Mientras
que en el Uruguay…
Las reglas suelen
ser creadas por el interés del más poderoso. Su
beneficio es el activo que para nosotros resulta
ser nuestro pasivo. Es decir, se han financiado
a lo largo de todo este tiempo social –hablamos
de unos 60 años- crecientemente a través de la
extracción de dividendos, puros o impuros, que
nuestras naciones y regiones, las diversas
periferias del mundo, les hemos ido entregando
activa y pasivamente.
Así, era común
que a la Nueva Roma, se fuera a entrevistar a
sus economistas antes que a sus militares. Tal
el poder que esta modalidad operativa tenía y
tiene para el actual poderoso del sistema-mundo
capitalista.
El imperio de luz
azul, solía y suele ser llamado, pues como a los
mosquitos, nos encendían luces a las que nos
dirigíamos a costo nuestro, luego a costo cero
para el imperio.
Hacia allí iban
nuestros mandatarios y, especialmente, nuestros
ministros de Economía o de Hacienda, dependiendo
de la denominación en cada uno de nuestros
países. Hombres que, en el caso del Uruguay el
último en ir, de una larga lista, fue el señor
Danilo Astori. Todos custodios de la clase
dominante, pues nada estructural, fermental ha
variado, por ejemplo en mi país.
Y no es que uno
intente juzgarlos, no. Juzgar juzga la Justicia,
en tanto que nosotros, los ciudadanos de
repúblicas libres y democráticas, tenemos y
asumimos el derecho de opinar, como la
obligación de ser responsables y hacer por la
ampliación de la libertad.
Es que era más
fácil avenirse a los dictámenes directos o
supuestos de los gerentes y administradores de
los organismos internacionales de crédito, de
las diversas autoridades centrales en la
materia, norteamericanas como europeas, que
intentar cambios estructurales en los modos de
producción cuanto en los modos de distribución
de la riqueza.
Es decir,
reestructuraban, o creían hacerlo, los factores
del trabajo pero nunca osaban tocar, antes como
ahora en el Uruguay, los factores del capital.
Es entendible.
Es más siempre
nivelar del centro hacia abajo que desde arriba
al centro y, concomitantemente, por la vía de
nuevos modos de producción –producción
socializada y volcada a la exportación de
productos con alto valor agregado- y así,
aprovechar las mieles de la altísima composición
de microempresas, elevando, entonces, a los más
sumergidos hacia el piso y los del piso hacia el
medio.
En el Uruguay,
por citar un caso, y luego de una meseta de
decenios de inercia “administradora”, hemos
perdido los tres últimos años en una inacción
que ha terminado de cristalizar a un país sumido
en su hora más gris.
Años perdidos,
tanto en los pasados decenios anteriores cuanto
más en estos últimos tres años, por el
compromiso asumido por unos y soñados por mucho
más. Años que fueron entregados a la soberbia de
los buenos modos y la nula producción.
Todo esto
sazonado con una oposición absolutamente
acrítica pues, guste o no, representa, por
comprenderla y obedecerla, a la clase dominante.
Esa clase que, en el Uruguay, goza de excelente
salud pero de nula capacidad para producir
pensamiento crítico.
Por tanto, al
señor Astori no se lo debe criticar pues él es,
representa y actúa, como factor o producto de
una sociedad que ha perdido la capacidad de
crear, de ser audaz y así, pensar críticamente,
orgánicamente. Es, en suma, el término medio de
una sociedad esclerosada.
Además, digámoslo
una vez más: él tiene frente a sí a figuras y
figurines tanto más impersonales y faltos de
condiciones estructurales para pasar a ser, lo
que nos hemos olvidado todos de hacer y ser por
estas latitudes: constructores de una nación
seria para los suyos y no, o no tan sólo, para
los poderosos del mundo.
Es más fácil -al
menos a todos sin distinción nos ha resultado
más fácil- jugar a Narciso hincado ante su
imagen, que atrevernos a quebrar el espejo de
agua con nuestras manos hundiéndose en la misma
para refrescar nuestro rostro y, así, nuestro
espíritu. Hablo de tener la capacidad de poder
levantarnos para apoyarnos sobre nuestros pies y
de cara al horizonte y no más, sobre nuestras
rodillas mirando de reojo y al costado a ver qué
se nos dicta debemos hacer.
Somos, y me
refiero al Uruguay, una sociedad que, en lo
político y societario se ha ido apagando y
banalizando. Y así, es dable percibir como desde
la mañana a la noche, jugamos a saber quiénes
serán los candidatos en una u otra de las
opciones (¿?) en vez de armar un programa, un
verdadero plan maestro y no tan sólo un librillo
para presentar como adminículo para el escenario
de la próxima elección nacional, en donde
consten los sueños y los instrumentos críticos
para concretarlos, planificadamente, de un país
serio, con futuro en dignidad y vida
democrática.
Por consiguiente,
rizar el rizo es una tarea que, en el Uruguay,
no sólo paga sino que hasta da posibilidades de
elevación (¿?) social y política. Algo que
guarda relación directa con lo que en el mundo
viene sucediendo de larga data pero que recién
ahora, al estar del crack sistémico del modelo
neoliberal, nos venimos a enterar que fue
erigido desde bases podridas, por falsas, luego
engañosas a las que se les fue dotando de mayor
estructura virtual para esconder las flaquezas
sobre las que se construyó este castillo de
naipes que hoy el viento comienza a deshacer.
En el centro del
sistema comienza a perfilarse el Socialismo del
siglo XXI
Se están
produciendo las mayores nacionalizaciones en la
historia de la humanidad. Y las lleva adelante
la nación más poderosa, que tuvo como credo de
exportación el dogma neoliberal, ese dogma que,
aun en estos tiempos, tuvo tantos sumos
sacerdotes que lo pregonaban desde el centro,
como asimismo lo han venido haciendo legiones de
diáconos en las periferias de este sistema-
mundo.
A lo dicho por el
economista norteamericano Joseph Stiglitz -de
quien nadie puede pensar que se trata de un
anarquista en guerra contra el sistema-,
quisimos colocarlo como epígrafe a nuestra
reflexión, pues compendia, y de qué modo,
aspectos centrales de la barbarie operada.
Veamos.
-
conocimiento local y global;
-
ideología del libre mercado y de
la liberalización financiera;
-
caídas del Muro de Berlín y de
Wall Street: sus paralelismos;
-
la hipocresía entre lo que el
dogma promueve y los dogmáticos efectivamente
hacen.
Tópicos estos,
que debemos estudiar sin prisas ni facilismos,
pues nos comprenden. Sea porque los sufrimos,
sea porque, de un modo u otro, los consentimos,
en mayor o en menor grado, pero lo hicimos.
Tenemos, por
tanto, un momento de inflexión en esta crisis
sistémica de este ciclo del imperio de turno en
la estructura, en la larga estructura, del
capitalismo. Momento del que el capitalismo
emergerá con uno o varios sistemas-mundo
(sistemas históricos) coexistiendo. Nosotros, ya
lo hemos dicho, promovemos la existencia y
emergencia, en condiciones dignas, del nuestro:
El sistema-mundo sudamericano.
Las bases morales del Socialismo del siglo XXI
Dice el economista
norteamericano Nouriel Roubini, en su columna
del 9 de septiembre pasado en
www.rgemonitor.com : “La
ahora inevitable nacionalización de Fannie
and Freddie
es el más radical cambio de
régimen en los asuntos de l a economía global y
financiera en décadas. Por las pasadas dos
décadas, el colapso de la URSS, la caída de la
Cortina de Hierro y las reformas económicas en
China y otras economías en mercados emergentes,
la economía mundial se ha salido de la
estatización de la economía hacia la
privatización de las que otrora fueran empresas
en poder de los estados. Esta tendencia fue
agresivamente sustentada por los Estados Unidos
que predicaron a derecha e izquierda los
beneficios del libre mercado de la libre
empresa.”
Y agrega un poco más adelante, en su reflexión:
“Por eso ahora, los camaradas Bush, Paulson y
Bernake han vuelto a los EUA en los ESURA
(Estado Socialista Unido de la República de
América –USSRA, en inglés).
El socialismo está ciertamente vivo y bien en
América; pero es un socialismo para los ricos,
los bien conectados y Wall Street. Un socialismo
donde los beneficios son privatizados y las
pérdidas son socializadas con el contribuyente
norteamericano haciéndose cargo de la cuenta de
300 mil millones de dólares:”
La inmoralidad e
irresponsabilidad como el sustrato de un modo de
ver y actuar en economía pero y más
abiertamente, en la vida y para con los otros.
Como dijo recientemente el maestro de
economistas Paul A. Samuelson, en un artículo
reproducido el 21 de septiembre por el diario
español El País: “La
humanidad es más ostra que búho sabio. Tanto en
la macroeconomía contemporánea como en la
geopolítica contemporánea, los optimistas
piensan demasiado pronto que distinguen el
comienzo de mejores tiempos.”
Reflexión ésta
que nos lleva al título que diéramos a la
nuestra: del Búho y sus ratones.
El búho, ese
animal nocturno que, con la potencia de su
mirada, ve donde otros no lo hacen y así, en el
gran angular de su mirada escrutadora por nuevas
presas, atrapa y se nutre de ratones, mientras
progresa la noche para luego dormir de día.
El águila y el
búho, rapacidades diurnas y nocturnas en los
resquicios de un ciclo de este sistema-mundo,
donde el zarpazo solía venir amparado por la
oscuridad de normas dictadas desde el centro
para mejor manducar a otros.
¿Qué alegarán
ahora esos cultores del libre mercado, de los
“famosos” TLC´s, esos pagarés que la Nueva Roma
manda firmar, en donde sólo les abrimos las
puertas, manteniendo ellos cerradas las propias,
para mejor manducarnos, mientras sus diáconos,
pregoneros de estos “valiosos instrumentos” que
nos aproximarían “al mundo” y alejarían de estar
“encerrados”, “angostados”, por la región que
nos encorseta, según ellos dicen o reproducen
los que les mandaban decir?
Han sido y son,
ellos como sus lacayos, alimañas de un bosque
perimido pero que aun dista mucho de haber
desaparecido.
Debemos,
consiguientemente, seguir atentos y a asumir,
quien aun no lo haya hecho, su lugar en la arena
pública. La tarea siempre es nuestra, si la
transferimos, comenzaremos a servir voluntades
ajenas. Se trata de construir una alternativa
sudamericana al sistema-mundo imperante, no para
sustituir, pero sí para coexistir.
Sabemos,
obviamente, que el búho planeará nuevamente en
busca de sus presas. Hagamos que llegue el día.
Ya demasiada noche hemos soportado. Tengamos la
estatura apropiada para tamaña empresa. Podemos.
Hagámoslo, pues, comenzando por ponernos de pie.
(…)
The globalization agenda has been closely
linked with the market fundamentalists --
the ideology of free markets and financial
liberalization. In this crisis, we see the
most market-oriented institutions in the
most market-oriented economy failing and
running to the government for help. Everyone
in the world will say now that this is the
end of market fundamentalism. In this sense,
the fall of Wall Street is for market
fundamentalism what the fall of the Berlin
Wall was for communism -- it tells the world
that this way of economic organization turns
out not to be sustainable. In the end,
everyone says, that model doesn't work. This
moment is a marker that the claims of
financial market liberalization were bogus.
The hypocrisy between the way the U.S.
Treasury, the IMF and the World Bank handled
the Asian crisis of 1997 and the way this is
being handled has heightened this
intellectual reaction. The Asians now say,
"Wait a minute, you told us to imitate you
in the U.S. You are the model. Had we
followed your example we would be in the
same mess. You may be able to afford it.
We can't".