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Bush:
“Nos encontramos en medio
de una seria crisis financiera”
Discurso
completo
El Presidente George W. Bush se ha dirigido por
intermedio de un discurso a su país anunciando las
medidas de su gobierno ante la grave crisis en el
sistema financiero de los EEUU. Problemas que se
originaron en el mercado crediticio –e inicialmente
se presentaron en el campo de préstamos hipotecarios
no preferenciales y que ahora se han extendido a
todo el sistema financiero. A continuación La ONDA
digital publica el discurso completo del presidente
norteamericano
brindado el 24 de setiembre.
Éste
es un periodo de carácter extraordinario para la
economía estadounidense. Durante las últimas
semanas, muchos estadounidenses han sentido
inquietud sobre sus finanzas y su futuro. Comprendo
su preocupación y su frustración. Hemos visto
cambios de tres dígitos en la bolsa de valores.
Instituciones financieras importantes han estado al
borde del colapso, y algunas han quebrado. La
incertidumbre ha aumentado, muchos bancos han
restringido los préstamos. Los mercados crediticios
están congelados. Y las familias y empresas tienen
mayores dificultades para sacar préstamos.
Nos encontramos en medio de
una seria crisis financiera, y el gobierno federal
está respondiendo con medidas decisivas. Hemos
aumentado la confianza en los fondos mutuos de
inversión (en activos) del mercado de dinero, y
tomamos medidas para evitar que grandes
inversionistas intencionalmente reduzcan el valor de
las acciones para su lucro personal.
Lo que es más importante, mi
gobierno está trabajando con el Congreso para
abordar la causa de la inestabilidad en nuestros
mercados. Los activos financieros relacionados con
las hipotecas residenciales han perdido valor
durante el deterioro del sector vivienda. Y los
bancos que tienen estos activos han restringido el
crédito. Como resultado, toda nuestra economía está
en peligro. Por lo tanto, he propuesto que el
gobierno federal reduzca el riesgo que representan
estos activos problemáticos, y proporcione el dinero
que necesitan urgentemente bancos y otras
instituciones financieras, para que puedan evitar el
colapso y reanuden los préstamos.
Estas medidas de rescate no
están dirigidas a resguardar ninguna compañía ni
sector individual; están dirigidas a resguardar la
economía de Estados Unidos en general. Ayudarán a
los consumidores y empresas estadounidenses a
obtener crédito para satisfacer sus necesidades
cotidianas y generar empleo. Y ayudarán a enviar una
señal a los mercados de todo el mundo de que el
sistema financiero de Estados Unidos nuevamente va
por buen camino.
Sé que muchos estadounidenses
tienen preguntas esta noche: ¿Cómo llegamos a este
punto en nuestra economía? ¿Cómo funcionará la
solución que he propuesto? ¿Y qué significa esto
para el futuro financiero de ustedes? Éstas son
buenas preguntas y merecen respuestas claras.
En primer lugar, ¿cómo llegó
nuestra economía a este punto?
Bueno, la mayoría de los
economistas concuerdan en que los problemas que
estamos presenciando hoy se desarrollaron durante un
largo periodo de tiempo. Durante más de una década,
una enorme cantidad de dinero entró a Estados Unidos
proveniente de inversionistas en el extranjero,
porque nuestro país es un lugar atractivo y seguro
para hacer negocios. Este gran flujo de dinero a los
bancos e instituciones financieras de Estados Unidos
-junto con bajas tasas de interés- facilitó que los
estadounidenses recibieran crédito. Esto permitió
que más familias pidieran préstamos para autos y
viviendas y matrículas universitarias- algunas por
primera vez. Esto permitió que más empresarios
obtuvieran préstamos para iniciar pequeñas empresas
y generar empleo.
Desafortunadamente, también
hubo ciertas consecuencias negativas serias,
particularmente en el sector vivienda. El crédito
fácil -combinado con la falsa suposición de que el
valor de las viviendas continuaría aumentando- llevó
a excesos y malas decisiones. Muchos prestamistas
hipotecarios aprobaron préstamos para prestatarios
sin examinar detenidamente su capacidad de pago.
Muchos prestatarios sacaron préstamos mayores a lo
que podían pagar, dando por sentado que podrían
vender o refinanciar sus casas a un precio más alto
posteriormente.
El optimismo sobre el valor de
las viviendas también llevó a un auge en la
construcción residencial. Llegó un momento en que el
número de casas nuevas superó el número de personas
dispuestas a comprarlas. Y ya que la oferta superaba
la demanda, el precio de casas bajó. Y esto creó un
problema: Los prestatarios con préstamos
hipotecarios de tasa ajustable que habían planeado
vender o refinanciar sus casas a un precio más alto
se quedaron estancados con casas que valían menos de
lo esperado, además de hipotecas que no podían
pagar. Como resultado, muchas personas con préstamos
hipotecarios comenzaron a dejar de pagarlos.
Este incumplimiento
generalizado tuvo efecto mucho más allá del mercado
de vivienda. Miren, hoy en día, en el sector de
hipotecas, los préstamos de vivienda a menudo son
agrupados en un paquete y convertidos en productos
financieros llamados "valores respaldados por
préstamos hipotecarios". Estos valores fueron
vendidos a inversionistas en todo el mundo. Muchos
inversionistas supusieron que estos valores eran
seguros, e hicieron pocas preguntas sobre su
verdadero valor. Dos de los principales compradores
de valores respaldados por hipotecas eran Fannie Mae
y Freddie Mac. Debido a que dichas empresas fueron
constituidas por el Congreso, muchos creían que
estaban avaladas por el gobierno federal. Esto
permitió que pidieran prestadas enormes cantidades
de dinero, incentivaran el mercado de inversiones
cuestionables y pusieran en peligro nuestro sistema
financiero.
El deterioro del mercado de
vivienda puso en marcha un efecto dominó en toda
nuestra economía. Cuando las viviendas se
devaluaron, los prestatarios dejaron de cumplir con
sus pagos hipotecarios, y los inversionistas que
tenían valores respaldados por hipotecas comenzaron
a sufrir pérdidas considerables. Al poco tiempo,
estos valores perdieron toda confianza del mercado,
al punto en que no se estaban comprando ni
vendiendo. Los bancos de inversión como Bear Stearns
y Lehman Brothers se vieron sobrecargados de grandes
cantidades de activos que no podían vender. Se les
acabó el dinero que necesitaban para cumplir con sus
obligaciones inmediatas. Y enfrentaron un colapso
inminente. Otros bancos se vieron en serias
dificultades económicas. Estos bancos comenzaron a
aferrarse a su propio dinero, y los préstamos se
acabaron, y los engranajes del sistema financiero
estadounidense comenzaron a detenerse.
Ya que la precariedad de la
situación aumentaba día a día, me vi en la necesidad
de tomar una decisión: O intervenir con medidas
gubernamentales drásticas o retirarme y permitir que
las acciones irresponsables de algunos menoscaben la
seguridad financiera de todos.
Creo firmemente en la libre
empresa. Entonces, mi instinto natural es oponerme a
la intervención gubernamental. Considero que se debe
permitir que las empresas que toman malas decisiones
cierren. Bajo circunstancias normales, habría
seguido ese camino. Pero éstas no son circunstancias
normales. El mercado no está funcionando
debidamente. Ha habido una pérdida de confianza
generalizada. Y existe el peligro de que cese el
funcionamiento de sectores importantes del sistema
financiero de Estados Unidos.
Los principales expertos en
economía del gobierno advierten que sin acción
inmediata por el Congreso, Estados Unidos caería en
un pánico financiero y sobrevendría una situación
preocupante:
Más bancos quebrarían, entre
ellos algunos en las comunidades cercanas a usted.
La bolsa de valores se devaluaría aun más, lo que
reduciría el valor de su cuenta de ahorros para su
jubilación. El valor de su casa se desplomaría. Las
ejecuciones hipotecarias aumentarían
considerablemente. Y si tiene un negocio o una
granja, le resultaría más difícil y más costoso
obtener crédito. Más empresas cerrarían sus puertas,
y millones de estadounidenses podrían perder el
empleo. Incluso si usted tiene un buen historial
crediticio, sería más difícil que obtuviera el
préstamo necesario para comprar un auto o enviar a
sus hijos a la universidad. Y a fin de cuentas,
nuestro país pasaría por una larga y dolorosa
recesión.
Conciudadanos: No debemos
permitir que esto suceda. Agradezco la labor de los
líderes de ambos partidos en ambas cámaras del
Congreso para hacerle frente a este problema. y para
hacer mejoras a las propuestas que mi equipo les ha
remitido. Existe un espíritu de cooperación entre
demócratas y republicanos, y entre el Congreso y el
poder ejecutivo. Con ese espíritu, he invitado a los
senadores McCain y Obama a unirse a líderes del
Congreso de ambos partidos en la Casa Blanca mañana
para ayudar a acelerar nuestras conversaciones para
una propuesta refrendada por ambos partidos.
Sé que el conjunto de medidas
de rescate económico será un voto difícil para
muchos miembros del Congreso. Es difícil aprobar un
proyecto de ley que utiliza tanto del dinero que los
contribuyentes han ganado con tanto esfuerzo.
También comprendo la frustración de los
estadounidenses responsables que pagan sus préstamos
hipotecarios a tiempo, presentan sus declaraciones
de impuestos puntualmente el 15 de abril y están
renuentes a pagar el costo de los excesos en Wall
Street. Pero dada la situación que enfrentamos, no
aprobar un proyecto de ley ahora les costaría a
estos estadounidenses mucho más posteriormente.
Muchos estadounidenses se están
preguntando: ¿Cómo funcionaría un plan de rescate?
Tras muchas conversaciones,
ahora existe un acuerdo generalizado en los
principios que incluiría tal plan. Eliminaría el
riesgo que representan los activos problemáticos
-incluidos los valores respaldados por hipotecas-
que actualmente están causando un embotellamiento en
el sistema financiero. Esto permitiría que los
bancos tuvieran la libertad de reactivar el flujo de
crédito a las familias y empresas estadounidenses.
Todo plan de rescate también debe estar concebido de
forma que asegure que los contribuyentes estén
protegidos. Debe acoger la participación de
instituciones financieras, grandes y pequeñas. Debe
asegurarse de que los malos ejecutivos no reciban
una fortuna derivada del dinero de los
contribuyentes. Se debe constituir una junta de
miembros de ambos partidos para supervisar la
implementación del plan. Y se debe promulgar lo
antes posible.
En consultas directas con el
secretario de Tesoro Hank Paulson, el presidente de
la Reserva Federal Ben Bernanke y el presidente de
la Comisión de Valores y Cambio Bursátil (Securities
and Exchange Commission o SEC) Chris Cox, anuncié un
plan el viernes. En primer lugar, el plan es
suficientemente extenso como para resolver un
problema serio. Conforme a nuestra propuesta, el
gobierno federal proporcionaría $700,000 millones
del dinero de los contribuyentes para comprar
activos problemáticos que están causando un
embotellamiento del sistema financiero. A corto
plazo, esto permitiría que los bancos pudieran
reanudar el flujo de crédito a las familias y
empresas estadounidenses. Y esto contribuiría al
crecimiento de nuestra economía.
En segundo lugar, ya que el
mercado ha perdido confianza en valores respaldados
por hipotecas, los precios han bajado
considerablemente. Sin embargo, el valor de muchos
activos probablemente será más alto que su precio
actual, porque en última instancia la gran mayoría
de los estadounidenses pagará sus préstamos
hipotecarios. El gobierno es la única institución
con la paciencia y recursos para comprar estos
activos a sus actuales precios bajos y retenerlos
hasta que el mercado regrese a la normalidad. Y
cuando eso suceda, el dinero volverá a fluir al
Tesoro a medida que se vendan dichos activos. Y
tenemos previsto que gran parte, si no todo, del
dinero de los contribuyentes que invirtamos será
devuelto.
Una pregunta final es: ¿Qué
significa esto para nuestro futuro económico?
Los pasos. el propósito
fundamental de los pasos que he descrito esta noche
es resguardar la seguridad financiera de los
trabajadores y las familias y pequeñas empresas
estadounidenses. El gobierno federal también
continúa velando por el cumplimiento de las leyes y
normas que protegen el dinero de ustedes. El
Departamento del Tesoro recientemente ofreció seguro
respaldado por el gobierno para los fondos mutuos de
inversión en el mercado de dinero. Y por medio de la
Corporación de Seguro Federal para Depósitos
(Federal Deposit Insurance Corporation o FDIC),
todas las cuentas de ahorro, cuentas corrientes y
certificados de depósito están aseguradas por el
gobierno federal hasta $100,000. La FDIC existe
desde hace 75 años, y nadie jamás ha perdido ni un
centavo de un depósito asegurado, y esto no
cambiará.
Una vez que se resuelva esta
crisis, habrá tiempo para actualizar nuestra
estructura normativa para el sector finanzas. La
economía mundial del siglo XXI sigue regulada en
gran parte por leyes anticuadas del siglo XX.
Recientemente, hemos visto cómo una empresa puede
crecer tanto que su fracaso pone en peligro todo el
sistema financiero.
Este año, el secretario Paulson
propuso un plan que modernizaría nuestra
reglamentación financiera. Por ejemplo, la Reserva
Federal estaría autorizada a examinar más de cerca
las operaciones de empresas en todo el espectro
financiero y asegurar que sus prácticas no amenacen
la estabilidad financiera en general. Hay otras
ideas buenas, y los miembros del Congreso deben
considerarlas. Al hacerlo, deben asegurarse de que
los esfuerzos por regular Wall Street no terminen
limitando la capacidad de crecimiento de nuestra
economía.
A largo plazo, los
estadounidenses tienen buenos motivos para confiar
en nuestra solidez económica. A pesar de las
correcciones del mercado y casos de abusos, el
capitalismo democrático es el mejor sistema jamás
concebido. Ha dado rienda suelta al talento y la
productividad y el espíritu empresarial de nuestros
ciudadanos. Ha hecho a este país el mejor lugar del
mundo para invertir y hacer negocios. Y le da a
nuestra economía la flexibilidad y resistencia para
absorber choques, hacer ajustes y recuperarse.
Nuestra economía está pasando
por un momento de grandes desafíos. Pero hemos
superado enormes desafíos antes. y superaremos éste.
Sé que a los estadounidenses a veces los desalienta
el tono en Washington y las pugnas partidistas
aparentemente interminables. Sin embargo, la
historia ha mostrado que en momentos de verdadera
dificultad, los funcionarios electos se ponen a la
altura de las circunstancias. Y juntos, le
volveremos a mostrar al mundo el tipo de país que es
Estados Unidos: una nación que les hace frente a los
problemas directamente, donde los líderes se unen
para afrontar los grandes desafíos y donde personas
de todas las esferas pueden trabajar duro,
desarrollar su talento y alcanzar sus sueños.
LA
ONDA®
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