|
Un porrito para aflojar
por Emilio Ruchansky(*)
Desde Montevideo
Durante la jornada del viernes 26
de setiembre se realizó en Montevideo con la
presencia del ministro argentino de Justicia y
Seguridad, Aníbal Fernández una reunión con el
presidente de la Junta Nacional de Drogas de
Uruguay, Jorge Vázquez donde se trató el fenómeno
del narcotráfico y como trabajar en la recuperación
del adicto.
La reunión culminó con la firma
de un acuerdo entre ambos países.
La
hermandad entre Argentina y Uruguay siempre tuvo sus
tires y aflojes. Pero algo cambió. Los orientales ya
no discuten la superioridad del dulce de leche, ni
el verdadero arte del mate, ni la nacionalidad de
Gardel. Se siguen quejando de la arrogancia porteña,
sí, pero lo que más los enerva es la persistencia
del corte de Gualeguaychú. La extensa pica por las
papeleras hirió las relaciones sociales pero también
las políticas, al punto de que casi no se firman
acuerdos bilaterales importantes. Sin embargo, ayer
por la mañana (viernes 26/09) varios funcionarios de
ambos gobiernos se aflojaron las corbatas. Las
autoridades argentinas reconocieron la sabiduría
oriental en materia de políticas públicas de drogas.
Lo dijo el ministro Aníbal Fernández después de
poner el gancho al Memorando de Entendimiento:
“Uruguay es un buen ejemplo para seguir”.
El acto se realizó a
las 11 en el Edificio Libertador, sede de la
Presidencia. Antes hubo una reunión privada entre
el ministro de Justicia, Seguridad y Derechos
Humanos y Jorge Vázquez, titular de la Junta
Nacional de Drogas (JND), prosecretario y hermano
del Presidente. Se conocieron en marzo pasado cuando
coincidieron en Viena (y mucho) durante el congreso
sobre políticas de drogas de la ONU, tribuna del
anuncio de la despenalización de la tenencia de
estupefacientes para consumo personal.
“Confluimos casi sin
proponérnoslo”, recordó Fernández después. Es que su
promocionado “cambio de paradigma” en el tema drogas
se parece (como el mate, como el dulce de leche) al
modelo oriental, solo que en Uruguay no hace falta
despenalizar la tenencia porque no está penada.
“Somos buenos copiadores”, admitió el ministro
durante la conferencia y soltó un elogio: “Acá
tuvieron la capacidad de ver más allá”. Uruguay fue
uno de los pocos países que no criminalizó a los
consumidores después del tratado sobre drogas de la
ONU firmado en 1988, cuando se impuso la visión
estadounidense de hacer “la guerra contra las
drogas”.
Por eso, el Memorando
de Entendimiento incluye entre sus puntos “la
comparación de la legislación vigente a fin de
armonizar una regulación común entre ambos Estados,
considerando especialmente la calidad de Estados
Parte del Mercosur”. Esto último resulta lo más
ambicioso del acuerdo que abre el juego a consensuar
una postura a nivel regional. También se incentiva
el intercambio y la capacitación de profesionales,
la implementación de estrategias comunes en relación
a la reducción de daños, el tratamiento de las
adicciones en las cárceles y la cooperación en la
lucha contra el narcotráfico. Todo en “el marco de
las Convenciones Internacionales de Derechos Humanos
signadas y ratificadas por Argentina y Uruguay”.
La ronda
“Nos une la amistad,
el cariño, la confraternidad”, preambuló Vázquez,
flanqueado por Fernández y el secretario de la JND,
Milton Romani. “Pero también nos unen una cantidad
de cosas que tienen que ver con la delincuencia, con
el tráfico y consumo de drogas”, completó. A los
costados de la mesa, una fila de asientos enfrentaba
a subsecretarios, ministros y asesores de ambos
países. El hecho de tener puntos de vista comunes,
destacó Vázquez, es crucial “en un tema tan delicado
y trascendental porque ningún país soluciona este
problema por sí solo”.
La estaba sala
llena.
Vázquez destacó el
alivio que sintió en la cumbre de Viena al conocer
la propuesta argentina. “Nos dimos cuenta que no
estábamos tan solos en esto”, dijo y saludó el
planteo hecho por Fernández en aquel momento sobre
la importancia de los respetar los derechos humanos
de los consumidores, “un tema tan sentido en
Argentina y Uruguay”. El hermano del Presidente fue
miembro de la Organización Popular Revolucionaria-33
y en el 1973 se lo procesó por los delitos de
conspiración, asociación subversiva y secuestro.
Pasó once años en la cárcel.
Luego de los
aplausos, Romani sucedió a su jefe y lo primero que
hizo fue saludar al “ministro y amigo” Fernández.
Vale aclarar, por si no se nota, el exceso de
cordialidad que hubo. El secretario de la JND
acentuó la idea de conformar una política pública,
“que tenga en cuenta la complejidad social y también
a una óptica de derechos humanos” y pidió “reservar
la energía punitiva del Estado” para combatir el
narcotráfico. Un enfoque, agregó, en el que también
coinciden Bolivia, Brasil y muchos países de la
Unión Europea.
El funcionario pidió
hacer “una digresión personal” antes de la firma del
acuerdo. “Estoy vivo junto a mi familia gracias a la
solidaridad del pueblo argentino”, agradeció y
enseguida explicó que estuvo exiliado en el país
junto a su familia durante 12 años. “Pensar que
sufrimos el terrorismo de Estado coordinado en
Argentina y Uruguay y ahora estamos hermanados en
esta lucha contra lo que fue el secuestro y la
desaparición de tantos compatriotas, aprendiendo de
esas madres, abuelas y familiares”, reflexionó
Romani.
“Esta convicción y
esta solidaridad creo que es la mejor base para
enfrentar un tema tan difícil como es la lucha
contra el narcotráfico junto a la defensa de los
derechos humanos, no solamente en ámbito de la
represión sino en el respeto de aquellos que padecen
adicciones”, concluyó el secretario de la Junta
Nacional de Drogas, que hasta atinó una disculpa
hacia los consumidores de drogas ilegales
reconociendo haber “postergado” el tema por las
trabas de “la institucionalidad democrática”.
El cuelgue
El ministro Fernández
fue último en hablar, antes de que comenzaran las
preguntas de la prensa. “Estoy orgullosísimo de
pisar tierra uruguaya”, comentó, a tono con el
ambiente de cordialidad y coincidió en que el
acuerdo permitirá “fortalecer” las tareas cotidianas
entre ambos países, “como para que sea prácticamente
jugar al truco sin señas”. Luego criticó a la
Argentina por “comprar” la legislación anglosajona,
básicamente prohibicionista.
“Deberíamos
comprender que el momento en que se tomaron esas
decisiones ya pasó, que no es el mundo de hoy y que
si no nos valemos de la realidad para hacer
políticas públicas sería muy tonto de nuestra
parte”, continuó Fernández. Como de costumbre,
repasó los logros en la lucha contra el narcotráfico
y habló del cambio de paradigma sobre las drogas en
términos de “revolución”. Tal vez hubiera endulzado
a la prensa local si no fuera porque antes de
terminar sentenció, cariñosamente: “Yo siempre digo
que ser uruguayo o argentino es más o menos lo
mismo”. Y enseguida llovieron las preguntas.
“¿Qué tiene para
decir sobre el rumor de que Cristina Fernández le
aseguró a nuestro presidente en la ONU que se
levantaría el bloqueo de Gualeguaychú?”, fue la
primera pregunta de un diario uruguayo. “No es un
bloqueo hay otros dos pasos fronterizos”, contestó.
“Pero a veces los cortan”, retrucó el periodista.
“Ya no”, insistió el ministro. Las pérdidas
económicas que genera el corte, sumadas a la bronca
oriental “porque solo hay dos tipos cortando el
paso” (es la queja más escuchada) y el silencio
político a la espera del resultado del Tribunal de
la Haya motivaron más cuestionamientos, disfrazados
de preguntas.
“No vine acá para
hablar de esto”, cortó en seco Fernández, “el tema
ya está en manos de los especialistas”. Página/12
quiso saber sobre el reclamo de los consumidores
uruguayos que pelean por la legalización del
cannabis, lo que incluye la permisión de la venta de
semillas y el cultivo. “¿También vamos a imitar al
Uruguay en esto?”, insistió el cronista. El ministro
de Justicia arguyó que por ahora se conforma con que
la policía derive al hospital y no a la comisaría a
los usuarios cuando están “dados vuelta”.
Un periodista
uruguayo repitió la pregunta a Jorge Vázquez, que se
excusó diciendo que siempre se escucha a la gente
pero el tema no se ha instalado. Al terminó de la
conferencia, los ministros y asesores de ambas
orillas del Río de la Plata se abrazaron y partieron
hacia un almuerzo arreglado por la presidencia de la
Junta Nacional de Drogas. A pocas cuadras del
Edificio Libertador, Jorge Cardozo, un morocho que
cuida autos, explicaba el futuro de los consumidores
argentinos en caso de despenalización: “Si la
policía te agarra fumando en la calle, te piden que
guardes el porro y te lo fumes en tu casa”. ¿Y si no
tenés casa? “Te piden que vayas a un lugar menos
transitado. Los políticos no quieren que se dé el
mal ejemplo… mal ejemplo, justo ellos te vienen a
decir eso”.
Periodista argentino
LA
ONDA®
DIGITAL |
|