Puja electoral:
pasando raya
por El Perro Gil

Dando la vuelta al codo

ya se vislumbra el final

y la puja electoral

prepara sus acomodos.

Es momento de hacer todo

lo que falta por hacer,

pasando raya hay que ver

que quedan cosas pendientes,

por eso resulta urgente

culminarlas de una vez…

 

Transitamos el tramo final de un gobierno que vino a cambiar las estructuras. Si lo miramos con humildad debemos coincidir que se hicieron cambios fundamentales pero aún resta mucho camino por recorrer. Si bien es cierto que hubo que emparchar muchas cosas antes de efectuar las movidas sustanciales por las cuales la gente votó el cambio, no es menos cierto que falta mucho todavía. La reforma de la salud tiene sus bemoles. En primera instancia, un aumento sustancial de beneficiarios que acceden por primera vez a una asistencia médica en una mutualista, reservada antes solo para aquellos privilegiados que contaban con tal posibilidad, es la más gratificante de las consecuencias. Sin embargo quedan patas para arreglar en cuanto se ha masificado la consulta médica y las mutualistas no han reformulado sus servicios como debieran, y hacen parecer como culpable a la reforma pero nada dicen que facturan mucho más que antes a consecuencia de ella. En el control está la clave. Se debe controlar el efectivo cumplimiento de lo dispuesto por los cambios para que los frutos de esta reforma sean realidad.

 

Hoy la igualdad de oportunidades en algo tan sustantivo como la salud de nuevas generaciones es una marca indeleble que identifica a esta fuerza de cambio, por eso hay que cuidarla. Es que nos va la vida como país en ello porque allí está el futuro. Lejos de actitudes corporativistas, desde el propio Presidente se pudo observar ni bien iniciado su mandato, como desarticulaba el andamiaje comercialmente instalado en torno al cáncer, al que también contribuyó a no tenerle miedo mencionándole como tal y apuntando las baterías a la prevención sin limitación por condición alguna. Del mismo modo se derribaron actitudes corporativas en torno a la salud visual de los miles de uruguayos que no contaban con sendos miles de dólares para recuperar el sentido perdido. Hoy es una realidad el Hospital de Ojos y se cuentan por miles los uruguayos agradecidos a los que se les devolvió la nitidez del entorno. Una de ellas –conocida del suscrito- fue contundente al respecto cuando me resumió su caso particular tras ser operada: “volví a distinguir los pájaros posados en las ramas de los árboles…”.

 

Pero quedan cosas en el debe y no son menores. Por ejemplo el tema de lo que se cobra por intereses de mora y los recargos. Es monstruoso que se liquiden porcentajes astronómicos en un país donde la inflación pasó –gracias a Dios y a Danilo- a ser de un solo dígito. Sin embargo se cobran los referidos recargos e intereses por cifras superiores a los parámetros inflacionarios y no parece ser coherente con la realidad económica del país sino con los bolsillos de los agiotistas de siempre, entre los cuales el Estado sigue siendo uno de los principales. ¿No es adecuado que se pongan las cosas en su justo término? Seguramente se obtendrían mejores resultados a la hora de cobrar adeudos. Además de no contribuir a generar más incobrables por el solo hecho de resultar imposible cualquier pago para un trabajador de clase media que tuvo la desgracia de atrasarse. Ese es uno de los grandes temas que quedan para pasar raya en cuanto a los pendientes que tenemos irremediablemente que resolver a corto plazo. Otros temas no menos relevantes para el bolsillo de los uruguayos de a pie es el cobro del IVA, ya no por su alto porcentaje e incidencia en quien no puede descontarlo, o sea la inmensa mayoría de los consumidores, sino también porque grava hasta los servicios básicos que detentan los favores de la actividad monopólica como la UTE y OSE por ejemplo. No se trata de un gasto superfluo sino de primera necesidad en tiempos como el que nos castiga últimamente cuando el invierno no cede ni un poquito, y la mayoría de los uruguayos recurre al calor eléctrico. Esa es una verdadera reforma pendiente, la de desgravar los consumos esenciales como los referidos, para devolver ingresos y mejorar aún más la calidad de vida de los orientales.

 

Esas son solo algunas de las pequeñas rayas que le pasamos a un gobierno que cuenta con el respaldo que da el trabajo realizado, mal que les pese a muchos. Esos a los que se les cortó la leche que succionaron por décadas de la teta del Estado, y hoy asisten a ver como se redistribuye con equidad y justicia los ingresos públicos – aún cuando dista mucho de ser el ideal es harto mejor que lo efectuado por gobiernos anteriores.

 

El perro no se movía de al lado del calentador eléctrico…

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