tuvo como credo de exportación el dogma neoliberal, ese dogma que, aun en estos tiempos, tuvo tantos sumos sacerdotes que lo pregonaban desde el centro, como asimismo lo han venido haciendo legiones de diáconos en las periferias de este sistema- mundo.

 

A lo dicho por el economista norteamericano Joseph Stiglitz -de quien nadie puede pensar que se trata de un anarquista en guerra contra el sistema-, quisimos colocarlo como epígrafe a nuestra reflexión, pues compendia, y de qué modo, aspectos centrales de la barbarie operada. Veamos.

 

-         conocimiento local y global;

-         ideología del libre mercado y de la liberalización financiera;

-         caídas del Muro de Berlín y de Wall Street: sus paralelismos;

-         la hipocresía entre lo que el dogma promueve y los dogmáticos efectivamente hacen.

 

Tópicos estos, que debemos estudiar sin prisas ni facilismos, pues nos comprenden. Sea porque los sufrimos, sea porque, de un modo u otro, los consentimos, en mayor o en menor grado, pero lo hicimos.

 

Tenemos, por tanto, un momento de inflexión en esta crisis sistémica de este ciclo del imperio de turno en la estructura, en la larga estructura, del capitalismo. Momento del que el capitalismo emergerá con uno o varios sistemas-mundo (sistemas históricos) coexistiendo. Nosotros, ya lo hemos dicho, promovemos la existencia y emergencia, en condiciones dignas, del nuestro: El sistema-mundo sudamericano.

 

Las bases morales del Socialismo del siglo XXI

Dice el economista norteamericano Nouriel Roubini, en su columna del 9 de septiembre pasado en www.rgemonitor.com : “La ahora inevitable nacionalización de Fannie and Freddie es el más radical cambio de régimen en los asuntos de l a economía global y financiera en décadas. Por las pasadas dos décadas, el colapso de la URSS, la caída de la Cortina de Hierro y las reformas económicas en China y otras economías en mercados emergentes, la economía mundial se ha salido de la estatización  de la economía hacia la privatización de las que otrora fueran empresas en poder de los estados. Esta tendencia fue agresivamente sustentada por los Estados Unidos que predicaron a derecha e izquierda los beneficios del libre mercado de la libre empresa.”

 

Y agrega un poco más adelante, en su reflexión: “Por eso ahora, los camaradas Bush, Paulson y Bernake han vuelto a los EUA en los ESURA (Estado Socialista Unido de la República de América –USSRA, en inglés). El socialismo está ciertamente vivo y bien en América; pero es un socialismo para los ricos, los bien conectados y Wall Street. Un socialismo donde los beneficios son privatizados y las pérdidas son socializadas con el contribuyente norteamericano haciéndose cargo de la cuenta de 300 mil millones de dólares:”

 

La inmoralidad e irresponsabilidad como el sustrato de un modo de ver y actuar en economía pero y más abiertamente, en la vida y para con los otros.

 

Como dijo recientemente el maestro de economistas Paul A. Samuelson,  en un artículo reproducido el 21 de septiembre por el diario español El País: “La humanidad es más ostra que búho sabio. Tanto en la macroeconomía contemporánea como en la geopolítica contemporánea, los optimistas piensan demasiado pronto que distinguen el comienzo de mejores tiempos.”

 

Reflexión ésta que nos lleva al título que diéramos a la nuestra: del Búho y sus ratones.

 

El búho, ese animal nocturno que, con la potencia de su mirada, ve donde otros no lo hacen y así, en el gran angular de su mirada escrutadora por nuevas presas, atrapa y se nutre de ratones, mientras progresa la noche para luego dormir de día.

 

El águila y el búho, rapacidades diurnas y nocturnas en los resquicios de un ciclo de este sistema-mundo, donde el zarpazo solía venir amparado por la oscuridad de normas dictadas desde el centro para mejor manducar a otros.

 

¿Qué alegarán ahora esos cultores del libre mercado, de los “famosos” TLC´s, esos pagarés que la Nueva Roma manda firmar, en donde sólo les abrimos las puertas, manteniendo ellos cerradas las propias, para mejor manducarnos, mientras sus diáconos, pregoneros de estos “valiosos instrumentos” que nos aproximarían “al mundo” y alejarían de estar “encerrados”, “angostados”, por la región que nos encorseta, según ellos dicen o reproducen los que les mandaban decir?

 

Han sido y son, ellos como sus lacayos, alimañas de un bosque perimido pero que aun dista mucho de haber desaparecido.

 

Debemos, consiguientemente, seguir atentos y a asumir, quien aun no lo haya hecho, su lugar en la arena pública. La tarea siempre es nuestra, si la transferimos, comenzaremos a servir voluntades ajenas. Se trata de construir una alternativa sudamericana al sistema-mundo imperante, no para sustituir, pero sí para coexistir.

 

Sabemos, obviamente, que el búho planeará nuevamente en busca de sus presas. Hagamos que llegue el día. Ya demasiada noche hemos soportado. Tengamos la estatura apropiada para tamaña empresa. Podemos. Hagámoslo, pues, comenzando por ponernos de pie.

(…) The globalization agenda has been closely linked with the market fundamentalists -- the ideology of free markets and financial liberalization. In this crisis, we see the most market-oriented institutions in the most market-oriented economy failing and running to the government for help. Everyone in the world will say now that this is the end of market fundamentalism. In this sense, the fall of Wall Street is for market fundamentalism what the fall of the Berlin Wall was for communism -- it tells the world that this way of economic organization turns out not to be sustainable. In the end, everyone says, that model doesn't work. This moment is a marker that the claims of financial market liberalization were bogus. The hypocrisy between the way the U.S. Treasury, the IMF and the World Bank handled the Asian crisis of 1997 and the way this is being handled has heightened this intellectual reaction. The Asians now say, "Wait a minute, you told us to imitate you in the U.S. You are the model. Had we followed your example we would be in the same mess. You may be able to afford it. We can't".

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